INICIAR SESIÓNAlys
Brandon me sujetó rápidamente de la muñeca, traté de liberarme pero su agarre se hizo más fuerte. —¡Suéltame! —le grité, pero no lo hizo. Estaba frustrada y rabiosa; discutimos mientras forcejeaba para que me soltara. Pero no lograba nada. El es más fuerte y alto que yo; además había bebido mucho y estaba un poco mareada. Intenté golpearlo en sus partes sensibles porque practico defensa personal, pero neutralizó todos mis movimientos; él también tiene entrenamiento en defensa y combate. Me abrazó por la cintura y pegó su cuerpo al mío; mi espalda chocó con la pared. Sin embargo, seguí luchando y grité más fuerte pidiendo ayuda. No quería estar cerca de ese descarado, todo el amor que un día sentí por él se acabó el día que lo encontré en la cama con Sara. Pretendió besarme a la fuerza, mientras me decía: —Cariño, por favor perdoname, lo de Sara fue un error. Yo te amo a ti. Logré soltar una de mis manos y le dí una bofetada, pero volvió a sujetarme, mi respiración se volvió errática. Mi pecho subía y bajaba. Estaba molesta y abatida; mis ojos ardían y algunas lágrimas se asomaron. No eran lágrimas de dolor; era impotencia, estaba furiosa por no poder liberarme de su agarre. En ese preciso momento alguien lo apartó de mí y le asestó un golpe en la cara. La voz de mi salvador salió como un trueno y le ordenó: —¡Apártate de ella! Enfoqué la mirada en el hombre que me estaba defendiendo. Era alto, esbelto y de hombros anchos; su presencia era intimidante, casi feroz. Brandon es alto y fornido, de buen parecer, pero no se comparaba con ese hombre. Él era simplemente hermoso. Sus ojos, su cara, su cuerpo. Era el sueño de cualquier mujer y estaba ahí, defendiéndome a mí como un caballero de armadura brillante. Le propinó unos cuantos golpes más a mi ex y le indicó a otro hombre —quien llegó un momento después— que lo sacara de ahí. Parecía ser su guardaespaldas o algo así. Brandon, furioso, le gritó: —Este es un problema entre mi novia y yo. Será mejor para ti, que te mantengas al margen —le mintió diciendo que todavía era su novia. El hombre me miró a los ojos y me preguntó: —¿Es eso cierto? Yo, me quedé embobada, no podía apartar mi mirada de sus ojos —eran azules, tan intensos, tan profundos y simplemente cautivadores—. Estaba perdida en su mirada. Él me preguntó de nuevo si estaba bien. En ese instante volví en sí y le respondí: —Sí, estoy bien. ¿Y sabes qué? Brandon no es mi novio; él es mi exnovio. Le di las gracias con una sonrisa, y él me sonrió fugazmente diciendo: —No es nada, es un placer ayudar a una chica tan linda como tú. Me preguntó nuevamente: —¿Seguro estás bien? Si quieres puedo llevarte a tu casa. —No es necesario —le respondí—. Estoy con mi amiga y su novio, ellos me pueden ayudar. Él estuvo de acuerdo y me acompañó mientras buscaba a Maya y a Dilan, pero no los pude encontrar. Mi teléfono se cayó al suelo durante el forcejeo y no había querido encender; así que no pude llamarlos, debian estar muy preocupados por mí. No sé porqué, pero estar al lado de ese desconocido me daba paz y seguridad. En ese instante me di cuenta que ni siquiera sabía su nombre, así que le pregunté cómo se llamaba. —Mi nombre es Abel —respondió, y estrechó mi mano. Me propuso intercambiar nuestros contactos, pero como mi teléfono aún no encendía, me anotó su número en una servilleta y me lo entregó. Luego me ofreció su celular para llamar a mis amigos, y así lo hice; le conté lo sucedido a Maya y le notifiqué que estaba bien. Maya y Dilan me encontraron y seguimos disfrutando de la noche: tomamos algunos tragos más, bailamos y reímos. Esa era mi noche de liberación para olvidar la traición y el dolor. No soy una chica fiestera, mucho menos irresponsable, pero ese día quería olvidar lo malo y disfrutar... solo eso, ¡disfrutar y olvida! Mientras estaba bailando al ritmo de la música, un chico se acercó demasiado y, poniendo su mano en mi cintura, dijo: —Hermosa, ¿bailamos? Inmediatamente, unos brazos fuertes me envolvieron y me encontré bailando con el caballero de brillante armadura, el mismo que me había defendido esa noche. Su aroma era embriagador, una mezcla de lavanda y cedro que impregnó mis sentidos, y su cuerpo lucía tan perfectamente esculpido, con esos pectorales firmes y esa mirada que mata. Rodeé su cuello cuando comenzó a sonar esa música lenta y romántica, y nuestros cuerpos se juntaron en perfecta armonía. Y allí, abrazados, nos perdimos en el fulgor del momento moviéndonos al ritmo de la balada. Nuestros ojos se encontraron y me sentí muy atraída por él. No sé si era por el alcohol o un hechizo, pero se sentía bastante bien.Alys miró al anciano detenidamente y suspiró con calma, no podía permitirse levantar sospechas. Si alguien descubría que estaba investigando, borrarían todas las huellas si es que aún quedaba alguna.—Está bien si no lo recuerda —dijo con una sonrisa—. Solo busco información para la reseña histórica de nuestro departamento —explicó con amabilidad.—Lamento no ser de mucha ayuda, señorita —el empleado se disculpó, rascándose la cabeza.Alys le extendió una tarjeta con su número telefónico.—Si recuerda algo, por pequeño que parezca, avíseme. Podría ser de mucha ayuda.—Entendido, la dejo para que haga su trabajo. Voy a hacer mi ronda —el hombre se despidió con cortesía y se marchó.Alys comenzó a rebuscar entre las carpetas viejas. Aunque el polvo la hizo estornudar repetidas veces, siguió indagando meticulosamente sin hallar ningún indicio. Estaba a punto de rendirse cuando notó el folio azul en el piso; se había deslizado a un lado del estante, apenas era visible. El nombre impreso e
