INICIAR SESIÓNCapítulo 23.Decepción dolorosa.El forense se endereza, se quita las gafas de protección y lo mira con respeto y cautela antes de hablar.—Señor Monsalve… hemos realizado una revisión minuciosa de la estructura ósea del infante. No se aprecian fracturas previas, ni signos de traumatismo contundente, ni lesiones óseas compatibles con maltrato físico, violencia o golpes de ningún tipo. Los huesos son frágiles, propios de un neonato a término o ligeramente prematuro, pero morfológicamente íntegros en cuanto a la ausencia de agresión externa.Un temblor imperceptible recorre la mandíbula de Lucian.—Entonces… ¿de qué murió? —pregunta, sintiendo que el aire se vuelve irrespirable.—Por el estado de los restos y la falta de patologías traumáticas evidentes, los indicios apuntan a una causa de muerte de origen patológico o sistémico —explica el forense con profesionalismo—. Pudo tratarse de un fallo respiratorio agudo, una malformación congénita interna no osificada, una infección fulminant
Capítulo 22.Incertidumbre. Gabriel regresa con pasos lentos y se detiene a su lado al ver el cuadro devastador.—Mi hijo, Gabriel… Ella tuvo a mi hijo, y lo perdió… ¡lo perdió! —solloza Lucian, apretando con desesperación los pequeños huesos contra su pecho, con el llanto destrozándole las entrañas.—Escúchame, hijo… piénsalo bien. No es posible, ella no… Yo regresé tal como me lo pediste en su momento, pero cuando vine, ella ya estaba viviendo con él, con Marlon. Nada te garantiza al cien por cien que este bebé fuera tuyo…—¿Qué estás diciendo, hijo de puta? ¿Quieres que te vuele la cabeza ahora mismo? —le apunta Lucian con su pistola, con el rostro desfigurado por el dolor y la furia.—Mátame si quieres, muchacho, pero te lo digo: cuando yo vine a buscarla, ella ya estaba atada a ese hombre. Nada garantiza que este niño sea de tu sangre. Te lo advierto: no importa lo que ella haya hecho en el pasado, si de verdad hubiera estado embarazada, tu abuelo habría sido el primero en saber
Capítulo 21.Tormenta de dolor.Lucian desciende del auto. Observa el vasto terreno baldío, y uno de sus escoltas se acerca de inmediato con cautela.—¿Pasa algo, señor?Lucian guarda un silencio absoluto. Ya no están juntos por culpa de los caprichos del destino, pero el simple hecho de saber que ella sigue frecuentando este lugar lo llena de una extraña y dolorosa nostalgia. Recorre el perímetro con la mirada, notando con desagrado que partes de la propiedad han estado siendo vendidas y loteadas de forma clandestina.—¿Quién tiene acceso a estas tierras? ¿Quién ha otorgado permisos para vender esta zona? —pregunta con voz gélida.—Señor… el gobierno ha implementado un plan de adjudicación de tierras no pavimentadas para la venta rápida y recaudación de fondos. Están dividiendo este sector en lotes para construcción de viviendas populares, y la propiedad cercana al río, por ser considerada un hábitat natural intervenido, va a ser transformada en un vertedero municipal…Lucian escruta
Capítulo 20.Bajo su mirada.Atenea levanta lentamente la vista, y en el segundo exacto en que sus ojos chocan con esos profundos ojos color miel, su corazón sufre un vuelco violento, haciéndola flaquear de pies a cabeza.—Buen… buen día… —balbucea, intentando mantener la compostura profesional mientras el pánico la invade—Por reglamento, los padres deben esperar detrás de la reja perimetral para evitar obstaculizar el paso de los estudiantes y mantener el orden. Por favor… ¿podría aguardar detrás de la verja? —pide con voz sumisa y temblorosa, mientras sostiene con firmeza la manita de Luciano.De repente, la subdirectora del colegio aparece a toda prisa por el pasillo, arreglándose el uniforme con nerviosismo al ver quién es el protagonista del revuelo.—¿Pero qué dice, señorita Parra? —interrumpe la directiva con tono escandalizado— ¡El señor Monsalve es uno de nuestros benefactores más importantes y respetados de la región! Él tiene acceso libre a todas nuestras instalaciones sin
Capítulo 19. La sombra entre los dos.La rabia se apodera de Marlon con una furia contenida e irracional. Toma su teléfono celular con sorna y marca directamente el número de Atenea, pero del otro lado solo recibe el eco sordo de la línea. Al mirar la hora en la pantalla, se percata de que a estas alturas ella ya debería encontrarse en casa. Frustrado, decide llamar a su suegra, exigiendo respuestas al ver que su esposa sigue sin contestar.—¿Bueno? —responde una voz cansada al otro lado.— Cucha… páseme a Atenea de inmediato.—No está aquí, hijo. Se fue con su padre muy temprano, él la iba a llevar a la escuela.—¡Me lleva el diablo! ¡Infeliz… de los demonios! —Marlon cuelga la llamada de un golpe seco y, con los nervios a flor de piel, le marca a su suegro mientras se aleja a zancadas del grupo de trabajadores.—¿Marlon? —contesta el hombre al segundo tono.—Suegro, ¿fue usted quien llevó a Atenea a la escuela? ¡Deténgala ahora mismo!—La acabo de dejar en la entrada del colegio, ¿
Capítulo 18.Amenaza.En cuanto a Lucian, su única prioridad en este momento es su hijo. Saber que el pequeño ha sufrido otra recaída respiratoria lo sumerge en una tensión asfixiante. Desde su nacimiento, Luciano ha arrastrado una condición de salud extremadamente delicada. Los médicos determinaron en su momento que el tiempo excesivo de espera durante el parto en el canal de salida provocó una deficiencia crítica en sus pulmones, obligándolo a permanecer confinado en una incubadora durante más de un mes y desarrollando un cuadro asmático crónico que se dispara ante cualquier alteración. Esa vulnerabilidad debilita por completo a Lucian, quien canaliza toda su fragilidad a través de los ojos de su hijo.Al entrar en la habitación infantil, Lucian se desliza con sigilo y se acomoda lentamente al borde de la cama. Sus ojos se detienen en la pequeña curita circular que marca el sitio exacto de la inyección intravenosa que le administraron horas antes. Con infinita suavidad, le acaricia







