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Capítulo 3

Penulis: Sandra P.
POV: Xavier

Esa misma noche, después de salir del chat de los Gardner, presenté mi renuncia a la empresa de Waverly.

Yo había sido uno de sus primeros empleados cuando la empresa apenas empezaba. La acompañaba a reunirse con clientes y me desvelaba trabajando en las propuestas. Durante la etapa más difícil, los dos pasamos meses durmiendo en la oficina.

—Xavier no es solo mi esposo —declaró Waverly delante de todos los empleados el día en que la empresa empezó a dar ganancias—. También es el socio que estuvo a mi lado cuando pasé por mi peor momento.

Pero ahora tomó mi renuncia como otra parte del juego. La aprobó sin dudar.

—Tu renuncia queda aprobada, Xavier —me dijo sin darle mayor importancia—. Puedes volver cuando termines de jugar.

El quinto día del juego del esposo sustituto coincidió con el aniversario de la empresa. También era el día en que debía terminar de entregar mi puesto. Fui a devolver mi tarjeta de acceso y a dejar mis proyectos en manos de quienes continuarían con ellos.

En el vestíbulo estaban pasando el video del aniversario. Habían quitado mi nombre y todas las fotos en las que yo aparecía durante los comienzos de la empresa. Ya no estaban las grabaciones en las que empacaba productos en el almacén, bebía con los clientes hasta sufrir una hemorragia estomacal o pasaba la noche entera corrigiendo propuestas.

El video terminaba con una foto de Tobias y Waverly, uno al lado del otro. Debajo aparecía una frase:

«Gracias por acompañarnos en cada etapa, señor Lawson».

Me quedé mirando el apellido de Tobias en la pantalla, con la tarjeta de acceso en la mano. Aún tenía que entregarla; mi nombre ya había desaparecido de la historia que estaban contando.

Waverly sabía de sobra que era yo quien debía acompañarla al banquete del aniversario. En mi lugar, hizo que Tobias se pusiera el traje hecho a la medida para mí. Él estuvo a su lado para cortar el pastel y brindar con los invitados. Cada vez que alguien lo confundía con su esposo, Tobias levantaba la copa con una sonrisa y aceptaba el papel con gusto. Ella tampoco se molestaba en aclarar la confusión.

Si le hubiera reclamado, seguro me habría respondido algo así:

«Ya vamos por el quinto día del juego. A estas alturas no tiene sentido detenerlo».

Ni siquiera entré al salón de usos múltiples donde se celebraba el banquete. Me quedé en la oficina para terminar de entregar mi trabajo.

Cuando estaba por marcharme, me vio uno de los empleados que trabajaban con nosotros desde el principio. Me llamó desde el salón de usos múltiples y miró hacia Tobias, que estaba en el escenario.

—Señor Shaw, ¿quién es ese que está allá? —me preguntó, confundido.

El salón quedó en silencio. Los invitados acababan de darse cuenta de que Waverly estaba casada conmigo. Los murmullos no tardaron en escucharse.

—¿Por qué diablos lleva el anillo de los Gardner si no es su esposo? —susurró alguien.

—Se mudó a su casa y vino al aniversario haciéndose pasar por el esposo de la señora Gardner —murmuró otra persona—. ¿En qué se diferencia de un rompehogares?

Antes de que el rumor se extendiera, alguien que estaba cerca bajó la voz para contradecirlos.

—¿No han visto la publicación de Tobias? —les susurró—. Xavier es el que se niega a hacerse a un lado. La señora Gardner ya dejó claro a quién quiere al subir a Tobias al escenario, pero Xavier no la suelta. Se escuda en que levantaron la empresa juntos. Da vergüenza verlo así. Solo se aferra a su lugar como esposo de la señora Gardner.

Después les mostró el teléfono a varias personas que estaban alrededor para que vieran la publicación de Tobias.

Yo también la había visto. Era un video en el que salía recuperando mi traje con gesto serio, reclamándole a Tobias que dejara el dormitorio principal y marchándome de la cena familiar en la mansión Gardner.

Solo habían dejado mis arranques de enojo. No estaban los momentos en que Waverly decía que todo era un juego, ni lo que me decía después, cuando me sujetaba para detenerme y me pedía que no me lo tomara tan en serio. Con las escenas ordenadas de esa manera, cualquiera podía creer que yo era el que se metía entre ellos. Tobias también había añadido una frase:

«Hay gente que se niega a hacerse a un lado y se aferra a un título que ya no le pertenece».

Me quedé mirando el texto y recordé todos aquellos «juegos» de los últimos tres años. Cada vez que me llevaban al límite, yo era el que tenía que ceder primero.

—Fue mi culpa por tomarme el juego tan en serio —terminaba admitiendo entre las burlas de todos, con la cabeza baja.

Waverly todavía guardaba en su teléfono las apuestas de cada año. Apostaban cuándo iba a perder la paciencia, si de verdad echaría a alguien y cuánto tardaría en ceder y disculparme con Tobias. Aquel video me dejó claro que habían conservado todos mis enfados, mis momentos de vergüenza y las veces en que perdí la calma durante los últimos tres años. Los veían una y otra vez para divertirse a mi costa.

Antes de que pudiera decir algo, Waverly se acercó.

—Ya llegamos hasta aquí con esta actuación. Ahora hay que seguir hasta el final —me susurró—. Tobias solo está tratando de ayudar, Xavier. No pienso dejar que arruinen su reputación por esto.

—¿Entonces prefieres arruinar la mía? —le pregunté con una risa amarga, sin dejar de mirarla a los ojos.

—Esta vez sí te pasaste, Xavier —me reprochó con el ceño fruncido—. Si no te hubieras tomado el juego tan en serio, no habríamos llegado a esto.

—Ya terminé de entregar todo —le informé sin responder a su reproche, mientras dejaba mi tarjeta de acceso y los documentos de mi renuncia en el mostrador de recepción.

Pasé a su lado y entré en el ascensor. Mi indiferencia acabó por enfurecerla. Delante de todos los invitados, llamó a su abogado para que se acercara.

—¡Prepara un acuerdo de divorcio de verdad! —le ordenó—. ¡El séptimo día voy a hacer que elija delante de todos nuestros amigos! ¡A ver cuánto tiempo puede seguir así!

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