FAZER LOGINValeria permaneció inmóvil frente a la puerta de la habitación.
Aquel lugar era más grande que el apartamento donde había vivido con su madre. La estancia estaba dividida en dos ambientes: una amplia sala privada con una biblioteca y un dormitorio presidido por una enorme cama king. Al fondo, dos puertas idénticas conducían a vestidores independientes. Sebastián dejó la puerta abierta para que ella entrara primero. —Este será nuestro espacio mientras dure el contrato. Valeria recorrió el lugar con la mirada. —¿Nuestro? —Sí. Pero no te preocupes, cada uno tendrá su privacidad. Le señaló una de las puertas. —Ese vestidor será para ti. Ya encontrarás ropa para los próximos días. Si algo no es de tu gusto, lo cambiaremos. Ella lo miró sorprendida. —¿También decidiste comprarme ropa? —No podía dejar que la esposa de Sebastián Morelli apareciera en público sin estar preparada. Valeria suspiró. —Todavía me cuesta creer que hables de mí como si ese papel me perteneciera. —Porque desde hoy te pertenece. Hubo un silencio incómodo. Ella desvió la mirada hacia la cama. —Solo quiero dejar algo claro. Sebastián esperó. —Dormiremos aquí porque es parte del acuerdo, pero eso no cambia nada entre nosotros. Él asintió con serenidad. —Lo sé. Y también quiero que entiendas algo, Valeria. Nunca voy a cruzar un límite que tú no permitas. Ella sintió que la tensión disminuía un poco. —Gracias. Sebastián caminó hacia un sofá ubicado junto al ventanal. —Yo dormiré aquí por un tiempo. Será más cómodo para ambos hasta que nos acostumbremos a esta nueva vida. Valeria no esperaba ese gesto. Por primera vez desde que lo conocía, sintió que detrás de aquel hombre serio existía alguien capaz de pensar en la tranquilidad de los demás. —Descansa. Mañana será un día largo. Él salió de la habitación, dejándola sola. Valeria se acercó al balcón. La vista era espectacular, pero su corazón seguía en otro lugar. Sacó su teléfono y marcó el número del hospital. No obtuvo respuesta. Lo intentó una segunda vez. Nada. Cerró los ojos con fuerza. —Mamá... perdóname. A varios kilómetros de allí, las paredes blancas del hospital parecían más frías que nunca. La señora Elena abrió lentamente los ojos. Su respiración seguía siendo débil, pero al ver a la joven sentada junto a su cama sonrió con ternura. —Laura... La muchacha tomó su mano. —¿Cómo se siente hoy? —Un poquito mejor. Miró alrededor de la habitación. —¿Y Valeria? No ha venido. Laura sintió un nudo en la garganta. Había prometido guardar el secreto. —Consiguió un trabajo muy importante. Está arreglando unas cosas para poder estar más tranquila contigo. Los ojos de Elena se llenaron de lágrimas. —Mi niña... siempre pensando en mí. Laura le acarició la mano con cariño. Desde pequeñas habían sido inseparables. Había visto a Valeria luchar, trabajar y sacrificar sus sueños por cuidar a su madre. Por eso, cuando le confesó que aceptaría un matrimonio por contrato para salvarla, Laura entendió que no había sido una decisión fácil. —Ella vendrá muy pronto —dijo con una sonrisa. —Solo quiero verla feliz... aunque sea una vez más. Laura bajó la mirada para ocultar las lágrimas. Esperaba de todo corazón que ese extraño acuerdo no terminara rompiendo a su mejor amiga... En la mansión, Valeria seguía despierta cuando alguien llamó suavemente a la puerta. Era Clara. —Señora Valeria, el señor Sebastián pidió que le entregara esto. Le extendió una pequeña caja. Dentro había un teléfono nuevo y una nota escrita con una letra impecable. "Los gastos del hospital ya fueron cubiertos. Tu única preocupación, desde hoy, será cuidar de tu madre... y cumplir nuestra parte del acuerdo." Valeria sostuvo la nota entre sus manos. No sabía si agradecer aquel gesto... o temerle aún más al hombre que acababa de cambiar su destino...El sábado llegó más rápido de lo que Sebastián hubiera querido.Desde temprano, la mansión estuvo tranquila. Valeria había decidido pasar la mañana con su madre y, aunque no había mencionado nuevamente su salida de esa noche, sabía que Sebastián no había olvidado lo que le dijo.Él tampoco.Durante el desayuno, Sebastián revisaba su teléfono cuando escuchó los pasos de Valeria acercándose.Levantó la mirada.—Buenos días.—Buenos días.Valeria se sentó frente a él y tomó una taza de café.—¿Tienes planes hoy? —preguntó Sebastián.Ella lo miró por encima de la taza.—Sí.—¿Los mismos de anoche?—¿Te refieres a mi salida?—Sí.Valeria sonrió.—Tal vez.Sebastián dejó el teléfono sobre la mesa.—¿Con el mismo hombre?Ella sostuvo su mirada.—Quizá.—Entiendo.Valeria tuvo que contener una sonrisa.—¿Seguro?—¿Por qué no habría de estarlo?—No sé. Ayer parecías bastante interesado.—Solo preguntaba.—Claro.Sebastián volvió a tomar su teléfono.—Haz lo que quieras.Valeria bajó la mirada
