MasukAlexander levantó la mirada hacia ella. Le temblaba el cuerpo de rabia y tenía los ojos enrojecidos, llenos de lágrimas que se negaba a derramar.— ¿Acaso no me quieres ni un poco? — preguntó en un susurro, con la voz quebrada. — ¿O solo te sirvo para coger?Alexander soltó una risa seca, sin una pizca de humor. Se pasó la mano por la mejilla y soltó un suspiro antes de volver a mirarla.— ¿Y qué soy yo para ti, Valentina? — preguntó, devolviéndole la pregunta. — Hace unas semanas me decías que me odiabas, que amabas a otro hombre y que querías divorciarte de mí para convertirte en la señora Solís. Pero descubriste que tu amado Anthony se cogía a tu mejor amiga y, de repente, decidiste acercarte a mí. Empezaste a seducirme para vengarte de ellos. Dime, Valentina, ¿en qué momento dejé de ser el marido del que querías deshacerte y me convertí en algo más para ti?Valentina retrocedió un paso, asimilando las palabras de Alexander. Se acomodó el cabello con las manos temblorosas, intentan
Alexander consiguió ponerse de pie con dificultad. Todo le daba vueltas y apenas podía mantenerse erguido, por lo que Daniel soltó a Natalia y se apresuró a sostenerlo antes de que perdiera el equilibrio.—Estúpido soplón encubridor, confiaba en ti —murmuró Valentina, fulminando a Daniel con la mirada.—¿Por qué te hablas con tanta confianza con mi esposa? —murmuró Alexander, mirando a Daniel con dificultadDaniel puso los ojos en blanco. No tenía ninguna intención de meterse en los problemas matrimoniales de su jefe, mucho menos después de presenciar cómo Valentina había mandado a dos mujeres al suelo sin pestañear. Lo último que necesitaba era convertirse en la siguiente víctima de aquella noche.—Mejor camina antes de que te rompan la nariz a ti —murmuró Daniel, tirando de Alexander para ayudarlo a salir de allí.Valentina suspiró y dirigió su mirada hacia Nikolái. Para ella, el ruso era el principal culpable de que Alexander estuviera en aquel lugar.—¿Lo mato, señora? —preguntó N
Alexander suspiró al ver que aquellas dos mujeres seguían intentando llamar su atención. Sabía que, por más que lo intentaran, no conseguirían despertar su interés, pues él solo podía pensar en Valentina. Sin embargo, ella estaba complicando las cosas y él no sabía cómo actuar. No podía obligarla a quedarse a su lado ni quería hacer lo mismo que Valente Luna intentaba hacer con ella.Aun así, no entendía por qué Valentina se había enfadado tanto cuando él simplemente le preguntó qué haría respecto al acuerdo de divorcio que su abuelo quería que firmara.—¿Por qué amo a esa loca? —murmuró Alexander para sí mismo, llevándose la botella de whisky directamente a los labios.—Ya deja de beber… —dijo Daniel, sosteniendo una botella en la mano—. Y quítate a esas mujeres de encima.Alexander se encogió de hombros y volvió a beber. No le importaba que aquellas mujeres siguieran a su lado; podían hacer lo que quisieran, pero ninguna conseguiría captar su atención. Su cabeza seguía ocupada con V
Miranda Evans no soltaba su teléfono. Había llamado a Valentina una y otra vez, pero no conseguía comunicarse con ella. Su padre comenzaba a desesperarse por su ausencia y Miranda estaba cada vez más furiosa ante la posibilidad de que Valentina le hubiera jugado una broma y la hubiera dejado plantada. —¡Estúpida Valentina! —gritó Miranda, mirando la pantalla de su teléfono cuando, una vez más, la llamada fue desviada al buzón de voz. —Miranda, ¿qué pasó con Valentina? ¿Por qué no ha llegado? —preguntó Marcos, acercándose a ella con evidente molestia. —Alexander Hart no la dejó salir —mintió Miranda. Marcos sabía que el matrimonio entre Valentina y Alexander no atravesaba su mejor momento. Por eso había considerado que hacer negocios con ella sería sencillo. Valentina tenía poca experiencia en el mundo empresarial y, sin el apoyo de Alexander, sería mucho más fácil manipularla para conseguir lo que quería. —¡Estúpida! —Marcos no dudó en darle una fuerte bofetada que hizo caer a Mir
Valentina despertó después de dormir un par de horas. No tenía ánimos de asistir a la cena con los Evans, pero ya había dado su palabra y, además, quería descubrir hasta dónde estaba dispuesto a llegar Marcos Evans para conseguir una asociación con ella. Por supuesto, no pensaba aceptar ninguna de sus propuestas, mucho menos ahora que Alexander no la acompañaría. —Es cierto, hoy dije que empezaría mi venganza contra Miranda —murmuró mientras se miraba al espejo—. Estúpido cuatro ojos… Espero que me estés extrañando en estos momentos. …. Alexander estaba sentado entre dos mujeres que no dejaban de intentar llamar su atención. Sin embargo, ninguna le interesaba. Había aceptado la invitación de Nikolái únicamente porque quería seguir bebiendo y distraerse un rato, pero no tenía intención de involucrarse con ninguna mujer. Para él, solo existía Valentina. Daniel suspiró. Había intentado sacar a Alexander de aquel lugar, pero su amigo ya había bebido demasiado y estaba demasiado terco p
Alexander estaba sentado en la pequeña sala de su oficina. Sobre la mesa de centro había una botella de whisky a la mitad y, en su mano, sostenía un vaso vacío.Daniel entró en ese momento. Miró a su alrededor antes de cerrar la puerta.—Pensé que la jefecita estaría aquí… —comentó—. ¿Por qué no fueron a celebrar su logro?Alexander se encogió de hombros, llenó nuevamente su vaso y se bebió el contenido de un solo trago.Daniel suspiró, caminó hasta el sofá de enfrente y tomó asiento, sin apartar la mirada de su amigo.—¿Por qué discutieron? —preguntó.Conocía perfectamente a Alexander. En el pasado, cuando tenía una discusión fuerte con Valentina, solía quedarse en su oficina bebiendo, sin importarle la hora ni cuánto alcohol consumiera. Y, por lo que veía, esta vez no era diferente.—Su abuelo quiere que se divorcie de mí —dijo Alexander.—¿Y ella qué dijo? —preguntó Daniel.—Que firmaría… —susurró, mirando la botella de whisky.Daniel entrecerró los ojos. Dudaba que Valentina hubie







