Home / Fantasía / TE AMO ALFA / CAPITULO 04: MAURICIO DOS

Share

CAPITULO 04: MAURICIO DOS

Author: Diamond girl
last update publish date: 2026-07-10 21:55:18

Camila se había criado junto a dos alfas rebeldes y traviesos hasta el extremo. Además, uno de ellos era un mujeriego incorregible. Gracias a ellos conocía perfectamente cada estrategia que un alfa era capaz de utilizar para despertar el interés de un omega.

Aunque, para ser sincera, en algunas ocasiones ella misma caía en esos juegos. Después de todo, seguía siendo una omega. Le gustaba que la halagaran y, cuando ocurría, su ego terminaba por las nubes. Pero aquello era algo que el alfa Lison no tenía por qué saber.

Conocía todas las mañas de los alfas.

Y tampoco era una niña para dejarse conquistar con gestos vacíos que carecían de verdadero significado.

Siempre había sabido diferenciar lo pasajero de lo duradero. Por eso tenía claro que ceder ante el alfa Lison sería como subir a una ruleta donde ambos lucharían constantemente por el control de la relación.

No estaba dispuesta a entrar en ese juego.

—Con permiso, señor. Me retiro. Informaré a la encargada de mi universidad sobre el inconveniente ocurrido. También le pido disculpas si en algún momento lo ofendí.

Camila ya había alcanzado la puerta cuando la voz firme del alfa la detuvo.

—¿Vas a renunciar por algo tan insignificante?

En su tono había una molestia que ni él mismo intentó ocultar.

Aquello no estaba saliendo como lo había planeado.

Camila se sobresaltó. El tono autoritario hizo que, por un breve instante, su loba quisiera inclinar la cabeza por instinto.

Pero ella recuperó el control enseguida.

—No es algo insignificante, señor. Simplemente no me parece justo.

No añadió nada más.

Abrió la puerta y salió de la oficina.

No creía necesario darle más explicaciones. Además, su loba seguía alterada. Necesitaba alejarse de él y recuperar la calma.

Dentro de la oficina, el lobo de León tomó el control de los impulsos de Lison.

Desesperado porque Camila comprendiera lo que sentía, salió tras ella.

La alcanzó antes de que pudiera alejarse demasiado.

Sin pensar en las consecuencias, la sujetó del brazo, la hizo girar e ingresó nuevamente con ella a la oficina.

Y la besó.

Lo que, en su mente, debía convertirse en un beso capaz de expresar todo aquello que no sabía decir con palabras, terminó transformándose en una auténtica batalla.

Camila reaccionó de inmediato.

Se soltó con todas sus fuerzas y, sin pensarlo dos veces, le propinó dos fuertes bofetadas.

El sonido de los golpes retumbó en toda la oficina.

Las marcas de sus dedos quedaron impresas sobre el rostro del alfa.

—¡¿Qué le pasa?! —gritó, completamente indignada—. No recuerdo haberle dado tanta confianza.

Respiraba con dificultad, dominada por la rabia.

—¡Respéteme!

Lison permanecía inmóvil.

Ni siquiera intentó responder.

—No sé con qué clase de omegas está acostumbrado a relacionarse, pero conmigo las cosas son diferentes. A mí me respeta.

Sin esperar una respuesta, abrió la puerta con fuerza y salió, cerrándola de un golpe.

La sangre le hervía.

No solo estaba furiosa.

También le dolía.

Durante días había imaginado al alfa Lison como el compañero perfecto. El príncipe azul que toda omega soñaba encontrar.

Pero acababa de descubrir que, al igual que muchos otros, parecía creer que el dinero, el poder y un rostro atractivo eran suficientes para que cualquier omega cayera rendido a sus pies.

Aquello la decepcionó profundamente.

Respiró varias veces antes de dirigirse al lugar donde se encontraba reunido el resto del equipo.

Al llegar, notó que la secretaria seguía allí.

Luego buscó con la mirada a la alfa Luz.

La expresión de la alfa dejaba claro que estaba molesta y preocupada al mismo tiempo.

Camila, en cambio, le dedicó una pequeña sonrisa, intentando transmitirle que todo estaba bajo control.

