INICIAR SESIÓNA la mañana siguiente, estaba en mi casa.
El desconocido de anoche.
Estaba de pie en el pasillo, mirando la puerta de mi habitación como si hubiera estado allí un buen rato.
Salí con ropa de chánster...
Y se quedó paralizado.
Se me subió el corazón a la garganta.
Me giré rápidamente para volver a mi habitación, pero antes de que pudiera agarrar el pomo, él ya estaba a mi lado.
"No corras", dijo en voz baja.
Me agarró la muñeca. No apretado. Lo justo para detenerme.
"No te haré daño. Lo prometo."
Mi pulso se aceleraba.
"Solo ven conmigo", dijo. "Déjame explicarlo todo. Si sigues pensando que estoy loco después de eso... Te dejo en paz. Para siempre."
No sé por qué, pero algo en su voz se sentía real.
Así que, contra mi mejor juicio...
Asentí.
Y le seguí.
Nos adentramos en el bosque detrás del barrio.
El aire olía a humedad y intensidad. Pinos por todas partes.
Todavía me dolía el brazo de donde Mateo me agarró. Todavía me oprimía el pecho.
Rafael caminaba delante de mí como si supiera exactamente a dónde iba.
Tranquilo.
Confiado.
Como si nada pudiera tocarle.
Cada parte de mí sabía que esto era una locura.
Ni siquiera sé su nombre.
Pero mis piernas seguían moviéndose.
Por fin, se detuvo y se giró para mirarme.
De cerca, a la luz del día, parecía aún más grande.
Más alto que Mateo.
Más amplia.
Más fuerte.
Más atractivo.
"Soy Rafael Navarro", dijo. "Rey Alfa de la Manada Luna Sombría."
Parpadeé.
"¿Qué?"
"Rey Alfa", repitió con calma.
Solté una pequeña risa nerviosa. "¿Quieres decir como... ¿hombres lobo?"
"No es broma", dijo. "Y estoy maldito."
Eso me revolvió el estómago.
"¿Maldito cómo?"
Se acercó un poco más, pero no de forma amenazante.
"La Maldición de la Luna de Sangre ha seguido a mi familia durante generaciones", dijo. "Si no encuentro a mi verdadera pareja antes de cumplir treinta…
La maldición me destruirá. Y mi reino."
Le miré fijamente.
¿Amigo?
¿Maldición?
¿Reino?
"Pareces loco", dije.
"Los hombres lobo no existen."
Sus ojos se clavaron en los míos.
"Creo que eres tú," dijo en voz baja. "El Lobo Blanco."
Esta vez me reí de verdad.
"¿Yo? Solo soy una chica normal."
Pero las palabras no se sentían fuertes.
Porque en el fondo, algo se agitaba.
Algo que no podía explicar.
"He visto las señales", dijo. "Eres tú."
Negué con la cabeza. "No pertenezco al mundo del que hablas."
"El mundo que crees conocer ya no importa", respondió.
El aire entre nosotros se sentía tenso.
Cargado.
Mi mente gritaba que esto era una locura.
Pero mi cuerpo...
Mi cuerpo sintió otra cosa.
Entonces lo oí.
"¡Valeria! ¡No vas a ir a ningún sitio!"
Se me heló la sangre.
Mateo.
Me giré.
Estaba a pocos metros.
Y tenía un arma.
Me lo apuntó.
"Si no puedes ser mío", dijo, con la voz temblorosa de rabia, "no pertenecerás a nadie más."
Se me detuvo el corazón.
"Te esperé años", continuó. "¿Crees que te dejaré dar tu virginidad a otra persona? Tu primera vez se suponía que iba a ser la mía."
Levantó ligeramente el arma.
"Una bala para ti. Uno para tu amante psicópata", dijo. "Y nadie me detendrá."
No podía moverme.
Mis piernas no obedecían.
Antes de que pudiera siquiera pensar...
Rafael se movió.
Ocurrió tan rápido que apenas lo vi.
Un segundo estaba a mi lado.
El siguiente.
Mateo fue lanzado al suelo.
La pistola salió volando de su mano.
Mateo cayó al suelo con fuerza, jadeando.
Rafael se puso delante de mí.
Tranquilo.
Aun así.
Letal.
Ni siquiera parecía enfadado.
Simplemente parecía agotado.
Y fue entonces cuando entendí algo.
No era humano.
Mateo intentó levantarse, pero fue inútil.
Rafael apenas le tocaba, pero Mateo no podía defenderse.
