Home / Romance / Si acepto casarme contigo / 4 Chispas entre los dos

Share

4 Chispas entre los dos

Author: Alexa Writer
last update publish date: 2023-07-07 19:00:12

Francesco sacudió la cabeza para apartar los malos pensamientos, era muy tormentoso pensar en todo lo que sucedió entonces, ahora estaba obligado consigo mismo a superarlo y a retomar su vida, aunque fuera casi imposible creer que había alguna esperanza para él de ser feliz después de lo que hizo…

« No hay segundas oportunidades para alguien como yo », solía decirse mentalmente.

La chica finalmente recibió medicación y se quedó profundamente dormida.

— Locantore, ¿Crees que ella pueda recuperarse sin necesidad de trasladarla?

— No lo sé Francesco, no puedo asegurarlo, la veo muy agotada, y la fiebre puede ser por alguna infección, la trataremos con antibióticos de amplio espectro, pero se le deben administrar cuidadosamente, puedo decirle a una de mis enfermeras que venga…

— Sí, eso estaría bien, te lo agradezco mucho…

— ¿De dónde sacaste a esta chica Francesco?

— Te juro que no la vi hasta que tuve que maniobrar para no partirle las piernas con el auto.

— Bueno, le administraremos tratamiento, pero tengo la sospecha de que va a complicarse, no olvides que antes del accidente ella ya presentaba una situación de salud delicada…

— ¡Gracias por todo!, estaremos en contacto…

Cuando se quedaron solos, Francesco se sentó frente a la chica en el sillón y la observó dormir.

Se veía tan inocente y tan hermosa, como una flor lastimada que necesitaba cariño y cuidados, ella había perdido un hijo, tal como él estuvo a punto de hacerlo solo por su estupidez y su orgullo, era algo en común para ambos.

Entrada la madrugada, cuando el efecto del tratamiento había pasado,

Vittoria comenzó a temblar de nuevo.

— Francesco… por favor… — Ella lo llamó — Francesco…

El hombre abrió los ojos pesadamente y tardó una fracción de segundo en darse cuenta de lo que ocurría. Saltó de la silla y se acercó a ella rápidamente.

— ¿Qué pasa? ¿Es la fiebre otra vez?

La chica asintió, y luego él advirtió que las sabanas estaban manchadas de sangre.

— Beatrice, ¡Estás sangrando…!

— ¿Qué? ¡No! — Vittoria dirigió la mirada hacia abajo y vio como la mancha seguía extendiéndose como si tuviera vida propia — ¡No, no, no!

Ella comprendió de inmediato que debía ser trasladad a un centro asistencial.

— Lo siento mucho… — Los hermosos y expresivos ojos de Francesco se posaron sobre ella con expresión de disculpa ante su mirada llena de terror— Debo llevarte al hospital, no puedo dejar a que te desangres.

Vittoria tomó la mano de él con fuerza y lo miró a los ojos.

— ¡Te lo ruego… me lo prometiste! — Comenzaban a picarle los ojos.

— Y lo cumpliré — Le aseguró — No te dejaré sola, ni tampoco dejaré que indaguen en tus datos personales, eso déjamelo a mí, pero debemos irnos ya…

La chica dudó, pero seguía perdiendo sangre, así que hizo amago de levantarse, pero se dio cuenta de que estaba completamente desnuda debajo de la sabana y sintió una oleada de calor en su cara cuando estuvo a punto de dejarla caer al suelo.

— Yo… no tengo ropa… — Balbuceó.

— Eh… si, yo… — Él se sintió avergonzado, supuso que ella no recordaba que le había pedido permiso para quitársela — Estaba muy mojada, no podía dejártela puesta, pero resolveré eso pronto, solo sujeta las sabanas y te llevaré en brazos.

Vittoria pensó que el color de sus mejillas competía con la mancha carmesí de las sábanas blancas.

— Esto es tan incómodo… perdón, estoy muy avergonzada… — Bajando la mirada.

La expresión del rostro de ella causó un corto circuito a las neuronas del empresario, levantó la mano lentamente hacia el rostro de ella y aunque su razón le decía a gritos que debía detenerse, sus impulsos seguían moviendo su mano hasta la mejilla pálida de Vittoria. 

— No tienes nada de que avergonzarte — Tocando suavemente su rostro con la punta de los dedos — Es una cuestión de salud, ven, apóyate en mí.

