LOGINFREYALa negociación transcurrió en un ambiente tenso y asfixiante.Dorian estaba sentado frente a mí, con los ojos fijos en mi cara.Incluso con el velo, incluso con mi voz alterada, insistía tercamente en que yo era Freya.No se equivocaba.Pero jamás lo admitiría.—Respecto a las condiciones de almacenamiento del Corazón de Sangre —continué en tono profesional—, requiere un contenedor de cristal especial, con la temperatura mantenida a diez grados bajo cero...—Basta —me interrumpió.Levanté la mirada hacia él.—Los dos sabemos que esto no se trata del intercambio —dijo con voz cansada y dolida—. Freya, deja esta farsa.Guardé silencio unos segundos.—No sé de qué habla, Su Alteza. —Volví a bajar la vista a mis papeles—. Si no tiene objeciones a los términos, podemos proceder con el intercambio final.No volvió a hablar. Solo se quedó mirándome.Saqué una caja de cristal exquisita de mi bolso. Contenía la fórmula completa y las muestras de la cura de la Plaga de Sangre.—Este es nue
DORIANMe obligué a salir de mi desesperación. No, todavía había esperanza.Pero el mensaje del enviado del Gremio era increíble.—¿La sanadora con la que debo reunirme se niega?El enviado asintió con nerviosismo.—Sí, Su Alteza. Dice que se siente mal y necesita una licencia. El Gremio está dispuesto a enviar a otra sanadora excelente en su lugar...—No —lo corté con voz fría como el hielo—. Solo la veré a ella.Esa era la verdadera razón por la que había venido a Veridia.No por un maldito intercambio del “Corazón de Sangre”.Sino porque había rastreado una pista: la sanadora extraordinaria que curó la Plaga de Sangre tenía cabello largo y plateado.En este mundo, ¿cuántas sanadoras licántropas tenían el cabello plateado?—Su Alteza, pero ella en serio no quiere...—Vuelve y dile a tu Maestro —me puse de pie, imponiendo mi presencia sobre el enviado—que si ella no viene, se cancela el trato.El enviado palideció.—¡Su Alteza, no puede! ¡El Corazón de Sangre es demasiado importante p
FREYAA la mañana siguiente, fui a buscar a Elias.—Maestro, sobre lo de ayer... —toqué la puerta de su oficina.—¡Freya! —Elias levantó la mirada, entusiasmado—. ¡Llegas en el momento justo! Estoy preparando los materiales para la reunión.Su escritorio estaba cubierto de documentos y muestras de hierbas.—En realidad, vine a decirte que no puedo asistir a la reunión.Elias dejó de escribir en seco.—¿Qué? ¿Por qué?Ya tenía mi excusa lista.—Necesito una licencia —dije, intentando sonar tranquila—. Estos últimos tres meses han sido agotadores.—Pero Freya, esta oportunidad es demasiado buena para dejarla pasar...—Envía a alguien más —lo interrumpí—. Marcus o Elena, ambos son excelentes.Elias no pudo disimular la incomodidad.—Pero pidieron reunirse contigo específicamente, Freya. Tú desarrollaste la cura. Tú creaste este milagro.—Entonces diles que estoy enferma —dije, dándome la vuelta para irme—. O que estoy en una misión de campo. Lo que sea, no voy a estar ahí.—¡Freya! —Elias
FREYADos años. Estaba de pie en una torre alta en la ciudad de Veridia, mirando hacia el lugar que alguna vez me destrozó el corazón.Ya no era la misma Freya que se escondió en el Valle Brumoso a lamerse las heridas.Vestía las túnicas azul profundo del Gremio de Sanadores, con la insignia de plata de Sanadora Mayor prendida en el pecho.Después de mi vínculo con un vampiro, jamás podría reincorporarme a los sanadores licántropos, pero el destino me había recompensado con la oportunidad de vivir mi sueño en territorio neutral.Me había ganado ese estatus con dos años de sangre y sudor.El millón de monedas de oro que Viktor me dio fue un buen comienzo.Pero lo que me estableció en el Gremio fue mi talento para la herbolaria y mi determinación temeraria.Durante dos años, acepté las misiones más peligrosas del Gremio.Fui a los glaciares del norte a recolectar lotos de nieve y casi muero congelada.Me adentré en los bosques venenosos del sur en busca de antídotos y casi me mataron las
DORIANUna semana después, Liliana perdió al bebé.Perdió al hijo que llevaba en el vientre y, con él, su lugar en la familia Valkyrie.No la vi por última vez.Ahora estaba sentado en la oficina familiar, con una montaña de documentos apilada frente a mí.Hacerme cargo de los asuntos de la familia siempre fue mi destino, pero ahora era solo una herramienta para anestesiarme.Solo cuando me hundía en ese trabajo tedioso lograba dejar de pensar en ella, aunque fuera un momento.Pero incluso así, el fantasma de Freya estaba en todas partes.Cada informe que leía me recordaba su expresión concentrada cuando me ayudaba a organizar papeles.Cada firma que estampaba me recordaba el suave murmullo de su voz en mi oído.—¡Jacob! —llamé a mi asistente—. ¿Cómo va la investigación?Jacob entró con la cara sombría.—Su Alteza, rastreamos cada pista posible —colocó un informe sobre mi escritorio—. Pero... abordó un barco con un nombre falso, y a partir de ahí se perdió el rastro.Me puse de pie.—¿
DORIANHelena tenía el rostro blanco como hueso. Me miró con terror.—¿Cuánto... cuánto escuchaste? —balbuceó.No respondí.Solo la observé con frialdad, como quien mira a una serpiente venenosa. Mi mirada bastó para silenciarla.En ese momento, unos pasos apresurados resonaron por el pasillo.Viktor llegó a toda prisa, cargando una botella de sangre añeja de las más valiosas.—¿Cómo está? ¿Liliana está bien? —preguntó con ansiedad, venía a consolar a la “indispuesta” futura princesa.Entonces notó la extraña tensión entre nosotros.—¿Qué sucede?Ignoré el pánico de Helena y volví la mirada hacia Viktor. Con calma, empecé a contar la “historia” que acababa de escuchar.—¿Quieres escuchar una historia, padre? Una historia sobre una novia sustituta. Una hermana de Sangre Pura que se negó a casarse, así que su hermana medio-sangre tomó su lugar y engañó a toda una familia...La botella de sangre resbaló de las manos de Viktor y se estrelló contra el suelo. El rojo salpicó el piso: el símb







