FAZER LOGINTheodoros Xenakis pasó de ser un simple empleado a CEO de Mavros Technologies tras casarse con Nereida, la heredera de la familia. Sin embargo, después de tres años de matrimonio, su vida da un giro inesperado cuando Nereida fallece, dejándole toda su fortuna con una única condición: traer al mundo a su hijo mediante un vientre de alquiler. Penélope Clark, una mujer sin pasado, sin familia y sin apegos emocionales, trabaja en una clínica de gestación subrogada en California. Es seleccionada para la delicada tarea de llevar en su vientre al hijo de Theodoros. No obstante, lo que comienza como un trato profesional los llevará a descubrir el poder del amor y los misterios que conectan sus vidas.
Ver maisLos siguientes días pasaron en una bruma. Theo y Penélope esperaron ansiosos cada segundo que faltaba para la llegada de Elena. Cuando dieron la noticia a la familia de que esperaban una niña, Callista fue la más feliz al saber el nombre que habían elegido para ella.Se mostró tan feliz, que decidió regalarle una preciosa joya. Fénix y ella trabajaron con especial entusiasmo para tenerlo a tiempo. Se trataba de un precioso relicario muy parecido al que Penélope guardaba en su joyero, pero con pequeños diamantes que no solo lo hacían más especial sino más costoso.El dinero no era un problema para ellos, podían darse el lujo.En cuanto a Fénix, su relación con Alexis iba a paso de tortuga, pero eran pasos que le alimentaban la esperanza. Él trataba a Lily y a Dominick con mucho afecto y, de vez en cuando, les traía un pequeño y sencillo presente o los invitaba a tomarse un helado. Pequeñas cosas que iban conquistando cada vez más su corazón y ni mencionar a la familia Katsaro.Ellos ta
La familia celebró y brindó con té, la llegada del nuevo miembro de la familia Xenakis Galanis.Callista había deseado que su apellido continuara; sin embargo, no iba a negarle a Eryx la continuación del suyo. No había sido un excelente hombre y había faltado mucho para ser un buen esposo, aunque lo intentó. De lo que no podía quejarse o dudar, era el amor que sentía por Penélope.Eryx había amado a su hija con locura, cuando le dio la noticia de su embarazo. Él había reaccionado así, como lo hacía Theo. Quizá, si hubieran tenido tiempo, tal vez, si no se hubiera dejado seducir por el vicio del juego, todo sería diferente ahora. Lamentablemente, el vicio arruinó cualquier posibilidad.Los ojos de Callista se desviaron a Apolo, su esposo conversaba con Theo. Lo observó varios minutos y, como si él pudiera sentirla, le dedicó una mirada y una sonrisa cargada de disculpa.¿Cuánto tiempo iba a estar enojada con él? Lo que había ocultado no era cualquier cosa; no obstante, no podía negar
Callista se alejó de Apolo, cerró la puerta y dejó que sus lágrimas se derramaran libremente por sus mejillas. Le dolía hablarle de esa manera, pero no iba a suavizar las cosas. Su marido se había equivocado y ella tenía todo el maldito derecho de sentirse cómo se sentía.Con una mezcla de enojo y tristeza, se alejó de la biblioteca. No quería que nadie la viera en ese estado y le preguntara. No deseaba que nadie supiera lo que su marido había omitido.—Señora, Callista —la llamó Dione al verla caminar por el pasillo. Ella se limpió rápidamente las lágrimas.—¿Sí? —preguntó, respirando varias veces. Su voz había salido pastosa.—¿Se encuentra bien?—Sí, es solo que estoy emocionada por la boda de mi hija y de Theo. Mis hijos, ¿los has visto?Dione asintió.—Están dormidos en sus cunas junto a Antulio y Dominick, no he visto a la señorita Fénix, no debe de tardar —mencionó.Callista elevó una ceja.—¿Fénix no está con ellos?—No, no la he visto desde que la señora Fay y ella vinieron a
Theo empujó las caderas al escuchar las palabras de Penélope. Su boca se abrió y los dientes mordieron el hombro femenino. Él se quedó quieto, sintiendo cómo era apresado por la intimidad de su esposa.Penélope creyó por un momento que no la había escuchado, perdido en la bruma del placer.—Repite lo que acabas de decir —pidió. Su voz estaba cargada de emoción y sus ojos se habían cristalizado. Theo no abandonó el cálido interior de su mujer, esperando a que ella le respondiera. Deseando no haber escuchado mal.—Creo que estamos embarazados, Theo —susurró apretando las piernas cuando él se movió.El pene de Theo acarició su interior una última vez antes de deslizarse entre sus piernas.Penélope no supo cómo interpretar eso, ¿no le hacía feliz? ¿Era muy pronto? Las dudas empezaban a asaltarla y sin compasión, las preguntas empezaron a surgir como un río caudaloso.—Dijiste que… ¿Estamos esperando un bebé? —preguntó Theo cuando recuperó el habla.Penélope asintió.Theo la miró y sin dec












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