LOGINHarper“Bien, lo que sea, solo déjenme irme ahora,” digo, ya agarrando mi chaqueta de la silla. “Yo manejo, ustedes siguen, no me importa, pero no voy a esperar otra hora por papeleo mientras ella está allá arriba sola.” Elias está mirando desde la puerta todo el tiempo, silencioso, ojos en mí como si estuviera calculando cuánto le jode esto. No me detiene cuando los detectives asienten y dicen okay, ve, pero mantén el teléfono encendido, coordinaremos. Aurora la están sacando en una camilla ahora, todavía maldiciendo mi nombre en esta voz débil y arrastrada, y le hago el dedo del medio sin pensar porque a la mierda ella, a la mierda todo esto. Estoy en uno de los autos de Elias diez minutos después, saliendo a toda velocidad del garage con dos autos de policía sin marcar detrás de mí como un convoy ridículo, y todo el viaje upstate soy yo agarrando el volante tan fuerte que los nudillos se me ponen blancos, parloteando en voz alta a nadie. “Esto es una locura, absolutamente una locur
HarperSigo de pie en medio de la sala con los brazos a medio levantar, aparentemente esa es la posición que mi cuerpo decide que es la más segura cuando el doctor finalmente irrumpe por la puerta, bolso colgando, gritando órdenes a los dos tipos que lo siguen, y Elias ya está retrocediendo como si estuviera entregando un paquete, no a su ex esposa sangrando en su piso. Aurora está haciendo esos jadeos húmedos pequeños, agarrándose el muslo, los ojos rodando hacia atrás, y estoy pensando okay, prometí silencio, tengo la dirección, puedo hacer esto, solo mantener la boca cerrada y salir de aquí el segundo que terminen. Pero entonces el doctor se arrodilla, cortando su vestido, y de repente hay este golpeando en la puerta de adelante, no tocando, golpeando como si el edificio estuviera en llamas, y antes de que nadie pueda decir una palabra la puerta se abre de golpe y dos uniformados están en la habitación con pistolas fuera gritando “Todos congelados, manos donde pueda verlas, qué dia
Harper«Bien, lo que sea, solo déjenme irme ya» —digo, agarrando ya la chaqueta de la silla—. «Yo conduzco, ustedes me siguen, me da igual, pero no voy a esperar otra hora de papeleo mientras ella está sola allá arriba».Elias observa desde el umbral todo el tiempo, en silencio, con los ojos fijos en mí como si estuviera calculando cuánto le jode esto. No me detiene cuando los detectives asienten y dicen que de acuerdo, que vaya, pero que tenga el teléfono encendido, que coordinaremos. Aurora ya la sacan en camilla, todavía maldiciendo mi nombre con esa voz débil y pastosa, y le hago un corte de manga sin pensarlo porque que se joda ella, que se joda todo esto.Diez minutos después estoy en uno de los coches de Elias, saliendo a toda velocidad del garaje con dos coches de policía sin marcar detrás como un convoy ridículo, y todo el trayecto hacia el norte del estado soy yo agarrando el volante con tanta fuerza que se me ponen los nudillos blancos, hablando sola en voz alta. «Esto es u
HarperSigo de pie en medio de la sala de estar con los brazos a medio levantar; al parecer esa es la posición que mi cuerpo decide que es la más segura cuando el médico finalmente irrumpe por la puerta, con el maletín balanceándose, gritando órdenes a los dos tipos que lo siguen, y Elias ya está retrocediendo como si estuviera entregando un paquete, no a su exesposa desangrándose en el suelo. Aurora emite estos gemidos húmedos y pequeños, agarrándose el muslo, con los ojos poniéndose en blanco, y yo pienso: está bien, prometí silencio, tengo la dirección, puedo hacerlo, solo cállate la boca y sal de aquí en cuanto terminen. Pero entonces el médico se arrodilla, le corta el vestido y de repente hay este golpeteo en la puerta principal, no toques, golpes como si el edificio estuviera en llamas, y antes de que nadie pueda decir una palabra la puerta se abre de golpe y dos uniformados entran a la habitación con las pistolas desenfundadas gritando: «¡Todos quietos, manos donde pueda verla
HarperEstoy en el cuarto oscuro intentando perderme revelando un rollo de película que saqué desde la azotea hace semanas, cuando las cosas se sentían casi normales, cuando la puerta del ático se cierra de un golpe tan fuerte que las paredes tiemblan y los pasos vienen directo hacia mí.Salgo rápido, el corazón ya disparado, y ahí está Aurora en la sala, el pelo salvaje, los ojos locos, la pistola en la mano apuntándome directo.“Lo arruinaste todo”, escupe, la voz temblando de rabia. “Era mío antes que tú.”Me quedo congelada, las manos arriba despacio. “Aurora, baja la pistola.”“¡No! ¿Crees que puedes simplemente quitármelo? ¿Una mocosa de diecinueve años?”Se acerca, el dedo en el gatillo, y retrocedo hasta que los talones me golpean la encimera.“No eres nada. Un relleno. Se va a aburrir y te va a matar como a las otras.”Trago saliva con fuerza. “No lo hará.”Se ríe, aguda y desquiciada. “Lo hará. Y voy a asegurarme de que quedes lisiada primero para que no puedas correr cuando
EliasSé que se está alejando de mí otra vez porque lo siento cada vez que me mira ahora, esa mezcla de odio y miedo más afilada que antes, como si el archivo y la llamada de Aurora hubieran roto algo que no puedo volver a pegar, y me está carcomiendo porque necesito que me necesite, que me quiera, aunque sea retorcido.La pruebo esa noche a propósito, dejo mi Glock en la mesita de noche cargada con una en la recámara, el seguro quitado, justo donde ella la vea cuando finjo quedarme dormido primero, respirando lento y parejo mientras la miro con los ojos entrecerrados.Se queda ahí rígida una hora, mirando el techo, luego se sienta despacio, me echa un vistazo como comprobando si realmente estoy fuera, y su mano se arrastra hacia la pistola, los dedos temblando tanto que lo veo en la oscuridad.La levanta, pesada en sus manos pequeñas, me la apunta a la cabeza, el cañón temblando, las lágrimas ya corriendo por su cara.Espero.El corazón latiéndome porque una parte de mí quiere que ap







