La Deliciosa Amiga De Mi Hija
—Papacito, ¿no tienes algo largo y duro por ahí? ¿Me lo prestas un ratito...?
En pleno paseo de primavera con mi hija, su mejor amiga se me acercó de pronto, con las mejillas encendidas, a pedirme esa clase de cosa.
Estaba sentada en el pasto frente a mí, y abrió las piernas de par en par.
—Hay bichos en el pasto y se me metieron por la falda, qué picazón... Papacito, ¿no tienes un palito por ahí? Ráscame poquito, por favor.
Al ver ese cuerpo voluminoso y tentador, esos muslos blancos como nieve, se me encendió la sangre. Aproveché que mi hija no estaba viendo y me bajé los pantalones.
—¿De qué te va a servir un palito? Aquí te va algo mejor.