LOGINLa habitación del bebé Gael se parecía más a una lujosa suite de un hotel de cinco estrellas que a una simple habitación infantil. El cuarto, cubierto por una gruesa alfombra en tonos crema y azul suave, estaba equipado con muebles hechos a mano, una iluminación cálida y toda clase de juguetes exclusivos.
Sin embargo, a los ojos de Camilla, todo aquel lujo se sentía vacío en comparación con la diminuta calidez que sostenía entre sus brazos en ese momento. Camilla mecía a Gael en una cómoda mecedora. El bebé tenía su pequeña cabeza apoyada sobre el pecho de Camilla, respirando de manera regular y tranquila. Sus diminutos dedos se movían de vez en cuando mientras dormía profundamente. Una extraña sensación se agitó en el pecho de Camilla, un vínculo tan fuerte que parecía que su alma conocía a aquel bebé desde hacía mucho tiempo. Las lágrimas estuvieron a punto de caer de los ojos de Camilla mientras acariciaba la suave mejilla de Gael. No quería separarse de aquel bebé, ni siquiera para simplemente acostarlo en su cuna. De repente, el brusco sonido del picaporte al ser girado rompió el silencio. La puerta de la habitación se abrió de par en par, dejando al descubierto a una hermosa mujer con un vestido de diseñador de renombre, sosteniendo varias bolsas de compras de lujo de marcas exclusivas. Era Victoria, la esposa de Alejandro. Acababa de regresar de sus compras cuando escuchó de los sirvientes que Gael finalmente tenía una nodriza. Los pasos de Victoria se detuvieron de inmediato en el umbral. Sus ojos se abrieron de par en par al reconocer a la mujer que sostenía a Gael en brazos. "¿Camilla? ¿Cómo puede estar esta mujer aquí?", murmuró Victoria, estupefacta. Conocía perfectamente aquel rostro, la madre biológica de Gael a quien había engañado en el pasado y cuyo bebé había robado con la ayuda de la madrastra de Camilla. Sin embargo, Victoria era una mujer experta en fingir. En cuestión de segundos, recuperó el control sobre su sorpresa y adornó su hermoso rostro con una expresión fría y arrogante. Entregó sus bolsas de compras a los sirvientes que estaban afuera y luego entró en la habitación. Victoria se acercó, recorriendo a Camilla de pies a cabeza con una mirada cargada de desprecio y odio. "Así que tú eres la nueva nodriza", preguntó Victoria con tono sarcástico. Camilla se puso de pie lentamente por reflejo para no despertar a Gael y luego inclinó la cabeza con respeto. "Así es, señora. Mi nombre es Camilla." Victoria rodeó a Camilla, observándola como un depredador que examina a su presa. "Escúchame bien, Camilla. Te pagan para darle tu leche a este bebé. No pienses nunca en nada más. No sueñes con actuar como si fueras parte de la familia Valdés y, sobre todo... no te atrevas jamás a acercarte a mi esposo, Alejandro." Camilla bajó la mirada hacia el suelo y respondió con calma. "Sé perfectamente cuál es mi lugar, señora Valdés. Estoy aquí únicamente de manera profesional, para trabajar y ganar dinero para pagar el tratamiento médico de mi hermana. No tengo ninguna otra intención." Victoria soltó un resoplido despectivo. Sin embargo, cuando su mirada se desvió hacia Gael, que dormía tan tranquilamente en los brazos de Camilla, su corazón ardió de irritación. Hasta entonces, Gael siempre había llorado desconsoladamente y se había negado a estar cerca de ella, pero en los brazos de aquella mujer pobre, el bebé parecía completamente tranquilo. "Entrégame a mi hijo", ordenó Victoria de repente mientras extendía ambos brazos. Camilla contuvo el aliento y vaciló. "Lo siento, señora... pero Gael acaba de quedarse profundamente dormido después de mamar. Si lo mueve ahora, podría despertarse y volver a ponerse inquieto..." "¡¿Cómo te atreves a contradecirme?!", interrumpió Victoria alzando la voz, con los ojos brillando de furia. "¡Soy su madre! ¡Tú solo eres una sirvienta a la que le pagan! ¡No tienes derecho a decirme cómo debo sostener a mi propio hijo!" Sin esperar la respuesta de Camilla, Victoria arrebató a Gael de sus brazos por la fuerza. Aquel movimiento brusco y repentino hizo que Gael se despertara de inmediato. El pequeño bebé se sobresaltó, abrió los ojos de par en par y, en cuestión de segundos, un llanto agudo y ensordecedor llenó toda la habitación. Gael se retorció inquieto, forcejeando entre los rígidos e incómodos brazos de Victoria. "¡Shhh! ¡Cállate! ¡Cállate, Gael! ¡Soy mamá!", gritó Victoria, presa del pánico