Mag-log inAdrian atrajo a Serena entre sus brazos e inspeccionó su rostro como si fuera un trofeo.
—Sé que me odias, Arabella. Pero me importa Axel y no puedo permitir que lo lastimes de esa manera —la voz de Serena era empalagosamente dulce, con pequeños sollozos entrecortados, casi convincente incluso para Arabella.
Adrian le lanzó a la atónita Arabella una mirada despectiva antes de volver rápidamente la vista hacia su preciado tesoro.
—¿Qué pasó, Serena?
Serena se secó la única lágrima que había logrado llegar a sus ojos llorosos y explicó:
—Arabella quiere venir a la fiesta anual de esta noche. Me preocupaba que pudiera armar un escándalo y poner a Axel en una situación difícil…
Arabella soltó una risa fuerte y sin humor, cortándola intencionalmente.
Había visto a Serena conspirar contra ella durante muchos años, pero ¿esto? Era demasiado infantil… y al mismo tiempo tan creíble.
Adrian y Serena intercambiaron una mirada. El falso miedo que antes había en los ojos de Serena había desaparecido por completo.
La mandíbula de Adrian se tensó de rabia mientras agarraba con fuerza la mano de Arabella. Sus ojos echaban chispas.
—Arabella, ¡basta ya con tu estúpido berrinche! No voy a permitir que pongas un pie en el salón…
—No te preocupes —Arabella apartó bruscamente su mano—, ¡solo dile a tu “prometida” que se mantenga alejada de mi hijo!
—¿Y tú quién te crees que eres para dar esa orden? —preguntó Catherine, la madre de Adrian, entrando en la cocina en su silla de ruedas eléctrica.
Su cabello gris estaba peinado hacia atrás con severidad, lo que hacía que sus facciones afiladas se vieran aún más duras.
Arabella se pasó la palma de la mano por el rostro, lenta y cansada.
—Madre, Axel está haciendo preguntas sobre todo este lío. No puedo permitir que mi bebé crezca así.
—¿Ah? ¿Eso te molesta? —preguntó Catherine, con los labios curvándose hacia arriba.
Se recostó en su silla como si todo el mundo la divirtiera.
—Entonces deberías firmar los malditos papeles y dejar que Serena lo críe sin todo este drama.
Arabella se dejó caer hacia atrás con un gemido, inclinando la cabeza hacia el techo.
Cada conversación con Catherine siempre terminaba con el recordatorio del divorcio, incluso con más desesperación que Serena y Adrian.
Pero Arabella nunca se atrevía a responderle, después de todo, todavía cargaba con la culpa de aquel terrible accidente que mató a su padre y dejó a Catherine confinada a la silla de ruedas.
A veces todavía se preguntaba cómo alguien que una vez le compró su primer vestido bonito… y le dio su primer abrazo cálido y maternal podía odiarla de esa manera.
Pero esa mujer estaba muerta. Y Arabella ya había terminado de llorarla.
—Nunca pensé que diría esto, pero me alegra que Padre no esté aquí para ver la basura que has criado, madre.
La habitación se quedó en silencio.
El puño de Catherine se apretó alrededor del mango de su silla, sus ojos ardiendo sobre Arabella.
El rostro de Adrian se quedó en blanco, de ese tipo que significaba peligro.
Arabella quiso alejarse, pero Adrian la retuvo, inmovilizándola contra la encimera. Su voz era baja y peligrosa:
—¿Cómo te atreves a hablarle así a mi madre?
Arabella ignoró el dolor que le subía por la cintura debido al impacto contra la encimera.
—¿Estoy equivocada?
Adrian se quedó callado. Demasiado callado.
—Sé que me odias, pero si te queda algo de vergüenza… o al menos un mínimo de respeto por padre, no traigas tus aventuras a nuestra cama matrimonial.
—¿Todo esto es por lo de anoche? —Su tono era plano, como si no fuera gran cosa.
Y tal vez para él no lo era.
—Estábamos los dos borrachos. No sabíamos que terminamos en nuestra habitación, ¿de acuerdo?
Pero sus ojos brillaron con algo: confusión, tal vez. Como si estuviera intentando recordar algo que no lograba enfocar.
—Ni siquiera recuerdo haberme acostado —murmuró, más para sí mismo que para ella.
La rabia de Arabella hirvió.
—¿No lo recuerdas? ¿¡NO LO RECUERDAS!?
