INICIAR SESIÓNLirios blancos llenaban el salón, acompañados de hileras de velas que bañaban la estancia con una luz tenue. Familiares, socios e invitados seguían llegando para dar el pésame.
Vaeldric y yo caminábamos despacio, uno al lado del otro, de la mano, como si el caos entre bastidores jamás hubiera ocurrido. —Me dijeron que Lady Ashbourne perdió al bebé al descubrir la infidelidad de Lord Ashbourne. Qué tragedia. Seis años esperando un hijo, y todo para nada. —Seguro que solo es un rumor. Míralos. Siguen pareciendo muy unidos. —No puedo creer que alguien le fuera infiel a Lady Ashbourne. Parece perfecta. ¿Quién será la descarada? Los susurros me llegaban desde todas partes, pero guardé silencio. Desde niña me habían enseñado a ser sorda a voluntad. No todas las opiniones merecían atención. Ser el blanco de los chismes era parte de la vida de una dama noble. Por desgracia, incluso en el funeral de mi hijo, la gente parecía mucho más interesada en hablar de mi matrimonio. Más exactamente, de la infidelidad que, según los rumores, lo estaba destruyendo. Nadie me preguntó cómo me sentía. Nadie preguntó por mi bebé. Nadie siquiera me dirigió la palabra. Solo había sonrisas forzadas y miradas compasivas, como si la víctima de toda esta tragedia fuera yo. No. La verdadera víctima era mi hijo. Yo seguía viva. Y la venganza nunca fue difícil para los vivos. Mi bebé, en cambio, jamás tendría la oportunidad de verme con sus propios ojos. —Mi más sentido pésame por su pérdida, Lord y Lady Ashbourne. —Cyran se acercó a nosotros. Esta vez vestía únicamente una sencilla capa negra, sin ningún emblema real. —Gracias por sus condolencias, Lord Ardent —respondió Vaeldric con sequedad antes de darse la vuelta. Cyran inclinó la cabeza y se unió en silencio a los demás invitados. Yo me senté en mi asiento ceremonial, sin el menor interés por lo que ocurría a mi alrededor. Mientras tanto, Vaeldric seguía recibiendo el pésame y, de vez en cuando, invitaba a los presentes a disfrutar del refrigerio preparado para la ocasión. El salón estaba lleno. Y aun así, como siempre, me sentía sola. Poco a poco me escabullí hasta un banco con vista al jardín, lejos de la multitud. —Como anfitriona, no creo que deba escabullirse de este modo. —La voz me sobresaltó. Casi perdí el equilibrio, pero su dueño me tomó de la mano y me sostuvo. Qué dramático. Si pudiera, borraría con gusto esta parte de mi historia. —No sabía que usted también podía ser torpe. —El príncipe heredero estaba frente a mí, acompañado de su ayudante. Eso bastó para sorprenderme. Al parecer, la noticia de mi aborto se había convertido en un espectáculo tal que incluso la realeza había decidido asistir a la recepción por el funeral de mi hijo. —Alteza, le ruego me disculpe. Jamás imaginé que vendría en persona. Es un verdadero honor. —Incliné la cabeza con respeto. No muy lejos, Cyran se acercó de inmediato. Con razón no llevaba ningún emblema real ese día. El príncipe había decidido asistir en persona. —Es torpe desde niña, Alteza —dijo Cyran, intentando aligerar el ambiente. Para mi sorpresa, los dos se trataban con bastante confianza. Siempre había creído que eran igual de reservados. Quizá al notar mi incomodidad, Cyran no tardó en llevarse al príncipe heredero a otra parte. Exhalé en silencio, aliviada, al quedarme sola de nuevo. De haber podido elegir, preferiría encerrarme en mi habitación antes que socializar con nadie allí. —Mi señora, perdone que la moleste. —Brita se acercó, visiblemente nerviosa. Esperé en silencio a que continuara. —Lady Varenn está aquí, mi señora. Desea verla en persona. —Brita cerró los ojos con fuerza