Aunque por dentro se estuviera derrumbando.

Se colocó frente a todos y habló con serenidad.

—Escúchenme, por favor.

Todos guardaron silencio.

—A partir de este momento, tanto la alfa Luz como yo dejamos nuestros cargos. Supongo que el equipo azul tendrá un nuevo coordinador.

Las miradas de sorpresa no tardaron en aparecer.

Quienes la conocían sabían que Camila jamás aceptaba una injusticia en silencio.

Muchos podían imaginar, al menos en parte, lo que había sucedido durante la reunión con el supervisor.

Camila respiró hondo antes de continuar.

—Como todos saben, la subdelegada del aula forma parte de nuestro equipo. Desde hoy ella asumirá la coordinación.

Cada palabra le pesaba más que la anterior.

La escena ocurrida en aquella oficina seguía repitiéndose una y otra vez en su mente.

Y su loba...

Su loba seguía profundamente herida.

—Lucía, ya te integré al grupo. Por favor, agrega a la nueva coordinadora del equipo azul. Yo ya me retiré del cargo. Eso es todo, chicos. Vamos, aún tenemos varias actividades por realizar.

—¿Camila, ya le informaste a la beta Dalmis? —preguntó Lucía. No quería meterse en problemas; el ambiente seguía bastante tenso.

—Sí, Luci. Ella está de acuerdo, no te preocupes. Todo está arreglado.

Le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

Cuando el grupo volvió poco a poco a sus actividades, Eduardo aprovechó para acercarse.

—¿Qué pasó con el supervisor?

Camila soltó un suspiro.

—Nada... solo que el señor supervisor cree que puede convertirse en Mauricio número dos.

La carcajada de Eduardo resonó por todo el campamento.

Ya se imaginaba que algo así terminaría ocurriendo.

Siempre le resultaba divertido cuando algún alfa intentaba conquistar a Camila creyéndose un gran seductor... o, como él decía, un nuevo Mauricio.

—No te rías —protestó ella, todavía algo molesta.

Sin embargo, la expresión exageradamente divertida de su amigo terminó contagiándola y ambos acabaron riéndose.

Siempre ocurría lo mismo.

—Vamos, Camila... la culpa es tuya.

Ella arqueó una ceja.

—¿Mía? ¿Y ahora por qué?

—Por ser tan bonita. Aunque, claro, todavía estás muy lejos de alcanzar la belleza de mi princesa... pero vas por buen camino.

Camila rodó los ojos.

—Eres un bobo.

Le dio un ligero manotazo en el brazo mientras ambos seguían riendo.

Desde la distancia, León observaba toda la escena.

Ni él ni su lobo soportaban verla sonreírle con tanta naturalidad a otro alfa.

Había salido de la oficina decidido a hablar con Camila, ya más calmado después del altercado que habían tenido.

O al menos eso creía.

Toda esa calma desapareció en cuanto Melodí le informó que Camila había renunciado al cargo de coordinadora.

Quiso ir inmediatamente a reclamarle.

Sin embargo, antes de hacerlo, vio cómo ella sonreía con total sinceridad al alfa desconocido.

Aquella sonrisa despertó en su lobo un impulso irracional.

Uno que le exigía apartar a ese alfa de su lado.

Apretó los puños.

«Necesito hablar con ella... pero lejos de ese alfa.»

Regresó a la oficina improvisada que utilizaba dentro del campamento.

—Señorita Melodí, venga un momento.

—Sí, señor.

La secretaria entró con evidente nerviosismo.

El humor de León no era precisamente el mejor.

—Cuando terminen las actividades de hoy, dígale a la omega Usuri que venga a verme.

Su tono era firme.

No parecía dispuesto a aceptar una negativa.

En el fondo de su mente, su lobo repetía una sola idea.

Camila sería su omega... costará lo que costara.

—Sí, señor.

Melodí salió de la oficina intentando ocultar su preocupación.

Por el poco tiempo que llevaba conociendo a la omega Usuri, estaba casi segura de que aquella reunión terminaría provocando otro desastre.

Las horas transcurrieron con rapidez y, al finalizar las actividades del día, todos regresaron al campamento.