Incluso ahora, no quería asumir responsabilidad. No quería admitir lo que había hecho.
Pero el rostro de Adrian se había puesto pálido, su mandíbula moviéndose como si intentara armar un rompecabezas con piezas faltantes.
Arabella lo miró fijamente un rato, atónita, y cuando finalmente habló, su voz se quebró:
—¿Alguna vez… me quisiste? ¿Aunque fuera por un momento?
Los ojos de Adrian parecieron suavizarse por un instante… tal como siempre lo hacían sus sentimientos, y luego desapareció.
—Como mi hermana? Sí —respondió, evitando su mirada—. Serena y yo siempre hemos estado juntos, así que deja de actuar como si te hubiera sido infiel.
El aliento de Arabella se quedó atrapado.
Hermana.
Su padre la había adoptado cuando ella tenía doce años. Y Adrian la había aceptado como su hermana.
Pero en algún punto del camino, el amor fraternal se había difuminado en algo que ella no podía ignorar.
Se había convertido en la hermana adoptiva cuyo corazón se aceleraba cada vez que él le tomaba la mano o le dolía cuando lo veía con Serena.
Él se inclinó aún más cerca, sus labios rozándole la oreja:
—Tú siempre fuiste la aventura, Arabella. No ella.
La aventura.
Algo se rompió dentro de su pecho. No era su corazón —ese se había roto hacía mucho tiempo—.
Era algo más profundo. La última frágil esperanza de que tal vez, en algún lugar muy enterrado, él hubiera sentido algo por ella, aunque fuera un poco.
No lo había sentido.
Su agarre alrededor del brazo de Arabella se tensó mientras le advertía:
—Así que nunca más le hables así a mi madre.
Se giró bruscamente y se arrodilló junto a su madre, que tenía lágrimas de rabia en los ojos.
—Madre, por favor ve a descansar a tu habitación. La señora Shaw te llevará el desayuno.
La señora Shaw era la anciana ama de llaves de la familia. La única empleada doméstica a la que se le había permitido conservar su puesto desde que Arabella cayó en desgracia.
Catherine asintió suavemente, secándose las lágrimas mientras miraba a Arabella.
—Arabella, me aseguraré de que te arrepientas de haber venido a esta familia.
Arabella sonrió con sarcasmo.
—Ya lo hago. Creo que el orfanato habría sido mejor.
Adrian le lanzó una mirada fría, pero ella lo ignoró y salió caminando con su cuerpo cansado, dejándolos atrás.
***
Al atardecer, Arabella había terminado sus quehaceres. La casa estaba en silencio, ya que todos habían ido a la gala anual de caridad de la empresa, que se celebraba en el Salón Sterlings, en el ala oeste de la mansión.
Miraba la foto de Axel en su teléfono, con la mente inquieta.
No era la primera vez que Axel salía con Adrian y Serena, pero nunca se había preocupado porque, aunque Adrian y su madre la odiaban, adoraban a Axel aún más.
Pensaba que Serena también lo adoraba de verdad, pero después de ese día se dio cuenta de que todo ese cariño solo formaba parte de su plan.
Justo cuando aún lo estaba pensando, su teléfono vibró. Un mensaje de Adrian Sterling.
«Axel está sangrando. Ven a buscarlo.»
El corazón de Arabella dio un vuelco y, sin detenerse a pensar, salió corriendo de la casa hacia el hotel.
Mientras iba sentada en el taxi, se preguntaba por qué Adrian no había llamado primero a un hospital. O por qué no se había encargado él mismo.
Marcó su número. Sonó. Una vez. Dos veces. Sin respuesta.
Sacudió la duda.
—Tal vez esté ocupado.
Poco después llegó al hotel.
Arabella irrumpió en el salón, con la respiración agitada, todavía vestida con el sencillo vestido con el que había estado trabajando y el delantal torcido en la cintura.
Las arañas de cristal brillaban sobre los pisos pulidos y los elegantes invitados, cuyas copas de champán se alzaban en un silencio refinado mientras Adrian hablaba en el podio, con la voz firme y calmada.
Arabella contuvo su rabia, pensando que estaba demasiado ocupado con su estúpido discurso como para atender a su hijo.
Todo se detuvo cuando la notaron. Algunos invitados retrocedieron, sus ojos recorriendo su delantal y su rostro enrojecido con silenciosa desaprobación. A ella no le importó.
