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Capítulo 5

Author: Cinnamon
last update publish date: 2026-07-13 16:35:44

Al llegar frente a la villa, la puerta volvió a abrirse sin necesidad de que llamara. Andrea estaba allí, con la misma actitud respetuosa de siempre.

—Bienvenida de nuevo, señorita Vignelli.

Alessia levantó la vista.

—¿Ahora vas a burlarte de mí? —preguntó, avergonzada de haber causado tantos problemas.

Andrea apenas esbozó una leve sonrisa.

—El señor Moretti la está esperando.

Alessia no respondió. Entró directamente a la villa, recorrió el largo pasillo hasta llegar a la biblioteca privada de Matteo.

Matteo estaba sentado en un sofá de cuero negro, con los brazos cruzados sobre el pecho. Su expresión era tan serena que parecía haber sabido desde el principio que Alessia volvería.

En cuanto la vio, una ligera sonrisa apareció en la comisura de sus labios.

—Has vuelto antes de lo que imaginaba —dijo con calma—. Pensé que pasarías toda la noche llorando antes de regresar.

Alessia apretó los puños.

—Acepto. Me casaré contigo.

Matteo se puso de pie y caminó lentamente hasta detenerse frente a ella.

—¿Estás segura? —preguntó con tranquilidad.

—Sí.

—No podrás retractarte de esta decisión —afirmó Matteo con firmeza.

—Lo sé.

La determinación en los ojos de Alessia no vaciló.

Matteo la observó durante unos segundos.

—Recuérdalo muy bien, Alessia. En cuanto firmes ese contrato, pasarás a ser mía.

Aquellas palabras le oprimieron el pecho. Sin embargo, la imagen de Lorenzo junto a Isabella volvió a cruzar por su mente.

Respiró hondo para darse fuerzas.

—Lo entiendo.

Matteo asintió levemente.

—Andrea.

La puerta de la biblioteca se abrió de inmediato.

—Sí, señor.

—Trae los documentos.

—Enseguida, señor.

Unos minutos después, Andrea regresó con una carpeta gruesa y la dejó sobre la mesa.

Alessia frunció el ceño al ver su contenido. Había el contrato, documentos legales e incluso los formularios para registrar el matrimonio civil.

Sus ojos se abrieron de par en par.

—¿Ya... lo habías preparado todo?

Matteo tomó su copa de vino y dio un pequeño sorbo.

—No me gusta perder el tiempo.

Andrea abrió la última página del documento.

—Señorita Vignelli, por favor, firme aquí.

Alessia contempló la hoja durante unos instantes. En cuanto la pluma tocara el papel, su vida cambiaría para siempre.

Con lentitud, estampó su firma.

Después, Matteo tomó la misma pluma.

Sin la menor vacilación, firmó el documento.

Andrea entregó entonces varios documentos más: el certificado de matrimonio civil y los papeles de legalización, todos perfectamente preparados.

Alessia los firmó uno por uno.

Cuando terminó con la última hoja, Andrea reunió cuidadosamente todos los documentos.

El rostro habitualmente inexpresivo del hombre se suavizó apenas.

—Felicidades, señor Moretti.

Luego volvió la mirada hacia Alessia.

—Felicidades, señora Moretti.

El corazón de Alessia pareció detenerse por un instante.

¿Señora Moretti?

Aquel título le resultaba completamente extraño.

Matteo observó a la mujer que permanecía inmóvil frente a él. Después, una sonrisa sincera apareció en su rostro.

—A partir de esta noche... eres mi esposa.

Alessia sostuvo su mirada.

Hasta hacía poco lo odiaba. Sin embargo, por alguna razón, el hombre al que todos llamaban el gobernante más despiadado de Milán le parecía mucho más humano que su propia familia.

—Supongo que tendré que acostumbrarme... —murmuró Alessia.

Matteo se levantó del sofá y se sentó a su lado.

Sin decir una palabra más, sacó de su bolsillo una pequeña caja de terciopelo negro.

Dentro había un par de alianzas de matrimonio de diseño elegante.

Alessia las observó unos segundos antes de negar con la cabeza.

—No hace falta.

Matteo arqueó una ceja.

—¿No hace falta?

—Esto solo es un matrimonio por contrato —respondió Alessia con cansancio—. Creo que no necesitamos esto.

Matteo la contempló durante unos instantes.

Luego, con una voz mucho más serena, dijo:

—No me gustan las relaciones a medias. Si vamos a casarnos, lo haremos como es debido.

Era una frase sencilla.

Pero contenía más sinceridad que todas las promesas que Lorenzo le había hecho durante tres años.

Poco a poco, Alessia extendió la mano derecha.

Matteo tomó sus dedos con sumo cuidado.

Era completamente distinto al hombre cruel que ella había imaginado durante tanto tiempo.

Cuando deslizó el anillo en el dedo anular de Alessia, este encajó a la perfección.

Como si hubiera sido hecho especialmente para ella.

Después tomó la otra alianza y se la entregó.

—Ahora te toca a ti.

Alessia contempló el anillo durante un largo momento.

Vaciló.

Pero finalmente tomó la mano de Matteo.

Los dedos del hombre eran grandes y cálidos.

Con un movimiento algo torpe, colocó la alianza en el dedo anular de Matteo.

Una sensación desconocida invadió su pecho.

Solo unas horas antes era la prometida de Lorenzo.

Ahora...

Era la esposa de Matteo Moretti.

Sin previo aviso, Matteo levantó suavemente su barbilla.

Alessia se sobresaltó.

—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.

Matteo sostuvo su mirada.

—¿Olvidas algo?

Alessia frunció el ceño.

—¿Qué?

—Si ya estamos casados... —dijo Matteo en un tono más bajo—, todavía falta una cosa.

Antes de que Alessia pudiera preguntar, Matteo inclinó la cabeza.

Sus labios rozaron suavemente los de ella.

Fue un beso breve.

Sin imposición alguna.

Pero precisamente aquella delicadeza hizo que los ojos de Alessia se abrieran de par en par.

Retrocedió por reflejo mientras llevaba una mano a sus labios.

—Tú...

Sus mejillas se tiñeron de rojo sin que pudiera evitarlo.

Matteo observó su reacción con una ligera sonrisa.

—Solo es un beso para sellar nuestro matrimonio.

Alessia seguía sin encontrar palabras.

Lo extraño era que no sentía el miedo que siempre había imaginado sentir al estar tan cerca de Matteo.

En ese mismo instante, su teléfono vibró dentro del bolso.

El nombre que apareció en la pantalla hizo que su cuerpo se tensara ligeramente.

Lorenzo.

Había un mensaje suyo.

Alessia, hiciste un gran trabajo, cariño. Aguanta un poco más. Cuando ese proyecto sea mío, celebraré una gran boda contigo. Créeme, todos tus sacrificios habrán valido la pena.

Te amo, así que deja de estar enojada.

Alessia leyó el mensaje sin mostrar expresión alguna.

Ya no sentía el dolor de antes.

Lo único que quedaba era un profundo vacío... y repugnancia.

Borró el mensaje de Lorenzo y guardó nuevamente el teléfono.

Con ese simple gesto, sintió que un capítulo entero de su vida también llegaba a su fin.

Alessia respiró profundamente.

—A partir de ahora... —murmuró—, la Alessia que amaba a Lorenzo ha muerto.

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Vilma Parra
porque las ponen si no se pueden terminar de leer ni con los anuncios
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Vilma Parra
porque las ponen si ni siquiera con los anuncios
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