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CAPÍTULO 5. SEGUNDA LLAMADA

Author: LiBlanko
last update publish date: 2026-02-23 05:20:33

Otro sueño otra vez, estoy caminando por el bosque, los árboles son enormes, ¿o acaso yo soy muy pequeña?,  mis pasos no son estables, caigo al piso y unos fuertes brazos me alzan al cielo, su piel es apiñonada su sonrisa me llena de alegría y amor.

Desperté en una cama no tan cómoda y con olor a humedad en toda la habitación, ya estaba anocheciendo, traté de incorporarme y sentarme para tener un mejor campo de visión y para mi sorpresa, mi malestar general había disminuido considerablemente.

Tocaron a la puerta y sin esperar mi respuesta a cambio, León abrió la puerta y entró con una bandeja de madera, la cual contenía un vaso de leche, y un emparedado de atún, lo devoré, el me volvía a ver con esa media sonrisa  que me daba tranquilidad en medio de este caos.

-Y bien –dije tras mi último bocado -¿Ahora qué sigue?

León me tomo un mechón de cabello y lo colocó tras mi oreja, -Primero que nada, dime ¿cómo te sientes, ya puedes caminar?

-Si, así es –exclame con mucho entusiasmo, ¿cómo es eso posible?

Su sonrisa desapareció, se puso serio y empezó a contarme.

–Lo que hice, rompe todas las reglas escritas sobre nuestro pueblo, realice un ritual de sanación, tomaste un brebaje curativo, me ayudo una sanadora a prepararlo, pero lo más importante ahora es que estas bien, pero debo pedirte algo a cambio.

-Dime, ¿Qué es eso? – No es que no estuviera agradecida, es que me resultaba extraño que me pidiera algo en retribución pero claro que haría lo que me pidiera.

-No puedes decirle a nadie bajo ninguno motivo lo que te acabo de contar, nadie puede saber que te he sanado.

Tomé un baño, el cual agradecí profundamente, mi aspecto y no puedo dejar de un lado mi aroma era deplorable, salí rumbo a la habitación donde había dormido y como lo había prometido León, había un cambio de ropa limpio para mí, eran unos pantalones cargo y una playera verde de resaque me queda un poco grande pero daba igual agradecía poder tener un mucho mejor aspecto en estos momentos.

Salí de la habitación y como si estuviera esperándome ya, estaba recargado sobre el pasillo mi amigo. –Tenemos que movilizarnos, como te dije esta zona no es segura para nosotros, los humanos de esta ciudad saben cosas, escuchan rumores y pronto llegan a esparcirse por todos lados.

A que se refería con nosotros como si fuéramos diferentes al resto de los humanos, no tenía ni la menor idea, pero lo importante era que el me daba seguridad y era todo lo que necesitaba por el momento.

-¿Puedo hacerle una llamada a mis abuelos? Quisiera poder avisarles que estoy bien.

-Imposible- me contesto, no podemos ponerlos en peligro, es mejor así, me encargaré más tarde de ponerme en contacto yo mismo y tranquilizarlos por lo pronto es momento de seguir  nuestro camino.

Tomo mi mano y como la primera vez, una explosión de recuerdos invasivos en mi mente, instantes de vida de León, pero uno en específico llamo toda mi atención,  era de una época más lejanas, donde él era solo un niño, jugaba en un bosque, reía con sus amigos y en el fondo se lograba ver a una niña un poco más pequeña acostaba bajo un árbol, me reconocí inmediatamente, esa niña era yo.

Solté su mano y retiré la mía, incapaz de controlar la expresión de mi rostro: la sorpresa me domino por completo todo; mi mente se debatía entre incredulidad y dolor. Pude ver en su pasado, fragmentos de una vida que me ocultó, lo que más me dolía era darme cuenta de que nos conocíamos desde hacía tanto tiempo… tanto que yo ya no podía recordarlo.

-Ahora que pasa Tessa, me miraba con expresión preocupada, -Es, es que no se cómo explicarlo, pero simplemente ahora lo sé, tu y yo nos conocimos mucho tiempo atrás no es así, antes de ser… huérfanos.

-Su expresión cambio por completo, pude ver reflejado un atisbo de asombro pero lo supo ocultar muy bien, se puso rígido, su boca en una fina línea y su entrecejo marcado como si estuviera molesto. – Eso es algo que no puedo contestarte- es hora de partir, se dio la media vuelta y bajo las escaleras, no tuve más respuesta por su parte, tuve que dejar su evasiva a un lado y seguirlo.

Abrió la puerta de salida de aquella desvencijada casa me entrego una cachucha y me dijo, -tal vez sirva para pasar un poco más desapercibidos.

Cerrando la puerta tras de si, empezamos a caminar a paso veloz, yo iba un par de pasos atrás puesto que el daba grandes zancadas que me impedían seguirle el paso.

-¿De quién es esa casa? –Trataba de entablar conversación para ver si con eso aminoraba el paso y lo alcanzaba.

-Del Delta, se llama Lucian Vance, lo utiliza para esconder personas, no es un domicilio conocido por ninguna otra manada.

Entorne los ojos, -Ahora me puedes decir que es un Delta y porque tiene la necesidad de esconder personas, pregunté consternada, pero fingiendo desinterés.

-Eso Tessa es algo que pronto te podré explicar.

Se paró de lleno me tomo con ambos brazos bloqueando mi camino y continuó.