Vittoria rodeó el cuello de Francesco con los brazos mientras él la levantaba como si fuera solo una niña, sus rostros estaban tan cerca que ella pudo advertir su aroma profundamente masculino, mientras sus fuertes brazos la mantenían en alto y sus manos apenas rozaban partes de su piel que la sabana no cubría.

— Carlo… ¿Por qué lo hiciste?

— ¿Carlo?

— Te amaba Carlo y me traicionaste… ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste quererme muerta? — La joven estaba prendida en fiebre y hablaba sin sentido.

Francesco bajó la mirada para ver como ella deliraba.

— Tranquila, pronto estaremos en el hospital, creo que hay uno muy cerca…

— Sí, eso es lo que temo… el hospital… — Fue lo último que ella dijo antes de desvanecerse.

***   

— ¿Crees que ella esté huyendo en verdad? ¿O solo está chiflada por el golpe en la cabeza? — Giorgia comentó acariciando la espalda desnuda de Carlo.

— No lo sé, pero creo que si quisiera habernos acusado ya lo habría hecho.

— Solo ha pasado un día, pero como siempre yo ya hice mi tarea.

Carlo se giró para mirarla.

— ¿A qué te refieres?

— Contacté a la policía, por la mañana harán un operativo en el hospital.

— ¿Y si no está ahí?

— No pudo simplemente desaparecer, además, lo solicité a nombre del esposo angustiado por la desaparición de su esposa — Dijo con un toque de burla en la voz.

— Por eso es que te amo, ¡Porque siempre piensas en todo! — Dándose la vuelta sobre ella y posando los labios sobre los suyos.

— Luego me agradecerás cuando pongas tus manos sobre su fortuna, nunca olvides gracias a quien la vas a disfrutar…

— La vamos a disfrutar — Él la corrigió, aunque ella no estaba del todo segura de que Carlo le fuera leal, por ahora era mejor mantener la careta de la mujer enamorada, y ya luego las cosas darían punto solas.

***  

—¿Nombre de la paciente?

Francesco dudó un momento y luego contestó:

— Beatrice Romano…

El médico apuntó en su folder mientras miraba de reojo a la paciente en brazos del empresario.

— El Doctor Locantore me dijo que era un caso especial… — Continuó mirando por encima de sus gafas.

— Así es doctor, aprecio mucho su discreción.

— Póngala en la camilla y deme unos minutos para conocer su condición y hablaremos, señor Romano.

Luego de un momento el médico regresó y Francesco se levantó como un resorte de la silla.

— La paciente ya recobró la consciencia, padece una infección que debe ser tratada de inmediato, a eso se debe la fiebre y la hemorragia, es imperante practicarle un legrado para detener el sangrado, el proceso no es invasivo, pero es lo mejor en su caso debido a la reciente pérdida y a que la infección puede complicarse, lo demás no es importante, solo tiene algunas contusiones, pero no es de cuidado.

— ¿Y ese procedimiento puede hacerlo aquí?

— En cirugía, sí…

— Entonces la dejo en sus manos doctor, haga lo que sea mejor para ella…. ¿Puedo verla?

— Que sea rápido, van a prepararla para el procedimiento…  Y consígale algo de ropa…

Francesco asintió con la cabeza y entró en la habitación.

— Gracias por todo… — Ella musitó.

— Todo estará bien — Pasando su mano por el cabello oscuro y abundante de la joven — Estaré aquí cuando salgas.

Él la vio desaparecer tras las frías puertas forradas en acero y se sintió extrañamente vacío, era una sensación extraña, parecida a la que tuvo cuando vio a su exesposa salir de la oficina el día que firmaron el divorcio.

Sacudió la cabeza e hizo un par de llamadas a su asistente para que comprara ropa para dama y todo lo que Beatrice necesitara, mientras tanto se sentó a esperar noticias de su intervención.

Vittoria escuchó al fondo un zumbido e intentó abrir los ojos, sentía que la cabeza le iba a estallar y dolor en el bajo vientre era muy agudo.

Miró hacia los lados y supo que estaba de regreso en el hospital, buscó a Francesco y tal como él le había prometido, estaba recostado en un sillón junto a la cama.

Parecía más guapo, dormido de lo que ella hubiera notado antes, suspiró, y pensar que ella nunca se dio la oportunidad de ver siquiera a otro hombre como una oportunidad porque estaba convencida de que Carlo la amaba como a ninguna.

¡Qué equivocada estaba!

Lo observó dormir por un rato hasta que despertó. Francesco abrió los ojos cargados de sueño para observar a Vittoria que lo miraba directamente.

