LOGIN—No hay tiempo que perder— dije, sin poder disimular la urgencia que me consumía, ¿Hay alguien aquí que pueda acompañarme? Tengo que asegurarme de que está a salvo. Sentía los latidos de mi corazón golpeando mi pecho. —Nos perseguían unos lobos…, yo corrí- tragué saliva, la culpa me inundaba
—Y creo él se rezagó y lo alcanzaron, tenemos que rescatarlo.
—Calma niña, calma- dijo la señora aparentando serenidad, se notaba ella buscaba tranquilizarme aunque fuera solo un poco, me sostuvo por los brazos y me guio al interior de la casa, me condujo a una estancia amplia, la cual me genero al instante una sensación de seguridad, me sentó en una banca frente a una chimenea encendida.
–Vuelvo en un momento, me paso una manta, la cual coloque al instante sobre mis hombros.
-Tengo que comunicárselo al Delta, debo ponerlo al tanto de la situación, no te muevas de aquí por favor niña.
Solo habían pasado unos cinco minutos cuando escuché un aullido estremecedor, casi como si proviniera del interior de alguna habitación de la casa, escuche unírsele un par de aullidos más al primero, rompiendo el silencio nocturno. Me incorporé de un salto, esperando ver algo, cualquier cosa, pero por contrario, no había nada.
Las pisadas y gruñidos se fueron alejando, desvaneciéndose tan rápido como habían aparecido, hasta que dejé de percibirlos por completo.
Entró nuevamente la amable mujer, con una media sonrisa dibujada en el rostro.
—Todo estará bien ahora, no te preocupes más —dijo con voz pausada—. Ven, vamos. Te daré una habitación para que te asees y cambies de ropa. Verás que pronto estarán todos de vuelta en casa.
La serenidad con la que habló logró calmarme… al menos por un momento. Había llegado al lugar correcto. Conocían a León, de eso no cabía duda. Así que decidí tener fé ciega en sus palabras.
Esperaría por él aquí mismo, aunque, en el fondo, yo sabía que había mucho más de lo que ella me decía, algo que pronto estaría al descubierto y cambiaria mi vida para siempre.
Me di un baño rápido; no quería perder tiempo. Debía estar disponible por si algo se ofrecía cuando regresaran. El agua apenas logró relajarme, tenía toda la tensión acumulada en mis hombros.
Salí del baño todavía secándome el cabello, me detuve en seco. Nuevamente, como por arte de magia, tal como había ocurrido en la casa del pueblo anterior, había un cambio de ropa perfectamente doblado sobre la cama, dispuesto para mí.
Pero, a diferencia de aquella vez, esta habitación era de lo más lujosa. Las paredes estaban cubiertas con el más fino tapiz, de tonos suaves y elegantes. La cama, amplia y confortable, Un gran candil colgaba del techo, proyectando una luz cálida que bañaba cada rincón, -¿Ahí vivía León, mi amigo que me dijo era huérfano, resulto ser millonario?
Bajé por las escaleras que me conducían nuevamente a la estancia con chimenea. Prefería esperar allí, frente al fuego, donde al menos el calor parecía acallar mis pensamientos. Me senté en el mismo sillón de hacía unos minutos. Poco después, la mujer se acercó con una taza de café humeante entre las manos y me la entregó.
—Gracias —murmuré, dedicándole una sonrisa.
—Me llamo Maelis… ¿puedo esperar aquí contigo?
Señalé el espacio libre junto a mí para que se sentara. Ella volvió a sonreír se acomodó y comenzó a hablar. —Conozco a León desde que era un cachorro. Sus padres son personas extraordinarias, bueno la señora ya no está con nosotros... pero el Delta sigue siéndolo. Me acogieron cuando me quedé sin manada. Desde entonces he cuidado esta casa… y la crianza de mi niño.
Sus palabras tenían un peso extraño. —Hasta que tuvo que mudarse a aquel pueblo… —hizo una breve pausa, mirándome con ternura—. Para poder estar más cerca de ti.
No supe si debía sorprenderme. La lógica había dejado de existir hacía días, así que me limité a asentir, intentando procesarlo todo. —Entonces… ¿tú sabes quién soy? —pregunté, aunque ya intuía la respuesta. Maelis asintió con la cabeza sin dejar de sonreír.
—Oh, claro, niña. Eres Tessa. También conocí a tus padres… y a ti, te conocí cuando eras muy, muy pequeña. Me sentí ahogada entre un mar de sensaciones nuevas, mis padres, una palabra que hasta hoy no tenía sentido alguno, lo cobraba en este momento, existieron, fueron reales, yo estaba a su lado.
