INICIAR SESIÓNUn día en la vida de Gipsy
No podía dejar de pensar en la mirada perdida de Fernando, una parte de mí se quería alejarme por fin de este sueño iluso y la otra me advertía de que saldría humillada de nuevo. No quería ver su cara de sorpresa, si Fernando sin memoria se enteraba de que se había casado con una mujer como yo, mi corazón no soportaría de nuevo ese rechazo, mi pecho empezó a latir con ansiedad y de fondo escuche.
—¡¿Gipsy me estás escuchando?! —alce la mirada y madre me miro detrás de la barra.
—Lleva de una vez por todas esos malditos fideos a la mesa.
—¡P-perdón! —increpé con rapidez tomando los dos tazones de fideos.
—¿Dónde tienes la cabeza? ¿Es por la visita que harás hoy? —en silencio me dirigí a la mesa sin responder nada.
—Que disfruté su orden, perdón por la tardanza —cuando volví mi madre indico frente al fogón de la cocina friendo arroz.
—No creo conveniente ir, y menos después de haberle mentido a Fernando. ¿Y si se entera? No sé qué… que… tengo que decirle.
—La verdad, eso es lo que tienes que decirle. Te dejas humillar cuando eres la mujer de ese hombre duélale a quien le duela.
—Me duele a mí… y más me dolerá si veo su cara de decepción al enterarse de todo.
—Gipsy, no crees que es importante que ese hombre no se quiera divorciar, estoy intentando que entiendas que ese hombre paga las deudas de este lugar —aparte la mirada y desviando los ojos solté un suspiro.
—No puedo hacer que dure ese matrimonio mamá…
—Solo tienes que mantenerlo un tiempo hasta que paguemos todo, y luego te divorcias. —indico tomándome de los hombros.
—Es muy fácil decirlo, cuando no tienes que aguantar sus desprecios. —paso su mano por su cara y antes de que soltara algo más, recibí un mensaje de Agapito, mi amigo de la infancia. Esbocé una gran sonrisa y con rapidez solté.
—Tengo que salir a un lugar, antes de ir al hospital —tomé mis cosas con rapidez mientras leía el mensaje de mi celular.
—P-pero… tenemos que hablar Gipsy, ¡no llegues tarde al hospital!
—Hablamos después, no te preocupes por nada, yo cierro el negocio.
₰
Cuando bajé del auto bus, me senté en una banca alejada del lago del central Park. Mire las fotos antiguas de la secundaria de Agapito y yo, y una sonrisa se formó en mi boca, la única persona que nunca juzgo mi físico en la secundaria, un chico delgado desgarbado, con una melena en los hombros posaba a mi lado con una sonrisa incómoda. Jamás le gustaron las fotos, siempre me decía que no se gustaba sí mismo, que jamás se vería bien con esa cara. Después de la secundaria se fue de viaje a Tailandia y perdimos toda comunicación, su despedida me hirió, nunca entendí por qué alejarse de esa manera tan silenciosa, jamás lo hubiera juzgado si esa era su decisión, pero ni siquiera un adiós. Solté un suspiro fuerte guardando el mi celular, mire a mi alrededor, pero no veía a ningún chico de sus características. De repente alguien se me puso delante, alce la mirada y una hermosa mujer rubia alta en unos tacones de puntilla, y un vestido que dejaba mucho que desear, se apartó sus lentes y unos ojos azul lentilla me miraron.
—¡Hi! —saludo con una amplia sonrisa.
—Ah… disculpe, pensé que era alguien más —me levante de la banca y a punto de irme soltó.
—¿Gipsy, eres tú? —me gire para mirar de nuevo a la mujer, y alegre se lanzó a mis brazos, incómoda la mire sin entender quién diablos era.
—Perdón… pero quién es usted, creo que se ha confundido —dije con una sonrisa amable, pero nerviosa.
—Soy yo… Agapito… —mi boca se quedó levemente abierta, incrédula. Solté una carcajada apuntándole con mi dedo tembloroso en una sonrisa nerviosa.
—Esa estuvo buena, donde está George y Ester haciéndome una más de sus bromas estúpidas. Mejor dicho… ¿Dónde… está Agapito? —solté buscándolo detrás de aquella mujer.
