LOGIN—¡Leandro! —Alicia lo empujó con fuerza y señaló la cajita en la mesa de noche—. ¿No usaste eso?Leandro miró en esa dirección, luego desvió la mirada y respondió con total tranquilidad:—Sí, claro que usé.—¿Y entonces por qué esa caja sigue intacta?—Traje los míos.Alicia se quedó muda, sin poder entenderlo. Si el hotel ya los ofrecía, ¿para qué se había tomado la molestia de traerlos desde la casa?Leandro pareció adivinar lo que pasaba por su mente y explicó:—Los de aquí son demasiado chicos.Alicia se quedó sin palabras. Sintió que el rostro se le encendía cada vez más, y que el calor le bajaba por el cuello.Leandro se acercó, apoyó la barbilla en la cabeza de ella y preguntó:—¿Por qué te pusiste tan roja?—¿Y cómo sabías que los del hotel te quedarían chicos?—No lo sabía, solo fue por si acaso.¿Acaso los grandes empresarios siempre eran así de calculadores, hasta para esas cosas?La mano de Leandro comenzó a subir despacio desde su cintura. El sol los envolvía a ambos y la
Antes de que Alicia pudiera reaccionar, Leandro le sujetó la mano. Al instante siguiente, empujó la puerta del baño y, con un leve tirón, la jaló hacia afuera. Alicia, tomada por sorpresa, chocó directo contra su pecho.Llevaba apenas esa toalla tan corta, dejando a la vista sus piernas largas que resaltaban bajo la luz. Tenía los pies descalzos sobre el piso gris claro, con los dedos encogidos por la pura tensión.—Leandro, ¿qué haces?—Terminar lo que empezamos.En cuanto soltó las palabras, Leandro la besó. Fue un beso repentino, pero que al mismo tiempo se sentía como algo contenido desde hacía mucho. Alicia quedó atrapada contra la pared. El nudo de la toalla comenzó a aflojarse y ella estiró la mano por instinto para sostenerla, pero Leandro ya le había sujetado las muñecas, entrelazando los dedos para inmovilizárselas arriba.La toalla cayó directo a sus pies.—Espera —alcanzó a decir Alicia—. Creo que hoy es viernes.—¿Acaso los esposos en su luna de miel se fijan en qué dí
—Ah, entonces voy al balcón a que me dé un poco el aire. Aquí adentro hace demasiado calor.—Está bien.Leandro se hizo a un lado. Alicia se puso de pie y salió cojeando. En el instante en que empujó el ventanal de vidrio, su cara ya era un poema de pura confusión. ¡Lo había besado ella misma! ¡Y por iniciativa propia!Alicia se quedó de pie en el balcón, apoyando las manos en el barandal, dejando que la brisa marina le refrescara las mejillas encendidas. A ver, ¿qué demonios acababa de hacer? Nadie la había obligado. Ella lo había besado porque quiso. Le había rodeado el cuello con los brazos, lo había atraído hacia sí y luego...Alicia se cubrió la cara con las manos. ¡Qué horror! ¡Definitivamente se había vuelto loca! Sin embargo, en ese momento, no había podido contenerse para nada. Quizás se debió a lo concentrado que él se veía mientras estaba de rodillas curándole el pie, o tal vez a que la mirada que le lanzó al preguntarle "¿puedo?" resultó demasiado tentadora. El pu
Al regresar a la villa, Leandro acomodó a Alicia en el sofá. Ella se quedó sentada ahí, siguiéndolo con la mirada mientras él entraba al baño. El sonido del agua corrió por un momento y, poco después, Leandro salió con un recipiente con agua tibia.—Límpiate primero la arena del pie.—Está bien.Alicia se quitó la arena de la planta del pie mientras Leandro traía el botiquín. Buscó y sacó un frasco de yodo con unos hisopos. Luego se acercó a ella y se arrodilló enfrente.Alicia lo miró en esa postura y sintió que el corazón le daba un vuelco. Lo suyo había sido un matrimonio por conveniencia y muy de prisa. En su momento, ambas familias pactaron las condiciones y fueron directo a firmar el acta, sin propuesta de por medio. Así que esta era la primera vez que Leandro se ponía de rodillas ante ella.—El pie —Leandro la miró, esperando a que lo estirara.Alicia sintió un poco de pena.—Déjame hacerlo a mí sola.Leandro no respondió. En lugar de eso, la tomó del tobillo con firmeza, la
La espalda de Leandro era ancha y firme. Su cuerpo se mecía suavemente con cada paso, y ese calor suyo traspasaba la delgada tela de la ropa. Alicia alcanzaba a distinguir la línea de sus hombros y la fuerza de sus brazos. Con cada avance, el latido constante de él parecía reverberar en su propio pecho. Tenía los brazos rodeándole el cuello y la mejilla apoyada en su nuca, envuelta por completo en ese aroma fresco y tan propio que él desprendía.Desde ahí, el perfil y la oreja de Leandro quedaban justo a la vista. Tenía una silueta bonita, de líneas bien definidas. De pronto, Alicia notó un pequeño lunar en el cartílago. Era una manchita tan sutil que jamás la habría descubierto de no ser por lo cerca que estaba, recostada por completo en su espalda.—Tienes un lunar en la oreja —dijo ella, rompiendo el silencio.—¿Apenas te vas dando cuenta?El tono sonó a reclamo, como si le reprochara no haberlo notado antes, como si no le prestara suficiente atención.—Está súper escondido, ¿cóm
Al salir de cenar, la noche había caído por completo. Las lámparas de la isla se encendieron en hileras, extendiéndose a lo largo del sendero de madera hacia el mar.A lo lejos, el horizonte lucía de un azul profundo y la luna proyectaba un camino plateado sobre el agua. Cecilia, agotada por el viaje, no paraba de bostezar, por lo que Noelia y Marcos la llevaron de regreso a su habitación primero.Alicia y Leandro se quedaron caminando despacio por la orilla del mar. El viento nocturno traía una frescura húmeda y las olas subían una a una por la playa. Alicia calzaba unas sandalias sencillas y la falda de su vestido ondeaba con el aire.Leandro caminaba a su lado, con una mano en el bolsillo del pantalón y la otra libre al costado. A lo lejos se alcanzaba a escuchar el eco de la música del bar.—Se siente de lo más a gusto estar así —comentó Alicia.Leandro giró la cabeza para mirarla. La luz de la luna caía sobre su cara, haciendo que sus ojos brillaran.—Si te gusta, podemos sal