tras dar el mensaje. Una muestra de lo incómoda que se sentía. Qué atrevimiento. Y qué necedad. Lysara había venido hasta aquí y pedía verme directamente. Debería haber fingido que nada había pasado. Después de todo, el público seguía sin pruebas de que fuera la amante de Vaeldric. Solo había rumores. Ninguna evidencia. Por eso mismo había confiado en Vaeldric durante tanto tiempo. Fruncí el ceño. Esto no era propio de Lysara. Siempre había sido vacilante, cautelosa, aterrada ante cualquier riesgo. Demasiado frágil para algo tan temerario. ¿Alguien la habría influenciado? ¿O su fragilidad había sido una actuación desde el principio? Antes de que pudiera responder, Lysara ya se acercaba. Y adivinen quién la escoltaba. Nada menos que el intachable, el irreprochable Lord Vaeldric Ashbourne, guiando a su preciada acompañante directamente hacia mí. Ya no estaba furiosa por celos. Estaba furiosa porque esas dos personas me habían conducido directo a una mesa de operaciones y a la pérdida de mi hijo. Varios sirvientes se acercaron con nerviosismo, claramente con la intención de intervenir. —Quizá sería mejor posponer esta conversación, mi señora. —No. —Sonreí—. Tengo curiosidad por ver adónde lleva esto. —Los rumores empeoran, Vaeldric. ¿Qué se supone que haga? —Lysara habló en voz baja, pero estábamos lo bastante cerca como para que oyera cada palabra. —No te preocupes. Yo me encargo. Estás en esta situación por mi culpa. Claro. Incluso ahora seguía protegiéndola. Seguía escudándola de cada acusación. Verlo me dieron ganas de destrozarlos a ambos. —Lady Ashbourne... —Qué formal, Lysara. Normalmente me llamas Seraphina. —Seraphina... lo siento. —¿Por qué? —Por este malentendido. Sonreí con calma. —No te preocupes. Confío en ti, Lysara. Me acerqué y le di unas suaves palmadas en el hombro. —Una mujer como tú jamás tendría segundas intenciones al acercarse al marido de otra. El rostro de Lysara palideció al instante. A su lado, Vaeldric apretó la mandíbula. —Seraphina. ¿Dónde están tus modales? —La defiendes. Desestimas cada rumor que la rodea. La proteges de cada acusación, cuando yo debí ser la primera a quien consolaras, Vaeldric. —Mi voz se mantuvo perfectamente serena. —He guardado silencio demasiado tiempo. Y aun así, ahora resulta que la culpable soy yo por sentirme herida por tus actos deplorables. —Mi mirada fue de uno a otro. —Realmente están hechos el uno para el otro. —Una leve sonrisa asomó en mis labios. —¿Por qué no la presentas ahora mismo como tu amante, Vaeldric? —El silencio que siguió fue ensordecedor. —Así, al menos, todos aquí podrían dejar de fingir que la dignidad todavía importa.—Mis disculpas por esta escena tan inapropiada, a todos. Creo que necesito descansar, pues aún no me he recuperado del todo. Con su permiso, y por favor, disfruten de la recepción.Incliné ligeramente la cabeza, porque la herida de la cesárea todavía me dolía cada vez que me movía demasiado. El silencio que había caído sobre el salón por el pequeño alboroto que causé se fue disolviendo poco a poco en murmullos.—Ah, y Lady Varenn ocupará mi lugar durante el resto de los actos. Igual que ha hecho en tantas noches anteriores. Junto a Lord Ashbourne, en mi lugar. —Me aseguré de que mi voz se oyera con claridad.Los incesantes flashes de las cámaras no podían ocultar la mirada afilada de Vaeldric. Casi podía oír cómo le rechinaban los dientes.No me importó. Antes de empezar todo esto, ya lo había perdido todo. Ni siquiera mi dignidad era algo que me interesara proteger. Así que escriban lo que quieran esta noche, queridos reporteros.—Les pido disculpas por este desafortunado incidente.
