LOGINHace cinco años, Arabella Sterling desapareció sin dejar rastro: deshonrada, con el corazón destrozado y marcada para siempre como el sucio secreto de su benefactor multimillonario. Lo que el mundo jamás supo fue que también había sido su esposa. Ni que el hombre al que amaba —y por quien sacrificó todo, incluso a su propio hijo— terminó eligiendo a otra mujer. Ahora regresa convertida en La Reformadora, una estratega de negocios de fama mundial, admirada por resucitar imperios al borde de la quiebra. ¿Su nuevo cliente? El Grupo Sterling. El imperio de su exmarido. Adrian Sterling ha pasado años intentando expiar las mentiras que los destruyeron a ambos. Pero cuando Arabella entra en su sala de juntas, más fría, más afilada e intocable que nunca… comprende que la redención podría tener un precio que no está dispuesto a pagar. Porque esta vez ella no ha vuelto para salvarlo. Ha vuelto para destruirlo.
View MoreGavin revisó la guantera una vez más y extrajo una carpeta. Se la extendió a Adrian, quien continuaba paralizado por la conmoción.Si el chofer del camión seguía con vida, significaba que la conspiración en torno a la muerte de Victor era mucho más profunda de lo que imaginaban. Significaba que todo lo que creía haber entendido sobre esa trágica noche estaba incompleto. No sabía si esa idea lo aterrorizaba o si le devolvía un atisbo de esperanza al cual aferrarse.Adrian tomó la carpeta con manos temblorosas.—Examiné la carpeta de pruebas que trajo a la oficina la semana pasada y logré obtener el contacto del chofer —comenzó a explicar Gavin.Adrian hojeó el expediente. La primera página era exactamente el mismo documento de transferencia bancaria que Arabella le había mostrado días atrás. Pero la página siguiente era el verdadero hallazgo.—Conozco ese banco porque yo también abrí una cuenta allí por impulso en aquella época —prosiguió Gavin—. Recuerdo que cuando la entidad financie
Adrian se aclaró la garganta, rompiendo el incómodo silencio que había durado casi un minuto.—Por supuesto —dijo, sin romper el contacto visual con Arabella—. Yo rompí esta familia. Yo debo ser quien la repare.Estiró la mano por encima de Axel para buscar la de Arabella.Ella vaciló. Solo un segundo. Y luego le entregó la suya.Se dijo a sí misma que lo hacía exclusivamente por Axel. Y casi se lo cree.—Vamos a ser felices. Te lo prometo —añadió él con voz firme.—Está bien, papi... Te... creo... —murmuró Axel, arrastrando las palabras mientras el sueño lo vencía por completo.Arabella le hizo una seña a Adrian para que guardara silencio, dándole palmaditas suaves en la espalda al niño hasta que su respiración se volvió profunda y constante. Solo cuando el pequeño estuvo profundamente dormido, ella volvió a hablar.—A partir de hoy, no pases ni un solo día sin hablar con él —le advirtió en un susurro—. Llámalo. Mándale un mensaje. Haz videollamada. Ven a verlo. Lo que sea, pero hazl
—Sea lo que sea, puede esperar——Señor—Adrian lo interrumpió, dando por terminada la llamada de golpe.—¿Ni siquiera te da curiosidad saber qué es? —preguntó Arabella—. Gavin no suele exagerar.Adrian forzó una sonrisa desganada:—¿Qué podría pasar en la empresa que sea capaz de cambiar mi realidad? Mi madre es una asesina y mi padre fue su víctima.Arabella apretó la mandíbula mientras un silencio incómodo se apoderaba del habitáculo. Aunque no hubieran sido sus padres biológicos, fueron las primeras figuras paternas reales que tuvo en su vida. Así que, en el fondo, entendía lo devastador que resultaba ese golpe.Arabella estiró la mano y le apretó la suya con delicadeza:—No te culpes a ti mismo. Tu padre no querría ver que te haces esto.Adrian la miró con los ojos inyectados en sangre:—¿T–tú crees?Arabella asintió con la cabeza, volviendo la vista hacia la carretera:—Por supuesto.Hizo el ademán de retirar la mano, pero Adrian la sostuvo entre las suyas un segundo más. Ella lo
Adrian se llevó la mano a la mejilla, mirando a Arabella con absoluta incredulidad:—Pero qué estás...Comenzó a ahogarse con el humo denso que flotaba en la estancia.Arabella le quitó el puro de las manos y lo aplastó con firmeza contra el cenicero mientras él continuaba tosiendo sin parar.El rostro de Adrian lucía de un pálido enfermizo debido a la falta de oxígeno; se estaba sofocando lentamente en ese espacio cerrado sin siquiera percatarse de ello.Se arrastró a tropezones hacia la ventana, aspirando el aire fresco del exterior con desesperación.—Si te mueres, ¿qué se supone que haga? —Arabella ya ni siquiera intentó contener sus emociones—. ¿Qué se supone que le diga a Axel?Adrian se dejó caer al suelo junto a la ventana, intentando recuperar el aliento poco a poco.Arabella estaba de espaldas a él, llorando en silencio. Simplemente ya no podía retener más las lágrimas.Adrian observó desde el piso cómo le temblaban los hombros y sintió una punzada en el pecho que no tenía n












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