Share

Tentación Sagrada.
Tentación Sagrada.
Author: Anabel Espejo

Capítulo 1

Author: Anabel Espejo
last update publish date: 2026-05-10 09:10:05

El espejo de cuerpo entero me devolvía la imagen de una desconocida. Entre capas de tul, encaje francés y una seda tan blanca que lastimaba la vista, ahí estaba yo: la moneda de cambio de la familia Rossi. Mi respiración agitaba el corsé, apretado hasta el punto de la asfixia.

—No te muevas, Atenea. Vas a arruinar el peinado y no tenemos tiempo para histerias.

La voz de mi madrastra, Elena, cortó el aire como un látigo. Estaba de pie detrás de mí, ajustándome el velo con una eficiencia gélida. Sus dedos rozaban mi nuca y me producían escalofríos. Ella siempre había tenido esa sonrisa fría y aterradora.

—Hoy es un gran día —continuó ella, mirándome a través del reflejo con sus ojos calculadores—. Por fin serás útil para esta casa. Unirnos con los Lombardi no es solo un matrimonio, es la salvación de nuestro patrimonio.

—No lo hago por el patrimonio, Elena —respondí, tratando de mantener la voz firme—. Lo hago porque amo a Julián. Él es el único que me ve de verdad, fuera de este apellido.

Una risita ahogada provino del rincón de la habitación. Mi media hermana, Bianca, estaba sentada en un sillón de terciopelo, jugueteando con una copa de champaña. Llevaba un vestido de dama de honor de un rosa pálido que resaltaba su belleza angelical, aunque yo sabía que debajo de esa fachada no había más que envidia y malicia.

—El amor de su vida —se burló Bianca, mostrando esa sonrisa maliciosa que solía dedicarme cuando nadie más miraba—. Qué romántica eres, hermanita. A veces me pregunto si realmente conoces a Julián tanto como crees. El amor es un concepto muy... flexible.

—Ignórala —intervino mi padre, entrando en la habitación con paso firme.

Su presencia llenaba el espacio, cargada de una autoridad opresiva. No se acercó a darme un beso ni a decirme lo hermosa que estaba. Se limitó a revisar su reloj de oro y a lanzarme una mirada de advertencia que me heló la sangre.

—Todo está listo —anunció con voz ronca—. Los inversionistas están en la iglesia. La prensa está afuera. Atenea, espero que seas consciente de lo que hay en juego. ¡Ni se te ocurra arruinar esto!

—No voy a arruinar nada, papá —susurré, bajando la mirada—. Solo quiero ser feliz.

—Eres tan parecida a tu madre, la felicidad es para los pobres, Atenea. Nosotros nos conformamos con el poder.

Salimos de la mansión en un silencio sepulcral. El trayecto hasta la iglesia fue un borrón de nervios y falsas expectativas. Mientras el auto avanzaba por las calles de la ciudad, yo me aferraba al ramo de peonías blancas como si fuera un salvavidas. Pensaba en Julián, en sus promesas de libertad, en cómo esta boda sería mi puerta de salida de la frialdad de mi padre y el veneno de Elena y Bianca.

Al llegar a la parroquia, el bullicio de los invitados y el destello de los flashes me marearon. Mi padre me tomó del brazo, apretándolo con una fuerza innecesaria mientras subíamos las escaleras de piedra.

—Sonríe —me siseó— Como sea, al final serás feliz.

Una vez en el vestíbulo de la iglesia, Elena y Bianca se adelantaron para ocupar sus lugares. Bianca se detuvo un segundo ante de entrar a la nave central, me miró de arriba abajo y volvió a sonreír. Esa vez, la sonrisa era diferente. Era una expresión de triunfo absoluto.

—Nos vemos en el altar, querida —dijo antes de desaparecer.

De repente, una de las organizadoras se acercó a mi padre con cara de pánico, susurrándole algo sobre un error en el protocolo de las flores. Mi padre soltó mi brazo con un gruñido de fastidio.

—Quédate aquí. Tengo que arreglar esto —ordenó antes de alejarse hacia la entrada principal.

Me quedé sola en la penumbra de la sacristía. El sonido del órgano comenzaba a retumbar en las paredes de piedra, anunciando que la ceremonia estaba a punto de empezar. Sin embargo, una extraña inquietud me recorrió la espalda. Me sentía observada, pero a la vez, el ambiente estaba cargado de una tensión que no era la mía.