En el departamento de ginecología, el entorno era completamente diferente. Abel había tomado el control total del lugar; sus escoltas estaban apostados en los pasillos, vigilantes.—Cariño, ¿no crees que estás exagerando? Las otras pacientes se van a asustar al ver tantos guardaespaldas.—Como digas, preciosa. Les ordenaré ahora mismo que sean discretos; tú no te preocupes por nada —le aseguró llevándola de la mano al consultorio.Acostada en la camilla, Alys era examinada exhaustivamente. Abel le había preguntado por quinta vez a la especialista sobre el estado de su esposa.—Doctora, ¿está absolutamente segura de que mi esposa no había entrado en proceso de parto?—Señor Lenox, entiendo que esté ansioso; pero es normal que su esposa tenga contracciones leves en los últimos meses de gestación —le explicaba la profesional con mucha paciencia al angustiado marido.Después de estar completamente convencido, Abel pudo respirar con tranquilidad.—Entiendo, ¿puedo llevármela a casa? —preg
—...¿Y qué puedo hacer para convencer a mi preciosa novia? —indagó Cooper en voz baja.—¡Mmm... No sé! —dijo ella encogiéndose de hombros, mientras jugueteaba con sus dedos, simulando ignorancia—. A mi mejor amiga le hicieron una propuesta espectacular.Cooper le levantó la barbilla y la confrontó con una mirada apasionada.—Puedo hacer eso y más por ti, gatita.—Entonces sorpréndeme, doctor, quizás acepte su propuesta —respondió ella con picardía, haciéndose de rogar. Así era ella; impulsiva, caprichosa, fuerte y valiente. Sumado a eso, también era fiel, comprometida y de buen corazón. Precisamente esas cualidades eran lo que a él le encantaba de ella, ese contraste de fortaleza rebelde y amor incondicional.—Entonces me esforzaré al máximo, mi princesa —le susurró al oído en tono juguetón, después la asió tiernamente por los hombros diciendo—: Nuestros padres llegaron, están esperando afuera, quieren verte.—¿Y mi hermano Lucas?—Está con ellos. También quiere entrar.—Deben estar
Alys se arrodilló junto a su amiga y trató de despertarla dándole palmaditas en la mejilla.—Maya, ¿qué te pasa? Por favor, reacciona —expresó con desesperación.Cooper al ver a su novia inconsciente, corrió hacia ella, la tomó en brazos con sumo cuidado y la llevó al auto. Lucas lo siguió de cerca.—Cuñado, ¿qué tiene mi hermana? Eres médico, haz algo —exigió Lucas frenético.—Tranquilízate ¿No ves que se alteró por tanta presión y por eso colapsó? Vamos al hospital, allá le haremos un chequeo y verificaremos que ella y el bebé estén bien.—Entonces, déjame conducir y vigila que no le pase nada durante el trayecto —manifestó Lucas tensando la mandíbula. Maya era la princesa de los Harris.En el asiento trasero del vehículo, Cooper la sostenía con cuidado tomándole el pulso, mientras Lucas conducía a toda marcha directo al sanatorio.La conmoción le provocó a Alys unas punzadas leves en el abdomen. Abel reaccionó con premura y la guió hacia el Rolls-Royce Phantom, seguido de cerca por
Evelyn, al notar la aflicción de Maya, se apresuró a animarla.—Amiga, sé que esto puede ser difícil para ti. Pero no es momento de derrumbarse. ¿Qué tal si bajamos y nos tomamos algo? ¿Sí? —le habló con suavidad.—Tienes razón, debería comer algo, me siento un poco mareada —respondió Maya, obligándose a mostrar fortaleza.Se dirigieron al restaurante ubicado en la planta baja del hospital y se sentaron en una mesa apartada. Maya dobló la ecografía y la guardó en su bolso antes de ordenar un sándwich y un vaso de jugo natural. Por su parte, Evelyn daba un sorbo a su café mientras ojeaba el folleto que les había entregado la doctora.—Maya, ¿a dónde piensas ir después de que salgamos de aquí? —preguntó Evelyn.—A mi apartamento, necesito estar un tiempo a solas —manifestó, dejando escapar un pesado suspiro.Estaban tan concentradas en la conversación que no notaron al hombre que se aproximaba a ellas.—Preciosa, ¿qué haces aquí? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? —indagó Cooper con evide
Al verla tan nerviosa, Lucas creyó que Evelyn intentaba ocultar un embarazo. Y sin profundizar mucho en el asunto, su mente lo dio por sentado: «Ella es tan joven e inocente, seguro fue engañada por un canalla desgraciado y, ahora que esperan un hijo, no quiere hacerse responsable». Mientras los pensamientos del hombre volaban, ella confesó: —Sí, esa prueba es mía, soy yo quien está esperando un bebé, no metas a Maya en esto —se declaró culpable y con la voz quebrada ahogó los sollozos, mientras las lágrimas inundaban sus mejillas sonrojadas. Lucas la encerró en un tierno abrazo consolándola con suavidad. —No te preocupes, no estás sola en esto, todos nosotros te apoyaremos —el hombre la apartó un poco y le levantó el rostro por la barbilla, clavando su mirada en los hermosos ojos azules de la joven—. ¿Quieres contarme quién es el padre? —le preguntó con las facciones endurecidas, aunque su tono era suave. La chica se estremeció, sus músculos se tensaron de inmediato y su respirac