— Buenos días, ya despertaste, ¡Qué bueno! — Exclamó tomando un respiro —Anoche las cosas estuvieron un poco preocupantes, pero el médico dice que evolucionas rápidamente… ¿Necesitas que acomode tu almohada?

Él se levantó y se acercó para dar palmaditas sobre la almohada y ajustarla mejor en su cuello, la cercanía entre ambos despidió algunas chispas que Francesco se obligó a disimular.

— Hay ruido afuera…

— Ya está, voy a ver qué sucede…

Cuando se asomó al pasillo estaba repleto de policías, los uniformados iban y venían de un lado a otro abriendo las puertas de las habitaciones y haciendo preguntas a todos.

— Solo es la policía, parece que buscan a alguien. Vitoria de inmediato se quedó de piedra. Un frío recorrió su espalda y las náuseas la atacaron de pronto.

— ¿Puedo pedirte otro favor?

Él la miró inclinando la cabeza ligeramente en señal de interrogación.

— ¡Necesito que me saques de aquí de inmediato! — Hablo con urgencia en un profundo ruego.

Él negó instintivamente con la cabeza.

— No puedo hacer eso Beatrice, estás muy delicada de salud, el procedimiento que te han hecho requiere reposo, no deberías arriesgarte de esa manera… ¿A qué le temes?

— ¡Lo prometiste! Sin preguntas.

— Lo sé, ¡Pero comprende si te saco de aquí empeorarás!

— ¡Y si no lo haces, moriré!

Francesco enmudeció. Definitivamente las cosas no pintaban bien para esta chica. Caminó de regreso junto a la cama mientras afuera el ruido se incrementaba avisando que los funcionarios estaban ya casi en la puerta.

— Dime ¿De qué otra manera puedo ayudarte? Otra que no implique sacarte de aquí Beatrice…

Él se acercó lo suficiente como para que ella justo en el momento en el que la puerta se abrió y un policía entrara, lo envolviera con sus brazos y lo atrajera hacia ella estampándole un beso.

El policía solo vio a una pareja besándose y nada más en la habitación, por lo que volvió a cerrar con prudencia.

Ella pudo haberlo soltado, y él pudo haberse apartado. Pero ninguno lo hizo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Si acepto casarme contigo   78 ¡Si acepto casarme contigo!

    La mayoría de las veces las personas creen que el mal triunfará, y tristemente, en muchos casos así es, sin embargo, no siempre son los malos quienes tienen el poder de doblegar al resto de las personas, o en este caso, a los personajes. Después de la sentencia de Carlo Santoni en la que se dictó que estaría encerrado por el resto de su vida debido a los actos tan terribles cometidos, y de que Georgia fuera declarada una psicópata peligrosa, las cosas comenzaron a tomar un nuevo rumbo. Francesco había hecho las paces con el pasado, con Allegra y también con su hijo. Antonio había repuesto en su trabajo, y ascendido, además de premiado por su valentía en diferentes casos. Arianna, se recuperaba felizmente junto a su pequeña hija y a su esposo, y Vittoria, ella había limado asperezas con Eugenio Giuliani, su padre, quien había descubierto que la amaba más que a su vida, pero que nunca había sabido como demostrarlo. — Amor, quiero hacerte una invitación, pero no sé si eres mujer de i

  • Si acepto casarme contigo   77 Con las esposas puestas

    Antonio no tardó en ir por el Psiquiatra. Le echó mano y lo apresó metiéndolo en la misma celda con Marco.El hombre también cantó como canario en cuanto se vio totalmente solo, ya no estaba Marco para protegerlo, y las pruebas proporcionadas por Locantore de los fraudes cometidos en su clínica privada eran más que suficientes para impugnar todos los documentos que había firmado, asegurando la locura de un puñado interesante de pacientes.El primero en salir del sanatorio mental del Psiquiátrico Carla Cerati fue el padre de Vittoria, Eugenio Giulliani.Giorgia habái dejado de gritar, por lo que habían disminuido su medicación y al día siguiente, muy temprano en la mañana, le permitieron salir a desayunar con los demás pacientes.¡Vaya sorpresa que se llevó!La obligaron a sentarse en medio de todos esos locos cuyas babas se escurrían hasta el suelo, y debió pelearse con ellos por su desayuno. Algunos metían las manos en su plato queriendo apoderarse de su sándwich pero no los dejo rob