"Quédate detrás de mí", dijo Rafael en voz baja.
Y lo hice.
Sin pensarlo.
Mi corazón latía con fuerza, pero no solo por miedo.
Había algo más.
Algo poderoso.
Mateo ahora parecía aterrorizado.
El arma estaba fuera de alcance.
Toda su falsa confianza se había ido.
Parecía pequeño.
Débil.
Como un niño asustado.
Retrocedí tambaleándome y me agarré a un árbol para mantenerme firme.
"No lo entiendo", susurré.
"Lo harás", dijo Rafael. "Pero primero, tienes que sobrevivir hoy."
Sobrevivir.
Esa palabra me impactó mucho.
Hace unos minutos podría haber muerto.
Y ahora estaba en el bosque con un hombre que decía que yo era su pareja.
Decía que era un lobo blanco.
Afirmaba que era un rey maldito.
Nada de eso tenía sentido.
Pero una cosa estaba clara.
Rafael no mentía sobre ser peligroso.
Respiré hondo.
"¿Por qué yo?" Pregunté.
Sus ojos se suavizaron un poco.
"Porque no creo que seas solo humano", dijo. "Creo que naciste bajo la Luna de Sangre."
Mi pecho se apretó de nuevo.
Volvió ese calor de ayer.
Más fuerte.
Vivo.
Como si algo dentro de mí despertara.
"No me siento nada especial", dije.
"Lo harás", respondió.
El silencio cayó entre nosotros.
El bosque se sentía diferente ahora.
Como si estuvieran escuchando.
Mi vida había cambiado en menos de veinticuatro horas.
Mateo intentó controlarme.
Ahora este desconocido me decía que quizá ni siquiera era humano.
Debería haber salido corriendo.
Debería haber llamado a la policía.
Debería haber gritado.
Pero no lo hice.
Porque en el fondo...
Lo sentí.
Ese tirón.
Ese calor.
Ese extraño reconocimiento en mi pecho cada vez que me miraba.
Rafael se acercó un poco más, pero despacio. Con cuidado.
"Hoy, sobrevives", dijo. "Mañana empezamos la verdad."
La verdad.
Tragué saliva con fuerza.
No confiaba en él.
No le entendía.
Pero no podía ignorar lo que acababa de pasar.
Me salvó.
Y lo hizo sin miedo.
Le miré de nuevo.
Realmente le miró.
Rafael Navarro.
Rey Alfa.
Maldito.
Y de alguna manera ligado a mí.
Mi vida ya no era normal.
No después de anoche.
No después de esta mañana.
Y en lo más profundo de mi pecho, algo susurró...
Esto es solo el principio.
POV de Rafael Mi madre murió al amanecer, en el jardín, con mi padre a su lado. Había querido ver el amanecer una última vez, y había obtenido su deseo. El cielo había sido pintado en tonos de oro y rosa, y las flores habían estado floreciendo, y los pájaros habían estado cantando. Fue una mañana perfecta. Un final perfecto. Un adiós perfecto.No estuve allí cuando falleció. Ninguno de nosotros lo estuvo. Ella había querido que fuera así. Había dicho sus adioses el día anterior, en el jardín, rodeada de la familia que amaba. Nos había dicho que no la lloráramos, que no lloráramos por ella, que no nos aferráramos a ella. Nos había dicho que viviéramos, que amáramos, que siguiéramos adelante. Y luego había pedido estar a solas con mi padre.La sostuvo mientras daba su último aliento. La sostuvo mientras el fuego blanco se desvanecía de sus ojos. La sostuvo mientras ascendía, su espíritu elevándose para unirse a los antepasados que tanto había luchado por honrar. La sostuvo hasta que se
POV de ValeriaEl día que morí fue el día más hermoso de mi vida. El sol se elevó sobre las montañas como una bendición, pintando el cielo en tonos de oro y rosa y lavanda. Los pájaros cantaban en los árboles, sus voces dulces y claras. Las flores en el jardín florecían, sus pétalos brillantes de color, su fragancia llenando el aire. Era como si el mundo mismo estuviera celebrando, dándome la bienvenida a casa.Me desperté esa mañana sabiendo que sería mi última. Podía sentirlo en la forma en que mi corazón latía, lento y constante, como un tambor marcando el tiempo de una canción que casi había terminado. Podía sentirlo en la forma en que mi aliento llegaba, superficial y suave, cada uno un regalo que no había esperado. Podía sentirlo en la forma en que el fuego blanco dentro de mí parpadeaba y se atenuaba, ya no un infierno furioso sino una llama gentil, esperando ser extinguida.No sentía miedo. Sentía paz. Sentía que estaba lista.Rafael estaba a mi lado, como siempre estaba. No h
