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Cuando te enteras que los sueños de monstros feroces y las brujas de las historias infantiles no son reales, te sientes el mayor idiota por haber creído alguna vez en ellos. Bueno, eso fue lo que ocurrió conmigo cuando supe la verdad de las personas que dijeron cuidarme desde el inicio y al final resultó ser una farsa. Aun me siento idiota. Es algo que jamás se va. Te queda en la memoria, incluso el sentimiento se queda.
Desde mi posición. He abandonado a las personas que más me necesitaban.
¿Alguna vez te rendiste sin saberlo? ¿Quizás en la escuela con las tareas? ¿El trabajo? Y si no es así, mis más sinceras felicitaciones por no darte cuenta. Cuando lo haces, creo que todo en tu mente acaba por engañarte y decirte que solo es una ilusión, nada serio. Pero te afecta inconscientemente.
Me rendí sin saberlo, lo dije y lo exprese sin sentirlo al 100%. Ahora mi alma paga ese precio. Mis amigos pagan por mí en el mundo terrenal. Quizás jamás los vuelva a ver desde donde estoy, los recuerdos a veces vuelven vacíos, sin sentimientos, algo vacío que ni siquiera sabes que estuvo ahí. Lo que me queda es apelar contra mi encierro el mi nuevo mundo. Hacerme ver como alguien inocente de una profecía de la cual jamás fui consiente.
Me disculpo de antemano si vienes a ver a la chica más valiente del mundo que peleara contra sus parientes dioses.
Aquí, ni siquiera veras una pelea limpia y justa. Ni siquiera los héroes son puros de corazón, o los ángeles. Algunos son demonios y ángeles caídos. La religión tampoco es justa.
Nadie, se salva de la corrupción.
—¿Cómo fuiste capaz? ¡A tu propia hija!
—Jamás quise…
—¡Tú nunca quieres nada! ¡Todo lo haces sin querer! Me has traicionado ¿Y todo por unas cuantas palabras vacías?
—¡No tuve elección! Yo, nunca fue mi intención que acabaras así, yo, ellos… yo te amo hija…
Había escuchado esas mismas palabras antes, pero ahora no les encuentro el significado. La mujer frente a mí ahora es una completa desconocida. Alguien corrupta que no merece mi perdón o tan siquiera que le dirija las palabras. La he amado como a nadie, verla y poder abrazarla era lo único que quería, pero veo que su sufrimiento no es como lo imagine.
Si las personas de verdad me amaran, ellas jamás pensarían en dejarme, no les pasaría por la cabeza el darme la espalda por una sola vez. Y cuando ven venir la enorme avalancha de problemas, son los primeros en cubrirte para salvarte.
Pero las personas que he conocido hoy, no son más que escorias que saltan a la avalancha dejándote desprotegida. A tu suerte. Si sirves como escudo entonces se quedaran a tu lado intentando que le seas de utilidad. Una actitud deshonrosa.
—¿Te gusta mi nuevo juguete?
—¿Cómo lo…?
—Cuando eres un dios completo, puedes cumplir hasta el más raro de tus caprichos. Como este hombre hermoso.
Cuando alguien te odia en verdad, te ataca por donde sea. No le importará llevarse a personas inocentes contigo con tal de verte sufrir y perecer en la miseria.
Y te provocan. Te llevan al borde del abismo, donde tienes dos opciones: atacarle y sobrevivir o ser sumisa y dejarte caer. Si fueras alguien idiota que se deja hacer y deshacer al antojo de quien sea, no serás más que b****a inservible. Pasaran sobre ti dejando su lodo en todo tu ser hasta hacerte ver como nada. Es ahí, antes de caer del borde, donde todo puede cambiar.
Para bien o para mal.