Melodí buscó a Camila entre los estudiantes.

—Omega Usuri, el señor Lison desea hablar con usted.

Camila observó el nerviosismo reflejado en el rostro de la secretaria.

Entonces sonrió.

Una idea traviesa acababa de cruzar por su mente.

"Vamos a molestar un poco al señor Lison."

—En un momento voy.

Melodí asintió y se retiró.

Camila giró discretamente hacia Eduardo.

—Acompáñame.

Lo dijo en un susurro apenas audible.

Eduardo abrió los ojos como platos.

—¿Estás loca? Ese alfa se va a enfurecer.

Estaba convencido de que Lison había pedido hablar únicamente con ella.

—No me interesa si se molesta. Él mismo se buscó esta situación.

Sin darle oportunidad de seguir protestando, Camila lo tomó del brazo y prácticamente lo arrastró hasta la oficina improvisada.

Al llegar, tocó la puerta.

—Pase.

La voz grave de Lison se escuchó desde el interior.

Una sonrisa apareció de inmediato en el rostro de León.

Por fin había aceptado ir.

Sin embargo, aquella satisfacción desapareció en cuestión de segundos.

Camila no había llegado sola.

Entró acompañada del mismo alfa con el que había estado riendo durante toda la tarde.

La expresión de León se endureció al instante.

Su lobo ya no solo estaba celoso.

Ahora veía a Eduardo como un verdadero rival.

—Señorita, la mandé a llamar a usted. ¿Podría decirme por qué el señor está aquí? —preguntó León con toda la calma que su evidente molestia le permitía.

Camila respondió con absoluta tranquilidad.

—Le pedí que me acompañara porque es mi coordinador de grupo. Cualquier asunto relacionado con las actividades también le corresponde conocerlo. Además, ya no soy la coordinadora general. La nueva coordinadora esta integrada al grupo igual que la nueva coordinadora del equipo azul.

La indignación reflejada en el rostro de León era casi cómica.

Eduardo, por el contrario, permanecía completamente serio.

Estaba tan concentrado en su papel de coordinador que parecía inmune al ambiente cargado de tensión.

León volvió a hablar.

—Joven, ¿podría esperar afuera, por favor? Necesito hablar con la omega Usuri a solas.

Camila sonrió con diversión.

Al parecer, el alfa Lison todavía no entendía que ella no pensaba seguirle el juego.

—Señor Lison, si Eduardo sale... yo también.

León frunció el ceño.

—No tengo absolutamente nada que hablar con usted en privado. Si eso era todo lo que quería decirme, entonces nos retiramos.

Sin darle tiempo para responder, Camila giró sobre sus talones.

Eduardo la siguió de inmediato.

En cuanto estuvieron lo suficientemente lejos de la oficina improvisada, ambos dejaron de contenerse.

Las carcajadas estallaron al mismo tiempo.

—Eduardo... este campamento promete ser muy divertido.

Dijo aquello mientras lo abrazaba con complicidad.

Él respondió al abrazo entre risas.

—Definitivamente, hermana mayor.

Los dos volvieron a reír.

Después de recuperar un poco el aliento, Camila sonrió con esa expresión traviesa que Eduardo conocía demasiado bien.

—Vamos a llamar al Mauricio original.

Eduardo ya sabía que esa sonrisa solo podía significar problemas.

Aun así, aceptó entre risas.

—Vamos.

Se alejaron un poco más de las casas improvisadas del campamento.

Querían hablar con tranquilidad.

Después de todo, en lugares como ese, las piedras parecían tener oídos.

Camila marcó el número.

Apenas contestaron, habló con entusiasmo.

—¡Mau! ¿Cómo estás?

Sin embargo, la voz que respondió no era la que esperaba.

—¿Quién habla?

Era una omega.

Camila intercambió una mirada divertida con Eduardo.

Conociendo perfectamente a Mauricio, no le costó imaginar que aquella debía de ser una de las muchas chicas con las que salía.

Una idea traviesa apareció de inmediato en su cabeza.

Se mordió el interior de la mejilla para no echarse a reír.

—Soy la esposa del dueño del teléfono. ¿Usted es su secretaria?

Eduardo tuvo que cubrirse la boca para contener la risa.

