INICIAR SESIÓNComo una extraña más
—Como puede ser posible eso… ¿La memoria? ¿Qué es lo que ha olvidado…? ¡Especifique bien, doctor, porque no le estoy entendiendo nada, no le pagamos para esto!
—Lesternia, cálmate… —increpo Domino el padre Fernando —Doctor, creo que no nos hemos explicado, queremos que nos diga realmente como está el estado de mi hijo. Y sabe perfectamente lo que significa dudar con nosotros, ¿no es el mejor médico de la ciudad? —el médico pareció palidecer, fueron unas palabras contundentes y filosas. Carraspeo su garganta y el hombre soltó.
—Es muy precipitado hablar del estado hasta que no despierte.
—Pero despertará.
—Tenemos certeza de que hay mucha actividad craneoencefálica, despertara, pero no sabes en qué estado.
—¿Y eso le parece claridad? Está empezando a molestarme sus palabras dubitativas. —increpo, el señor dominó mirándole, el doctor tembloroso increpo.
—Espere, señor… yo solo digo.
—¡Doctor, el paciente ha despertado!
—¡Mi hijo! —increpo Lester corriendo hacia la habitación y con rapidez el doctor soltó.
—Por favor les pido que mantenga la calma y no avasallé al paciente de información innecesaria, que se siente en calma y seguridad. Y lo más importante que solo entre personas de su entorno más cercano, su esposa y sus padres como mínimo. —La señora Lester me miro un segundo a mí, y a mi madre, dio un paso hasta mí e indico incisiva.
—¿Te ibas a divorciar verdad? —su pregunta me confundió y nerviosa solté.
—Estaba pensando en divorciarme, pero ahora… estoy muy preocupada por Fernando, no creo que eso sea un tema importante ahora.
—Pues yo quiero que te calles y no digas nada a Fernando, Griselda está aquí para ayudarlo. —Mire a la chica que me lanzaba de vez en cuando miradas.
—A qué se refiere, señora… porque mi hija se tiene que quedar callada, es la esposa del señor Fernando. —increpo mi madre enojada mirando a la señora Lester, que era más alta con aquellos tacones de aguja.
—Sí, pero ella quiere el divorcio… y si no tiene tantas ganas de estar con mi hijo. Griselda es mejor mujer para mi hijo, es la mujer que él necesita, así que puede irse ahora si tanto quiere.
—Sé que pedí el divorcio… y tengo mis razones, pero al menos déjeme verlo y saber que está bien.
—¡Es el derecho aun de mi hija! —soltó mi madre enojada.
—Y luego desaparece... al fin y al cavo estoy segura de que ni me recuerda. —Tomo la mano de Griselda y camino con ella hacia la habitación. Cuando se fueron todos y me quede atrás, mi madre poso una mano en mi hombro.
—No te dejes Gipsy, entrarás ahí con la cabeza alta, hija… podemos ser pobres, pero honradas.
—Ella tiene razón, él no me recordará. Ni siquiera nos veíamos… apenas nos cruzábamos en la mansión, no sé ni porque estoy aquí. Griselda puede pasar por su esposa, él ni lo dudará, no quiero entrar… —dije temblando como una hoja sin poder moverme.
—Pues me importa un bledo, entraras ahí y punto. —Tomo mi mano y me jalo con ella a la habitación. Todos rodeaban la camilla mientras el doctor parecía examinarlo.
—Por favor dejen espacio y déjenlo respirar —me asomé un poco y estaba sentado ahí en la cama con la mirada perdida en silencio. Su cabello negro siempre se veía bien, hoy lucia más descomplicado con una mirada cansada, tenía un cabestrillo en la pierna y el brazo enyesado, y esa mirada que helaba cualquier habitación, hoy solo eran dos ojos azul cielo tranquilos y sosegados, no perdían su luz aún tenía esa elegancia.
—Cariño…. Soy yo, tu madre… ¿Cómo estás? —cuando giro su mirada pareció guardar silencio, la observo y sin más aparto la vista.
—Yo soy Griselda… me recuerdas Fernando, soy el amor de tu vida. —mi madre rechisto y con rapidez la detuve sosteniendo su mano, me miro y negué en silencio. El doctor se acercó a Fernando al ver que no decía nada y soltó.
—Fernando, sé que estás un poco aturdido ahora, los medicamentos para el dolor te tendrán adormilado, lo importante es que mantengas la calma, si hay algo que llame tu atención o te produzca poca importancia, puedes decirlo, ¿sabes como te llamas? —asintió en silencio y por fin hablo.