Necesitaba un poco de agua. El corsé me estaba mareando de verdad. Vi un pasillo lateral que conducía hacia las oficinas parroquiales. Pensé que habría un baño o un dispensador de agua allí. Caminé con cuidado, tratando de que el roce de mis faldas no hiciera demasiado ruido sobre el suelo de mármol.

A medida que me alejaba del murmullo de los invitados, el silencio del pasillo se vio interrumpido por algo más.

Un jadeo.

Me detuve en seco. Mi corazón golpeó contra mis costillas. Pensé que alguien podría estar herido. El sonido se repitió, más fuerte, acompañado de un susurro ronco que conocía demasiado bien.

—No aquí... pueden vernos —dijo una voz femenina, entrecortada por una risa sofocada.

—No va a venir nadie. Están todos esperando a la "reina" en el altar —respondió la voz masculina.

Sentí como si el suelo desapareciera bajo mis pies. Esa voz. La voz que me había jurado amor eterno apenas anoche.

Caminé hacia la puerta entreabierta al final del pasillo, con el velo enganchándose en mis hombros, pesando como plomo. Mire a través de la puerta sin hacer ruido, rogándole a Dios que fuera una alucinación, un error, una pesadilla antes de despertar… Pero no lo era.

En la penumbra de la pequeña oficina parroquial, sobre un escritorio lleno de archivos, el vestido rosa de dama de honor estaba amontonado en el suelo. Bianca estaba de espaldas a la puerta, con las manos enredadas en el cabello de Julián, quien la sujetaba por las caderas con una urgencia brutal. Él tenía la camisa desabrochada y los ojos cerrados, con una expresión de placer que nunca me había dedicado a mí.

Cada caricia, cada envestida sobre ella era una parte más de mi corazón que se rompía. Mi ramo de peonías cayó al suelo con un golpe seco.

Ellos se detuvieron. Julián abrió los ojos y su mirada se encontró con la mía. No hubo arrepentimiento inmediato, solo el impacto de ser descubierto. Bianca se giró lentamente, con los labios rojos y desordenados, y esa maldita sonrisa afilada volvió a aparecer en su rostro, más brillante que nunca.

—Vaya —susurró mi hermana, sin soltarse de mi prometido—. Parece que la novia llegó temprano a la fiesta.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 56

    ##Lucio##Me quedé sentado en la penumbra de la cocina, inmóvil, observando la puerta por la que Atenea acababa de desaparecer.Todo en mi interior se rebelaba contra el silencio de la casa. Mi cuerpo me exigía ponerme de pie, cruzar el pasillo, tocar a su puerta y tomarla entre mis brazos hasta convencerla de que lo que existía entre nosotros no era una ilusión. Quería reclamarla mía, acallar la distancia amarga con la que se había apartado de mí tras recordar mis propias palabras en el autobús. Pero me quedé clavado a la silla.Las palabras del padre Tomás resonaron en mi mente como una sentencia helada: la vocación debe ser más fuerte que cualquier impulso terrenal. Apreté los puños sobre las rodillas, sintiendo cómo el acero del deber me aplastaba el pecho. Apagué la luz de la cocina y regresé a mi cuarto a oscuras. Me acosté en la cama, mirando las vigas del techo mientras las horas pasaban lentas, hasta que el cansancio finalmente me venció en una tregua amarga.Al día siguiente

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 55

    ##Atenea##El motor del autobús finalmente se apagó, dejando paso al murmullo constante del viento entre los pinos. El predio del campamento nos recibió sumido en una penumbra envolvente, apenas iluminado por los faroles de luz cálida repartidos a lo largo de los senderos de piedra.La logística de la llegada nos mantuvo ocupados durante más de una hora. Nos encargamos de acomodar a los niños en las instalaciones principales, guiándolos entre risas contagiadas y bostezos hasta que el cansancio del viaje finalmente venció a los más inquietos. Una vez que la última puerta de los dormitorios infantiles se cerró y el silencio volvió a adueñarse del complejo, me dirigí hacia la construcción asignada para los adultos. Fue recién en ese momento cuando descubrí la distribución del lugar: Lucio y yo compartíamos una misma cabaña de madera, aunque cada uno contaba con su propia habitación independiente a los lados de una pequeña sala central y una cocina comedor.Agotada por la tensión acumulad