Los días siguientes pasaron mucho más rápido de lo que Valeria esperaba.Después del evento, Sebastián tuvo que viajar fuera de la ciudad por una reunión de negocios que se había extendido más de lo previsto.La primera mañana, Valeria apenas prestó atención a su ausencia.Tenía sus propias cosas que hacer.El segundo día fue igual.El tercero comenzó a parecerle extraño no encontrarlo en la casa.No porque lo extrañara —o eso se repetía—, sino porque se había acostumbrado a saber que él estaba allí. A escuchar sus pasos por el pasillo, verlo salir temprano con su traje impecable o encontrarlo por las noches revisando documentos en el estudio.Ahora la casa parecía demasiado silenciosa.Sebastián, por su parte, estaba demasiado ocupado para pensar en ello.Reuniones, llamadas, cenas de negocios.Sin embargo, cada noche, cuando regresaba al hotel, había una pregunta que aparecía inevitablemente en su cabeza:¿Qué estará haciendo Valeria?No entendía por qué le importaba.No tenía motiv
La sala permanecía en silencio.Valeria seguía sentada en uno de los extremos del sofá, con un libro abierto entre las manos. Llevaba varios minutos en la misma página.No estaba leyendo.Cada vez que escuchaba a Sebastián mover algún papel, su atención se desviaba hacia él.Pero se obligaba a no mirarlo.Sebastián estaba sentado al otro lado de la sala, concentrado aparentemente en su computadora.Aparentemente.Porque llevaba varios minutos revisando el mismo documento.Sabía que Valeria estaba incómoda.Podía sentirlo incluso sin mirarla.Y aunque una parte de él quería acercarse y preguntarle qué le ocurría, otra le recordaba que debía dejar las cosas claras.Había sido él quien había dicho que no debían confundir el contrato con algo más.Ahora tenía que sostener esa decisión.Valeria pasó una página.No había leído una sola palabra.¿Por qué me afecta tanto que él esté actuando como si nada?Apretó ligeramente el libro entre sus manos.Lo peor era que Sebastián no estaba siendo
Sebastián salió del club junto a Valeria y caminó hacia el automóvil.—¿Estás bien? —preguntó mientras le abría la puerta.—Sí —respondió ella, sonriendo—. Aunque creo que tú estás más preocupado que yo.—Has bebido.—Solo un poco.Sebastián la observó unos segundos antes de cerrar la puerta.—Sube.Una vez dentro, el silencio los acompañó durante los primeros minutos.Valeria miraba por la ventana, pero de vez en cuando volvía los ojos hacia él.—¿Qué? —preguntó Sebastián.—Nada.—Me estás mirando.—¿Y?Él negó con la cabeza y continuó conduciendo.—Me gustó esta noche —dijo ella después de unos segundos.—Lo noté.—También me gustó bailar contigo.—Eso ya lo dijiste.Valeria sonrió.—Es que todavía no puedo creer que sabes bailar.Sebastián soltó una pequeña risa.—Ya sabes demasiado.Ella lo observó.—Creo que todavía no sé suficiente.Sebastián la miró brevemente antes de volver la atención a la carretera.—Quizá sea mejor así.Valeria se quedó pensativa.Cuando el automóvil se de
La tarde transcurrió con tranquilidad en la mansión.Elena descansaba en su habitación después del almuerzo, mientras Valeria permanecía en la sala revisando algunas cosas en su teléfono.Sebastián apareció unos minutos después.—¿Qué haces?Valeria levantó la mirada.—Nada importante.Él asintió y dejó unas carpetas sobre la mesa.Durante unos segundos ninguno dijo nada.Valeria lo observó.—¿Siempre eres así de callado?Sebastián la miró con expresión seria.—¿Así cómo?—Cuando estamos solos.—¿Y cómo quieres que sea?Ella sonrió ligeramente.—No sé. Un poco más amable.—No sabía que tenías exigencias.Valeria soltó una pequeña risa.—No es una exigencia.—Entonces no hay problema.Ella negó con la cabeza, divertida.—Eres imposible.Sebastián tomó nuevamente las carpetas.—Elena debería descansar. El médico fue claro.—Lo sé. Por eso no quiero molestarla.—Bien.Valeria lo miró unos segundos.—¿Tienes algo que hacer?—Sí.—¿Mucho trabajo?—Lo suficiente.Ella bajó la mirada.—Está
Después del desayuno, Elena decidió salir al jardín.—Quiero tomar un poco de aire —dijo mientras se levantaba—. Y ustedes deberían acompañarme.Valeria sonrió.—Claro, mamá.Sebastián dejó los documentos sobre la mesa y se puso de pie.—Vamos.Los tres caminaron hasta el jardín.Elena se adelantó unos pasos para observar las flores, dejando a Valeria y Sebastián detrás.—Tu mamá parece estar mucho mejor —comentó él.—Sí. Me tranquiliza verla así.Sebastián la observó de reojo.—A ti también te hacía falta descansar.—¿Eso fue una orden?—Una recomendación.Valeria sonrió.—Qué amable.—Intento serlo.Ella soltó una pequeña risa.Al llegar a unas escaleras, Valeria tropezó ligeramente con el borde de uno de los escalones.Sebastián reaccionó de inmediato y la sujetó por la cintura.—Cuidado.Valeria quedó completamente quieta.La mano de Sebastián permanecía sobre su cintura.Sus rostros estaban mucho más cerca de lo que ninguno había previsto.—Estoy bien —murmuró ella.Sebastián no