—Fernando Romero…
—¡Hay dios mío, es un milagro! —soltó la señora Lester.
—¿Y a esta mujer la recuerdas? —miro a Lester y sostuvo su cabeza con dolor.
—¿Qué me pasa? Por qué no recuerdo nada, yo…
—Relájate, Fernando... acabas de despertarte de un fuerte accidente. Tómatelo con calma —mire con pena la situación y sin darme cuenta algunas lágrimas brotaron y con rapidez las seque. Cuando volví a mirarle, sus ojos recayeron en mí, sin apartarlos una expresión de confusión.
—¿Quién es ella?
—N-nadie sin mucha importancia, hijo. —cerré mi boca agachando la mirada
—¿Entonces porque está llorando? Supongo que me conoce si está aquí.
—Soy solo…. Una compañera, señor —dije con rapidez al sentir la presión de las miradas de todos. —Fernando aparto la mirada de mí y sobando sus sienes se quejó.
—¿Hijo estás bien?
—No, fuera todo el mundo.
—Pero… hijo...
—Dije… ¡Fuera!
—Lo mejor será que lo dejemos descansar por hoy, mañana será mejor que venga poca gente.
—Eso me parece muy buena idea, mañana solo vendrá Griselda y yo, ¿te parece bien hijo? —levanto la mirada y volviéndome a mirar, soltó con dureza.
—Que venga ella también. —Todos me miraron, y Lester me lanzo una mirada iracunda. Tragándose sus insultos indico.
—Como tú quieras hijo —en silencio salimos todos, y antes de que se cerrara la puerta, Lester me aparto con brutalidad.
—¡Ay! Me lastima, señora Lester.
—Mira, te lo voy a dejar muy claro, tú y tu horrorosa madre los quiero callados como una tumba, ve esta oportunidad para por fin divorciarte de mi hijo. ¿No era eso lo que querías? —asentí en silencio y solté.
—Mañana me presentaré en el hospital como me lo pidió Fernando.
—¡Pero que no me estás oyendo analfabeta estúpida!
—Si es lo que él necesita para que mejore lo ayudaré, nada cambiara que yo este, si antes ni siquiera me miraba, porque sin memoria lo haría. No se preocupe, cuando no me necesite me iré y terminaré el proceso de divorcio. Ni se enterará y tampoco pienso decirle nada y avergonzarme por segunda vez, tengo mi límite. —Me miro de arriba para bajo y con un fuerte resoplido indico.
—Créeme… te hacemos un favor con esto, esta familia es demasiado para ti. —Reacomodo su bolso y camino hacia la salida.
Habían pasado dos meses desde el altercado con Bones en el instituto. El edificio había ardido hasta los cimientos, mientras que yo… había caído en un sueño profundo. Cuando desperté, estaba vendada por las quemaduras y los cortes de los cristales que se clavaron en mi piel, y con una pierna llena de hierros.Y, aunque parecía que nada había cambiado, yo… yo ya no me sentía como la Genoveva de antes. Sentía que ya no recordaba ni cómo era antes. Pero lo que sí tenía claro era que algo en mí había muerto. Fue la primera vez que un deseo de matar se despertó en mí, y si la palabra “matar” ya no me asustaba, entonces… me había vuelto mala y despiadada. No pensaba escarbar en ello, pero un peso se había aliviado en mi alma.—Señorita Genoveva, ¿le gustaría que también preparáramos el salón?Dejé el arreglo floral que acomodaba y me giré hacia la chica con seriedad.—No, nos centraremos en el jardín. Quiero que el cumpleaños de Fernando se celebre ahí.—Como usted quiera, señorita Genoveva
Quemando el pasado finalBones me llevó a cada uno de los lugares que una vez se marcaron en mi mente como un rodillo caliente. Si no eran los amigos de Marco burlándose de mí, eran algunas chicas que metían mi cabeza en el váter o me empujaban por las escaleras hasta abrirme una brecha en la cabeza. Bones replicó todas y cada una de aquellas fechorías sin ningún tipo de remordimiento.Ya en el suelo, al pie de las escaleras, le miré con la respiración agitada.—¿Qué pasa…? ¿Ahora has recordado lo que vivimos aquí?Alcé mi mirada hasta él, levantándome del suelo. Solté un suspiro, sacudiendo mis piernas lastimadas, y respondí con indiferencia:—¿Qué quieres conseguir con esto, Bones? ¿Cuál es el objetivo? Si quieres que lo pase mal como en aquella época, lo harás… pero esto no cambiará nada de mí.Me tomó del cabello, arrastrándome con fuerza.—La gente no cambia tan rápido… ¿estás segura de que quieres seguir fingiendo esos aires presuntuosos?Esbocé una sonrisa en silencio, que se