Se abrió paso entre la multitud, escaneando cada mesa, cada rincón —con el corazón en la garganta— intentando encontrar a su pequeño.
Entonces, justo en la primera fila, vio a Serena agachada junto a Catherine, sosteniendo lo que parecía un traje infantil. Frente a ellas estaba Axel, con su camisa blanca mojada y manchada de rojo.
Desde esa distancia parecía…
‘Dios mío. Sangre.’
Arabella corrió hacia adelante, empujando bruscamente a Serena a un lado y cayendo de rodillas frente a su hijo.
—Cariño, ¿dónde te duele? Enséñale a mami…
Pero de cerca, el olor la golpeó. Dulce. Ácido.
Vino.
Sus manos se congelaron sobre la camisa de Axel.
—¿Mami?
La palabra resonó en el salón como un disparo.
Los susurros estallaron de inmediato, extendiéndose entre la multitud como un incendio.
El corazón de Arabella golpeaba contra sus costillas mientras los reporteros se abalanzaban hacia adelante, con los flashes de las cámaras como relámpagos y los micrófonos empujados hacia su rostro.
—¿Este niño es realmente hijo de Adrian Sterling?
—¿Tuviste un romance con tu hermano?
Las preguntas llegaban desde todos los ángulos, asfixiándola. Ella apretó a Axel con más fuerza contra su pecho, mientras el pequeño cuerpo del niño temblaba.
Sus ojos encontraron a Adrian en medio del caos.
Él estaba congelado en el podio, con el rostro tallado en piedra y la mandíbula tan tensa que se podía ver el músculo palpitando bajo su piel. Pero no era preocupación lo que había en sus ojos.
Era pura y fría furia.
Hacia ella.
Catherine estaba sentada con una mano dramáticamente presionada contra su pecho, pero no había sorpresa en su rostro.
Arabella levantó lentamente la cabeza para encontrarse con la mirada de Serena. Una sonrisa siniestra se extendió por sus labios.
Una sonrisa que solo Arabella podíaver.
Solo entonces se dio cuenta de que había caído en una trampa.
Y Catherine la apoyaba por completo.
Su estómago se hundió. Las cámaras. Las preguntas. Las miradas.
Lo habían planeado. Todo.
Gavin revisó la guantera una vez más y extrajo una carpeta. Se la extendió a Adrian, quien continuaba paralizado por la conmoción.Si el chofer del camión seguía con vida, significaba que la conspiración en torno a la muerte de Victor era mucho más profunda de lo que imaginaban. Significaba que todo lo que creía haber entendido sobre esa trágica noche estaba incompleto. No sabía si esa idea lo aterrorizaba o si le devolvía un atisbo de esperanza al cual aferrarse.Adrian tomó la carpeta con manos temblorosas.—Examiné la carpeta de pruebas que trajo a la oficina la semana pasada y logré obtener el contacto del chofer —comenzó a explicar Gavin.Adrian hojeó el expediente. La primera página era exactamente el mismo documento de transferencia bancaria que Arabella le había mostrado días atrás. Pero la página siguiente era el verdadero hallazgo.—Conozco ese banco porque yo también abrí una cuenta allí por impulso en aquella época —prosiguió Gavin—. Recuerdo que cuando la entidad financie
Adrian se aclaró la garganta, rompiendo el incómodo silencio que había durado casi un minuto.—Por supuesto —dijo, sin romper el contacto visual con Arabella—. Yo rompí esta familia. Yo debo ser quien la repare.Estiró la mano por encima de Axel para buscar la de Arabella.Ella vaciló. Solo un segundo. Y luego le entregó la suya.Se dijo a sí misma que lo hacía exclusivamente por Axel. Y casi se lo cree.—Vamos a ser felices. Te lo prometo —añadió él con voz firme.—Está bien, papi... Te... creo... —murmuró Axel, arrastrando las palabras mientras el sueño lo vencía por completo.Arabella le hizo una seña a Adrian para que guardara silencio, dándole palmaditas suaves en la espalda al niño hasta que su respiración se volvió profunda y constante. Solo cuando el pequeño estuvo profundamente dormido, ella volvió a hablar.—A partir de hoy, no pases ni un solo día sin hablar con él —le advirtió en un susurro—. Llámalo. Mándale un mensaje. Haz videollamada. Ven a verlo. Lo que sea, pero hazl
