เข้าสู่ระบบDespués de la declaración de Cristina, dos patrullas de policía fueron a la casa de Edward para interrogarlo. Le hicieron varias preguntas, pero no obtuvieron respuestas concluyentes.Edward, por su parte, había estado buscando a Mariana durante varios días, pero no había tenido suerte en encontrarla.Al principio, los investigadores desconfiaron de su declaración, por lo que se inició un proceso de investigación en su contra.A pesar de que él insistía en que no sabía nada sobre dónde estaba Mariana, la sospecha seguía pesando sobre él.Edward comenzó a sentirse abrumado por la culpa de haberla ayudado, sin imaginar lo que todo esto podría desencadenar. La idea de haber contribuido, aunque sin querer, al caos que rodeaba la desaparición lo atormentaba.La pista que Cristina había dado sobre el posible lugar donde Mariana podía estar escondida comenzó a dar sus primeros frutos.Los oficiales revisaron las cámaras de seguridad de la estación de trenes de Reading. En una de las grabacio
La desaparición de Mariana y del niño había encendido todas las alarmas.Lo que en un inicio se interpretó como una huida desesperada terminó convirtiéndose en una alerta de máxima prioridad.Ese mismo día, después de la captura de Cristina, Mariana Anderson ya no era solo la principal sospechosa del secuestro de Yamir; también figuraba en la investigación por alteración de datos, acceso indebido a sistemas y una cadena de irregularidades que la colocaban en el centro de todo.Las autoridades movilizaron equipos de búsqueda en distintos puntos de la ciudad.En cuestión de horas, su rostro apareció en pantallas de estaciones de policía, retenes, terminales y peajes. Su nombre se repetía por radio en patrullas que no dejaban de moverse.Las órdenes eran claras: localizarla cuanto antes.Esa mañana, una patrulla se detuvo frente a la casa de Anna.Ella estaba sentada en el sofá, sosteniendo entre sus manos una taza de té de manzanilla. La taza temblaba tanto entre sus manos que el té sal
Después de que Marcos interpusiera una denuncia penal contra Cristina, el caso dejó de ser una simple disputa laboral para convertirse en un asunto judicial serio.Respaldado por su equipo legal, Marcos presentó ante las autoridades un expediente con pruebas detalladas: registros alterados, documentos internos, grabaciones de las cámaras de seguridad, reportes financieros y archivos que, según la acusación, comprometían información confidencial de la compañía.La policía abrió una investigación formal de inmediato. Durante los días siguientes, los investigadores trabajaron sin descanso. Reunieron pruebas documentales, analizaron sistemas informáticos y tomaron declaraciones a empleados, supervisores y directivos de la empresa.Después de tener las suficientes evidencias, las autoridades enviaron a la casa de Cristina una notificación formal escrita en la que se le exigía presentarse a declarar en un plazo de setenta y dos horas.Sin embargo, días atrás, Cristina, presa del pánico, muc
Graciela se encontraba en la habitación de Yamir, un lugar que solía estar lleno de risas y juegos, pero que ahora solo reflejaba un profundo vacío. Los recuerdos del pequeño inundaban su mente mientras sus ojos recorrían cada rincón, buscando algún indicio de su presencia.Su mirada se detuvo en la pequeña cama decorada con dibujos de dinosaurios, un refugio que había sido testigo de tantas noches de cuentos y sueños. Con un suspiro profundo, se sentó lentamente sobre el colchón; su mano rozó lentamente las cobijas de lana. Allí, en un rincón, en medio de una pequeña multitud de muñecos, estaba el conejo de peluche que Mariana le había regalado semanas atrás.Lo tomó con delicadeza entre sus manos y lo acercó a su rostro, inhalando con insistencia su aroma, como si su fragancia pudiera traer de vuelta a Yamir. Una lágrima silenciosa recorrió su mejilla, mientras un nudo doloroso se formaba en su garganta.En la entrada de la habitación, George la observaba en silencio desde hacía var
Mariana había llegado a la ciudad de Reading, un lugar que le resultaba completamente desconocido. En sus brazos, Yamir aún dormía plácidamente, ajeno a las preocupaciones que la rodeaban. Con delicadeza, lo cargó y descendió del tren, sintiendo el aire fresco y húmedo que golpeaba su rostro.A su alrededor, la estación estaba llena de movimiento y actividad. Personas caminaban con prisa, arrastrando maletas y hablando en voz baja, mientras el sonido de los trenes llenaba el ambiente con un eco constante. Mariana observaba todo esto con una mezcla de asombro y ansiedad, sintiéndose como una extraña en un mundo que no era el suyo.Al salir de la estación, comenzó a caminar sin rumbo fijo por las calles de la ciudad, con Yamir en sus brazos. Cada paso que daba parecía más pesado que el anterior, y el cansancio comenzaba a pesarle en todo el cuerpo. No conocía la ciudad, no tenía a quién acudir y apenas contaba con el dinero suficiente para sobrevivir unos pocos días.Después de varios m
Mariana salió del taxi justo cuando este se detuvo frente a la estación de tren. Con las manos temblorosas, pagó al conductor y, abrazando a Yamir contra su pecho, se apresuró hacia la entrada, sintiendo la presión del tiempo y el peligro acechando a su alrededor.El lugar estaba lleno de movimiento y ruido. Viajeros arrastraban maletas de diversos tamaños, algunos con rostros cansados y otros con sonrisas de anticipación. Los empleados de la estación se movían de un lado a otro, organizando el flujo constante de personas. Una voz metálica resonaba por los altavoces, anunciando salidas y llegadas. El ruido era constante y, por momentos, resultaba abrumador.Mariana bajó la mirada y se mezcló entre la multitud. No quería llamar la atención, especialmente en ese momento. Con cada segundo que pasaba, la sensación de que los hombres de George podían aparecer detrás de ella se hacía más intensa.Finalmente, llegó a la taquilla y respiró hondo, tratando de calmar su agitado corazón.—Un bil







