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CAPÍTULO CIENTO DOCE

Penulis: Author Beibah
last update Tanggal publikasi: 2026-09-02 23:20:08

—Sea lo que sea, puede esperar—

—Señor—

Adrian lo interrumpió, dando por terminada la llamada de golpe.

—¿Ni siquiera te da curiosidad saber qué es? —preguntó Arabella—. Gavin no suele exagerar.

Adrian forzó una sonrisa desganada:

—¿Qué podría pasar en la empresa que sea capaz de cambiar mi realidad? Mi madre es una asesina y mi padre fue su víctima.

Arabella apretó la mandíbula mientras un silencio incómodo se apoderaba del habitáculo. Aunque no hubieran sido sus padres biológicos, fueron las
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  • Señor CEO, tu ex esposa es la famosa Reformadora   CAPÍTULO CIENTO CATORCE

    Gavin revisó la guantera una vez más y extrajo una carpeta. Se la extendió a Adrian, quien continuaba paralizado por la conmoción.Si el chofer del camión seguía con vida, significaba que la conspiración en torno a la muerte de Victor era mucho más profunda de lo que imaginaban. Significaba que todo lo que creía haber entendido sobre esa trágica noche estaba incompleto. No sabía si esa idea lo aterrorizaba o si le devolvía un atisbo de esperanza al cual aferrarse.Adrian tomó la carpeta con manos temblorosas.—Examiné la carpeta de pruebas que trajo a la oficina la semana pasada y logré obtener el contacto del chofer —comenzó a explicar Gavin.Adrian hojeó el expediente. La primera página era exactamente el mismo documento de transferencia bancaria que Arabella le había mostrado días atrás. Pero la página siguiente era el verdadero hallazgo.—Conozco ese banco porque yo también abrí una cuenta allí por impulso en aquella época —prosiguió Gavin—. Recuerdo que cuando la entidad financie

  • Señor CEO, tu ex esposa es la famosa Reformadora   CAPÍTULO CIENTO TRECE

    Adrian se aclaró la garganta, rompiendo el incómodo silencio que había durado casi un minuto.—Por supuesto —dijo, sin romper el contacto visual con Arabella—. Yo rompí esta familia. Yo debo ser quien la repare.Estiró la mano por encima de Axel para buscar la de Arabella.Ella vaciló. Solo un segundo. Y luego le entregó la suya.Se dijo a sí misma que lo hacía exclusivamente por Axel. Y casi se lo cree.—Vamos a ser felices. Te lo prometo —añadió él con voz firme.—Está bien, papi... Te... creo... —murmuró Axel, arrastrando las palabras mientras el sueño lo vencía por completo.Arabella le hizo una seña a Adrian para que guardara silencio, dándole palmaditas suaves en la espalda al niño hasta que su respiración se volvió profunda y constante. Solo cuando el pequeño estuvo profundamente dormido, ella volvió a hablar.—A partir de hoy, no pases ni un solo día sin hablar con él —le advirtió en un susurro—. Llámalo. Mándale un mensaje. Haz videollamada. Ven a verlo. Lo que sea, pero hazl

  • Señor CEO, tu ex esposa es la famosa Reformadora   CAPÍTULO CIENTO DOCE

    —Sea lo que sea, puede esperar——Señor—Adrian lo interrumpió, dando por terminada la llamada de golpe.—¿Ni siquiera te da curiosidad saber qué es? —preguntó Arabella—. Gavin no suele exagerar.Adrian forzó una sonrisa desganada:—¿Qué podría pasar en la empresa que sea capaz de cambiar mi realidad? Mi madre es una asesina y mi padre fue su víctima.Arabella apretó la mandíbula mientras un silencio incómodo se apoderaba del habitáculo. Aunque no hubieran sido sus padres biológicos, fueron las primeras figuras paternas reales que tuvo en su vida. Así que, en el fondo, entendía lo devastador que resultaba ese golpe.Arabella estiró la mano y le apretó la suya con delicadeza:—No te culpes a ti mismo. Tu padre no querría ver que te haces esto.Adrian la miró con los ojos inyectados en sangre:—¿T–tú crees?Arabella asintió con la cabeza, volviendo la vista hacia la carretera:—Por supuesto.Hizo el ademán de retirar la mano, pero Adrian la sostuvo entre las suyas un segundo más. Ella lo

