INICIAR SESIÓNNoelia se quedó ahí parada, como si de pronto se hubiera quedado sin fuerzas. Tuvo que reconocer que, al salir corriendo tras él, en el fondo guardaba una pequeña esperanza: que tanta frialdad y ese rechazo tan tajante no fueran más que puros celos, una señal de que todavía le importaba. Pero se equivocó. Se había hecho castillos en el aire para nada.—Noelia —dijo Nicolás, alcanzándola en el pasillo—, no hace falta que sigas sacando la cara por mí.Ella lo miró con sentimientos encontrados. Aunque Marcos había jurado que el cambio de equipo no era algo personal, Noelia no podía sacarse de la cabeza que, si no fuera por la historia que tenían detrás, las cosas no habrían llegado a ese extremo.—Perdóname, Nicolás...—¿Por qué te disculpas? —dijo él para calmarla—. En serio, esto no es tu culpa. Lo que dijo el señor Leiva fue la pura verdad. Si nos cambiaron es porque nuestro diseño no dio la talla. En esta carrera es normal que te pongan peros o que te rechacen. A veces, un baño de r
Tomás, viendo que la cosa pintaba para mal, apretó su maletín contra el pecho y buscó la salida por un costado.—Señor Leiva, lo espero en el carro —alcanzó a decir antes de poner pies en polvorosa y desaparecer por el pasillo más rápido que nunca.A Marcos no le quedó de otra que frenar. Bajó la mirada para encarar a Noelia.Ella estaba sin aliento, con las mejillas coloradas por el esfuerzo y la agitación. Unos mechones de pelo se le habían pegado a la frente y su mirada echaba chispas.—¿Se le ofrece algo más, señorita Bustos? —Marcos consultó su reloj con un gesto de fastidio—. Dígame rápido, que tengo otra reunión en puerta.—¿Por qué tiene que cambiar al equipo de diseño así, de la nada? —Noelia soltó las palabras de corrido, sin esperar a recuperar el aire—. Señor Leiva, hay mejores formas de arreglar esto. Le pido que no mezcle las cosas y que, por favor, le dé otra oportunidad a Nico.—Nico... —Marcos repitió ese nombre con impaciencia, detestando la familiaridad con la que el
En la sala de juntas, la tensión se volvió casi asfixiante tras las palabras de Marcos. Alberto y los funcionarios se miraron de reojo, pero nadie se atrevió a chistar. Al fin y al cabo, Marcos era quien ponía la plata. Sin él, la bodega no sería más que un sueño en papel, y ellos ni siquiera estarían sentados ahí discutiendo el proyecto.Noelia notó el gesto de impotencia en la cara de Nicolás. Pensó en cómo se había partido el lomo trabajando toda la semana, e incluso en la herida de su mano. No pudo aguantar más y se puso de pie de un salto. El movimiento fue tan brusco que las patas de la silla rechinaron con fuerza contra el piso, rompiendo el silencio.Marcos giró la cabeza y clavó su mirada en ella.—¿La señorita Bustos tiene algo que decir? —preguntó con una voz profunda, cargada de autoridad.—Señor Leiva, la propuesta del señor Montoya es apenas un borrador preliminar. Todavía quedan muchos detalles que se pueden pulir. Si algo no le convence, él puede ajustarlo sobre la m
Marcos entró a la sala de juntas con Tomás justo a tiempo.—Señor Leiva, bienvenido. Alberto se levantó de inmediato para saludarlo, pero Marcos le hizo una seña rápida para que no se molestara y se quedara sentado.—Ando un poco corto de tiempo, así que mejor vayamos directo al grano —sentenció Marcos.—Claro, por supuesto —asintió Alberto, dirigiendo la vista hacia Nicolás—. Nicolás, por favor, preséntale al señor Leiva el primer borrador del proyecto.—Con mucho gusto.Nicolás encendió su computadora, la conectó al proyector y empezó a mostrar los renders del diseño interior uno por uno, explicando cada detalle con total claridad. Su propuesta lograba un equilibrio perfecto entre la funcionalidad y la esencia del pueblo. Además, el presupuesto se mantenía dentro de los márgenes acordados. En general, todo parecía marchar sobre ruedas. Sin embargo, cuando Nicolás terminó y abrió el espacio para comentarios, Marcos, que había permanecido en un silencio sepulcral, levantó la mano.—
