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3. Un defensor impresionante

Autor: Cristy
last update Fecha de publicación: 2026-02-27 09:05:32

Alys miró a su alrededor como buscando algo entre la multitud; un leve escalofrío le recorrió la espalda.

—¿Amiga, qué te pasa? ¿Viste a algún conocido? —le preguntó Maya.

—No, sólo sentí que me observaban.

—Mira a todos esos chicos guapos, te comen con la mirada, quedaron prendados de tu belleza, debe ser eso.

—Tienes razón, amiga. Qué bueno que al final vine con ustedes. Este sitio es buenísimo, pero no tengo la intención de flirtear esta noche —le susurró Alys a Maya al oído.

—No seas aguafiestas, deberías buscarte a un bombón que esté buenísimo y restregárselo en la cara al cretino de tu ex para que vea de lo que se perdió —respondió Maya, rozándole el hombro entre risas.

En efecto, muchos jóvenes atractivos se acercaron a Alys para ligar, pero ella los rechazó a todos. La chica se veía realmente deslumbrante, tanto, que era difícil no admirar esa sensualidad cautivadora.

ABEL LENOX

Revisaba mi teléfono sentado en el lujoso sofá de cuero del reservado VIP del nuevo club de mi amigo Lucas. Disfrutaba de unas copas con él y Cooper. Ellos me invitaron a pasar el rato y acepté. Todo iba bien, un poco aburrido, tal vez. Nos encontrábamos en el salón más exclusivo del lugar, el cual estaba ubicado en la planta alta y tenía una magnífica vista, pues desde ahí se podía apreciar todo el establecimiento.

De repente, alguien captó mi atención y mis ojos se posaron en un fascinante ángel. Llevaba un vestido color rojo vino que se ceñía perfectamente a su esbelta figura; su cabello negro y brillante caía en su espalda hasta la cintura. ¡Ella era sencillamente preciosa! Tenía un cuerpo de infarto y se movía de tal manera que me dejó sin aliento.

En ese preciso momento se volteó y por un instante, nuestras miradas se cruzaron; un destello de algo —que no sé qué fue— se encendió en mí. Sus ojos verdes e intensos eran los más cautivadores que había visto jamás, su rostro se veía angelical y al mismo tiempo seductor; me quedé maravillado con esa hermosa visión en forma de mujer. Ella quitó la mirada inmediatamente; no sé si en verdad se fijó en mí o si me lo imaginé, pero de lo que sí estaba seguro, es que no podía apartar mis ojos de ella.

No sé qué me pasó. Nunca presto atención a las mujeres, porque todas se acercan a mí por dinero, estatus y poder. Son unas interesadas. Pero algo dentro de mí me decía que ella era especial; no sé cómo explicarlo o cómo llamarlo, si destino o presentimiento, de lo que sí estaba seguro era que esa belleza me hacía sentir diferente.

Mi mejor amigo lo notó y comenzó a bromear conmigo:

—¡Vaya! Parece que esa chica, la del vestido rojo allá en la pista, captó tu atención, hermano... —me dijo en tono de broma, palmeándome el hombro.

Lo ignoré y tomé un sorbo de mi whisky, encendí un cigarrillo y aparté la mirada de la belleza que me había hechizado. Una sonrisa ladina se formó en mis labios.

—Tal vez esta noche haya algo que valga la pena admirar en este lugar —respondí sin más.

Aunque mis ojos ya no la veían, en mi mente se reproducía su imagen una y otra vez; no podía sacarla de mis pensamientos.

En ese instante, llegó Demi Adams con sus amigas. Tuvimos una relación pasajera hace algunos años atrás, pero eso ya se terminó. Sus padres y los míos alguna vez hablaron de una alianza matrimonial antes, cuando éramos pequeños, pero eso es cosa del pasado; además yo no acepto que me impongan nada, y mucho menos un matrimonio arreglado.

Demi es la heredera del Grupo Adams y siempre está tratando de atarme a un compromiso matrimonial. Ella es caprichosa y superficial, una niña mimada que siempre obtiene lo que quiere, pero conmigo se equivoca.

Caminó hacia mí y se sentó, aferrándose a mi brazo.

—Abel, querido, qué bueno encontrarte aquí —me susurró con un tono meloso.

El olor penetrante de su perfume me revolvió el estómago y me zafé de su agarre.

—Voy al baño, no me sigas —espeté con fastidio.

Salí del reservado y me dirigí al área de los baños. Necesitaba un respiro; la presencia de Demi es asfixiante, siempre quiere estar pegada a mí, aunque le he repetido mil veces que no quiero nada con ella.

Iba por el pasillo cuando me topé con una escena que me sorprendió.

ALYS

Maya tenía razón; el ambiente en este lugar era increíble. Estando en la pista de baile, sentí una mirada sobre mí, volteé y eché un vistazo alrededor, pero no vi nada en particular. Me giré nuevamente y alcé mis ojos a la planta alta; allí logré percibir un destello fugaz de unos ojos azul intenso que me miraban. Maya tocó mi hombro y susurró algo a mi oído.

—Mira quiénes llegaron —señaló hacia la entrada con un gesto.

Observé al grupo que iba ingresando al club y ahí estaba él. ¡Brandon Foster!, mi ex, con sus amigos, y detrás de ellos, siguiéndolo, venía Sara Miller, mi supuesta amiga. «¡Traidora!», pensé y me tomé la bebida que tenía de un solo trago.

El DJ cambió a una melodía más romántica, de esas que se bailan en pareja, y mi amiga y su novio se sintieron incómodos.

—¿Quieres ir al reservado? Podemos descansar un poco —Sé que lo hacían por mí, como no tenía pareja; ellos no querían que me sintiera fuera de lugar.

Para no ser un estorbo, los rechacé.

—Descuiden, sigan bailando. Yo voy al baño a retocar mi maquillaje.

—¿Estás segura? —me preguntó Maya—. ¿Quieres que te acompañe?

—Sí, estoy segura. No necesito que me acompañes, puedo ir sola, amiga —respondí con una sonrisa y me fui.

Entré al baño, me miré al espejo, retoqué mi maquillaje y me dispuse a volver. Pensé que Brandon no me había visto, pero me equivoqué; apenas avancé un poco, él se interpuso en mi camino.

—Alys, espera, tenemos que hablar.

—No tenemos nada de qué hablar —lo fulminé con la mirada y seguí de largo como si hablara con la pared.

—Alys, detente —resopló con voz fría y amenazante.

Pero no le hice caso y seguí mi camino como si no hubiese escuchado nada. Tan solo di dos pasos cuando...

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