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Capítulo 363

Autor: Sofí Valiente
Noelia sonrió, aunque con una mezcla de timidez y culpa por haber sido descubierta.

—¿Y cómo lo adivinaste?

—Es que estamos en la misma sintonía, mami. Te leo la mente —dijo la niña con una chispa en los ojos.

—¿Y a ti... qué te pareció? ¿Qué hay entre ella y tu papá?

—Por lo que vi, a la tía Lorena le gusta mucho mi papá, y yo creo que quiere ser su nueva esposa —contestó Cecilia, poniéndose muy seria.

—¿Ah, sí? A ver, cuéntale a mamá... ¿qué fue lo que viste?

—Hoy en la mañana, ella hizo video
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    Aquella mínima cantidad de comida apenas si les hizo cosquillas para calmar el hambre. Lo que vino después fue una espera todavía más larga y desesperante.Tal como Marcos había advertido, la noche cayó por completo y la tormenta de arena seguía sin perder fuerza. La temperatura en el desierto se desplomó de golpe. No quedaba ni el menor rastro de calor dentro de aquella estación de monitoreo abandonada.Las toscas paredes de concreto y el suelo frío parecían absorber la poca energía que les quedaba en el cuerpo.Noelia se encogía sobre sí misma, envolviéndose en su delgada chaqueta, pero el frío parecía calarle hasta los tuétanos. Intentó mover las manos y los pies, frotándolos para entrar en calor, pero el cansancio hacía que sus movimientos fueran torpes y lentos, casi sin éxito. El tiempo parecía congelado... cada minuto se volvía eterno.Noelia temblaba cada vez más. Justo cuando sentía que el frío ya no la dejaba ni pensar, Marcos, que estaba a su lado, estiró el brazo y la a

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    Ella no se atrevió a moverse más. Se quedaron así, sentados uno al lado del otro en medio de la penumbra. Afuera, el furioso rugido del viento y la arena envolvía aquel rincón aislado del mundo, borrando por completo la noción del tiempo. Esperar era lo único que les quedaba por hacer.Entre la fuerza del temporal y la oscuridad del lugar, las horas parecían congeladas y cada minuto se sentía eterno. Como se habían quedado sin señal en los celulares, no tenían forma de comunicarse ni de distraerse con nada.Horas más tarde, el estómago comenzó a reclamarles.A Noelia le rugieron las tripas con un sonido bastante claro en medio del silencio.Marcos lo escuchó de inmediato y preguntó:—¿Tienes hambre?—Sí, la verdad sí... ¿Y tú?—Un poco.Noelia recordó entonces que en la mañana, mientras compraba agua en la tiendita del hotel, había agarrado también unos pastelitos empaquetados y un par de barras de chocolate, y los había metido en su bolso cruzado. Por fortuna, lo había mantenido b

  • Seis Años y Aún Me Debes un Amor   Capítulo 388

    De pronto, el mundo dio un giro de ciento ochenta grados, pasando del torbellino caótico y amarillento a un silencio casi sepulcral. El interior de la antigua estación de monitoreo era todavía más estrecho y descuidado de lo que parecía por fuera. El ambiente estaba impregnado de un olor pesado a óxido y a aceite de motor viejo, y la luz que entraba apenas si alcanzaba para ver.Marcos al fin le soltó la muñeca. Respiraba con dificultad. Se notaba que correr con el viento en contra le había cobrado factura. Se pasó la mano por la cara y el cabello para quitarse la tierra, y luego clavó la mirada en Noelia.—¿Estás bien?—Sí, estoy bien... ¿Y tú?—También.Mientras hablaba, Marcos le dio un vistazo rápido y alerta al refugio. Bajo la tenue claridad, se alcanzaban a ver algunas estructuras de hierro de aparatos oxidados, cajas de madera esparcidas y otros cachivaches amontonados que apenas se distinguían, todo sepultado bajo una gruesa capa de polvo. El lugar era bastante reducido,

  • Seis Años y Aún Me Debes un Amor   Capítulo 387

    —De acuerdo.El clima del desierto era, tal como Marcos había advertido, de lo más traicionero. Por la mañana, el cielo estaba completamente despejado y el ambiente era de lo más agradable, pero al acercarse el mediodía, el horizonte comenzó a teñirse de unas nubes densas y amarillentas.Al principio nadie le dio importancia, pensando que solo era polvo a la distancia. Pero en un abrir y cerrar de ojos, aquellas nubes se expandieron y avanzaron a toda velocidad, devorando el cielo azul. La luz del día se apagó de golpe. El viento soplaba cada vez con más fuerza, aullando y levantando ráfagas de arena que golpeaban con fuerza en la cara.—¡No puede ser, se viene una tormenta de arena! —gritó alarmado el guía, haciendo señas desesperadas—. ¡Rápido, muévanse, busquen refugio ya mismo!De inmediato, todo se volvió un caos. Presas del pánico, los turistas agarraron lo que pudieron y corrieron a refugiarse en medio de aquella densa cortina de arena.A Noelia el viento apenas le permitía a

  • Seis Años y Aún Me Debes un Amor   Capítulo 386

    Sus movimientos fueron tan naturales que hacía de cuenta que de verdad habían quedado de desayunar juntos. Noelia, sintiéndose un tanto incómoda, se apresuró a terminar su pan en absoluto silencio.Marcos le dio un sorbo a su café caliente y luego levantó la mirada hacia ella:—¿A dónde piensas ir hoy?—Voy a ir a conocer la zona del desierto y las dunas del este. Escuché que por ahí se puede pasear en camello.—¿Pasear en camello?—Sí, así es.Marcos asintió con el rostro completamente inexpresivo y le advirtió:—El clima en el desierto es traicionero y cambia muy rápido, ten cuidado.—Sí, tendré cuidado, gracias.La conversación fue de lo más común, casi como si fueran dos extraños portándose amables, y de inmediato la mesa volvió a quedar en silencio. El pan de Noelia estaba un poco duro. Partió un pedazo y comenzó a masticarlo despacio.Tal vez por mera cortesía, o porque sintió que la charla había quedado demasiado cortante, ella también se animó a preguntar:—¿Y tú? ¿Qué planes

  • Seis Años y Aún Me Debes un Amor   Capítulo 385

    Justo en ese momento, salió la dueña del baño.—Señorita Bustos, el calentador ya quedó listo. Lamento muchísimo el mal rato que pasó. Para compensarla, le voy a cobrar solo la mitad de la tarifa de hoy.—No se preocupe, muchas gracias.—Es lo menos que puedo hacer, de verdad. Ya le dejé todo limpio para que pueda descansar tranquila.—Está bien.Noelia le asintió a Marcos con la cabeza y entró corriendo a su habitación.***La noche en la estepa era una historia completamente distinta a la del día. En cuanto el último rayo de sol se escondió en el horizonte, la oscuridad absoluta cayó de golpe como un enorme manto oscuro que lo cubría todo. Sin las luces de la ciudad ni árboles que estorbaran la vista, el cielo estrellado se veía imponente.Como Noelia no podía conciliar el sueño, se puso algo de ropa y se quedó contemplando las estrellas desde la ventana.Inmenso. No encontraba otra palabra para describir lo que tenía ante sus ojos.En ese fondo azul oscuro, casi negro, incontables

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