y la irritación. Sacudió el cuerpo de su bebé con cierta brusquedad, intentando volver a hacerlo dormir, pero el llanto de Gael se hizo cada vez más intenso hasta que su rostro se puso completamente rojo. Al ver al bebé sufrir de aquella manera, el instinto maternal de Camilla se agitó con fuerza. No podía soportar ver a Gael llorar así. "Señora, por favor... déjeme calmarlo de nuevo", suplicó Camilla, juntando las manos. "Gael se asustó, necesita estar en una posición cómoda..." "¡Cállate! ¡Yo puedo hacer dormir a mi propio hijo!", gritó Victoria, frustrada. Sin embargo, todos sus esfuerzos fueron en vano. Gael continuó llorando agudamente, como si tuviera miedo de estar cerca de Victoria. Al mismo tiempo, Maria entró en la habitación al escuchar el alboroto. Se detuvo al ver a Camilla de pie muy cerca de la señora Valdés, extendiendo las manos hacia ella. Los ojos de Maria se abrieron de furia. Desde el principio, ya había sentido odio y desconfianza hacia Camilla. "¡Desvergonzada! ¡¿Qué le estás haciendo a la señora, sirvienta?!", gritó Maria, furiosa. Sin preguntar ni escuchar ninguna explicación, Maria corrió hacia ella y empujó con todas sus fuerzas el hombro de Camilla. Camilla, que no estaba preparada, perdió el equilibrio. Su cuerpo salió despedido hacia atrás hasta caer con fuerza sobre el suelo, y sus rodillas y palmas golpearon el piso con un sonido bastante fuerte. "¡Ay!", gimió Camilla, conteniendo el dolor. "¡Mujer insolente!", la reprendió Maria mientras permanecía de pie frente a Camilla, que estaba arrodillada en el suelo. "¡Llevas apenas unas horas trabajando aquí y ya te atreves a comportarte de manera insolente e irrespetuosa con la señora Valdés! ¡¿Intentas imponerle tu voluntad a tu empleadora?!" "N-no es así, Maria..." Camilla levantó la mirada, intentando defenderse con voz temblorosa. "Solo quería ayudar a calmar a Gael porque estaba llorando..." "¡Cállate! ¡No pongas excusas baratas!", espetó Maria. Una fuerte bofetada aterrizó directamente sobre la mejilla de Camilla, haciendo que su rostro girara hacia un lado y dejando una ardiente sensación de dolor y una marca rojiza sobre su piel. Las lágrimas que había estado conteniendo hasta entonces finalmente resbalaron por sus mejillas. "¡Esto te servirá de lección para que aprendas los modales de esta casa!", exclamó Maria con odio. "¡¿Qué está pasando aquí?!", un grave gruñido resonó de repente desde la puerta. Todos los presentes en la habitación se quedaron inmóviles al instante. Alejandro Valdés estaba de pie en el umbral con su imponente figura erguida. Sus ojos brillaban de furia al contemplar la escena frente a él: su bebé llorando desconsoladamente en brazos de Victoria, Maria con la mano levantada y Camilla sentada en el suelo mientras se sostenía la mejilla enrojecida. "Alejandro", llamó Victoria con voz lastimera.Antes de que Camilla pudiera siquiera dar un paso hacia la puerta abierta del automóvil, Julian se movió rápidamente y le sujetó la muñeca. El agarre del hombre no era demasiado fuerte, pero fue tan repentino que hizo que Camilla se detuviera de inmediato.—¡Julian! ¡Suéltame! —espetó Camilla con dureza mientras sacudía la mano con brusquedad.El rostro de Julian estaba lleno de incredulidad. Sus ojos permanecían fijos en el sedán de placa especial perteneciente a la familia que gobernaba aquella ciudad. —¡Camilla, espera! ¿Qué quiso decir ese chofer? ¿Desde cuándo tienes relación con Alejandro Valdés? ¿Por qué la familia Valdés enviaría un automóvil privado para recogerte y te trataría de esta manera?La curiosidad y unos extraños celos eran evidentes en el tono de Julian. Para él, un hombre del calibre de Alejandro Valdés estaba en un cielo inalcanzable. ¿Cómo era posible que una mujer pobre a la que había abandonado sin pensarlo dos veces pudiera encontrarse ahora en el círculo del
Con los últimos restos de lágrimas que se secó bruscamente de las mejillas, Camilla caminó con paso tambaleante hacia el cajero automático ubicado en una esquina del vestíbulo del hospital.Con las manos temblorosas, depositó en la cuenta de Linda el dinero en efectivo que Victoria le había dado antes. La sensación de estar atrapada y bajo una presión insoportable le oprimía el pecho, pero salvar la casa que le había dejado su difunta madre era un precio que estaba dispuesta a pagar a cualquier costo.Después de completar la transferencia, Camilla regresó frente a la habitación VIP 701. Permaneció inmóvil detrás de la pared de cristal transparente, observando a Elena, que todavía dormía profundamente bajo la vigilancia de los monitores médicos.Camilla apoyó la palma de la mano contra el cristal y luego esbozó una sonrisa amarga con los ojos llenos de lágrimas.—Elena, perdóname... Tu hermana tiene que regresar ahora —susurró Camilla con voz tenue—. No puedo quedarme aquí mucho tiempo
