LOGIN—Cuñado, no me piques con tu palo, me haces cosquillas. En la cama caliente de la sierra del norte, mi esposa, toda su familia y yo dormíamos apretados. La hermana de mi esposa dormía junto a mí, con las nalgas alzaditas y pegadas contra mí. Su cuerpo era una belleza en pleno florecer; esas nalgas suaves y firmes me volvían loco. Lo más hermoso era que, de tanto restregarse contra mí, ella también estaba teniendo una reacción. Mi esposa dormía detrás de mí, y yo ya no me podía contener…
View MoreEl día del divorcio, a Brenda se le dibujó una sonrisa extraña. Esa sonrisa me dio mala espina; estaba seguro de que el asunto no era tan simple. El día que volví a casa a recoger mis cosas, Dayana estaba sentada en la sala.Tenía en la mano un certificado de aborto.—Brenda, yo logré todo esto, así que la casa me corresponde a mí —dijo.Me dio muchísimo asco verla sonreír. ¿Qué quería decir con “todo esto”? Por lo visto, había gato encerrado. Sus palabras sonaban a amenaza, su sonrisa era fría y siniestra, y de pronto entendí que todo era una trampa preparada desde hacía tiempo.Recogí mis cosas, me fui de esa casa y volví con mis papás. Mis papás me vieron volver destrozado y no preguntaron nada; en silencio me prepararon un cuarto.Me pasaba los días encerrado, dándole vueltas a esa frase de Dayana, “yo logré todo esto”, y cuanto más lo pensaba, más se me helaba la sangre.Una noche, ya muy tarde, busqué una grabación borrada en mi celular viejo, logré recuperarla y escuché las voce
Hasta anoche creía que era una mujer ingenua, que no entendía nada. Pero ahora estaba claro que lo que quería esa mocosa era quedar embarazada.¿Pero qué sacaba con eso?Después de comer, llevé a Brenda y a Dayana de vuelta a casa. Esa noche, acostado en la cama, di vueltas sin parar y no pude dormir. Me quedé mirando el techo y, junto a mí, oía la respiración pareja de Brenda.Al día siguiente, Dayana vino a buscarme.—Esteban, ¿me consigues un trabajo? No quiero vivir sin pagar en tu casa; cuando junte dinero, te pago la renta.Lo pensé un momento y no me quedó otra que responderle.—Aquí cerca hay un restaurante. Trabaja ahí de mesera por ahora; pagan cuatrocientos dólares al mes, es pesado.Dayana asintió.—No hay problema, no le tengo miedo al trabajo pesado.Después la llevé al comedor para la entrevista. En el comedor faltaba personal por las fiestas y, al ver que Dayana era trabajadora, la contrataron sin dudar. Trabajó hasta las once de la noche y volvió a casa a esa hora.Abr
—¡Si me vuelves a tratar así, le cuento a mi hermana lo que pasó anoche!Esas palabras me asustaron muchísimo. Nunca imaginé que una mujer que parecía tan inocente fuera tan retorcida. Bajé la voz.—Lo de anoche pasó sin querer. Tómate esta pastilla.Mientras hablaba, saqué del bolsillo la pastilla del día siguiente que acababa de comprar y se la acerqué. Dayana le echó un vistazo y me preguntó:—¿Para qué es esta pastilla?Por miedo a que no entendiera, se lo expliqué claro:—Es la pastilla del día siguiente. Lo de anoche puede dejarte embarazada. Tómatela ya, antes de que esto se complique.Dayana miró la pastilla y, para mi sorpresa, la mandó al suelo de un manotazo.—¡No me voy a tomar esa cosa! —masculló.Me agaché, recogí la pastilla, le quité el polvo con la manga y se la volví a acercar, hablando más bajo:—Ándale. ¡Tómatela!Mi tono grave no admitía respuesta. Dayana abrió los ojos de par en par y me miró aterrada.—Si me embarazo, me embarazo. Cuando consiga trabajo, yo lo ma
Brenda me detuvo:—¿Por qué tienes tanta prisa por salir? Apenas llegamos. Descansa un rato antes de irte, mírate, estás todo sudado.Me tragué los nervios como pude y forcé una sonrisa.—Una emergencia en el trabajo. Hay que firmar un contrato hoy mismo. Si me retraso, ya no se podrá.Brenda se puso seria y todavía quería preguntar más, pero yo agarré el abrigo a toda prisa y salí disparado, sin atreverme siquiera a voltear.Subí al auto y fui derechito a la farmacia. El día de Año Nuevo las calles ya estaban congestionadas; el auto avanzaba a paso de tortuga y yo golpeaba el volante, desesperado.—Carajo, ¿esto no puede ir más rápido? Si se me pasa el tiempo para que se tome la pastilla, vamos a tener que ir al hospital a abortar.Por suerte conocía bien la zona y me fui metiendo por calles laterales, una tras otra. Al final di con la farmacia. Entré y pregunté enseguida:—¿Tiene la pastilla del día siguiente?La empleada me miró de reojo, mascando chicle, con cara de fastidio. A lo
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