ANMELDENCAPÍTULO 26—Has pasado veintidós años creyendo que el placer es algo que se negocia —dice, y siento su mano subiendo por mi muslo por debajo de la falda—; creyendo que tu cuerpo es tuyo. Pero hoy descubrirás la verdad: tu cuerpo responde a la autoridad, responde a la certeza de que alguien más ha tomado el control.Su mano sube más, más allá de la liga de mis medias, hasta llegar a mi ropa interior, tocando mi centro húmedo y resbaladizo. Suelto un gemido ahogado; mi cabeza cae hacia atrás, exponiendo mi cuello de forma instintiva.—¿Te gusta esto, Camila? —pregunta, sintiendo la presión de sus dedos a través de la tela—. ¿Te gusta saber que no puedes huir, que no puedes decidir cuándo termina esto?—Sí... —susurro, y la palabra es un ruego—. Por favor, Amy...—No me llamarás por mi nombre cuando estemos a solas: te dirigirás a mí como "Ama". Y para que quede claro, un "por favor" no es suficiente —responde ella. De repente, la presión desaparece; su mano se retira, dejándome en
CAPÍTULO 25El traslado a mi nueva realidad es tan fulminante como el cierre de un trato multimillonario: no hay tiempo para despedidas melancólicas en mi apartamento ni para recoger las tazas de café o los recuerdos de una vida que, de repente, se siente como una película en blanco y negro vista hace décadas. Amy ha decidido que mi vida anterior es un lastre, y ella no permite que sus posesiones carguen con pesos innecesarios.El auto negro nos deja en la entrada privada de su edificio. El mismo portero de la noche anterior, con una discreción que raya en lo robótico, nos abre paso. Esta vez no hay carreras ni huidas por el vestíbulo; camino al lado de Amy sintiendo el roce de su brazo contra mi hombro —debido a la diferencia de altura—, un contacto que ahora está sancionado por un documento legal que descansa en su maletín. El ascensor, nuestro confesionario, se eleva en un silencio que ya no se siente tenso, sino expectante.Al entrar en el penthouse, las luces se encienden con
CAPÍTULO 24Me muerdo el labio inferior, pensando en lo que debo hacer. Un pensamiento muy descabellado sale de mi boca antes de que tenga tiempo de procesarlo:—¿Es esto lo que les has hecho a tus anteriores secretarias?Su mirada cambia tan rápido como un parpadeo: ya no me está mirando con deseo, sino que su rostro se ha endurecido.—No tengo por qué darte ninguna explicación, Camila. No olvides que fuiste tú la que aceptó venir a mí en primer lugar. Si sabes leer, entiendes perfectamente el concepto de confidencialidad: no hablo de mis asuntos con nadie, mucho menos de mis sumisas.Automáticamente me siento regañada, molesta y asaltada por una ola de celos, porque algo me dice que ha tenido más de una sumisa y que alguna de ellas ha sido una de sus secretarias.—¿Por qué? —pregunto, levantando la vista del papel—. ¿Por qué necesitas un contrato para esto? Ya te dije que soy tuya.Ella se inclina hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio. La luz de la lámpara perfil
CAPÍTULO 23—¿Qué quieres decir con que la reunión se cancela, Camila? —la voz de Julian al otro lado del teléfono vibra con una mezcla de desconcierto y molestia—. Tenía el análisis de escaleta listo para presentárselo a la señora Murphy esta misma tarde.Sostengo el auricular con una indiferencia que no sabía que poseía. Miro hacia la puerta cerrada de la oficina de Amy antes de responder.—Lo que quiero decir, Julian, es que la señora Murphy ha reestructurado la dinámica del proyecto Nocturna —le digo con tono pausado, desprovisto de cualquier empatía; sé que todo esto se debe a que tengo un propósito muy claro al cual estoy completamente decidida a llegar—. Tu participación en la coordinación editorial queda cancelada a partir de este momento. Yo me haré cargo de la comunicación directa con ella.—¡Esto es absurdo! —protesta, elevando la voz—. Llevo semanas trabajando en esto. ¿Es una broma? Déjame hablar con ella directamente...—No hay nada que hablar —lo interrumpo con fir
CAPÍTULO 22Ella sonríe: es una sonrisa oscura, llena de victoria anticipada. Acorta el último centímetro de distancia, presionando su cuerpo contra el mío. El ventanal frío y sólido detrás de mí contrasta violentamente con el calor abrasador que emana mi piel. Detrás de nosotras, Nueva York se extiende, pero para mí el universo se ha reducido a la mujer que tengo ante mis ojos, la cual me tiene acorralada... y donde, curiosamente, quiero estar.—Mírate —me dice, pasando su otra mano por mi cintura y apretándome—. Has venido aquí vestida para llamar mi atención, has venido a buscar ese mismo fuego que te asustó hace unos días atrás. Estás rogando, Camila; estás rogando por mi dominio.—No estoy rogando —miento, aunque mis manos suben a sus hombros, aferrándose a la tela de su traje como si fuera lo único que me impide caer.—Tus labios dicen que no, pero tu cuerpo... tu cuerpo está pidiendo a gritos que le ponga las manos encima —Amy baja la cabeza, rozando con sus labios el lóbulo
CAPÍTULO 21Me despierto con una determinación que me hace sentir miedo de mí misma. Hago toda la rutina matutina de todos los días: bañarme, cepillarme, preparar café, desayunar... Y, por último pero no menos importante, la ropa: esta vez elijo una falda tubo negra que se ciñe a mis caderas y una blusa de seda blanca, casi transparente, que deja adivinar el color del encaje de mi sujetador si la luz da en el ángulo correcto. Me suelto el cabello dejando que las ondas castañas caigan salvajes sobre mis hombros y me pinto los labios de un color rojo oscuro. Mis ojos los maquillé en tonos marrones, blanco y negro para que pudieran resaltar aún mejor con un delineado impecable.Si ella quiere silencio, yo le daré un grito visual; si ella quiere distancia, yo romperé ese espacio hasta que no quede aire entre nosotras.Tengo que demostrarle que ella tampoco puede apartar los ojos de mí, como yo no puedo hacerlo de ella; que yo también causo un efecto en ella, así como ella lo hace en mí