Mag-log inLas palabras de Lara atravesaron a Pamela como cuchillos afilados.Pamela se mantuvo firme en su lugar y respondió con voz decidida:—Ya me hice tres pruebas de ADN en instituciones distintas, no me importa hacerme una cuarta.—Confío en el hijo que he criado.—Jamás me sería infiel estando casado, ni haría algo tan indigno.—Y también confío en Victoria, ella no es una mujer sin moral.—Pero si...Pamela clavó la mirada en Lara y elevó la voz:—Si se demuestra que todo esto es una vil mentira tuya, y que entre Victoria y Hugo no hay nada...—Tú, Lara Silva, tendrás que convocar una rueda de prensa y disculparte públicamente.—Además, deberás devolver a la familia Suárez todo el dinero que recibiste de nosotros, todos los objetos de valor que te dimos para tu hijo desde que nació, incluyendo los cinco millones que Hugo te pagó en el divorcio.—Lara, si aceptas, ¡llamo ahora mismo a la institución de pruebas de ADN para que vengan y hagan la prueba en vivo con la niña y Hugo!Apenas Pam
Las últimas palabras, Pamela las gritó con tal fuerza que el corazón de todos se aceleró.Las señoras presentes, aunque acostumbradas a ponerse del lado más conveniente, en su mayoría aún conservaban lo básico de la decencia. Al escuchar que Pamela exponía la humillación de los Suárez a costa de su propio prestigio, reflexionaron y comprendieron al instante de quién era la culpa.Todas se pusieron detrás de Pamela.Alguien le tomó la mano:—Sra. Pamela, antes malinterpretamos a la familia Suárez. —Nunca imaginamos que una familia tan bondadosa y generosa como la tuya pudiera ser llevada a este extremo.—¡Te apoyo!—Yo también te apoyo, Sra. Pamela, ¡eres digna de lástima!—¡Nadie puede aceptar una nuera así! ¡Yo también te apoyo!—¡Todas te apoyamos!Esta vez, ninguna de las señoras dudó.Todas se pusieron del lado de Pamela. Y las miradas que lanzaron a Lara y los suyos fueron gélidas.Lara sintió el corazón encogerse. Justo cuando empezaba a saborear su momento de gloria, experim
Lara apretó los labios temblorosos y señaló a Pamela. Quería decir algo, pero no logró articular palabra.Melisa y Valeria miraban a Pamela sin dar crédito a lo que oían. Si antes se habían atrevido a acusar a Hugo de abandonar a su esposa e hijo con tanta seguridad, era porque estaban convencidas de que la familia Suárez jamás airearía sus trapos sucios en público.Después de todo, admitir que el hijo había sido cornudo y que había criado al hijo de otro era una humillación insoportable para cualquier familia. Si los Suárez no hubieran querido evitar la vergüenza, ¿por qué habrían optado por resolver el divorcio en silencio y encima darle a Lara una suma millonaria?Pero ahora... Nunca imaginaron que Pamela expondría todo esto abiertamente.Tras el impacto, instintivamente bajaron la cabeza por avergonzadas.Pamela las fulminó con la mirada:—Originalmente, esto era una vergüenza interna de mi familia, y no quería hacerlo público. —Incluso mi hijo, siendo bondadoso, al divorciars
Los gritos histéricos de Romeo resonaron por todo el salón a través del altavoz.Las caras de Melisa y Elisa se torcieron hasta quedar horribles.Elisa estaba furiosa y humillada, quiso contestarle, pero una mano firme le arrebató el celular y cortó la llamada de golpe.Era Débora.Con el rostro tenso, dijo:—¡Basta ya! ¿A estas alturas todavía no lo entienden?—¡Dejen de buscar problemas!—Pidan disculpas ahora mismo a la Sra. Rocío y a la Sra. Pamela.—No voy a permitir que sus estupideces personales afecten las operaciones de todo el Grupo Fernández.Débora ya no soportaba ver la ignorancia y arrogancia de su madre y su hermana, y por fin intervino para detenerlas.Elisa resopló, con las fosas nasales dilatadas:—¿Pedirles disculpas a ellas? Ni loca. ¡Jamás me disculparé!Melisa tiró de la manga de Elisa.Iba a decir algo cuando el celular volvió a vibrar con furia.Era Camila, su segunda hija.El corazón de Melisa se encogió. Sintió un mal presentimiento.Con manos temblorosas con
La risa arrogante retumbó con fuerza en el salón, vibrando en los oídos de todos los presentes.Las señoras que se mantenían neutrales se miraron entre sí, estaban desconcertadas.El repentino estallido de risa de Rocío las había puesto nerviosas, sin saber cómo reaccionar.Rocío lanzó una mirada fría a Elisa y soltó una risa burlona:—¿Estás segura? —¿Sabes que con una sola llamada puedo hacer que la empresa de tu cuñado se vaya a la quiebra?Elisa también soltó una risita sarcástica:—¡Rocío, qué tonterías dices! ¿Sabes siquiera quién es mi cuñado?—Eres solo una mujer que dirige un club.—¿Cómo podrías controlar un poder financiero tan grande? Es broma, ¿no?Melisa y Valeria soltaron una carcajada exagerada al unísono.La voz de Melisa era tan aguda que casi se quebraba:—Rocío, te aconsejo que primero investigues los antecedentes de mi yerno antes de soltar semejantes fanfarronerías.—Él es el único heredero de la familia Tedesco, los magnates financieros de Capital. —Se llama Ro
Melisa casi le clavó el dedo en la nariz a Pamela mientras chillaba con voz estridente:—Ya entiendo. —Hoy no viniste a hacer obras de caridad, ¡viniste a buscar pleito!—Reconozco que los Suárez tienen poder y espaldas anchas, pero no puedes abusar así de tu posición. —Tiempo atrás, Hugo rompió el trato de la nada, ¡echó a Lara y a su hijo sin piedad!—Todavía no le he pedido cuentas por eso, ¿y tú te atreves a venir a ajustármelas a mí?Valeria se enrojeció de los ojos y exprimió unas cuantas lágrimas.Se giró hacia las damas y se lamentó:—Ustedes sean jueces. —Mi Lara estuvo casada cinco años con los Suárez, le dio un hijo a la familia, ¿y qué pasó? —Hugo se divorció de ella de repente, ¡y hasta al niño abandonó! —Con todo el patrimonio que tienen, en el divorcio solo le dieron cinco millones.—Durante esos cinco años de matrimonio, Hugo fue frío con ella, siempre se ausentaba de casa, la dejaba sola. —Ni siquiera la acompañó cuando dio a luz ni durante su recuperación, ¡los







