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Capítulo 85: La luz tras la tormenta

Autor: Rosa S.C
last update Fecha de publicación: 2026-08-29 02:13:31

El pitido monótono y constante del monitor cardíaco era el único sonido que rompía el silencio sepulcral de la habitación.

Olor a antiséptico, sábanas impolutas y el reflejo tenue de la luz del amanecer colándose por la persiana. Llevaba más de catorce horas sentada en ese sillón reclinable junto a la cama, sin despegar los ojos del rostro de Ben. Tenía el labio partido cosido con tres puntos finos, el pómulo amoratado y una vía intravenosa conectada al dorso de la mano. Bajo las mantas, un ven
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  • Solo y siempre tú    EXTRA: La medida de la luz y el tiempo

    El despacho olía a papel nuevo, a cuero de las sillas de la oficina y a esa mezcla tan característica de tinta y café frío que definía las jornadas maratonianas de los viernes por la tarde. Sobre la estantería de caoba, junto a mi recién estrenado título de abogada y la toga colgada con rigurosa pulcritud, descansaba una pequeña fotografía enmarcada: una instantánea tomada en la playa, bajo el sol de la costa, con la brisa del Mediterráneo revuelto sobre los hombros y los brazos de Ben rodeándome la cintura con esa firmeza protectora que ya se había convertido en la brújula definitiva de mi existencia.Mirar atrás y recordar nuestros orígenes obligaba inevitablemente a esbozar una sonrisa cargada de ironía. Nos habíamos conocido en medio del bullicio nocturno de la discoteca Malibú, donde él operaba como la autoridad invisible de la seguridad, pero el verdadero punto de inflexión había ocurrido semanas después, durante aquel fin de semana en la sierra. Recordaba con exactitud el insta

  • Solo y siempre tú    EXTRA: Bajo el sol de la costa (Perspectiva de Ben)

    El ruido de las olas rompiendo contra la escollera era el único sonido que competía con el zumbido suave del motor del coche y el tono bajo de la emisora. Habíamos dejado atrás la ciudad, las sirenas, el asfalto gris del Malibú y los fantasmas de un pasado que ya solo era papel mojado.Al tomar el desvío hacia la casa de mi padre, el paisaje cambió de golpe, transformándose en una explosión de buganvillas blancas, paredes de cal y el azul infinito del mar Mediterráneo brillando bajo el sol de la tarde.A mi lado, Lisa llevaba el codo apoyado en la ventanilla bajada, dejando que la brisa marina le revuelva el pelo mientras tarareaba la melodía con una sonrisa relajada. Ya no quedaba ni rastro de la tensión de aquella noche en el sótano, ni del terror en sus ojos. Su piel dorada por el sol y la paz de sus gestos eran la prueba más hermosa de que habíamos ganado la guerra.Aparqué en el camino de entrada. Apenas habíamos apagado el motor cuando la puerta principal se abrió de par en par.

  • Solo y siempre tú    Capítulo 87: Solo y siempre tú (Perspectiva de Ben)

    El reencuentro en el piso de las chicas esa noche de sábado fue la medicina exacta que mi alma necesitaba para terminar de sanar. Volver a escuchar las risas de África resonando en el salón, mezcladas con la ironía rápida de Noelia y la calidez inconfundible de Lisa, terminó de ahuyentar los últimos fantasmas que aún rondaban por mi cabeza. Verlas a las tres juntas, compartiendo una cena sencilla, bromeando sin mirar el reloj y respirando una paz verdadera, me confirmó lo que tanto me había costado creer durante días: la sombra del sótano, el olor a pólvora y el miedo constante se habían disipado para siempre.Apenas una semana después, el médico me dio el visto bueno definitivo tras retirarme los puntos del costado. Volver al Malibú no fue solo un regreso al trabajo; fue la recuperación completa del control sobre nuestras vidas. Atravesar la puerta del local, sentir el retumbo sordo de la música antes de la apertura y recibir los palmetazos de bienvenida del equipo de seguridad me de

  • Solo y siempre tú    Capítulo 86: Volver a empezar

    Los días posteriores al alta médica tuvieron un ritmo lento, pausado y profundamente sanador. Dejar atrás la atmósfera asfixiante del hospital fue como quitarnos de encima una losa invisible que nos aplastaba el pecho. El apartamento de Ben, que durante años había sido un espacio sobrio, oscuro y casi militar —un lugar diseñado por un hombre que solo buscaba dónde esconderse de sus propios fantasmas—, comenzó a transformarse a una velocidad sorprendente, llenándose de una luz y una calidez completamente distintas.Habíamos dedicado las primeras cuarenta y ocho horas a reorganizar la dinámica de nuestras vidas con la calma que nos exigía el cuerpo y la mente. Noelia, África y yo tuvimos una conversación larga y emotiva en el salón de nuestro piso. Ver a África de nuevo en su casa, sentada en el sofá de siempre con una taza de té caliente entre las manos y rodeada de cojines, nos devolvió la vida entera a las tres. Las marcas rojas en sus muñecas comenzaban a atenuarse y, aunque el golp

  • Solo y siempre tú    Capítulo 85: La luz tras la tormenta

    El pitido monótono y constante del monitor cardíaco era el único sonido que rompía el silencio sepulcral de la habitación.Olor a antiséptico, sábanas impolutas y el reflejo tenue de la luz del amanecer colándose por la persiana. Llevaba más de catorce horas sentada en ese sillón reclinable junto a la cama, sin despegar los ojos del rostro de Ben. Tenía el labio partido cosido con tres puntos finos, el pómulo amoratado y una vía intravenosa conectada al dorso de la mano. Bajo las mantas, un vendaje grueso le rodeaba todo el torso, protegiendo la herida donde la bala de Carla le había rozado el costado.A mi lado, abrazadas en el pequeño sofá de invitados, África y Noelia dormían profundamente bajo una misma manta. Noelia había llegado al hospital temblando y hecha un mar de lágrimas en cuanto Rodrigo la avisó de la redada. No se había separado de nosotros ni un solo segundo, cuidando de África, trayéndome agua y sosteniéndonos a las dos como la hermana incondicional que siempre ha sid

  • Solo y siempre tú    Capítulo 84: Sin salida (Perspectiva de Ben)

    Me puse en pie muy despacio, sintiendo cómo cada músculo de las piernas me temblaba por el esfuerzo acumulado y la adrenalina a punto de agotarse. Sostuve a África fuertemente por los hombros, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía con un temblor incontrolable mientras Lisa la rodeaba por la cintura con un brazo. Mi respiración seguía siendo pesada, irregular, rasgándome la garganta con cada bocanada de aire rancio. Sentía la calidez viscosa y espesa de mi propia sangre bajándome desde el corte de la sien, deslizándose por el pómulo hasta gotear sobre la clavícula.—Pasa por delante —le susurré a Lisa con una voz que intentó sonar firme, aunque salía desgarrada desde lo más profundo del pecho—. No os separéis. Mirad hacia la salida y no volváis la cabeza bajo ningún concepto. Vámonos de aquí ya.África apenas podía mantenerse en pie. Las cuerdas le habían dejado las muñecas al vivo, rojas y marcadas, y sollozaba sin control apoyando prácticamente todo su peso contr

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