ログインValentina se acomodó frente a la mesa mientras Alexander apartaba la silla para que pudiera sentarse. Después ocupó el lugar a su lado. Al levantar las t***s de los platos, ambos pudieron ver la cena que Lucía había preparado.—Se ve delicioso —comentó Valentina, mirando lo que había sobre la mesa.Alexander sonrió. Lucía había hecho un gran trabajo con la cena. Todo estaba preparado de acuerdo con los gustos de Valentina.—Entonces… —dijo Valentina mientras cortaba lentamente un trozo de carne—. ¿Qué es algo que nadie sabe de ti? Algo que no tenga nada que ver con tu trabajo.Alexander la miró con curiosidad.—¿Y por qué quieres saberlo? —preguntó.—El paso uno para seducirte es conocerte —comentó Valentina mientras dejaba los cubiertos sobre el plato—. Alexander, lo poco que sé de ti no es suficiente…—Ya sabes que me gusta leer mangas de romance… —respondió Alexander con una leve sonrisa.Valentina hizo un mohín infantil y tomó una copa de agua.—Alexander, ¿cómo voy a seducirte así
Alexander esperaba en la entrada de la sala de estar. Había revisado todo varias veces, quería asegurarse de que la cena con Valentina fuera perfecta.—Mierda… ¿Por qué estoy tan nervioso? —murmuró mientras acomodaba su corbata.—Señor —dijo Saúl, acercándose con una caja de terciopelo azul marino—. Aquí está el regalo que pidió para la señora.Alexander tomó la caja y sonrió al comprobar que había llegado justo a tiempo.—Gracias. Pueden retirarse a descansar. — Dijo, sin dejar de ver la caja.Saúl hizo una reverencia antes de marcharse. Lucía también había terminado de preparar la cena y se había asegurado de dejar todo listo.Alexander quería que aquella noche fueran únicamente ellos dos, sin empleados alrededor ni interrupciones.…Valentina caminaba por los pasillos de la mansión rumbo a la sala de estar. Sabía perfectamente dónde se encontraba, aunque desde que se había casado con Alexander casi nunca había utilizado ese lugar.A medida que se acercaba, sus nervios aumentaban. N
Alexander estaba en su estudio. Saúl y Lucía permanecían de pie frente a su escritorio, esperando sus instrucciones, aunque él parecía más concentrado en su teléfono.—Perfecto —murmuró al ver que Valentina ya no respondía después de su petición.Dejó el teléfono a un lado y levantó la mirada hacia sus dos empleados.—Nana, quiero una cena especial. Prepara algo que vaya de acuerdo con los gustos de Valentina y ten mucho cuidado con sus alergias —indicó Alexander mirando a Lucía.—Por supuesto. Me encargaré de todo y tendré mucho cuidado con las alergias de ambos —respondió Lucía.Aunque Alexander estaba más pendiente de que todo saliera perfecto para Valentina, Lucía tampoco pensaba descuidar los gustos de su jefe.—Saúl, quiero que la sala de estar quede preparada para una cena romántica, pero cómoda. También quiero un ramo de rosas, tal vez…—Rojas, señor. Me encargaré —respondió Saúl con una sonrisa.Alexander asintió y sonrió. Sabía que podía confiar completamente en ellos. Ambos
Daniel estaba en su departamento. Después de lo ocurrido con Valentina, Alexander le había avisado que no regresaría a la oficina, así que decidió cancelar toda su agenda. Los asuntos más importantes los revisarían desde casa.—Dime… ¿qué mierda haces aquí? —soltó Daniel sin apartar la mirada de su laptop.Nikolái estaba recostado en el sofá, entretenido con un videojuego en su celular.—Estoy esperando la respuesta de Alexander —respondió con tranquilidad—. Es obvio que se contuvo por la presencia de su esposa, pero lo conocemos. No se va a quedar de brazos cruzados ahora que sabe que la Bratva Dragov está detrás de la mujer que ama.—Eso ya lo sé —soltó Daniel, mirándolo de reojo—. Pero ¿por qué tienes que esperar en mi departamento?—Es cómodo —respondió Nikolái sin darle importancia—. Aunque, sabes, me sorprende que siendo solo un asistente vivas en un departamento así de lujoso.Daniel rodó los ojos. Ser asistente era algo que había elegido por decisión propia. En varias ocasione
Alexander llevó a Valentina de regreso a la mansión Hart. Aunque tenía varios pendientes por resolver, no quería volver a la oficina, no después de saber que su esposa estaba en peligro simplemente por llevar la sangre de Dinora Luna, o mejor dicho, Dinora Dragov.—No entiendo cómo mi abuela podía pertenecer a la mafia… —susurró Valentina—. Recuerdo que era tan tierna y amorosa.Alexander arqueó las cejas y la observó durante unos segundos. Ahora entendía de dónde había heredado Valentina aquel aspecto dulce. Su rostro transmitía ternura e inocencia, algo que podía hacer que cualquiera bajara la guardia frente a ella.—Ve a descansar. Debió ser demasiado difícil para ti pasar por todo esto —dijo Alexander, intentando dejar el tema atrás.Valentina se giró hacia él y lo observó durante unos segundos. Recordó el momento de tensión que había vivido cuando pensó que iban a secuestrarla. Durante todo ese tiempo, lo único que había podido pensar era en Alexander y en que quizá no volvería a
Valentina abrió los ojos con sorpresa. No podía creer lo que acababa de escuchar. Su abuela Dinora, aquella mujer que siempre había recordado como una dama intachable, amable y elegante, había pertenecido a una organización mafiosa.Lo que Valentina desconocía era que la Bratva Dragov no era una organización cualquiera. Era una de las organizaciones más poderosas del bajo mundo y se encontraba en la cima, ejerciendo su poder sobre otras.—Debe ser una confusión. Mi abuela no… —dijo Valentina, haciendo una pausa mientras comenzaba a dudar de sus propias palabras—. Es decir, ¿cómo es posible?—Es posible. Dinora Dragov dejó la Bratva para poder casarse con Valente Luna, un empresario que conoció durante un viaje y del que se enamoró. Al ser la reina y la consentida del viejo Pakhan, simplemente la dejaron marcharse. Sin embargo, las propiedades que estaban bajo su apellido Dragov nunca dejaron de pertenecerle.Nikolái hizo una breve pausa antes de continuar.—Señora Hart, usted no solo