El fuego crepitó con fuerza, mi mirada se profundizo en el ir y venir de las llamas, en ellas había una verdad que yo apenas empezaría a descubrir. Ahora estaba segura, mi llegada a esta casa, no fue mera casualidad, el destino me trajo aquí.
La puerta principal se abrió de golpe con gran estruendo, una avalancha de pasos para después comenzar a subir las escaleras. Voces alzadas, urgentes, tensas.
—¡Maelis! —gritó una voz masculina, cargada de premura y una preocupación apenas contenida. Ella se incorporó al instante y salió con agilidad hacia el piso superior.
Yo me quedé paralizada un segundo. Si habían regresado así… era por algo. Tenía que saberlo. Tenía que saber si habían encontrado a León.
Subí tras ella, más despacio, dejando que llegara primero. Mi corazón latía con tanta fuerza que temí que alguien pudiera escucharlo. La vi entrar en una habitación al final del pasillo. La puerta quedó entreabierta. No desaproveché la oportunidad.
Avancé con sigilo, y me acerqué hasta quedar frente a la rendija. León yacía inconsciente sobre la cama.
Esas no eran heridas, eran pedazos de piel desgarrada los cuales colgaban como jirones. Uno de sus brazos se doblaba en un ángulo antinatural. Su cuerpo estaba cubierto de carmesí, la imagen era brutal.
Sentí que el mundo me daba vueltas. ¿Estaba muerto? Mi corazón se paró por un segundo. Y entonces, apenas perceptible, su pecho se movió.
No me di cuenta en qué momento las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, esto era mi culpa, él estaba así, porque me perseguían a mí. Un sollozo ahogado escapó de mi boca; logré sofocarlo cubriéndome con la palma de la mano. No quería que notaran mi presencia.
Dentro de la habitación, sus heridas estaban siendo limpiadas y vendadas con rapidez. Maelis cosía la piel desgarrada sobre sus costillas con manos expertas. El rostro de León comenzó a tensarse en gestos de dolor. Poco a poco recobró la conciencia. Sus párpados se abrieron apenas en una fina línea, y su boca, aún manchada de sangre seca, se movió con esfuerzo.
—Encontraron a Tessa, padre —su voz era apenas audible—. La manada Sombra Nocturna logró localizarla… aún no sé cómo, pero está en peligro, debo encontrarla. Intentó incorporarse, pero le fue imposible.
Una mueca de dolor agudo cruzó su semblante.
—Quédate en tu lugar —gruñó un hombre de cabello gris y expresión sombría.
Sus rasgos eran casi un reflejo envejecido de León. La misma mandíbula firme. Y los mismos ojos azul profundo, como océano bajo tormenta, ese debía ser su padre. La preocupación lo atravesaba por completo, entonces comprendí la manada Sombra Nocturna aunque no supiera que significaba, me puso una marca, tal vez una sentencia de muerte.
Corro.Mis pulmones arden y mis piernas comienzan a pesarme, pero no puedo detenerme, Sé que aún están detrás de mí.Son dos enormes lobos, puedo escuchar el golpeteo de sus patas contra la tierra, están cada vez más cerca, sus gruñidos se mezclan con el sonido de mi respiración desesperada y, aunque intento acelerar, algo me impide avanzar.—No… —susurro, aunque no sé si se lo digo a ellos o a mí misma.Extiendo las manos hacia los árboles que aparecen frente a mí.En cuanto mis dedos rozan la corteza, algo despierta, las raíces comienzan a emerger del suelo con una fuerza descomunal. Se retuercen, se entrelazan y avanzan como serpientes hasta formar una barrera frente a mí, los lobos chocan contra él, aun cuando sus fauces intentan atravesarlo y sus garras tratan de desgarrar el enramado, no pueden… estoy a salvo.O eso quiero creer, el miedo ya se ha apoderado de mí y me ha paralizado, no puedo moverme mucho menos correr, solo puedo mirar cómo aquellas criaturas intentan abrirse p
Desperté temprano, pero sentía que había descansado como nunca.Bajé la cabeza y aspiré su aroma.Era apenas un aroma humano, suave, distinto a cualquier cosa que hubiera conocido y que, aun así, empezaba a convertirse en una droga para mí.Cómo deseaba conocer su verdadero aroma.Cerré los ojos y dejé un beso fugaz sobre su cabello. No quería despertarla. Habíamos pasado toda la noche abrazados y, si alguien me hubiera preguntado, habría dicho que había sido la mejor de las noches.Me levanté con el mayor cuidado, procurando no hacer el menor ruido.Soltarla fue, sin duda, la parte más difícil.Por un instante me negué a separarme de ella. Quería quedarme ahí, seguir sintiendo su cuerpo junto al mío y disfrutar de aquella paz que había encontrado entre sus brazos.Pero sabía que tenía cosas que resolver.Ecos Salvajes.Mientras más rápido solucionara aquella situación, más pronto se marcharían de mi territorio y podría volver a ocuparme de lo verdaderamente importante.Ella.Me di un
