تسجيل الدخولMi hija...Mi hermosa Victoria.El recuerdo de mi bella y adorable mujer dando a luz y todas sus amenazas para que no la dejara sola en la bañera.Victoria es especial, y apegada a mí, tal vez porque llegó en el mejor momento de nuestras vidas. Cuando ya soy digno de ser su papá.La veo y recuerdo mi rechazo hacia Diana, y me duele el alma por lo equivocado que estuve al respecto de los hijos.Yo amo ser papá. No entiendo cómo puedes llegar a amar tanto de una forma tan distinta, tan única y pura, sin malicia.Cómo puedes llegar a amar tanto sin esperar nada a cambio. Definitivamente esto es demasiado extraordinario.Hace tres meses nació la princesa de mi casa, para hacerle compañía a los príncipes que ya habitan aquí.Mis gemelos Dan y Sael.Ella es tan dulce, siempre quiere estar conmigo, soy su favorito. Es tierno pelearme con mis pequeños hombres por ella.Dan y Sael están tan felices con su hermanita. Dan, al principio, la rechazó, no la quería, pero poco a poco simplemente camb
DANTE:Los niños están tomando una siesta. Tengo un monitor con todas las cámaras de la casa, a excepción de la de nuestra habitación. De hecho, Sol en todo este tiempo no lo sabe y jamás se lo diré.Es mi pequeño secreto.Porque me gusta verla, observarla en todo momento, a cada instante, cuando estoy lejos o cerca, no importa. Cuando se encierra enojada conmigo. Mi nivel de obsesión es enfermizo, pero me gusta estar así.No es vigilancia, es necesidad. Como la medicina de un paciente psiquiátrico. Saber que mi mujer está bien es mi oxígeno. Si dejo de mirarla, dejo de respirar.Porque si me aburro de algo, simplemente no me importa y nunca más vuelve mi mirada a eso. Pero con ella es distinto... es imposible que me aburra de esa carita tan linda.Me gusta mi mujer. Adoro cómo se ve, cómo huele, cómo se viste, cómo habla, cómo camina con elegancia. Su cabello rubio, su sonrisa que me enloquece, cómo gime, cómo grita.Me obsesiona mirarla distraída, o comiendo, o cuando juega con los
Ver a Sol sobre la cama del hospital me rompe el alma. Me duele verla así, tan frágil.Con un paño limpio retiro los restos de maquillaje de su rostro. Es lo único que puedo hacer. El doctor solo ordenó un calmante, esperar hasta el amanecer y ver cómo reacciona.No quise hacer un escándalo por exámenes... ya conozco lo terrible de sus reglas. Pero nunca la había visto así. Nunca.Avisé a Virginia para que se quedara con los niños. Sé que vendrá apenas pueda, no soporta verla mal.Me siento junto a ella, tomo su mano... y el cansancio me vence. Duermo, pero es un sueño alerta.Un quejido lejano me despierta. Ella se mueve de un lado a otro, desesperada.—¡Ahhhhhhhhhh! ¡Me duele!El grito me atraviesa el pecho. Me sobresalto, aprieto el botón de alarma y en segundos entran las enfermeras.—¡Calma, mi amor, calma! —le susurro desesperado, aunque ni yo tengo calma.Me piden que me aparte, pero no me muevo. No puedo. Solo miro a Sol, aterrado. Esto no es normal.El doctor entra de golpe,
Desde mi matrimonio con Dante han pasado dos años.Hemos peleado, nos hemos reconciliado, hemos viajado con nuestros hijos y, pese a todo, hemos sido una familia hermosa.Pero... cada prueba de embarazo me arruga el corazón cuando aparece esa única línea roja que confirma lo mismo: no estoy embarazada.No he podido volver a tener hijos. Mi cuerpo actúa como si fuera estéril. Hemos consultado todo tipo de especialistas en fertilidad, y siempre lo mismo: no hay nada mal en mí. Incluso visitamos un psicólogo, pero tampoco había un problema emocional. Todo está, supuestamente, bien.Dante nunca me ha culpado. Al contrario. Se ha sometido a pruebas innecesarias solo para tranquilizarme, aunque los resultados siempre confirman lo mismo: está perfectamente sano. Tiene un semen fuerte, fértil, poderoso. Pero lo hace para complacerme, para disipar mis dudas.Hace unos días, sin embargo, exploté. Habíamos tenido una discusión tan fuerte que incluso los demás tuvieron que intervenir.Estaba ebri
—Extraño a los niños... necesito escucharlos decirme mamá. Tal vez soy una mala madre por venirme de vacaciones y no estar con ellos... sin olvidar que no hace tanto también pasamos una semana fuera de casa.Se acuesta sobre mi pecho. Le acaricio la espalda mientras juega con su dedo sobre mí. Levanta la cabeza y me mira.—Tendremos otras vacaciones con ellos. No te preocupes.Mis dedos tocan su cara bonita.—Aunque Dan y Sael tienen mis ojos... tienen toda tu belleza.—¿Piensas que soy bonita?—Por algo eres mi esposa, Sol.—¿Te enamoraste de mí porque soy bonita?Qué cínica... la que se interesó en mí por mi cuerpo.—La razón por la cual te gusto es por mi gran miembro y lo sabroso que se ve mi trasero en mis trajes caros... ¿o no fue eso lo que dijiste? —niega.—O sea, sí, pero no solo por eso ya... ahora es por todo.—Lo sé, mi amor, también estoy enamorado de todo. Sobre todo de cómo me coges, Sol. Eres tan buena en esto.—Aprendí del mejor.—Sí, soy el mejor... sé que nadie nunc
—Mmm... estoy agotada. Necesito una ducha.Estaba sobre su cuerpo desnudo, dándole el último beso. Escuché el sonido mojado cuando lo saqué de su interior.Me levanto con ella y nos metemos a la bañera. Reposa su espalda en mi pecho y le doy un beso en la cabeza.—No hemos dormido nada... ¿qué hora es? —la abrazo con flojera.—A lo que menos vinimos es a dormir a este país.—Lo sé. Me duele todo. Necesito descansar.—Sí, mi amor. Vamos a descansar.Horas después, el golpe de la puerta me despierta. La habitación está oscura. Me siento en la cama con el cuerpo pesado, tratando de recuperar mi conciencia, estiro los brazos, corro apenas la cortina y me pongo unas pantuflas y una bata. Camino hasta la puerta y abro.—Buen día.—Buenos días, señor. Es hora del desayuno. ¿Dónde desean tomarlo? ¿Aquí en la habitación o en la piscina?—No vamos a desayunar aquí, gracias.—Bien, señor. En dos horas vienen a limpiar la habitación.—Yo indico cuándo. No interrumpan mi luna de miel.Cierro sin e