  • Señor CEO, tu ex esposa es la famosa Reformadora   CAPÍTULO CIENTO ONCE

    Adrian se llevó la mano a la mejilla, mirando a Arabella con absoluta incredulidad:—Pero qué estás...Comenzó a ahogarse con el humo denso que flotaba en la estancia.Arabella le quitó el puro de las manos y lo aplastó con firmeza contra el cenicero mientras él continuaba tosiendo sin parar.El rostro de Adrian lucía de un pálido enfermizo debido a la falta de oxígeno; se estaba sofocando lentamente en ese espacio cerrado sin siquiera percatarse de ello.Se arrastró a tropezones hacia la ventana, aspirando el aire fresco del exterior con desesperación.—Si te mueres, ¿qué se supone que haga? —Arabella ya ni siquiera intentó contener sus emociones—. ¿Qué se supone que le diga a Axel?Adrian se dejó caer al suelo junto a la ventana, intentando recuperar el aliento poco a poco.Arabella estaba de espaldas a él, llorando en silencio. Simplemente ya no podía retener más las lágrimas.Adrian observó desde el piso cómo le temblaban los hombros y sintió una punzada en el pecho que no tenía n

  • Señor CEO, tu ex esposa es la famosa Reformadora   CAPÍTULO CIENTO DIEZ

    UNA SEMANA DESPUÉSArabella se despertó con el sonido incesante de las notificaciones de su teléfono.Llamadas perdidas. Mensajes de texto. Alertas de redes sociales.Poco después, escuchó unos suaves golpes en la puerta de su habitación.—Señorita, ¿por qué sigue durmiendo tan tarde? Le tengo excelentes noticias —resonó la voz de Chloe desde afuera.Arabella se frotó los ojos y caminó hacia la puerta para abrirla. Chloe no vivía allí, así que ¿qué clase de buena noticia la haría conducir hasta su casa tan temprano?—La señora Catherine al fin movió sus fichas —chilló Chloe de emoción, mostrándole la pantalla de su teléfono.Las fotografías del amorío de Serena ya estaban circulando por todas las redes sociales. Pero eso no era todo.Un video con la evidencia de Serena confesando que había secuestrado a Arabella también se había vuelto tendencia.Gracias a la firme intervención de los abogados de Sterling Law Group, a Catherine le habían concedido la libertad bajo fianza cuatro días a

  • Señor CEO, tu ex esposa es la famosa Reformadora   CAPÍTULO CIENTO NUEVE

    Para cuando Arabella regresó a casa ya era tarde, pero Vera todavía estaba esperándola en su departamento.—Arabella, ¿por qué no contestaste las llamadas en todo el día? ¿Cómo te fue? Estaba preocupadísima —dijo Vera, corriendo a abrazarla con el entrecejo fruncido.Arabella suspiró, dejando su bolso sobre la cama antes de dejarse caer en el sofá:—¿Por qué sigues aquí? ¿Ya se te olvidó que ahora estás casada?—Derek está trabajando hasta tarde. Va a venir por mí —explicó Vera—. Pero dime, ¿qué pasó? ¿Cómo salió todo? ¿Por qué tienes los ojos tan rojos?Arabella esbozó una pequeña sonrisa a medias:—Lloré un poco. Pero la metieron bajo custodia.Vera dejó escapar un largo suspiro de alivio.Estrechó a Arabella en un abrazo reconfortante, dándole palmaditas en la espalda con ternura:—Felicidades, amiga. Derribaste a una enemiga. Te quedan dos.Arabella asintió con la cabeza sin mucha convicción, luciendo indecisa.—Solo me alegra haberle dado a mi padre la justicia que se merece —dij

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