Estaba más que molesto. La situación del emparejamiento con alguna de las hijas de Marcellus estaba resultando mucho más difícil de postergar de lo que había imaginado, la reunión se había extendido demasiado y, con cada minuto que pasaba, los comentarios e insinuaciones de Astrid se hacían más evidentes para todos los presentes, a cada momento que pasaba, Azrel la detestabra cada vez más.Astrid se mostraba demasiado segura de sí misma y no podía evitarlo, eso solo conseguía alimentar mi irritación, no podía creer que ella fuera la opción que Marcellus había considerado para convertirse en mi Luna. Decidí no perder el tiempo y empecé a analizarlas, a ambas, observar cada gesto, cada palabra, cada reacción para buscar sus debilidades y errores, cualquier razón, por pequeña que fuera, que pudiera utilizar para descartarlas como posibles candidatas. Pero incluso mientras las observaba, mi mente regresaba una y otra vez al mismo punto. Tessa.Me preguntaba qué estaría haciendo, cuánto
—Tessa, Daryion podrá ser un alfa obstinado y orgulloso, pero también es alguien muy protector con los miembros de su manada.Erix hizo una breve pausa y me miró de reojo.—Contigo, sin embargo, es sobreprotector.—No lo es.Mi respuesta salió demasiado rápido.Erix soltó una pequeña risa.—Claro que lo es.—Solo intenta controlarme.—Eso también.Erix sonrió.—Pero, la razón por lo que lo hace es algo que le cuesta mucho admitir lo que le está sucediendo contigo.Su expresión se volvió ligeramente más seria.—Así que dejemos esa conversación entre nosotros, ¿está bien?—Pienso que te estás equivocando, Erix.—Tal vez, pero de lo que estoy seguro, es de que en todo el tiempo que tengo de conocerlo, nunca había visto a Daryion tan preocupado por alguien hasta que llegaste tú.Mi corazón dio un pequeño vuelco.Aparté la mirada.Continuamos caminando por el pasillo durante unos segundos más, hasta que finalmente volvió a hablar.—Sabes, él me mandó a buscarte, cuando vi que no estabas en
No sabía qué hacer… Tal vez habían pasado veinte minutos… quizá treinta, pero Daryion no regresaba, y eso me generaba una gran incertidumbre por todo lo que había dejado tras su partida.No podía dejar de pensar en ello.Él no me había dicho qué quería de mí, y cuanto más tiempo pasaba, más preguntas comenzaban a atormentarme.Tal vez todo era cierto y yo simplemente me había negado a verlo.Tal vez Daryion tenía varias mujeres y, quizá, para él yo no era más que una distracción pasajera, alguien que no merecía una explicación. ¿Por qué habría de desperdiciar su tiempo intentando hacerme entender algo?Yo solo era una mujer lobo sin conocimientos sobre su mundo, una niña, como él mismo había dicho.No era nadie relevante en su vida y eso realmente me dolía.Ahora sabía por qué, aunque intentara convencerme de lo contrario, una pequeña parte de mí había comenzado a desear significar algo para él.Me levanté de la silla de golpe ya no soportaba seguir allí sentada, inmóvil, como si mi ún
Muchas… gracias.Su voz se quebró al pronunciar aquellas palabras.Al instante siguiente se abalanzó sobre mí y me rodeó con los brazos, su cálido abrazo me tomó por sorpresa y sentí cómo algo se acomodaba dentro de mi pecho, una sensación desconocida, intensa… una plenitud que jamás había experimentado.Por un momento todo el ruido a nuestro alrededor desapareció. Solo existía ella.Sin pensarlo, llevé mi mano libre hasta su cabeza y acaricié lentamente su cabello. Era tan suave que resultaba imposible no prolongar aquel contacto.Era perfecta.Y esa certeza me asustó más que cualquier enemigo al que hubiera enfrentado, Azrel rugió complacido en el fondo de mi mente, alimentando el deseo que ambos compartíamos.Es nuestra.Apreté la mandíbula para mantener el control.Quería protegerla, mantenerla a salvo de todos aquellos que la perseguían… pero también existía otra verdad que apenas empezaba a aceptar.La quería para mí.Quería que, algún día, me eligiera por voluntad propia y que e