POV de ValeriaSabía que mi tiempo se acercaba. Podía sentirlo en la forma en que mis huesos dolían por la mañana, en la forma en que mi aliento se acortaba cuando subía las escaleras, en la forma en que mi corazón a veces se saltaba un latido y luego se aceleraba para alcanzarlo. Estaba vieja. Más vieja de lo que la mayoría de los lobos llegaban a vivir. Más vieja de lo que jamás había esperado ser. Y estaba cansada. No el tipo de cansancio que una buena noche de sueño puede arreglar. El tipo de cansancio que se asienta en tu alma y susurra que es hora de descansar.No temía a la muerte. Me había enfrentado a ella demasiadas veces para tenerle miedo ahora. Había mirado la oscuridad y me había negado a parpadear. Había luchado batallas que deberían haberme matado y había salido caminando. Había perdido a todos los que amaba y de alguna manera había encontrado la fuerza para seguir adelante. La muerte no era un enemigo. Era un viejo amigo, esperando pacientemente al final de un largo c
POV de Rafael La luz de la mañana se filtró en nuestras cámaras lentamente, gentil y dorada, extendiéndose por el suelo de piedra y subiendo por las paredes. Me desperté antes que Valeria, como siempre lo hacía ahora, y me quedé quieto a su lado, observándola dormir. Estaba tan pacífica en estas horas tranquilas, su cara suave, su respiración lenta, su mano descansando en la almohada a su lado. Estaba vieja. Ambos lo estábamos. Pero cuando la miraba, no veía las líneas en su cara o la plata en su cabello. Veía a la chica que había reclamado hace tantos años. Veíaa la mujer que me había salvado. Veía a mi compañera.Le había hecho un voto una vez. Fue la noche en que la maldición se rompió, cuando el fuego blanco había surgido a través de mi cuerpo y había hecho añicos la oscuridad que me había retenido durante tanto tiempo. Había estado recostado en sus brazos, débil y roto, y la había mirado y le había prometido que pasaría el resto de mi vida probando que era digno de ella. Había
POV de ValeriaAeron vino a mí en la primavera, cuando las flores florecían y el mundo era nuevo. Tenía veinticinco años ahora, un lobo adulto con una compañera y un hijo propio, pero cuando se sentó a mi lado en el jardín, me miró con los mismos ojos plateados muy abiertos que había poseído de niño."Bisabuela," dijo, "necesito preguntarte algo."Dejé a un lado el libro que había estado leyendo y me giré para mirarlo. Los años habían sido amables conmigo, considerando todo. Era vieja, anciana para los estándares de los lobos, pero mi mente seguía siendo aguda y mi corazón seguía siendo pleno. "Pregunta, pequeño. Responderé si puedo."Dudó, su ceño fruncido, sus manos apretadas en su regazo. Había visto esa mirada antes. La había visto en la cara de Rafael cuando era joven, en la cara de Rafael durante los días más oscuros de la maldición, en mi propia cara en el espejo cuando todavía trataba de entender quién era."Tengo una hija ahora," dijo. "Aurora. Solo tiene un año, pero ya pued
POV de Rafael Aeron no fue nuestro único hijo. Lyra y yo habíamos sido bendecidos con tres más a lo largo de los años, cada uno un regalo que no esperábamos y que no podíamos imaginar vivir sin él. Estaba Mira, nuestra primera hija, nacida dos años después de Aeron, con el cabello oscuro de su madre y los ojos plateados de su padre y un espíritu tan feroz que había aprendido a transformarse antes de aprender a caminar. Estaba Torin, nuestro segundo hijo, nacido cuatro años después de Mira, tranquilo y reflexivo y gentil, con manos de sanador y corazón de guerrero. Y estaba Sera, nuestra hija menor, nacida seis años después de Torin, salvaje y curiosa y temeraria, llamada así por la chica traviesa que había sido una de las amigas más cercanas de mi madre.Cuatro hijos. Cuatro herederos del Pack de la Luna de Sangre. Cuatro lobos que llevarían nuestro legado hacia el futuro. Nunca había imaginado que sería tan bendecido. Nunca había imaginado que estaría tan aterrorizado.Los años pasa