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 54

    ##Lucio##Estaba de pie junto a la puerta abierta del autobús, viendo cómo los faros de un automóvil cortaban la penumbra de la calle. El motor se apagó frente al portón y, cuando la puerta del acompañante se abrió, mi respiración se detuvo por completo.Era Atenea.Avanzó hacia nosotros bajo la tenue luz amarilla de las farolas. Llevaba un abrigo oscuro ajustado al cuerpo y el viento le desordenaba ligeramente el cabello sobre el rostro. Había una elegancia innata en cada uno de sus pasos, una presencia tan magnética que, por un instante, olvidé el murmullo de los niños dentro del transporte. Se veía hermosa. Tan letal e inalcanzable como siempre, pero con un brillo en los ojos que amenazaba con derrumbar el poco temple que me quedaba.Antes de que Atenea alcanzara el primer escalón, la ventanilla del auto se bajó de golpe. Regina asomó la cabeza y, con una sonrisa cargada de picardía, soltó un grito que resonó en la calle empedrada:—¡Cuídemela, padrecito pecado!El comentario cayó s

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 53

    ##Atenea##El peso de la maleta en mi mano parecía anunciar algo que todavía no estaba preparada para enfrentar. Eran las siete de la tarde de un viernes frío y gris. En menos de una hora debía estar en el hogar para subir al autobús que nos llevaría, junto a los niños y Lucio, al campamento en la montaña.Cuarenta y ocho horas. Esa era la única cifra que no conseguía sacar de mi cabeza.Ajusté la solapa de mi tapado frente al espejo del recibidor, me aseguré de que mi armadura estuviera intacta y me dispuse a cruzar el salón principal hacia la salida. Pero el destino en esta casa siempre parece tener un sentido del humor macabro.Al bajar los últimos escalones de la gran escalera, los vi.En la sala de estar estaban mi padre, su esposa Elena, Bianca y Julián. Todos reunidos alrededor de las copas de cristal, compartiendo una de esas escenas familiares perfectamente calculadas para proyectar una armonía que jamás había existido. El sonido de mis tacones sobre el mármol interrumpió su

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 52

    ##Lucio##El crujido de la madera vieja acompañaba el movimiento de mis manos mientras intentaba preparar la valija. Tenía un par de prendas dobladas sobre la cama, pero no conseguía concentrarme.El viaje al campamento no era una simple actividad pastoral con los niños. Para mí era una prueba. Lo sabía desde el momento en que el padre Tomás había hecho aquella propuesta.Y lo peor era que no sabía qué me inquietaba más: las intenciones de la parroquia o lo que podía ocurrir si permanecía cuarenta y ocho horas cerca de Atenea.El aire en el convento se sentía más pesado que de costumbre. Salí de mi cuarto y caminé a paso firme por el pasillo en busca de respuestas. Necesitaba encarar al hombre que había articulado todo esto.Encontré al padre Tomás en su despacho, revisando unos documentos bajo la luz amarilla de su lámpara de escritorio. Ni siquiera levantó la vista de inmediato. Esperó a que yo diera dos pasos hacia el centro de la habitación antes de fijar sus ojos cansados en mí.

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 51

    Salí del hogar de niños con los pasos precipitados y el corazón latiéndome contra las costillas con una fuerza salvaje. Subí a mi vehículo, cerré la puerta de golpe y me quedé unos segundos con las manos apoyadas en el volante, tratando de controlar una respiración que se negaba a estabilizarse.Sabía perfectamente que esto estaba mal. Todo en esta situación rozaba un límite peligroso del que difícilmente habría retorno. La sola idea de pasar un fin de semana entero con Lucio, aislados en un predio de montaña, rodeados de naturaleza y bajo la bendición velada —y sospechosa— del padre Tomás, me aterraba tanto como me encendía la sangre. Era una imprudencia absoluta en medio del tablero de ajedrez en el que estaba arriesgándolo todo.Necesitaba un baño de realidad urgente. Necesitaba voces sensatas que me trajeran de vuelta a la tierra antes de cometer una locura irreparable.Con los dedos temblorosos por la adrenalina, saqué el teléfono y marqué el número de Regina.—Necesito que venga

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status