  • Si acepto casarme contigo   76 Pruebas a la mano

    Luca recibió el mensaje y estaba como loco. Su mujer y su pequeña niña estaban en algún lugar de la carretera, solas y desamparadas, o peor, en manos del tipo sin escrúpulos de Carlo Santoni. Hizo una llamada rápida a Russo y tras informarle tomó su auto y salió a todo correr en dirección de la vía que su esposa siempre tomaba para ir a casa luego de recoger a la niña. — Russo, ¡Soy yo! Es Arianna, la han interceptado y el auto se volcó, son los hombres de Santoni, ¡Mi hija está con ella! — ¿Qué? Dame la ubicación. Luca explicó cuál era la ruta que ella generalmente tomaba, y Russo se dirigió hacia allá sin pérdida de tiempo. Arianna abrió los ojos, de nuevo, la habían sedado a causa de sus heridas, miró a hacia todos lados y no vio a la niña. — ¡Mi hija! Por favor, ¿alguien puede decirme como está mi hija? — Está bien, solo tiene unos raspones, no se preocupe usted — una enfermera se acercó para darle la noticia. — ¡Oh, gracias! — Exclamó, sintiéndose más tranquila. A lo lejo

  • Si acepto casarme contigo   75 Un caso sobre ruedas

    — Creo que es mejor que hablen directamente con Tony, lo llamaré para que puedan conversar con él — Allegra tomó el móvil y marcó rápidamente a su esposo — ¿Amor? — Sí, dime Allegra… — Contestó mientras revisaba unos expedientes. — Francesco y Vittoria están en casa, ellos necesitan hablar contigo. Ruso se irguió en la silla prestando atención. — Pásame a Francesco, puedo tomar un momento para hablar con él, de hecho, tengo a Arianna todavía aquí conmigo, y creo que sería bueno que ella también está en la conversación. — ¡Genial! Lo pongo en alta voz — Subiendo el volumen del móvil al máximo en alta voz y poniéndolo en medio de la mesita de centro de la sala. — Hola Russo, soy yo. — Francesco, dime. — Vinimos hasta aquí porque pensábamos que todavía estarías en casa sin empleo… — Sí, bueno, esto ha sido toda una sorpresa que vino con promoción y aumento incluido. — Me alegro sinceramente por ti. — ¿Qué era de lo que querías hablar? — Tenemos pruebas de los fraudes del psiqu

  • Si acepto casarme contigo   74 Sentimientos y perdón

    — ¡Ya está listo! — Dijo ella cruzando la puerta — Creo que ahora si nos ha llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa con Carlo y Giorgia. Vittoria lucía mucho más tranquila y protegida, estaba incluso ataviada con un vestido vaporoso y unas sandalias delicadas que la hacían ver fresca y feliz. — Espero que con el ataque que daremos sea el golpe definitivo para librarnos de ellos. — Sí, pero debo hacer algo primero… Francesco se le quedó mirando sin acabar de comprender. — ¿Qué cosa amor? — Debo hablar con Gabriele, el hijo de mi nana… creo que le debo eso, ella dio su vida por protegerme, y él me culpa por su muerte, tiene razón, si ella no me hubiera querido ayudar, aún estaría viva… — Tú no tienes la culpa de nada Vittoria, ella te ayudó porque sabía que era lo correcto, murió defendiendo a quien amaba, no es tu culpa, en todo caso es la de ellos… — Fue ella… ¡Giorgia fue quien la mató! ¡No puedo dejar que se salga con la suya, ella tiene que pagar! — Entonces va

  • Si acepto casarme contigo   73 Traición

    — No pensé que se abriera tanto a conversar con nosotros… — Comentó Vittoria después de haber salido de la casa de Greta — Grabo está muy herido por todo lo sucedido… — Sí, pero si queremos que nos apoye con todo esto debe ser ahora, después puede que se arrepienta, o que quiera renunciar a la Compañía y dejar a alguien que pueda ser manipulable por Carlo, así que hay que actuar ahora, creo que lo mejor sería avisar a Russo de que Gabriele tiene como prueba los mensajes que tu nana le envió a su nieto. — Es cierto, hay que avisar a Russo. — El problema es que está inactivo, pero de todas maneras conoce gente en la policía que nos puede ayudar. — Por otro lado, están los documentos que Vicencio tiene en contra del psiquiatra, debemos llamarlo para que los ponga a la orden de la policía. — No, debe entregárselos a Russo, no confío en nadie más para esto — aseguró convencido — Será mejor que vallamos hasta su casa, es la única forma de hablar como se debe. Tomaron otro taxi y despué

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status