—Deja de buscar, soy yo estúpida… bueno, mejor dicho…. Agatha no Agapito… —fruncí el ceño, para volverla a mirarla de pies a cabeza.
—¿Agapito…? N-no, puede ser tú… —soltó una carcajada sonora.
—Joder… tampoco quede tan mal para que te pongas así, tía… no es para tanto, bolita. —Cuando dijo aquel apodo, el aliento salió de mi boca y temblorosa, me giré caminando lejos de aquella mujer como un autómata.
—Gipsy… ¡Gipsy!
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—Oye, podrías dejar de correr, me duele las putas piernas con estos tacones.
—Pues te jodes, bien que puedes desaparecerte por años y aparecer de la nada como… como… ¡una mujer! ¡¿Qué diablos, Agapito?! Tan mala amiga fui… ¡dios, nada me sale bien! ¡Ahh! —pegue un grito cayendo al suelo como m****a de paloma. Corrió hasta mi y apunto de tocarme aparte su mano, las risas de los transeúntes que iban pasando mirando aquel bochornoso espectáculo.
—Vale, si… tienes razón, fui una estúpida. Me puse chocho, y dos grandes tetas, debí decirte ese pequeño detalle antes de quedar para vernos, pero sigo siendo yo… —me levanté, con dificultad limpiando mis pantalones llenos de polvo, y entonces solté dolida.
—¿Amiga...? ¿cuál amiga? Yo tenía un amigo, pero ahora ya no se ni quien diablos eres, y ya ni siquiera es porque hayas cambiado de sexo, sino porque me mentiste desde que estábamos juntos, y en vez de confiar en mí, te fuiste y desapareciste por años. Luego vuelves pensando que somos algo… ¡vete a la m****a! —aparte la mirada con rabia y seguí mi camino como si no la conociera de nada.
Habían pasado dos meses desde el altercado con Bones en el instituto. El edificio había ardido hasta los cimientos, mientras que yo… había caído en un sueño profundo. Cuando desperté, estaba vendada por las quemaduras y los cortes de los cristales que se clavaron en mi piel, y con una pierna llena de hierros.Y, aunque parecía que nada había cambiado, yo… yo ya no me sentía como la Genoveva de antes. Sentía que ya no recordaba ni cómo era antes. Pero lo que sí tenía claro era que algo en mí había muerto. Fue la primera vez que un deseo de matar se despertó en mí, y si la palabra “matar” ya no me asustaba, entonces… me había vuelto mala y despiadada. No pensaba escarbar en ello, pero un peso se había aliviado en mi alma.—Señorita Genoveva, ¿le gustaría que también preparáramos el salón?Dejé el arreglo floral que acomodaba y me giré hacia la chica con seriedad.—No, nos centraremos en el jardín. Quiero que el cumpleaños de Fernando se celebre ahí.—Como usted quiera, señorita Genoveva
Quemando el pasado finalBones me llevó a cada uno de los lugares que una vez se marcaron en mi mente como un rodillo caliente. Si no eran los amigos de Marco burlándose de mí, eran algunas chicas que metían mi cabeza en el váter o me empujaban por las escaleras hasta abrirme una brecha en la cabeza. Bones replicó todas y cada una de aquellas fechorías sin ningún tipo de remordimiento.Ya en el suelo, al pie de las escaleras, le miré con la respiración agitada.—¿Qué pasa…? ¿Ahora has recordado lo que vivimos aquí?Alcé mi mirada hasta él, levantándome del suelo. Solté un suspiro, sacudiendo mis piernas lastimadas, y respondí con indiferencia:—¿Qué quieres conseguir con esto, Bones? ¿Cuál es el objetivo? Si quieres que lo pase mal como en aquella época, lo harás… pero esto no cambiará nada de mí.Me tomó del cabello, arrastrándome con fuerza.—La gente no cambia tan rápido… ¿estás segura de que quieres seguir fingiendo esos aires presuntuosos?Esbocé una sonrisa en silencio, que se