-Solo necesito que confíes en mí, te voy a proteger hoy y siempre.

Su rostro denotaba completa seguridad en sus palabras, no cabía duda no podía desconfiar de él, era mi amigo, lo conocía y le creía.

Caminamos en silencio por varias horas, estábamos cerca de un camino que nos sacaba de la ciudad y nos llevaba colina arriba, estábamos por subirla, y el sol cerca del ocaso, cuando se despertó en mí una alarma, mi sexto sentido o como se pudiera llamar, me alertaba me decía que corriera que el peligro se encontraba cerca de mí.

Empecé a ver a la redonda buscando algo o a alguien mi respiración se encontraba al limite, y de repente los ví, eran ellos dos, mis perseguidores, me encontré en un estado de shock mi mente me decía corre, pero mi cuerpo estaba inerte, mi mente caos, mi ser invadido de  adrenalina y aun así inmóvil.

León me gritaba, creo que así era,  como si en un segundo plano pudiera verlo pero sin poder escucharlo, sentí donde me tiraba a jalones cuesta arriba, recobre mis sentidos, cada zancada me acercaba más a un ritmo que no era solo mío; fluía con el viento, con la tierra bajo mis pies. Me agachaba justo a tiempo cuando aparecía una rama baja, saltaba con precisión sobre cada piedra que se interponía en mi camino. Era como si mis sentidos estuvieran sincronizados con el momento, vinculados al lugar y al instante exacto en que cada obstáculo surgía. La adrenalina me recorría como fuego, se hacía sentir completamente viva,

Me sentía volar, apenas y rozaba la tierra bajo mis pies, sentía que los arboles y arbustos me abrían paso para continuar, sentía vibrar las hojas y escuchaba aullidos a lo lejos, no lo podía creer ¿había lobos tan cerca de ese pueblo?, Seguí corriendo bajo mi guía interior, subí un risco con un poco menos de dificultad de la que pensé que tendría, en que momento me volví más fuerte ¿ mi velocidad siempre había sido mejor que buena, pero ahora me sentía con mayor vitalidad y destreza.

Pronto llegue a la cima, desde ahí logre ver el próximo condado, era más grande que el anterior,

-¡León!- grite por lo alto- estaba emocionada no nos faltaba mucho por llegar y poder encontrar donde resguardarnos. ..Nada, solo silencio nadie contesto, mi mente empezó a crear escenarios catastróficos, ¿y si lo hubieran alcanzado? Que sería de el era uno solo contra dos y ellos eran enormes mi amigo aunque fuerte era flacucho a comparación.

No dejaba de buscarlo con la mirada, no podía seguir sin él, cuando escuche un gruñido por lo lejos, para después escuchar otro más, pero ese era diferente, era más de un lobo y todo indicaba que estaban por atacar, trate de ahogar mis respiraciones que no llegaran a saber que yo estaba ahí, no quería a dos grandes animales corriendo tras de mi buscando devorarme como si fuera su próxima cena.

Los gruñidos de convirtieron en algo más, se escuchaba cuerpos golpear uno contra otro, chillidos, aullidos, mas gruñidos, no podía quedarme más tiempo ahí, necesitaba ir por ayuda, por refugio, por alguien que me ayudara a encontrar a León, necesitaba todo, así que me decidí y baje la ladera corriendo hacía el pueblo.

Llegué, ya había oscurecido cuando entre a las primeras calles, no tenía de otra tenia que arriesgarme y pedir ayuda, veía las fachadas de las casas buscando una corazonada que me llevara a la correcta, pase varias calles llegando a una gran mansión podía decirse que triplicaba el tamaño de una casa regular, no tenía portón así que decidí entrar, corrí por todo el camino lleno de jardines, que me dirigía a la entrada principal al llegar a la puerta, era enorme tallada en caoba oscuro,  estaba finamente esculpida con relieves que sellaban el encuentro de un bosque con la luna llena y por extraño que parezca relucía por sobre todo ello, el espectacular diseño de un lobo labrado en ónix.

Toqué la puerta, los golpes retumbaban con tal violencia que traicionaban mi urgencia, mis nudillos empezaron a arder, pero eso no me detendría, sentía que era el lugar correcto, alguien abriría y me ayudaría estaba segura de ello.

Volví a golpear a puño cerrado.

–Holaaaa, necesito ayuda, anunciando en el tono apremiante de mi voz la opresión que tenía en el pecho. Al fin escuche pasos, eran acompasados, seguía tocando esperando con ello, aceleraran el paso, las bisagras parecían burlarse de mi desesperación, la puerta se abrió lentamente, una señora de mediana edad, con cabello pintado por algunas canas, con una bata de descanso me veía con sorpresa, no logró decir nada antes de que yo me atreviera sin mas a dar un par de pasos, colarme en el recibidor y con los ojos de par en par y mi respiración agitada, logré decir, mi amigo León corre peligro.

 -León Vance, ¿El hijo del Delta? –Preguntó la mujer con voz asustada.

Mis ojos parecían querer saltar de sus órbitas; no había espacio en mí para asimilar la sorpresa de lo que acababa de escuchar. Me quedé inmóvil, con el corazón desbocado, intentando encontrar algo que decir, pero nada apareció. Me quede ahí, con la sorpresa aun contenida, es que acaso León era una persona totalmente desconocida, todo lo que creía, ahora era incierto.

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