Mag-log inHolaa a todos espero que mi nueva historia les este gustando y me dejen sus comentarios y reseñas!
El silencio que quedó en la mansión tras el encierro de Caspian en el nivel subterráneo era distinto. Ya no se sentía como la pausa de una amenaza latente, sino como el descanso real que la casa necesitaba después de semanas de guardia continua. Los patrullajes en la línea del río se redujeron a los turnos habituales y el movimiento de hombres armados por los pasillos disminuyó hasta casi desaparecer.Por la mañana, Soren se instaló en la oficina del primer piso. Con la frontera bajo control y la red de las brujas desarticulada, volvió a centrarse en la gestión de su empresa de tecnología. Sobre el escritorio descansaban carpetas corporativas, informes de servidores y varias pantallas encendidas con transmisiones en directo de las sedes de la compañía.Entré a la oficina con dos tazas de café recién hecho. Soren estaba inclinado sobre la mesa, leyendo un report
Soren me tomó de la mano y dimos dos pasos de regreso hacia el sendero, dejando a Darius y a los guardias rodeando a Caspian en el lodo. Sin embargo, me detuve antes de subir la pendiente.Giré la cabeza y volví a mirarlo. Caspian seguía con la frente pegada a las piedras, temblando por el frío del agua y el impacto de mis palabras. Los hombres de Soren lo sujetaban de los hombros para ponerlo de pie, pero su cuerpo no ofrecía resistencia alguna.Solté la mano de Soren y me di la vuelta, dando un paso al frente para volver a la orilla.—Espera —dije.Soren se frenó a mi lado, mirándome en silencio mientras los guardias frenaban el movimiento.Caminé despacio hasta quedar parada frente a Caspian. Había algo en mí que había permanecido dormido todo este tiempo, un don antiguo que nunca había tenido la necesidad ni la oportunidad de utilizar porque jamás me había enfrentado a alguien tan indigno de llevar la sangre de los lobos.Me agaché frente a él y le tomé la cara con una mano, oblig
Pasaron dos días en silencio tras la tercera carta. Nadie hablaba demasiado en la casa. Soren distribuyó a los guardias por el perímetro y el equipo de seguridad se quedó pegado a las pantallas térmicas que cubrían la orilla del río.La alarma del sector norte sonó a la tercera noche.Darius entró en la sala de mando acomodándose la funda del arma, Soren y yo nos giramos desde la mesa de mapas.—Está en el río —dijo Darius—. Cruzó desde el margen norte. Viene solo.Soren se puso de pie.—¿Hay alguien más atrás? — Pregunto Soren con frialdad
Transcurrieron cuatro días completos. Durante ese tiempo, Soren y Darius establecieron tres turnos de vigilancia permanente en la línea del río, cubriendo la frontera norte con guardias de la manada establecidos cada cincuenta metros entre la maleza y los puntos altos del terreno.Yo me encargué de sostener el día a día dentro de la casa. Limpié las habitaciones, revisé los víveres en la despensa de la cocina y me ocupé de Leo. Pasaba horas en el dormitorio viendo a mi hijo dormir en la cuna, comprobando la respiración constante de su pecho y cambiando las mantas cuando la humedad de la tarde se filtraba por el marco de la ventana. Soren entraba dos o tres veces al día, solo para pararse al lado de la cuna, mirar al niño unos segundos y acariciarme la cara antes de volver al perímetro.El desgaste de la espera se notaba en los centinelas. Los hombres de Soren no comían en el comedor; agarraban sus raciones en la cocina y volvían a los puestos entre los árboles. La
Pasan dos días más. El silencio en la mansión es denso, Soren y Darius entran y salen de la casa a intervalos regulares, coordinando los turnos de guardia en el río y asegurando el límite del bosque.A la tarde del segundo día, la rutina se rompe otra vez. Estaba en la sala de mando revisando los informes de patrulla con Fausto cuando Darius entró a paso rápido. Traía un sobre de papel basto, arrugado en las esquinas y manchado de barro.—Un rastreador lo tiró en el margen del agua y echó a correr hacia el norte antes de que el tirador pudiera meterle un tiro en la pierna —dijo Darius, arrojando el papel sobre la mesa de mapas.Soren, que estaba de pie junto a la ventana limpiando la funda de su daga, se giró al instante. Caminó hacia la mesa con la mandíbula apretada y la mirada fija en el sobre. No esperó a que yo la tocara; se adelantó, rompió el sello de cera improvisado y desplegó la hoja con un movimiento seco.Me acerqué a su lado para leer sobre su hombro.La caligrafía era un
Llegamos a la mansión antes de que la luz del sol abriera del todo. La guardia se desplegó en los puntos altos del muro exterior mientras Soren se limpiaba las manos en el lavabo de la entrada. El agua bajaba roja por el desagüe.Fui directo a la habitación. El bebé seguía dormido en la cuna, ajeno a los disparos y al barro del claro. Me senté en el borde de la cama y me quité las botas llenas de tierra.Soren entró minutos después. Se apoyó contra el marco de la puerta, mirándome en silencio mientras se secaba las manos con una toalla rota. Tenía la remera pegada al pecho y el olor a pino y sangre aún fresco en la piel.—Dejó bastante sangre en el bosque —dijo—. Para cuando llegó a la lind