Negaba con la cabeza mientras pensaba que su amiga era imposible.

La joven al otro lado de la llamada respondió casi de inmediato.

—Perdón, pero yo soy su prometida. No llame para decir mentiras.

La llamada terminó abruptamente.

Camila observó la pantalla del teléfono con una sonrisa de oreja a oreja.

—No... esto todavía no termina.

Volvió a marcar.

La misma voz respondió, ahora mucho menos amable.

—¿Qué quiere?

Camila adoptó nuevamente su papel.

—Pásame a mi alfa. Si eres una de sus amantes, conoce tu lugar. Yo soy la señora.

Eduardo ya no podía contener la risa.

Estaba completamente doblado de tanto reír.

Al otro lado de la línea se hizo un breve silencio.

Segundos después, una carcajada masculina rompió el ambiente.

—Mila, dime.

Era Mauricio.

La diversión en su voz era imposible de ocultar.

Camila siguió actuando.

—¿Con quién me estás engañando?

Mauricio soltó otra carcajada.

Conocía demasiado bien a su mejor amiga.

Sabía que, cuando Camila se ponía traviesa, alguien terminaba siendo víctima de una de sus ocurrencias.

Y, por lo visto...

Esa tarde le había tocado a él.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • TE AMO ALFA   CAPITULO 54: EL FINAL DE UN NOSOTROS

    Kevin sentenció la palabra divorcio como si fuera un castigo o quizás libertad, porque el amor no basta en un matrimonio.Luego miró a Camila.—Camila, deja de culparme. Yo no lo golpeé ni lo he tocado. ¿Por qué no preguntas cómo me siento yo? Con un Mauricio que un día dice sí y al otro no. Yo también tengo mis propios miedos, pero no por eso he dudado de lo que siento por él. Mientras que Mauricio actúa según cómo amaneció. Él fue quien me alejó, él me dejó claro que no puede seguir conmigo, fue quien me apartó de su vida. Yo también tengo sentimientos, no soy su juguete.—¿Te estás escuchando, Kevin? Estás culpándolo por tu error.—Sí, me escucho muy bien, y no lo estoy culpando por lo que él calló. Solo me dejó sin decir nada. Él también tiene culpa, solo se fue y no explicó nada. ¿Cómo querías que pensara lo contrario cuando todo estaba en su contra? Él también debería pensar en cómo me he sentido yo. Mientras se revolcaba con todo lo que tuviera vida en la universidad, yo viví u

  • TE AMO ALFA   CAPITULO 53: AMOR Y CULPA

    Mauricio había llegado temprano junto a los tortolitos, que derrochaban amor por todos lados.—Dejen de estar comiendo pan todo el día delante de un hambriento —la cara de Mauricio era de puro desagrado y Camila ni caso le hacía.—Ve, Mau, a molestar a otra parte.Tomó la mano de Kirian y se alejó a esperar a Mau a que terminara su entrenamiento, ya que en unos días jugaría.Mau la miró mal mientras la observaba alejarse.—No voy a amargarme —respiró resignado y también se alejó.Mauricio llegó junto a sus compañeros. Solo quería entrenar y nada más, quería acabar con ese juego y volver a su casa, recuperar a su familia, quizás.Respiró y miró al cielo como queriendo reclamar algo.—Mauricio —lo llamó un compañero.Él solo lo miró, como indicando que lo escuchaba mientras intentaba calentar.—¿Ya dejaste esa idea de dejar el equipo?Mauricio, con toda la paciencia que no tenía, no le dijo nada. Solo siguió, queriendo acabar con la conversación que para él era absurda.Su compañero se