Quemando el pasado parte 2 finalLa lluvia mojaba mi cara mientras los hombres de Bones me empujaban a una nueva ubicación. No era ningún lugar que conociera, pero estaba seguro de que era donde harían el intercambio con Genoveva, por la conversación que había escuchado. Ni siquiera me podía imaginar en qué estaba pensando, pero, fuera lo que fuera, tenía que detener ese cometido. Palpé las bridas que ataban mis manos y me di cuenta de que, con un poco de tiempo, podría soltarlas con la suficiente fuerza.—Este lugar… me trae tantos recuerdos —soltó mientras le seguía. Miré detrás de mí y los dos que me escoltaban no parecían muy ágiles por cómo caminaban; si los sorprendía de repente, podría noquearlos.—Aquí conocí a Genoveva por primera vez, y, por supuesto, tengo que yacer con ella aquí… para que sea especial e inolvidable.Llamó mi atención e indiqué con burla, sin poder guardármelo:—¿Yacer?—Sí… ¿o te crees que tu primera vez con ella, manchando su pureza, será inolvidable? No
Quemando el pasado parte 1 finalParecía que todos se preparaban para una guerra entre llamadas y caos. Mientras tanto, yo lidiaba con mi propia guerra mental, una en la que yo siempre perdía, porque desde hace mucho tiempo realmente pensaba que estaba maldita. No había nada en mi vida que fuera realmente bonito; siempre una sombra lo apagaba.Entonces creo que entendí que mi verdadera guerra no era escapar de mi pasado como una sobreviviente asustada. Si quería resultados diferentes, necesitaba actuar diferente. Me acerqué a uno de los teléfonos y marqué a mi madre.—Buen día, fideos Zuzy Chang, ¿en qué le puedo ayudar?—Hola, mamá… soy yo, Genoveva.—¿Gypsy, cómo estás, cariño?—Perdón por no llamar, he estado viviendo… creo, mi nueva vida.—Claro que lo sé, y me siento muy tranquila al saber que estás con Fernando. Él te cuidará… le importas mucho, hija.—Perdóname, mamá, por ser una carga contigo mientras… mientras pasabas el luto de mi padre y su enfermedad. Ahora de alguna mane
El ultimo baile parte 2Respiré hondo y, sin pensármelo más, entré sin pedir permiso en la habitación de los Romero. Lesternia cabalgaba encima del señor Domino. Pegué un pequeño gritico, provocando que Lesternia me mirara. Sonrió con malicia, viéndome dubitativa entre entrar o hablar. Me giré con rapidez y entonces escuché.—No creo haber pagado por público —dijo el señor Domino.Lesternia se quitó de encima de él, soltando una risilla. Acercó su mano hasta la mesilla, encendiendo un mechero para prender un cigarrillo que luego le pasó a Domino. Soltó el humo por su boca y, arrastrando la sábana, se la sujetó por encima de los senos.—No esperes a que te demos permiso. Ya entraste, habla y lárgate.—P-perdón, es que necesitaba hablar con el señor Domino y me dijeron que…—Habla ya antes de que ponga una bala en tu cabeza.—Necesito saber a dónde se iban a encontrar Bones y Fernando. Lleva mucho tiempo afuera y estoy preocupada. —Guardó silencio, soltando el humo por su boca mientras
El último baile – Parte 1—Solo espérame. —Abrió la puerta y la ansiedad volvió, apoyándome en ella. Si iba con Bones, él no la dejaría ir… era ruin y manipulador; yo lo conocía tan bien. Apreté mis puños y murmuré:—Pero tengo miedo de enfrentarlo… de sentirme como en casa. —Cerré mis ojos, temblorosa, y al abrir la puerta me topé de frente con Lesternia.—Tú y yo tenemos que hablar.Asentí insegura, pero la seriedad de su expresión no parecía imponer miedo; parecía sinceridad.۞—Parece que he podido contactar con uno de ellos para formalizar una reunión con el verdadero Bones —asentí mirando hacia la ventana con nerviosismo.—¿Quieres que te diga la verdad, Koldo?—¿Dígame, señor?—Siempre he odiado la mafia en la que nací. De hecho, nunca he encajado realmente… pero soy el único hijo de Domino, por lo cual no había opción.—Pero estoy seguro de que, a día de hoy, ha tenido que acostumbrarse.—Nunca te acostumbras a esta vida, y menos si sigues temblando al sostener un arma, cosa