El sedán de lujo de la residencia Valdés se detuvo frente al vestíbulo principal del Ospedale San Raffaele. En cuanto el conductor abrió la puerta del automóvil, Camilla bajó apresuradamente.Su abrigo ondeaba suavemente al ritmo de sus pasos, mientras casi corría por el pasillo del hospital.Guiada por una amable enfermera, Camilla llegó frente a la puerta de una habitación que llevaba el número Sala VIP 701. Aquella no era una habitación común, sino una suite de cuidados intensivos de primera clase, equipada con la tecnología médica más avanzada, a la que solo podían acceder unas pocas familias de los grandes conglomerados de Milán, todo gracias al prestigioso nombre de Alejandro Valdés.Camilla empujó lentamente la puerta insonorizada. El aroma de los medicamentos y el sonido rítmico del monitor electrocardiográfico llegaron de inmediato a sus oídos.En medio de aquella habitación espaciosa y confortable, sobre una cama médica cubierta con sábanas blancas e impecables, yacía una ad
En cuanto los padres de Victoria se despidieron y regresaron a casa, Camilla finalmente pudo soltar el largo suspiro que había estado conteniendo en la garganta. La tensión que había congelado sus articulaciones comenzó a disiparse poco a poco.Camilla se apresuró a regresar a la habitación del bebé. Con mucho cuidado, acostó a Gael en su cuna, cuyo colchón estaba cubierto con una suave sábana de seda.Cubrió el pequeño cuerpo del bebé con una cálida manta tejida, y luego sus dedos acariciaron suavemente las regordetas mejillas de Gael, quien ya dormía profundamente. Una sonrisa serena se dibujaba en sus pequeños labios, señal de que se sentía seguro y satisfecho después de haber sido amamantado.—Duerme profundamente, mi pequeño ángel —susurró Camilla con dulzura, besando la coronilla de Gael con todo su amor.De pie junto a la silenciosa cuna, la mente de Camilla se desvió de inmediato hacia otro lugar, hacia Elena. Aunque el estado de su hermana menor estaba mejorando, como hermana
La sala familiar de la residencia Valdés, aquella tarde.Sentados sobre un lujoso sofá de terciopelo color marfil había un matrimonio de mediana edad, elegantemente vestidos y adornados con joyas resplandecientes. Eran Fernando y su esposa, Beatriz, los padres de Victoria y, al mismo tiempo, los propietarios de una prestigiosa red de distribución de vinos en Milán.Victoria estaba sentada entre sus padres, con una dulce sonrisa dibujada en los labios.Mientras tanto, a dos pasos a su derecha, Camilla permanecía de pie con la cabeza respetuosamente inclinada mientras sostenía en brazos a Gael, envuelto en una cálida manta tejida. El pequeño bebé descansaba en el hueco del cuello de Camilla, luciendo completamente tranquilo y cómodo.La mirada penetrante de Beatriz recorrió a Camilla de pies a cabeza. Sus ojos estaban llenos de desprecio, con esa actitud típica de los aristócratas que miraban por encima del hombro a la gente común.—Victoria, querida —susurró Beatriz con un tono pausado
Alejandro sintió que su sangre se agitaba de una manera extraña y un calor ardiente le quemaba la nuca después de contemplar aquella escena íntima en el sillón mecedor.Al darse cuenta de que el ambiente dentro de la habitación del bebé se volvía cada vez más incómodo y cargado de una tensión peligrosa, el hombre retrocedió unos pasos.—Descansa después de esto. No te esfuerces demasiado —dijo Alejandro con voz ronca, apartando la mirada de Camilla.—M-Muchas gracias, señor Valdés —respondió Camilla con voz contenida.Alejandro se dio la vuelta y caminó rápidamente hacia la puerta. Sin embargo, justo cuando su mano estaba a punto de empujar la hoja de la puerta, que permanecía ligeramente abierta, Victoria ya estaba de pie en el umbral.Los ojos de Victoria se entrecerraron por un instante al ver a su esposo salir de la habitación donde se encontraba la niñera. Un destello de ira y sospecha cruzó por su mente, pero, en un abrir y cerrar de ojos, su sonrisa cuidadosamente ensayada tran