  • TE AMO ALFA   CAPITULO 52: EL ÚLTIMO JUEGO

    Lo que ya está roto no se enmienda ni, aunque tengas la aguja y el hilo en la mano. Muchas veces, no es el color ni la aguja indicada.Mauricio se aferraba a lo que tenía y no quería soltar.—No quiero divorciarme —había pronunciado Mauricio antes de quedarse dormido en los brazos del alfa que amaba y odiaba en medidas iguales.Al día siguiente, Kevin se levantó temprano para hacer el desayuno para su familia. Esperaba que Mauricio despertara y pudieran hablar.Antes de todo, ya había llevado a su hija con su suegra. Ella ni siquiera preguntó; sabía que el matrimonio de su hijo dependía de un hilo. Ella misma pensaba que divorciarse no era una mala idea. Juntos solo se seguirían lastimando, y Kira ya empezaba a preguntar cosas que ninguno de los dos sabía cómo responder.Mauricio despertó sin ganas. Fue al cuarto de su hija y no la encontró. Solo se encontró con los ojos de Kevin, que lo miraban desde la cocina.—La llevé con tu madre.—Oh.—Come —le habló con voz neutra, sin darle ra

  • TE AMO ALFA   CAPITULO 51: MORIR EN PAZ O EN GUERRA

    Por el lado de Kevin, se quedó en silencio, mirando a la nada. Por primera vez se quedó pensando en su vida, en lo que pudo ser, en lo que tenía y en lo que ya no tenía. Porque, al parecer, su realidad era no tener nada. Su error lo perseguía. Antes había matado su relación; ahora estaba destruyendo su matrimonio y su familia.Tomó su camino de regreso. Esconderse no lo llevaría a nada. Con las manos en los bolsillos, regresó caminando. La distancia no era nada comparada con el vacío que sentía. No era odio ni amor. No sentía nada. Se sentía como un muñeco de papel, frágil y sin rumbo, llevado de un lado a otro por decisiones que ya no podía cambiar.Las lágrimas cayeron por sus mejillas. No fueron gritos, pero sí dejó caer todo su dolor, todo su pasado, todo lo que no podía cambiar. Sus arrepentimientos, sus años de soledad y aquella fantasía que había sido su matrimonio, un matrimonio que ya tenía fecha de caducidad.Llegó a su casa y se encontró solo.Ese sería su futuro.Mauricio

  • TE AMO ALFA   CAPITULO 50: CUANDO EL AMOR NO BASTA

    Las luces de las calles se iban prendiendo una a una, pero la luz del corazón de Mauricio no se encendía, no se calentaba. La culpa de no poder mostrar más seguridad en su relación lo mataba poco a poco y, con él, moría su matrimonio.Los ojos de Kevin, cuando él entendió que se podría romper el lazo, y la negativa plantada en su rostro, no había podido sacarlos de su mente. Él mismo se odiaba por haberse acostumbrado y por hacer parte de su vida aquel lazo. No era como que tuviera algún sentimiento o esperanza de tener algo con Camila.Él amaba a Kevin más de lo que quería aceptar. Lo amaba con miedo y con pasión, como nunca, quizás, un humano amaría a nadie.Pronto tendría un juego y no tenía ganas ni energía para presentarse. Le preocupaba su hija. Antes se quedaba con Kevin, pero no quería molestar a su hermana, que estaba a días, por no decir horas, de tener a su bebé. Y Camila estaba de luna de miel y con sus cuatrillizos. Ni de pensarlo, demasiada carga.…Quería gritar.Y si qu

  • TE AMO ALFA   CAPITULO 49: HASTA LUEGO

    El instinto es algo natural. No se programa; el cuerpo lo desarrolla a través de todo lo vivido.El miedo a volver a vivir aquello que ya pasaste, a culparte por acciones de los demás, nace porque tu cuerpo y tu mente aprendieron que todo era tu culpa.Camila había reaccionado al miedo innato que sentía ante la reacción de Iker. Había esperado de todo: gritos, reclamos, culpas, incluso insultos hacia su persona. Pero…Ella todavía no aprendía que Iker no era León, que él no se dejaría llevar por lo irracional. No había esperado verlo acercarse y abrazarla con el mismo amor de siempre.Iker la mantuvo entre sus brazos hasta que se quedó dormida, ya fuera por el cansancio o por la tranquilidad que él lograba transmitirle.Para cuando Camila despertó de nuevo, todos estaban en su habitación. Estaba tan abarrotado que parecía que ni uno más podría entrar.—¿Qué hacen todos aquí? ¡Ni el aire entra! —protestó, aunque estaba mucho más tranquila al comprobar que Iker seguía a su lado.Maurici

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status