LOGINNoraHabíamos tenido semanas maravillosas, donde mi mate y yo íbamos cambiando poco a poco la manada herejes. El bosque nos proveía de lo que necesitábamos, y la alianza con mi hermano y la ciudad estaba segura; entre Octavio y yo habíamos entrenado suficientes guerreros que protegerían tanto a humanos como a lobos.Los herejes tenían vidas más felices y nuestra sociedad mejoraba. Mi mate había investigado junto a Julieta mejoras en tratamientos y en cómo manejar algunos de los poderes de los lobos y las hechiceras, todo gracias a lo que le había enseñado su madre sobre cómo utilizar todos los elementos del bosque.Cada quien había encontrado su lugar en el mundo. Pensé que los horrores del pasado se habían terminado.Recordé cuando fui enviada aquí, al castillo, y todo lo que había aprendido con las grandes guerreras. Cada persona que estaba aquí, en esta reunión, era importante para mí; los conocía desde que era pequeña, cuando estaba sola con mi hermano y él intentaba hacerse un nom
Agata—Ahora entiendo por qué te gustaba estar aquí —me dijo mi esposo. El castillo de Su Majestad estaba más fortificado que nunca, pues, luego de derrotar al malvado vampiro Valerius y a su hermano Lucio en las guerras pasadas, había logrado concentrar muchísimo poder. Ahora había muy pocos alfas que no lo apoyaran. Cientos de mujeres lobas habían ofrecido participar de su séquito y su guardia principal, que se extendía hacia varios territorios del reino.—Y ahora se extiende al Valle de la Luna —indicó él.—Así es. Y eso es beneficioso, no solo por el poder que tiene él y por la seguridad, sino por ellas.Ahí, enfrente de la entrada principal, nos esperaban mis hermanas hechiceras. Me alegré al ver que habían encontrado a más hechiceras; algunas eran muy jóvenes. Y en el centro estaban el rey y la reina.—Aún no puedo creer el poder que tienen ambos… pero es ella, ¿cierto? Es ella la que domina realmente el reino —susurró mi mate a mi oído.—Mi prima Celeste es muy fuerte, y tiene
Gael La ceremonia era simple: una confirmación del título de alfa y de dama, y de que nosotros éramos mates frente a todos. Di dos pasos hacia atrás y me transformé en lobo, aún con los collares en mi cuello.—Iker... Precioso lobo —sonrió ella, maravillada, acariciando el pelaje, mirándome a los ojos con devoción. —Lo sé, lo sé... Ya la tendrás también —murmuró, y en un abrir y cerrar de ojos, frente a mí estaba Indira, con flores blancas en la cabeza.Los lobos guardianes aullaron al unísono y juntos echamos a correr.Me sentía libre, feliz, extasiado. En algún lugar de mi cabeza estaban los recuerdos del pasado: los de una familia rota, los de tristeza absoluta, los de mi madre sufriendo y muriendo, y mi padre volviéndose cada vez más difícil y molesto con la vida. Los de una manada pobre y despedazada.Ahora el viento corría por mi cara y mi corazón latía al unísono con el de ella. Los herejes éramos por fin libres, y yo era el alfa de ellos. Una marea de lobos blancos se desperdi
Nora—Hoy debe haber luna llena. Sé que no crees en la diosa, pero las lunas llenas son importantes —le dije a mi mate mientras volvíamos a la manada tras un paseo por el bosque. Él se acercaba a mí y me daba un beso suave y dulce. El cabello le había crecido rápidamente, más de lo normal, y le habían quedado algunas cicatrices en el cuello y en el pecho. Las mías habían mejorado sustancialmente, simplemente con estar cerca de él, aunque sabía que jamás se irían del todo.—Desde hace un tiempo me gusta mucho tu diosa luna.—¿De verdad? —Si ella nos hizo el uno para el otro, ¿cómo no creer en ella? ¿Cómo no estar completamente agradecido? —sus palabras me llenaban de amor.—Podríamos ir hoy a las montañas y verla de cerca, ¿qué te parece?Pero mi esposo se perdió toda esa tarde, y cuando ya estaba por caer la noche y quería preparar nuestro viaje a la montaña, no lo encontré por ninguna parte. De hecho, parecía que toda la gente de la manada se había ido a dormir temprano.—Qué extrañ
Gael—Bueno, eso es algo que no se ve todos los días —sonreía Nora, viendo la marca de Arístides en el cuello, una gran mano roja, él parecía deleitado, como debía ser.Y la marca de Ágata también era muy interesante: era un gran árbol y, en el fondo, se veía la luna de fuego.—Mi querido esposo me dijo que era la protectora del Bosque, y esto parece ser una confirmación —comentaba ella.Hacía más de dos días que había terminado la boda y ellos recién habían aparecido, con sonrisas de oreja a oreja. —Y pensar que nos perdíamos toda esta felicidad —le susurré a Nora, besando su frente—. Afortunadamente llegaste tú a cambiarlo todo — ella me miraba con adoración.—¿Poderes extraños que se transmiten? ¿Podría ser? —preguntaba el rey mientras veía los ojos de Arístides.—Creo que es así, Su Majestad —indicaba Nana, sentada en un banquito—. El vínculo entre ellos es muy fuerte.—Cuando sentía que los poderes no se iban a poder unir, me até al vínculo y lo sentí como una cinta entre su co
AgataEstaba encantada. Este era el mejor momento de mi vida, después de tanto sufrimiento y lucha. Agradecía a la luna que nos viera esta noche. Mi cuerpo reaccionaba a él de una forma que jamás imaginé, el vínculo se enredaba más y más entre nosotros como un nudo sin principio ni fin. Jamás querría que se desenredara. Él me sostuvo por las piernas y me levantó, llevándome hacia el centro del lugar.Él se había dedicado tanto a esta ceremonia: la pulsera, este lugar… la forma en que se había arreglado para lucir tan endiabladamente atractivo. Se veía inmenso, y mientras me levantaba, yo admiraba el mundo desde otra perspectiva. Tomé su rostro; la pintura que había colocado en sus pómulos y frente ahora se mezclaba. Los ojos claros de mi esposo estaban oscurecidos, sus pupilas dilatadas, y podía sentir a Ajax.—En nuestra boda no podía hablar de cómo me tenías, tampoco quería que nadie escuchara todo lo que te tenía que decir —susurró entre besos.Con una delicadeza sublime, me colocó







