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Anillo De Compromiso

Author: Karen.R
last update publish date: 2023-05-07 07:02:00

Aparto la cabeza de la maleta y suspiro. Mi ropa está por fin apilada en su vestidor. Pensaba que lo tenía grande, pero su vestidor es del tamaño de dos de mis dormitorios juntos.

El reloj me avisa de que es medianoche y he estado posponiendo el sueño por la misma razón: Raphael Casio. No está en la habitación, pero a lo largo del día ha aparecido varias veces para ver si necesitaba ayuda. La idea de él es confusa.

Para mí, él tiene esta imagen de un playboy irrespetuoso que se revuelca en el dinero y es egoísta. Por supuesto, eso no es lo que vi hoy. Es una contradicción andante.

Saco el cajón y rebusco entre mis pijamas. Son todo pantalones cortos y camisetas de tirantes debido al calor del verano y de repente me siento cohibida. No quiero que Raphael me vea así.

El reloj marca las doce y cuarto. El sueño me arrastra, pero aún no hay rastro de Raphael.

Cierro los ojos y me hundo en la cama, subiéndome la manta hasta el cuello como para protegerme de lo que vaya a ocurrir.

La puerta se abre con un chasquido, pero no abro los ojos. Soy muy consciente de que es Raphael. Espero a que la puerta se cierre para confirmar que ha entrado, pero aparte de eso, Raphael no hace ningún otro ruido.

El tiempo pasa y pasa. Al final, siento que Raphael se mete en la cama a mi lado. Estoy de espaldas a él, así que ni siquiera sé qué está haciendo. Una parte de mí ni siquiera quiere saberlo.

Su mano me toca y entrelaza sus dedos con los míos. Este acto no es lo que yo esperaba que fuera o quizás ni siquiera esperaba que él lo hiciera.

Retira su mano, la que está entrelazada con la mía, y la apoya en su pecho.

—Sé que no estás dormida.

Abro los ojos de golpe, pero no hago ningún ruido.

—Creo que estaríamos mejor sin las sábanas entre nosotros—, dice.

Eso me hace reaccionar y me giro hacia él. El asco me cubre la cara y cualquier intento de apartar mi mano de él fracasa, me agarra con fuerza.

—Tengo anillos para nosotros—. Me dice. —Mañana por la mañana.

Una pequeña lágrima se desliza por mis ojos al ver a Raphael. Odio haberme vendido prácticamente.

—¿Por qué me haces esto? — Digo. —¿He hecho algo malo de lo que no soy consciente?

Raphael enciende la lámpara de noche a su lado y se levanta. Abre el cajón de su mesilla de noche, saca un artículo y lo apoya sobre las sábanas frente a mí.

Cojo el artículo, tiene fecha de hoy. Se me encoge el corazón cuando veo System Corp.

System Corp ha sido descubierta en una actividad ilegal.

Parpadeo.

El artículo menciona el cierre de la empresa por actividad ilegal y la detención de Peter Ferrero.

Se me seca la garganta.

—¿Qué has hecho?

Frunce el ceño.

—Hice lo que tenía que hacer.

Sacudo la cabeza confundida.

—No lo entiendo—, susurro. —Me estás diciendo que hiciste todo esto por mí.

Raphael frunce el ceño de nuevo.

—Por el trato.

Le observo atentamente.

—El trato era que él rescindiría el contrato con el que engañó a mis padres y yo estaría casada contigo seis meses—, le digo. —Ahora está en la cárcel.

Raphael asiente.

—Deberías volver a dormir.

Esta vez le agarro de la muñeca cuando pretende darme la espalda para deslizarse de nuevo en la cama.

—No juegues conmigo, por favor. Solo dime por qué hiciste todo esto.

Raphael me mira.

—Porque le hice una promesa a alguien.

Retiro la mano. Sus palabras no tienen sentido. ¿A quién se lo prometió? ¿Y a qué? ¿O se refiere al trato conmigo?

—¿Qué quieres de mí?

—El trato—, responde Raphael. —Que seas mi mujer durante seis meses.

Le veo darme la espalda y yo hago lo mismo. Tendría que darle las gracias por la mañana, aunque le odio a muerte. Siento que esto es un gran juego y que están jugando conmigo.

*

Por supuesto, despertarme por la mañana es un desastre. Raphael tiene su brazo alrededor de mi cintura. Parece en paz. Parece amable y hay algo suave y afectuoso en su expresión, pero no sé qué es.

Intento soltarme, pero me pesa. Intento no mirarle el pecho desnudo. En algún momento de la noche se habrá quitado la camiseta. Odio que me guste tanto.

Se agita cuando intento apartar su mano, sus dedos se enroscan en mi cintura y aprietan. Intento no reaccionar, está claro que está dormido.

Cuando intento soltarme de nuevo, su cara se contrae y abre un ojo.

—Puedes intentar no moverte, algunos estamos durmiendo aquí.

Se me seca la boca.

—¡Suéltame! —, protesto.

Acerca mi cuerpo hasta que mi pecho está prácticamente apretado contra el suyo. Raphael hunde la cabeza en mi cuello y suspira.

—Duérmete, Sara.

Abro la boca sorprendida, pero se me seca todo lo que quería decir. No sé cómo reaccionar.

Me besa el cuello y me pasa la mano por el pelo en lo que parece un sueño aturdido.

—Raphael—, le digo con severidad. —¡Suéltame!

Su mano se retira de repente y suspira mientras se incorpora.

—Deberías apreciar la bondad cuando puedas. Somos buenos juntos.

—System Corp—, digo. —¿Qué hicieron? Porque, por lo que a mí respecta, trabajaban contigo.

Raphael levanta la ceja en una mirada interrogante.

—No vas a dejarlo caer, ¿verdad?

Niego con la cabeza.

—Como has dicho, trabajaban conmigo. En pasado—, dice con naturalidad. —Si alguien se mete con mi mujer, lo pagará muy caro.

Me golpeo la cabeza contra la almohada.

—Eso no es lo que estoy diciendo—, le digo. —Yo no era tu mujer cuando empezaron a meterse conmigo. ¿Por qué les has metido en tantos líos que su trabajo ilegal sale a la luz pública, que están en la cárcel?

Raphael aparta las sábanas y se levanta. Me coge de la mano y me pone de pie. Está tan cerca que siento su aliento en mi cuello. No voy a mentir, de adolescente deseaba desesperadamente que me besara, ahora siento curiosidad, pero es un cerdo.

Hace círculos con el dedo donde está mi ombligo a través de mi camiseta de tirantes y, de repente, me aprieta la espalda contra la pared.

—Porque sí—, murmura. —Esto sienta mucho mejor que un trato.

Su mano sube por mi muslo y se detiene cerca de mis caderas. No le doy la oportunidad y lo empujo hacia atrás.

—Nada de besos—, le digo. —Eso no forma parte del trato.

Raphael sonríe.

—Eres mi mujer—, dice. —Creía que eso significaba que podía besarte.

Frunzo el ceño.

—Pensabas mal.

La ira me consume y salgo furiosa del dormitorio.

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