INICIAR SESIÓNAntes de que Julián pudiera responder, la mujer soltó una risa fría:—¿Que quién soy? Estoy esperando un hijo suyo, ¿quién crees que soy?Los cubiertos se le escaparon de las manos a Catalina, resonando con fuerza al caer.—Mi amor... cómo pudiste...Julián se puso completamente pálido. Se levantó y empujó a la mujer:—¡Lárgate de aquí de inmediato, yo ni te conozco! ¡Si sigues diciendo tonterías, te voy a demandar por difamación!—¿Te quieres echar para atrás? —la mujer sacó un montón de fotografías de su bolsa y se las arrojó en la cara—. Aquí están los registros del hotel y las fotos. ¿Quieres revisar las fechas y ver quién es el que sale ahí?Las fotografías se esparcieron por el lugar. Catalina echó una mirada hacia abajo y sintió que el mundo se le venía encima.—¡Julián! Estoy contigo desde los dieciocho años y me dijiste que me amarías toda la vida. ¿Acaso este es el amor del que hablabas? —Catalina comenzó a llorar a mares.—Estás con él desde los dieciocho años, por eso mism
Todos los platillos terminaron de servirse. Alicia comía su costilla con la mirada baja, mientras escuchaba de fondo la voz de Julián, que no paraba de hablar de sus negocios: pasaba de un terreno en el este de la ciudad a la situación reciente de la bolsa, y de ahí a presumir su Porsche recién adquirido.—¿Qué tal si un día de estos llevo al señor Montes a dar una vuelta? —Julián levantó su copa con una expresión de orgullo—. Le invertí una fortuna a las modificaciones de ese auto. El rugido del motor es espectacular.Leandro no respondió. Estaba ocupado sirviéndole comida a Alicia. Colocó un trozo de pescado en el plato de ella, habiéndole quitado ya todas las espinas.—Come esto —dijo.Alicia lo miró de reojo y continuó comiendo con la cabeza baja. La mirada de Catalina se posó nuevamente en ese trozo de pescado en el plato de Alicia, con una expresión de lo más compleja.El ambiente en el reservado se volvió tenso. Julián hacía hasta lo imposible por encontrar temas para sacarle
Aunque Alicia siempre supo lo hermosa que era, las palabras directas de Leandro lograron sonrojarla hasta las orejas.—Vámonos.El auto se detuvo frente a un restaurante. Al bajar, Alicia alzó la vista. El lugar era de ladrillo con una entrada muy discreta y ni siquiera tenía un anuncio afuera. Sin embargo, los autos estacionados eran todos de alta gama.Leandro le entregó las llaves al valet, se acercó a ella y la tomó de la mano. Alicia lo siguió hacia el interior. Tras cruzar el pasillo de acceso y pasar una moderna mampara, el lugar se abrió ante ellos, revelando una impresionante terraza rodeada de vegetación exótica, una pequeña cascada artificial y exclusivas periqueras VIP. Las luces de neón se reflejaban en el agua de los espejos decorativos, creando destellos dorados.Al llegar a la entrada del reservado, el mesero les abrió la puerta:—¡Señor Montes, por aquí, por favor!Leandro se hizo a un lado para dejar pasar a Alicia primero y entró justo detrás de ella.Alrededor de
Cuando Alicia regresó a la tienda, Eva le estaba dando una limpieza a una bolsa Chanel. Al escuchar la puerta, Eva levantó la mirada:—¿Ya estás de regreso? Qué rápido...Se quedó a la mitad de la frase. El semblante de Alicia no se veía nada bien. Tenía una expresión de profunda incomodidad, como si tuviera un trago muy amargo atorado en la garganta.Eva se le acercó con cautela:—¿Qué pasó? ¿Hubo algún problema con la mercancía?Alicia se dejó caer en el sofá:—No sé si las bolsas tengan algún problema, ¡pero esa mujer definitivamente está mal de la cabeza!—¿Quién pudo haberte hecho enojar tanto?Llevaban bastante tiempo con la tienda de cosas usadas y se habían topado con una buena cantidad de clientes extraños, pero Alicia siempre sabía cómo manejarlos.Que hoy se hubiera alterado de esa manera resultó muy inusual.Alicia guardó la calma unos segundos. Era verdad, ¿por qué se había alterado tanto? ¿Acaso el comentario de Catalina sobre "recoger basura" tenía tanta fuerza, o lo qu
—¿De qué quieres platicar? —preguntó Alicia.—De tu esposo, el señor Montes. Ya llevan dos años de casados y, en todo este tiempo, ¿cuántas veces te ha acompañado a comer?, ¿a cuántos eventos públicos te ha llevado? Escuché de Victoria que ustedes ni siquiera han regresado juntos a tu casa —Catalina sonrió de lado—. ¿Acaso todavía ni se conocen bien?Alicia levantó la mirada y un destello frío apareció en sus ojos:—Los asuntos entre mi esposo y yo no son de tu incumbencia. ¿Vas a vender tus bolsas o no? Si no, ya me voy.—Mírate nada más, no puedes hablar de otra cosa que no sean negocios, ¿tanto te hace falta el dinero? El señor Montes es millonario. Si yo fuera tú, ya me habría quedado tranquila disfrutando de la vida en la casa, en lugar de andar trabajando afuera y exponiéndose a que la gente se burle de la familia Montes. Ah, perdón, casi lo olvido: como Victoria no quiso ese matrimonio por conveniencia, te tocó a ti. Al señor Montes ni le agradas, ¿verdad que ni te da dinero par
A la mañana siguiente, como era de esperarse, Alicia se quedó dormida. Estaba exhausta y no escuchó la alarma a pesar de que sonó dos veces. Al final, fue la insistencia de su asistente Eva con sus llamadas lo que logró despertarla.—Alicia, hoy a las nueve y media tienes cita con una clienta para revisar unas bolsas, ¿se te olvidó?Alicia se sentó en la cama, se acomodó el cabello todavía adormilada y preguntó:—¿Qué hora es?—¡Las nueve y diez!—¿Qué? —dio un brinco de la cama, pero sintió el cuerpo tan adolorido que casi pierde el equilibrio. Soltó un quejido y le dijo a Eva—. No me esperes, la veo directo allá en un rato.—Está bien.Alicia se arregló a toda prisa. Sin tiempo ni de maquillarse, salió corriendo hacia la cafetería donde había quedado con la clienta.La cafetería estaba en el oeste de la ciudad. Era un lugar exclusivo y tranquilo que, por su ambiente, solía ser el punto de reunión frecuente para revisar mercancía. Alicia se apresuró todo lo que pudo y llegó a las nu







