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Capítulo 6: El Fantasma Entre Nosotros.

Autor: JJBenitez
last update Data de publicação: 2026-07-01 02:29:39

William se quedó inmóvil, viéndola perder el control.

—Estoy hablando completamente en serio —dijo con una calma helada.

Leonor se pasó las manos por el cabello con desesperación, caminando sin rumbo por el despacho, incapaz de contener la agitación.

—No. Esto no tiene sentido —insistió, con la voz a punto de romperse—. Vamos a tener un hijo, William. El heredero que tú y tu familia tanto querían. Para eso hicimos todo esto… por eso buscamos a esa mujer.

Esas palabras le tocaron una fibra extra
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  • Subrogada para el Millonario    Capítulo 25: Te Destruiré.

    Pero el peligro seguía acechando muy cerca. Varios metros por encima de ellos, en la penumbra del segundo piso, las cortinas de una de las habitaciones se abrieron apenas unos centímetros. Leonor estaba de pie junto a la ventana, oculta en la oscuridad. Desde ahí arriba, la vista del jardín era perfecta. Tenía los ojos fijos en la pareja, llenos de rabia, mirando cómo William abrazaba a Helena y cómo le acariciaba esa panza que ella tanto había anhelado. Aunque no podía escuchar lo que decían, los gestos se lo decían todo: se amaban, planeaban un futuro y ella ya no encajaba ahí.La furia le recorrió las venas como fuego. Apretó los dedos contra el marco de la ventana con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su respiración se volvió pesada y cortada. Sentía que la estaban borrando de su propia vida para cambiarla por una intrusa.—Disfruta mientras puedas —susurró Leonor para sí misma, con una voz llena de veneno—. Crees que te vas a quedar con mi casa, con mi esposo

  • Subrogada para el Millonario    Capítulo 24: Promesas de Amor.

    —Ella no lo ve así. Para ella, la culpa es mía. Piensa que yo seduje a William —dijo Helena.Clara la observó en silencio unos segundos. Se levantó de la silla con calma, dejó a un lado las cosas que llevaba y dio un par de pasos firmes hacia la cama.—Míreme, niña. La gente como la señora Leonor siempre busca culpables afuera porque no puede aceptar sus propios fracasos. Al señor William nadie lo obliga a nada; si está con usted, es porque quiere.Clara estiró la mano y, con un gesto amable, le acomodó la manta.—Tener miedo es normal, pero no deje que la paralice. Mientras yo esté en este cuarto, nadie va a tocarla a usted ni a los bebés. El señor William me paga para cuidarla y yo me tomo mi trabajo muy en serio. Además, ninguna mujer merece pasar un embarazo con temor. Descanse. Yo vigilo.Helena asintió, sintiendo que una pequeña parte de la angustia que la asfixiaba por fin cedía.—Gracias, Clara —susurró.Clara le sonrió levemente con la cabeza, tomó su ropa y entró al baño, de

  • Subrogada para el Millonario    Capítulo 23: Alguien en quien confiar.

    Habían pasado unos días desde aquel enfrentamiento entre William y Leonor.Desde entonces, Leonor había intentado acercarse a Helena en varias ocasiones, pero Clara, la enfermera, tenía instrucciones estrictas de William: nadie debía entrar en la habitación ni molestar a Helena.Aquella tarde, Clara fue a la cocina para preparar un vaso de agua con el que Helena debía tomar sus vitaminas, además de un vaso de leche caliente y unas galletas. Mientras acomodaba todo en una bandeja, Leonor se acercó a ella, intentando entablar conversación. Sin embargo, su verdadera intención era encontrar la manera de acercarse a Helena.—Clara, cuéntame, ¿cómo está Helena? —preguntó Leonor con una voz aparentemente dulce, mientras fingía buscar algo dentro de la nevera.—Está bien, señora. Está evolucionando perfectamente.—Me alegra. De verdad. La pobrecita ha sufrido mucho.Leonor cerró la nevera y volvió a mirarla.—Y cuéntame, ¿mis hijos cómo están? Estoy ansiosa por tenerlos muy pronto en mis braz

  • Subrogada para el Millonario    Capítulo 22: ¡Jamás te dejaré libre!.

    Pasaron tres días en la clínica. Fueron días tranquilos, casi como si el mundo de afuera se hubiera detenido. William se quedó con ella todo el tiempo que pudo. Hablaban en voz baja, almorzaban juntos y, poco a poco, los miedos de Helena empezaron a enfriarse. Cada caricia de él se sentía real, sin fantasmas de por medio. Los bebés respondieron bien al tratamiento y el susto del aborto pareció quedar atrás, gracias a que ella no se movió de la cama.El día del alta, el médico fue muy claro antes de firmar los papeles.—Helena, ha evolucionado muy bien y los gemelos también, pero no debe confiarse —dijo, mirándola fijamente—. Se va a casa con una orden estricta: reposo absoluto. Nada de esfuerzos, nada de disgustos y nada de andar caminando por ahí. Su único trabajo es descansar. Si hace un movimiento en falso o vuelve a presentar algún síntoma, regresa directamente a la clínica.William, que permanecía a un lado con los brazos cruzados, asintió.Ya lo tenía todo pensado.—No se preocu

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    Helena lo miraba con los ojos muy abiertos, atrapada entre el profundo deseo de creerle —porque su propio corazón latía con fuerza por él— y el temor racional de ser solo un reemplazo.La música de la caja empezó a perder fuerza, ralentizándose poco a poco, haciendo que el silencio de la habitación se volviera aún más íntimo.—William... —susurró ella, sintiendo la calidez de sus dedos en su piel, debilitando todas sus defensas.—Déjamelo demostrarte —suplicó él, acercándose lentamente a sus labios, dándole el tiempo para apartarse si ella lo deseaba—. Déjame borrar esa duda.El susurro de William actuó como un hechizo. Helena cerró los ojos, intentando acallar la voz de la razón que le advertía, pero el latido desbocado de su propio corazón fue mucho más fuerte. La cercanía de William, su calor y la desesperación en su mirada terminaron por derribar la última barrera de su resistencia.Ella no se apartó. Al contrario, dejó caer la cabeza sutilmente hacia atrás, permitiendo que la man

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    Helena llevaba casi dos semanas en la clínica recuperándose. William iba a visitarla casi todos los días. Esa mañana, William entró a la habitación de Helena con una caja pequeña en sus manos. La llevaba años guardada, escondida entre unos objetos que habían sobrevivido a Leonor; ella se había deshecho de ellos argumentando que esos recuerdos avivaban la nostalgia de William, y que él necesitaba recuperarse y olvidar a Alicia porque le estaba haciendo daño.William pensaba entregársela a Helena porque, después de verla tantas veces, empezaba a sentir una necesidad inexplicable de comprobar cuánto se parecía a Alicia. Además, esa caja de música ayudaba a Alicia a relajarse, algo que podría ayudar a Helena también en su proceso de recuperación.William cerró la puerta de la habitación con suavidad. Helena estaba sentada en la cama, mirando hacia la ventana, pero se giró al escucharlo entrar. Al notar la pequeña caja de madera en las manos de William, frunció levemente el ceño, intrigada

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