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Capítulo 2

ผู้เขียน: Sandra P.
POV: Xavier

El tercer día del juego del esposo sustituto, los Gardner organizaron una cena familiar de última hora. Doreen Lowe, la madre de Waverly, me envió los detalles y me pidió que llevara el anillo con el sello familiar, la pieza que los Gardner entregaban a sus yernos.

Ella misma me lo había entregado cuando me casé con Waverly, pero yo sabía que siempre me había mirado por encima del hombro. Si Waverly no hubiera insistido en casarse conmigo, jamás habría recibido aquel anillo que me reconocía como parte de la familia.

Recordé el día en que conocí a la familia de Waverly en la mansión Gardner. Delante de todos, Doreen dijo que yo no estaba a la altura de los Gardner porque venía de una familia humilde.

—Xavier es el hombre que amo —afirmó Waverly con voz tranquila, pero firme, mientras me tomaba de la mano—. Voy a casarme con quien yo quiera. No necesito que nadie tome esa decisión por mí.

Me dolió recordar cómo me había defendido. Aquellas palabras sonaban a una burla después de lo que acababa de pasar. Bajé la mirada hacia el anillo que llevaba puesto. Después de la cena, lo devolvería de una vez por todas.

Cuando llegué a la mansión Gardner, Tobias ya estaba sentado en mi lugar de siempre. No quedaba ninguna silla libre, así que una de las empleadas trajo otra y la puso en un extremo de la mesa.

—Estos días Tobias está haciendo de esposo sustituto de Waverly —explicó Doreen con una sonrisa—. Lo normal es que también le sigamos el juego durante la cena. Ya eres un hombre adulto, Xavier. No armes un drama por esto.

Waverly incluso había mandado cambiar el menú para adaptarlo a los gustos de Tobias.

Mi alergia al cacahuate era grave, pero los Gardner seguían sirviendo dulces crujientes de caramelo con cacahuates en las cenas familiares, incluso después de siete años de matrimonio. Al principio, Waverly les recordaba a todos mi alergia. Con el tiempo, dejó de hacerlo y se limitó a decirme que evitara comerlos.

Tobias, en cambio, odiaba el cilantro, así que en la mesa de los Gardner no se permitía ni una hoja. Si aparecía un pedacito de cilantro en la sopa, Waverly les ordenaba a las empleadas que se la llevaran y prepararan otra al momento.

—El olor del cilantro le da náuseas a Tobias —les explicaba mientras señalaba el plato.

El año anterior, durante la cena familiar, le habían dejado ocupar mi asiento por primera vez. Me volteé y me marché, pero Waverly corrió detrás de mí. Me dijo que sentarse en una silla u otra no significaba nada.

—Ese asiento siempre será tuyo, Xavier —me prometió al acercarse.

Pero ese año ya ni siquiera me daban un sitio a su lado.

Estaban por tomar la foto familiar cuando Doreen miró mi mano derecha.

—Quítate el anillo y deja que Tobias lo use unos minutos —me pidió sin apartar los ojos de mi mano—. Al fin y al cabo, en la foto familiar debe llevarlo el esposo de Waverly.

—No, de verdad, no debería usarlo —respondió Tobias, aunque no le quitaba los ojos de encima al anillo y ya había extendido la mano.

Antes de que pudiera responder, Waverly me tomó la mano derecha y me quitó el anillo despacio. Sentí que el metal me raspaba el nudillo hasta dejarme la piel en carne viva. Waverly no se detuvo a mirar mi mano. Lo que revisó fue el sello, para asegurarse de que no tuviera ningún rayón.

—Tobias te lo devolverá cuando se cumplan los siete días, Xavier —me aseguró mientras ella misma le ponía el anillo en el índice derecho—. Solo es un anillo. No tienes por qué hacer un drama.

Para la foto, Tobias se colocó al lado de Waverly. Jeffrey Gardner, su padre, y Doreen se sentaron en la primera fila. A mí me pusieron en un extremo, casi fuera de la foto.

El fotógrafo pidió que nos acercáramos un poco más. Waverly se tomó del brazo de Tobias a propósito y luego me miró, como si esperara que yo protestara para detenerlos. Yo, en cambio, miré a Doreen.

—Tobias puede quedarse con el anillo —le dije con calma.

La expresión de Doreen cambió un poco.

—¡Todo era una broma, pero tú tienes que arruinar el momento con esos comentarios! —me reprochó—. ¡Es una falta de respeto poner en evidencia a tus mayores, Xavier!

Al rato, un pariente que no sabía nada del juego compartió la foto en el chat de la familia.

«¡Este año por fin están todos en la foto!».

Las respuestas llegaron enseguida. Los demás empezaron a comentar qué buena pareja hacían Tobias y Waverly. Varios incluso preguntaron si iban a casarse pronto. Doreen no dio ninguna explicación. Solo reaccionó al mensaje con un emoji de corazón rojo.

Me quedé mirando el chat de los Gardner. Había pasado siete años en él. No escribí ninguna despedida. Esta vez, solo toqué el botón «Salir del grupo».

Waverly lo notó enseguida. Su mensaje llegó al instante:

«Esta vez sí te está saliendo bien la actuación. A ver cuántos días más puedes seguir así, Xavier».

Waverly no había entendido nada. Yo no estaba actuando: estaba borrando, uno por uno, todos los rastros de mi presencia en la familia Gardner.

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