Era la voz de Alberto. Noelia levantó la vista hacia la entrada de inmediato.Un rayo de sol entraba por la puerta, iluminando el baile de las motas de polvo en el silencio de la tarde.Varias siluetas se recortaban a contraluz. Al frente venía Alberto y, justo a su lado, Marcos.Marcos traía un abrigo de cachemira negro que le daba un aire todavía más imponente. Con la barbilla un poco levantada, recorría con la mirada los muros exteriores de la bodega, pero en cuanto su vista se topó con lo que pasaba en el interior, se quedó petrificado.Vio a Noelia, vio lo cerca que estaba de Nicolás y, sobre todo, vio que sus manos todavía estaban entrelazadas. La luz del sol caía de costado en ese rincón, envolviéndolos en un resplandor dorado que hacía que la escena pareciera una fotografía íntima, tomada in fraganti.Al sentir la mirada gélida de Marcos, Noelia reaccionó por puro instinto: soltó la mano de Nicolás de golpe y dio un paso atrás. Pero ese movimiento resultó peor: se vio sospec
Noelia lo barrió con la mirada.Hoy Nicolás venía vestido mucho más acorde con el trabajo de obra. Traía unos pantalones cargo gris oscuro y una chamarra polar del mismo tono. Cargaba además una mochila de herramientas bastante pesada, de la que asomaban una cinta métrica, un nivel láser, una linterna potente y varios muestrarios de materiales.Ya en la bodega, Noelia se puso manos a la obra y empezó a ayudarlo a medir el grosor de los muros mientras calculaban la altura de la barra.—Si nos apegamos al plano, el área de trabajo va a quedar muy apretada —comentó ella—. Va a ser una lata estar agachándose para agarrar las cosas.Nicolás revisó los planos una vez más, observó el espacio en silencio y sacó un trozo de tiza roja para marcar unos puntos en el suelo.—Vamos a ajustarlo aquí mismo, entonces. Párate de este lado para ver cómo lo sientes.—Está bien.Noelia se colocó donde él le indicó. Nicolás, con la cinta métrica en mano, se arrodilló para volver a checar la distancia entre
—Esta noche, gracias.—¿Gracias por qué?Noelia miró por la ventana y luego bajó la vista hacia sus zapatos.—Por todo.Marcos pareció no darle importancia.Los dos se quedaron en silencio. De repente, el teléfono de Noelia sonó. Miró la pantalla: era Pablo.Después de lo que pasó esa noche, con Est
—Él tampoco es…Noelia quería aclarar que Marcos tampoco era su novio, pero antes de terminar la frase, Marcos ya le había quitado la receta de la mano.Ni siquiera la miró. Bastó un vistazo a la letra del papel para darse la vuelta e irse a la farmacia que estaba junto a la clínica.Cuando Noelia l
Marcos miró a Noelia. Ella hizo como si no se diera cuenta y ayudó a Julieta.—Ya basta, subamos a descansar.***Noelia dejó a Julieta en la habitación. Preparó regalos para Sara y las demás compañeras, para agradecerles por cuidar a su hermana. Después bajó.Marcos la esperaba en el auto. Cuando s
Después de la cirugía, Julieta se quedó hospitalizada una semana. En esos días, Noelia iba y venía del club al hospital; después de cada clase se iba corriendo a cuidar a la hermana. Marcos también iba casi todos los días; cuando no podía, mandaba a Tomás para que ayudara.Julieta debía comer alimen







