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last update publish date: 2026-09-19 18:41:32

Arabella

Simplemente le sonreí.

Sus dedos me rozaron la entrepierna y sus labios se curvaron en una sonrisa burlona. —Esto es una fuente, nena…

Me sonrojé intensamente y bajé la mirada. —Quiero gemir tu nombre real cuando me des placer… —Ni siquiera yo podía creer que lo hubiera dicho en voz alta.

Por supuesto, era más que eso. Si estaba enamorada del hombre, al menos necesitaba saber su nombre.

¿Amor? Qué palabra tan extraña, pero era la verdad. Estaba enamorada de mi guardaespaldas. Estaba en
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  • S.I.X: La Obsesión del Mafioso   95

    ArabellaMe quedé mirando mi reflejo en el espejo, teniendo especial cuidado hoy como siempre lo hacía. Mi cabello estaba peinado a la perfección con todas las herramientas que Six me había proporcionado. Cuando elegí mi ropa interior, mis mejillas se pusieron rojas de vergüenza.Era una tanga de encaje rojo, demasiado atrevida. Intenté imaginar qué estaba pensando él cuando la eligió. ¿Me imaginó llevándola puesta?Me mordí el labio inferior y bajé la mirada. Elegí el perfume y me bañé en él.El vestido que llevaba puesto era un sencillo vestido de algodón blanco, que me hacía parecer una inocente lechera de granja.No tenía remedio cuando se trataba de Six. Me vestía todas las noches con los vestidos más provocativos que podía encontrar, esperando que él se estuviera cayendo de la saliva, aunque no le estuviera hablando.La cena era mi momento favorito del día. Me sentaba allí esperando que notara el pequeño esfuerzo... bueno, tal vez era un gran esfuerzo.Te preguntarás por qué sim

  • S.I.X: La Obsesión del Mafioso   94

    SixLe di una calada a mi puro mientras miraba hacia la distancia. Había pasado una semana entera y Arabella todavía no terminaba de tomar confianza conmigo.Pasaba la mayor parte del día fuera, poniendo en marcha planes para asegurarme de que estuviera a salvo, y cuando llegaba a casa, ella estaba encerrada en el dormitorio.Me preguntaba si ella se preocupaba por mí. Nunca me preguntaba a dónde había ido y, siempre que llegaba a casa, cenábamos en silencio.Era una tortura acostarme a su lado y no poder tocarla. Se pasaba toda la noche dándome la espalda.Al principio sí intenté hablar con ella, pero su continuo silencio hizo que me rindiera. Aún no estaba lista; todavía estaba sufriendo, y con justa razón.Le daría tiempo —diablos, le daría todo el tiempo que quisiera— porque la amaba y no podía soportar la idea de perderla jamás. Así que esperaría. Todavía estaba esperando.A veces le llevaba un regalo, cosas pequeñas que sabía que apreciaría: un libro, una joya única, un vestido

  • S.I.X: La Obsesión del Mafioso   93

    MarcoEntonces me di cuenta: no importaba que se parecieran. Nadie sería capaz de reemplazar jamás a Arabella en mi vida. Nadie se sentiría nunca como ella, y me molestaba que pensara que podía ser ella, aunque fuera por un momento.No quería la boca de otra alrededor de mi miembro; solo la de ella. Los únicos pechos que quería contemplar todo el día eran los suyos.Estaba llorando a mares. Luchaba contra mi agarre y luego se apartó de mí con violencia. La fuerza fue tan grande que me quedé sosteniendo un puñado de su cabello cuando lo hizo.Gritó: —¡Mierda! ¿Qué estás haciendo?Me quedé allí sentado, impasible, mirando el mechón de cabello en mi mano. Tenía sangre. También salía sangre goteando de su cuero cabelludo. Se alejó de mí a toda prisa, con los ojos abiertos de par en par por el miedo. Sus ojos se encontraron con los míos.—Marco…Fruncí el ceño. Odiaba cómo pronunciaba mi nombre. No le pertenecía. Nadie tenía permitido decir mi nombre excepto ella.Tal vez estaba loco. De v

  • S.I.X: La Obsesión del Mafioso   92

    MarcoMe recosté en la silla de cuero con un vaso de whisky costoso en las manos. Había un par de papeles esparcidos sobre mi mesa, pero estaba tan sumergido en mis pensamientos que no podía encontrarle sentido a las letras.No ayudaba el hecho de que estuviera alegre. Mierda, había estado borracho durante días; no había soltado la botella desde el incidente. Era la forma en que evitaba volverme completamente loco.Un golpe en la puerta interrumpió mis cavilaciones. Giré la silla y entró Francesco. Parecía haber bajado de peso, sus ojos estaban undidos y tenía ojeras oscuras alrededor de ellos.Su cabello y su barba también habían crecido demasiado; su mecanismo para sobrellevar la situación era trabajar en exceso. No podía ayudarlo; no sabía cuál de sus elecciones de estilo de vida era más destructiva.—Las mujeres están aquí, como pediste, Marco...—Hmm, hazlas pasar entonces —dije encogiéndome de hombros.Salió un momento y, no mucho después, una fila de hermosas mujeres entró cont

  • S.I.X: La Obsesión del Mafioso   91

    ArabellaMe dejó sola durante horas. Me rendí en golpear la puerta y gritar su nombre después de unos minutos. Me recosté en la cama y lloré a mares. Odiaba cómo me sentía en ese momento; mis emociones estaban en completo desorden.Una parte de mí odiaba a Six por guardarme un secreto así; la otra creía firmemente que me amaba y que todo lo que hacía era por mi bienestar.También estaba la parte estúpida que sentía celos de Katherine y de todas las otras chicas sin nombre con las que Six había estado antes que yo. Era una tontería, pero lo sentía.Estaba frustrada. Probé el pestillo muchas veces, pero la puerta no cedía. Escudriñé entre cajones y armarios buscando una llave, cualquier cosa para abrir la puerta. Necesitaba desesperadamente un poco de espacio lejos de él.Era imposible pensar con claridad cuando estábamos confinados en el mismo espacio. Estaba enojada con él y, sin embargo, mis pezones estaban erectos... y él lo había visto.No confiaba en que mi cuerpo no volviera a tr

  • S.I.X: La Obsesión del Mafioso   90

    SixSus palabras me golpearon con fuerza, como un golpe en el pecho. Pensé que había desterrado la culpa que sentía por dentro, pero había vuelto; esta vez más fuerte.—Arabella, sabes que eso no es verdad...—Todo lo que sé es que me has mentido en cada maldita ocasión...—No.—Sí —cortó ella tajante—, lo único que has hecho es mentir...Negué con la cabeza. —No, te dije mi nombre. Nunca se lo había dicho a nadie...—¡Qué conveniente! Podría ser otra mentira más. ¿Quién sabe?Sabía que estaba intentando herirme a propósito, pero eso no hacía que fuera menos doloroso.—Nunca te he mentido, Arabella. Te abrí mi corazón. Fui vulnerable. Te dije lo que sentía por ti...—Otra mentira más...Mi mandíbula se contrajo. La agarré de la cadera y la tiré hacia mí. Ella se congeló en mis brazos, con los ojos muy abiertos como un ciervo atrapado en los faros de un coche.—Puedes acusarme de lo que quieras. Incluso puedes decir que te mentí sobre todo, pero no sobre mis sentimientos por ti, Arabell

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