—Sea lo que sea, puede esperar——Señor—Adrian lo interrumpió, dando por terminada la llamada de golpe.—¿Ni siquiera te da curiosidad saber qué es? —preguntó Arabella—. Gavin no suele exagerar.Adrian forzó una sonrisa desganada:—¿Qué podría pasar en la empresa que sea capaz de cambiar mi realidad? Mi madre es una asesina y mi padre fue su víctima.Arabella apretó la mandíbula mientras un silencio incómodo se apoderaba del habitáculo. Aunque no hubieran sido sus padres biológicos, fueron las primeras figuras paternas reales que tuvo en su vida. Así que, en el fondo, entendía lo devastador que resultaba ese golpe.Arabella estiró la mano y le apretó la suya con delicadeza:—No te culpes a ti mismo. Tu padre no querría ver que te haces esto.Adrian la miró con los ojos inyectados en sangre:—¿T–tú crees?Arabella asintió con la cabeza, volviendo la vista hacia la carretera:—Por supuesto.Hizo el ademán de retirar la mano, pero Adrian la sostuvo entre las suyas un segundo más. Ella lo
Adrian se llevó la mano a la mejilla, mirando a Arabella con absoluta incredulidad:—Pero qué estás...Comenzó a ahogarse con el humo denso que flotaba en la estancia.Arabella le quitó el puro de las manos y lo aplastó con firmeza contra el cenicero mientras él continuaba tosiendo sin parar.El rostro de Adrian lucía de un pálido enfermizo debido a la falta de oxígeno; se estaba sofocando lentamente en ese espacio cerrado sin siquiera percatarse de ello.Se arrastró a tropezones hacia la ventana, aspirando el aire fresco del exterior con desesperación.—Si te mueres, ¿qué se supone que haga? —Arabella ya ni siquiera intentó contener sus emociones—. ¿Qué se supone que le diga a Axel?Adrian se dejó caer al suelo junto a la ventana, intentando recuperar el aliento poco a poco.Arabella estaba de espaldas a él, llorando en silencio. Simplemente ya no podía retener más las lágrimas.Adrian observó desde el piso cómo le temblaban los hombros y sintió una punzada en el pecho que no tenía n
UNA SEMANA DESPUÉSArabella se despertó con el sonido incesante de las notificaciones de su teléfono.Llamadas perdidas. Mensajes de texto. Alertas de redes sociales.Poco después, escuchó unos suaves golpes en la puerta de su habitación.—Señorita, ¿por qué sigue durmiendo tan tarde? Le tengo excelentes noticias —resonó la voz de Chloe desde afuera.Arabella se frotó los ojos y caminó hacia la puerta para abrirla. Chloe no vivía allí, así que ¿qué clase de buena noticia la haría conducir hasta su casa tan temprano?—La señora Catherine al fin movió sus fichas —chilló Chloe de emoción, mostrándole la pantalla de su teléfono.Las fotografías del amorío de Serena ya estaban circulando por todas las redes sociales. Pero eso no era todo.Un video con la evidencia de Serena confesando que había secuestrado a Arabella también se había vuelto tendencia.Gracias a la firme intervención de los abogados de Sterling Law Group, a Catherine le habían concedido la libertad bajo fianza cuatro días a
Para cuando Arabella regresó a casa ya era tarde, pero Vera todavía estaba esperándola en su departamento.—Arabella, ¿por qué no contestaste las llamadas en todo el día? ¿Cómo te fue? Estaba preocupadísima —dijo Vera, corriendo a abrazarla con el entrecejo fruncido.Arabella suspiró, dejando su bolso sobre la cama antes de dejarse caer en el sofá:—¿Por qué sigues aquí? ¿Ya se te olvidó que ahora estás casada?—Derek está trabajando hasta tarde. Va a venir por mí —explicó Vera—. Pero dime, ¿qué pasó? ¿Cómo salió todo? ¿Por qué tienes los ojos tan rojos?Arabella esbozó una pequeña sonrisa a medias:—Lloré un poco. Pero la metieron bajo custodia.Vera dejó escapar un largo suspiro de alivio.Estrechó a Arabella en un abrazo reconfortante, dándole palmaditas en la espalda con ternura:—Felicidades, amiga. Derribaste a una enemiga. Te quedan dos.Arabella asintió con la cabeza sin mucha convicción, luciendo indecisa.—Solo me alegra haberle dado a mi padre la justicia que se merece —dij







