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Soy la madre del hijo del multimillonario
Soy la madre del hijo del multimillonario
Author: Orion

Capitulo 1

Author: Orion
last update publish date: 2026-09-21 16:04:19

En aquella habitación decorada en tonos dorados y gris oscuro, cinco mujeres permanecían de pie, todas con maquillaje cargado y vestidos con escotes pronunciados, alineadas ordenadamente como objetos de exhibición.

Camilla estaba en uno de los extremos de la fila. Su corazón latía con fuerza, acelerado al ritmo del agudo llanto del bebé que resonaba desde la cuna situada en el centro de la habitación.

"Escuchen todas", la voz cortante de una mujer con el cabello recogido en un moño alto rompió la tensión. Maria, la jefa de servicio de la residencia Valdés, observó a las mujeres frente a ella con una fría mirada evaluadora. "Están aquí para hacer un solo trabajo: convertirse en la nodriza del bebé Gael Valdés, y el señor Valdés no tolera los fracasos."

Los pasos de Maria resonaron mientras se acercaba a la cuna. "La primera prueba es sencilla. La que logre calmar al bebé Gael y consiga que quiera mamar será quien obtenga este contrato. Empiecen por la de la izquierda."

"Puedo hacerlo." La primera mujer, con un vestido rojo brillante, avanzó con una sonrisa confiada.

Sin embargo, en lugar de concentrarse en el bebé Gael, que no dejaba de llorar, sus ojos se desviaron furtivamente hacia el sofá ubicado en una esquina de la habitación.

Allí, Alejandro Valdés estaba sentado con las piernas cruzadas. El hombre llevaba una camisa negra con las mangas arremangadas hasta los codos, dejando al descubierto sus brazos firmes y un lujoso reloj.

La primera mujer se acercó a la cuna y luego se bajó un poco la parte superior del vestido, dejando al descubierto el escote. "Oh, pobrecito... Ven con tu tía", dijo con una voz afectada mientras se inclinaba deliberadamente más hacia donde Alejandro podía verla. El llanto de Gael se volvió aún más agudo, rechazando el contacto de aquella mujer.

"Suficiente." Alejandro ni siquiera apartó la mirada de la tableta que sostenía. "¿Viniste aquí para amamantar a mi bebé o para venderte?"

"S-señor Valdés, yo solo..."

"Seguridad, sáquenla de aquí", ordenó Alejandro con frialdad.

Dos guardias vestidos de negro entraron de inmediato y arrastraron a la mujer fuera de la habitación.

"No, señor. Por favor, déme una oportunidad", gritó ella.

La segunda y la tercera mujer intentaron probar suerte. Sin embargo, en lugar de concentrarse en calmar a Gael, ambas mantuvieron el mismo objetivo: mostrar el escote con la excusa de estar listas para amamantar, intentando llamar la atención del multimillonario más influyente de Milán.

"Échenlas a todas", interrumpió Alejandro cuando la cuarta mujer apenas acababa de sujetar el borde de la cuna. "Esta habitación está llena de mujeres vulgares y sin vergüenza."

"Señor Valdés, por favor, perdónelas", dijo Maria mientras inclinaba respetuosamente la cabeza. Luego volvió la mirada hacia Camilla, que ahora se encontraba sola en la habitación.

Camilla tragó saliva con dificultad. Tenía la garganta extremadamente seca. Quería salir corriendo, pero la imagen de su hermana menor, tendida débilmente en una cama de hospital, apareció en su mente. Los gastos del tratamiento no podían esperar. Además, sentía el pecho muy dolorido y oprimido, como consecuencia de la leche materna que seguía produciendo en abundancia desde hacía dos semanas, desde que el médico le había informado que el bebé que acababa de dar a luz había muerto.

"Solo queda esta mujer, señor", anunció Maria. Sus ojos recorrieron a Camilla de pies a cabeza con una mirada despectiva.

El vestido de Camilla parecía barato, y sus ojos hinchados estaban muy lejos de cumplir con los estándares de la residencia Valdés.

Alejandro finalmente levantó la mirada. Sus ojos afilados como los de un águila se clavaron directamente en Camilla, dejándola inmóvil. "Tú", dijo con frialdad. "¿Qué estás esperando? Haz tu trabajo o lárgate de aquí."

Maria se acercó a Camilla y llegó a interponerse en su camino con una expresión sarcástica. "Recuerda cuál es tu posición. Ni se te ocurra recurrir a trucos sucios como esas mujeres para acercarte al señor Valdés. Estás aquí únicamente para ser la nodriza, ¿entendido?"

Camilla contuvo el aliento. La humillación le dolió en lo más profundo, pero irguió el pecho y sostuvo con firmeza la mirada de la señora Higgins.

"Vine aquí de manera profesional", respondió Camilla, aunque su voz tembló ligeramente.

Sin esperar la respuesta de Maria, Camilla se acercó a la cuna. El llanto de Gael sonaba desgarrador. Como madre, sintió que el corazón le palpitaba de dolor. Una extraña y poderosa sensación se apoderó de su pecho, como si el llanto del bebé estuviera llamando directamente a su alma y a su cuerpo.

"Shhh... Tranquilo, cariño", susurró Camilla con dulzura mientras se colocaba junto a la cuna.

Maria cruzó los brazos y esperó con una sonrisa burlona, completamente segura de que Camilla fracasaría igual que las demás.

Desde el otro extremo de la habitación, Alejandro observaba con los ojos entrecerrados, listo para hacerles una señal a sus guardaespaldas.

Sin embargo, cuando los dedos de Camilla rozaron la diminuta mejilla de Gael, el llanto del bebé se detuvo de repente. El agudo llanto que había resonado durante horas se transformó en pequeños sollozos.

Los pequeños ojos llorosos de Gael se abrieron y miraron directamente a Camilla. Sus diminutos dedos se movieron como si intentaran alcanzarla.

"Qué niño tan listo... Tienes hambre, ¿verdad?", volvió a susurrar Camilla. Las lágrimas estuvieron a punto de derramarse mientras contenía una emoción inevitable.

Sin prestar atención a las miradas de los presentes, Camilla se sentó en la silla junto a la cuna. Con delicadeza y sumo cuidado, le dio la espalda a Alejandro, cubrió su pecho con un pañuelo ligero y luego acercó a Gael a su pecho.

En cuanto los pequeños labios del bebé tocaron su fuente de alimento, Gael comenzó a mamar con gran avidez. No hubo rechazo ni llanto.

Maria retrocedió con el rostro pálido y los ojos muy abiertos, incapaz de creerlo. "¿C-cómo es posible? Muchos bebés han rechazado a las nodrizas que han venido antes."

Alejandro se acercó por detrás a la silla donde estaba Camilla. Su alta y corpulenta figura envolvió a Camilla mientras ella sostenía al bebé en brazos.

Camilla contuvo el aliento cuando el aroma masculino de Alejandro llegó hasta ella desde tan cerca.

"¿Cómo te llamas?", preguntó Alejandro. Su voz sonó muy cerca, sobre la cabeza de Camilla. Ya no era tan fría como antes, sino que estaba cargada de sorpresa.

Camilla levantó ligeramente la cabeza y miró los profundos ojos grises de Alejandro. "Camilla, señor. Mi nombre es Camilla."

Alejandro miró a su bebé, que ahora dormía profundamente entre los brazos de Camilla, y luego dirigió la mirada hacia el rostro inocente de Camilla, sin maquillaje.

"Empieza a trabajar hoy", dijo Alejandro con firmeza.

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