Lirios blancos llenaban el salón, acompañados de hileras de velas que bañaban la estancia con una luz tenue. Familiares, socios e invitados seguían llegando para dar el pésame.Vaeldric y yo caminábamos despacio, uno al lado del otro, de la mano, como si el caos entre bastidores jamás hubiera ocurrido.—Me dijeron que Lady Ashbourne perdió al bebé al descubrir la infidelidad de Lord Ashbourne. Qué tragedia. Seis años esperando un hijo, y todo para nada.—Seguro que solo es un rumor. Míralos. Siguen pareciendo muy unidos.—No puedo creer que alguien le fuera infiel a Lady Ashbourne. Parece perfecta. ¿Quién será la descarada?Los susurros me llegaban desde todas partes, pero guardé silencio.Desde niña me habían enseñado a ser sorda a voluntad. No todas las opiniones merecían atención. Ser el blanco de los chismes era parte de la vida de una dama noble.Por desgracia, incluso en el funeral de mi hijo, la gente parecía mucho más interesada en hablar de mi matrimonio.Más exactamente, de
—¿Qué intentas conseguir exactamente, Lady Ashborne?Sebastian y los demás abogados de la familia Velmont parecían atónitos al haber sido convocados tan repentinamente dadas las circunstancias actuales.—Averigüen qué bienes están registrados a mi nombre y cuáles están a nombre de Vaeldric. Hagan un inventario de todo y preséntenme un informe lo antes posible, incluyendo cada acuerdo relacionado con ellos.Asintieron sin hacer demasiadas preguntas. Aun así, los vi intercambiar miradas a mis espaldas, claramente confundidos por lo que estaba ocurriendo. La preocupación era evidente en los rostros de los tres miembros del equipo legal.—También quiero saber qué opciones tengo para congelar todos los bienes que estén a mi nombre. Si es posible, congélenlos todos. Vaeldric solo podrá acceder a ellos con mi permiso. Ni más ni menos.—¿Todos ellos, mi lady?La vacilación en el rostro de Sebastian era imposible de ignorar. Las líneas que los años habían marcado en su piel parecían aún más pr
—¿Qué te trae hasta aquí, Cyran?Vaeldric pareció incómodo al ver a Cyran con sus ropas ceremoniales. Por supuesto, entendía que aquella no era una visita cualquiera.—Simplemente he venido en nombre del Príncipe Heredero y del Reino para ofrecerles mis condolencias por su pérdida, Lord y Lady Ashborne.—Transmítele mi gratitud y dile a Su Alteza que no tiene por qué preocuparse por este asunto, Cyran. Ahora, si ya has dicho todo lo que tenías que decir, deberías marcharte. Mi esposa necesita descansar más si quiere recuperarse —dijo Vaeldric, con la mirada endureciéndose.—Oh, vamos, Vaeldric. Deja que Cyran se quede un rato. Su presencia resulta bastante reconfortante. Me hace sentir que todavía hay alguien a quien le importo. Es una sensación que no he tenido en muchísimo tiempo. ¿Acaso no he pasado todos estos años encerrada en casa para preservar tu noble honor y reputación? En mi estado actual, quizá deberías permitirme sentirme conectada con el mundo exterior otra vez, si de ve
—¿Cómo te sientes, mi esposa?La voz de Vaeldric rompió el silencio.Mis padres habían regresado a casa por un tiempo para ocuparse de asuntos que no podían posponerse. Lo mismo había hecho Abella, que se había quedado despierta toda la noche esperando a que despertara. El señor Sergio también se había marchado, yendo de un lado a otro para asegurarse de que todo siguiera funcionando como debía.Eso nos dejó solo a Vaeldric y a mí en la habitación.Aunque, una vez más, ¿quién sospecharía que el hombre más patriótico y aparentemente perfecto de Valerion podría hacerle daño a su propia esposa?Nadie.Todos creían que estaría a salvo mientras Vaeldric estuviera a mi lado.La verdad era que prefería estar sola.O al menos tener a otra sirvienta conmigo en lugar de él.—¿Te sientes un poco mejor? —preguntó Vaeldric de nuevo.Qué pregunta tan absurda.¿Cómo podía preguntarme eso?Mi esposo me había traicionado.Había perdido al hijo que había esperado durante seis años.Y ahora estaba atrap
Cuando abrí los ojos, ya estaba acostada en una cama de hospital blanca, con todo tipo de cables y equipos médicos conectados a mi cuerpo. Poco a poco, recuperé la consciencia.—¿Mi Lady, está despierta?Abella parecía aterrada. Su rostro estaba casi tan pálido como una sábana al verme. Asentí débilmente, incapaz de hablar correctamente debido al tubo de oxígeno y a todas las demás cosas conectadas a mi cuerpo.Recorrí la habitación con la mirada hasta donde me lo permitieron mis ojos. No había ni rastro de Vaeldric. Esa mujer tampoco estaba allí.Entonces, ¿quién me había traído aquí? ¿Acaso haberlos visto antes había sido simplemente algún tipo de ilusión?—Lord Vaeldric... Ya me he puesto en contacto con él tres veces, Mi Lady. Los médicos necesitan realizar la cirugía inmediatamente para salvarlas a usted y al bebé, pero...Abella pareció percatarse de mi preocupación, aunque su explicación quedó a medias.—...Por favor, no se preocupe, Mi Lady. Estoy segura de que el Lord llegará