El polvo aún flotaba en el aire, brillando como partículas de estrellas bajo la luz dorada del salón del trono. Mis rodillas temblaban ligeramente, pero mis pies permanecían firmes sobre el mármol agrietado. Respiré hondo, sintiendo cómo la energía lunar recorría cada rincón de mi cuerpo, lista para responder a cualquier amenaza. Sabía que estaba cansada, que mis fuerzas no eran infinitas, pero no iba a retroceder. No esta vez.Hestia se puso de pie entre los escombros. Su túnica blanca estaba manchada de ceniza y su cabello oscuro, antes pulcro, caía en mechones desordenados sobre sus hombros. No había rastro de la diosa serena y apacible que todos conocían. Sus ojos oscuros ardían con una furia que parecía consumirla por dentro, y el calor que emanaba de ella era tan intenso que sentí cómo el aire a mi alrededor se volvía pesado, casi irrespirable.—Estoy harta de las interrupciones —rugó, y su voz resonó en toda la estancia como el crujido de madera ardiendo—. Siempre estorbando, s
El jardín del Olimpo siempre ha sido deslumbrante. Pétalos de colores que no existen en la tierra, fragancias que embriagan sin querer, aguas que cantan al caer… y sin embargo, caminaba entre todo eso sintiendo solo pesadez. Como si llevara una montaña sobre los hombros. Apolo iba unos pasos delante, hablando sin parar. Su tono era ligero, alegre, como si el mundo entero estuviera en perfecto orden. —Mira esas rosas doradas —decía, señalando un arbusto cargado de flores que brillaban bajo la luz eterna—. Solo florecen cuando el sol toca el Olimpo con suavidad. Su aroma calma la inquietud del espíritu. ¿No lo sientes, Isabella? Lo escuchaba como si su voz viniera desde muy lejos. Iba un poco rezagada, la mano rozando sin ver las hojas de los arbustos. Mi mente no estaba ahí. Estaba encerrada entre cuatro paredes, repasando una y otra vez las palabras de Zeus, la huida de Hestia, la sensación de que el suelo se me movía bajo los pies. Quería hundirme en mi trabajo, ocupar cada segun
El brillo plateado que se desborda por mis manos no es algo que pueda apagar, ni siquiera cuando cierro los dedos con fuerza. Siento la energía recorrer mis venas como un río de luz fría, pura, inagotable: soy la hija de Selene, la diosa de la Luna, y ahora llevo en mí todo el peso y la gloria de ese título. Han pasado apenas unos días desde que la cura devolvió la salud a Zeus, y desde entonces cada noche, bajo el manto oscuro del cielo olímpico, he estado explorando los límites de lo que puedo hacer.Mis poderes son vastos, más de lo que había imaginado. Puedo convocar la luz de la luna y tejerla como si fuera hilo de seda, dándole forma de escudos, de cuchillas resplandecientes o de alas que parecen capaces de elevarme hasta tocar las estrellas. Puedo sentir el ritmo de las mareas, el latido de la tierra bajo la luz nocturna, la quietud que se apodera de los bosques y las ciudades cuando el sol se oculta. Con un gesto de la mano puedo enfurecer las sombras o hacerlas danzar a mi an
El sol caía sobre las cumbres del Olimpo bañando todo de un dorado pálido cuando puse un pie en los escalones de mármol del palacio. En las manos sostenía el libro, un ejemplar de hojas amarillentas y cubierta de cuero desgastado, que parecía pesar más que cualquier corona. Mi vestido, de seda color plata con bordados en hilo de oro que brillaban apenas se movía, se arrastraba suavemente sobre los peldaños; el aire fresco de la montaña me acariciaba el rostro, pero no lograba disipar la inquietud que me ardía en el pecho. Cada paso que daba hacia la entrada era más pesado que el anterior, porque sabía que detrás de esas puertas no solo estaba el destino de un dios, sino el de todos nosotros. Al levantar la vista, la vi. Hera estaba en el pórtico, erguida como una columna de mármol, dispuesta a salir. Llevaba su túnica regia de color púrpura oscuro, ceñida con un cinturón de oro labrado en forma de olas, y sobre la cabeza una diadema de la que caían velos transparentes que el viento
La estancia estaba sumida en una penumbra suave, teñida de tonos plateados y azul profundo, como si el cielo nocturno se hubiera derramado sobre las paredes y se hubiera quedado allí, quieto, respirando conmigo. Mis dedos rozaban la superficie de la ventana, fría y lisa, y a través de ella veía el Olimpo extenderse bajo mis pies: cumbres de mármol blanco que brillaban con luz propia, fuentes de agua cristalina que cantaban al caer, columnas doradas que parecían sostener el firmamento. Todo era perfecto, majestuoso… y yo era parte de ello.Cerré los ojos y sentí el poder fluir por mis venas, no como antes, cuando era algo extraño que debía contener, sino como una extensión de mí misma: cálido, inmenso, sin límites. Podía sentir cada corriente de aire que recorría los jardines, el latido de cada corazón que habitaba el palacio, el murmullo de las aguas que nacían en la cima y bajaban hasta el mundo de los mortales. Era como tener el universo entero en las palmas de las manos, dispuesto
Queridos lectores, necesito hacer una aclaración sobre SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES. Este libro es un puente de transformación para Isabella. Aquí veremos como continúa su destino en el Olimpo al momento de fallecer.La historia de amor entre Isabella y Ericksson continuará en un tercer libro llamado SEMIDIOSA HIJA DE LA TIERRA, aún está en proceso, no ha sido publicado. Pero aclaro esta parte para que no se confundan o esperen alguna intervención de parte del mundo Mortal con el de los Dioses. Estamos aquí para ver crecer a Isa, redimirse y renacer -de nuevo- pero como una nueva persona, más madura.Habrá capítulos extras en el primer libro y en este cuando finalice. Daremos un pequeño vistazo a lo que pasa en la tierra mientras Isabella se enfrenta a los dioses y su juicio en el Olimpo.//Recomendaciones.Para leer los capítulos extras, te recomendaría que leas el primer extra cuando vayas por el capítulo 13 de SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES.El segundo capítulo extra cuando vayas por el capít







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