Quemando el pasado parte 2 finalLa lluvia mojaba mi cara mientras los hombres de Bones me empujaban a una nueva ubicación. No era ningún lugar que conociera, pero estaba seguro de que era donde harían el intercambio con Genoveva, por la conversación que había escuchado. Ni siquiera me podía imaginar en qué estaba pensando, pero, fuera lo que fuera, tenía que detener ese cometido. Palpé las bridas que ataban mis manos y me di cuenta de que, con un poco de tiempo, podría soltarlas con la suficiente fuerza.—Este lugar… me trae tantos recuerdos —soltó mientras le seguía. Miré detrás de mí y los dos que me escoltaban no parecían muy ágiles por cómo caminaban; si los sorprendía de repente, podría noquearlos.—Aquí conocí a Genoveva por primera vez, y, por supuesto, tengo que yacer con ella aquí… para que sea especial e inolvidable.Llamó mi atención e indiqué con burla, sin poder guardármelo:—¿Yacer?—Sí… ¿o te crees que tu primera vez con ella, manchando su pureza, será inolvidable? No
Quemando el pasado parte 1 finalParecía que todos se preparaban para una guerra entre llamadas y caos. Mientras tanto, yo lidiaba con mi propia guerra mental, una en la que yo siempre perdía, porque desde hace mucho tiempo realmente pensaba que estaba maldita. No había nada en mi vida que fuera realmente bonito; siempre una sombra lo apagaba.Entonces creo que entendí que mi verdadera guerra no era escapar de mi pasado como una sobreviviente asustada. Si quería resultados diferentes, necesitaba actuar diferente. Me acerqué a uno de los teléfonos y marqué a mi madre.—Buen día, fideos Zuzy Chang, ¿en qué le puedo ayudar?—Hola, mamá… soy yo, Genoveva.—¿Gypsy, cómo estás, cariño?—Perdón por no llamar, he estado viviendo… creo, mi nueva vida.—Claro que lo sé, y me siento muy tranquila al saber que estás con Fernando. Él te cuidará… le importas mucho, hija.—Perdóname, mamá, por ser una carga contigo mientras… mientras pasabas el luto de mi padre y su enfermedad. Ahora de alguna mane
El ultimo baile parte 2Respiré hondo y, sin pensármelo más, entré sin pedir permiso en la habitación de los Romero. Lesternia cabalgaba encima del señor Domino. Pegué un pequeño gritico, provocando que Lesternia me mirara. Sonrió con malicia, viéndome dubitativa entre entrar o hablar. Me giré con rapidez y entonces escuché.—No creo haber pagado por público —dijo el señor Domino.Lesternia se quitó de encima de él, soltando una risilla. Acercó su mano hasta la mesilla, encendiendo un mechero para prender un cigarrillo que luego le pasó a Domino. Soltó el humo por su boca y, arrastrando la sábana, se la sujetó por encima de los senos.—No esperes a que te demos permiso. Ya entraste, habla y lárgate.—P-perdón, es que necesitaba hablar con el señor Domino y me dijeron que…—Habla ya antes de que ponga una bala en tu cabeza.—Necesito saber a dónde se iban a encontrar Bones y Fernando. Lleva mucho tiempo afuera y estoy preocupada. —Guardó silencio, soltando el humo por su boca mientras
El último baile – Parte 1—Solo espérame. —Abrió la puerta y la ansiedad volvió, apoyándome en ella. Si iba con Bones, él no la dejaría ir… era ruin y manipulador; yo lo conocía tan bien. Apreté mis puños y murmuré:—Pero tengo miedo de enfrentarlo… de sentirme como en casa. —Cerré mis ojos, temblorosa, y al abrir la puerta me topé de frente con Lesternia.—Tú y yo tenemos que hablar.Asentí insegura, pero la seriedad de su expresión no parecía imponer miedo; parecía sinceridad.۞—Parece que he podido contactar con uno de ellos para formalizar una reunión con el verdadero Bones —asentí mirando hacia la ventana con nerviosismo.—¿Quieres que te diga la verdad, Koldo?—¿Dígame, señor?—Siempre he odiado la mafia en la que nací. De hecho, nunca he encajado realmente… pero soy el único hijo de Domino, por lo cual no había opción.—Pero estoy seguro de que, a día de hoy, ha tenido que acostumbrarse.—Nunca te acostumbras a esta vida, y menos si sigues temblando al sostener un arma, cosa







