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2-121

last update publish date: 2026-08-31 22:28:57

POV de JOSE

No había llamadas urgentes esperando en el teléfono, ni notificaciones de procuradores exigiendo plazos procesales imposibles, ni escritos judiciales amontonados en los cajones del despacho auxiliar. Solo existían el olor familiar a trementina y aceite de linaza, el tacto rugoso de la madera trabajada y el compás rítmico de mis propios pasos al caminar sobre el suelo de roble.

Me acerqué al gran caballete central, sosteniendo una espátula de hoja flexible, y contemplé la marina en l
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  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   2-131

    POV de JOSEDespués de regresar del prado, con el cometa de Mateo ya guardado en el recibidor y la brisa del norte perdiendo fuerza contra los muros de piedra de la villa, el estudio se había convertido en un refugio de silencio y recogimiento. No quedaban tareas pendientes en la agenda, ni llamadas de procuradores, ni la sombra amenazante de los contratos falsificados en Bilbao. Solo existían el calor de la lámpara de mesa, el aroma persistente de la trementina y la presencia tranquila de Nina, que repasaba un fajo de notas en el sofá orejero junto a la ventana.Me acerqué al gran caballete donde descansaba la última tabla de la bajamar. Con un pincel seco, repasé un matiz casi imperceptible en la espuma representada junto a la roca central, buscando esa textura exacta que solo el salitre seco deja en la piedra tras una larga jornada de mareas vivas. Durante años, creí que la creación pictórica exigía el desgarro interior, la inestabilidad emocional y la urgencia de defenderme de un

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   2-130

    POV de NINAla perspectiva de la costa mostraba esa simetría imperturbable que solo se alcanza cuando las tormentas, tanto las meteorológicas como las que durante años sacudieron nuestras vidas en los tribunales de Madrid y Bilbao, han quedado definitivamente atrás.Dejé sobre la mesa de caoba el último informe emitido por la notaría de Santander, un documento impecable que certificaba la plena titularidad y el blindaje jurídico de la fundación Cantabria y Raíz. Los datos hablaban por sí solos: el fondo de becas para jóvenes creadores se encontraba consolidado, las galerías del norte colaboraban de manera regular en las exposiciones estivales y el modelo de gestión que habíamos ideado en los momentos más críticos de los litigios se estudiaba ahora como un ejemplo de protección para el patrimonio artístico independiente. Ningún fondo buitre, ningún testaferro suizo y ningún notario con intenciones oscuras volvería a poner en entredicho el fruto de nuestro esfuerzo.Me levanté de la sil

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   2-129

    POV de JOSEMe encontraba de pie ante el gran caballete del estudio, sosteniendo una espátula con la que perfilaba los últimos tonos grisáceos de la espuma sobre el lienzo. Durante años, creí que el arte exigía el desgarro interior, que la inspiración nacía exclusivamente de la rabia y del miedo a perderlo todo frente a los acreedores de Bilbao. Hoy, en cambio, cada trazo de óleo respondía a una certeza completamente opuesta: la verdadera creación solo florece cuando la mente descansa sobre los cimientos inquebrantables de la libertad.La puerta se abrió con suavidad y Nina apareció en el umbral, trayendo consigo una taza de café humeante y esa mirada despejada que siempre lograba disipar cualquier residuo de sombra en mi memoria.—Los últimos informes de la fundación ya han sido firmados y remitidos a la notaría de Santander —anunció Nina con una sonrisa luminosa, deteniéndose a mi lado para contemplar la marina—. El fondo de becas para jóvenes creadores está completamente consolidad

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   2-128

    POV de JOSEque el sol cruzó la línea del horizonte, el taller entero quedó inundado por una atmósfera de quietud absoluta, un silencio productivo donde los pinceles, los óleos y los bastidores aguardaban con la paciente disciplina de los elementos que ya no temen al tiempo. No había llamadas urgentes esperando en el teléfono, ni notificaciones de procuradores exigiendo plazos procesales imposibles, ni escritos judiciales amontonados en los cajones del despacho auxiliar. Solo existían el olor familiar a trementina y aceite de linaza, el tacto rugoso de la madera trabajada y el compás rítmico de mis propios pasos al caminar sobre el suelo de roble.Me acerqué al gran caballete central, sosteniendo una espátula de hoja flexible, y contemplé la última marina en la que venía trabajando desde hacía varios días. Era un lienzo de gran formato que capturaba el momento exacto en que la bajamar dejaba al descubierto la piedra caliza del acantilado, bañada por los reflejos dorados de la media ta

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   2-127

    Ya no quedaba rastro de los litigios en Zúrich, ni de las presiones de los fondos de inversión, ni de las amenazas mercantiles que un día intentaron ahogar el talento de Jose en los oscuros despachos de Bilbao. Todo el entramado legal e institucional funcionaba ahora con la perfección armónica de un mecanismo diseñado para perdurar en el tiempo.Me levanté de la silla, sacudí con suavidad las mangas de mi blusa de lino y salí al pasillo con la firme intención de buscar a Jose en el estudio. Al cruzar el umbral, el familiar aroma a trementina, aceite de linaza y madera recién cortada me recibió como una bienvenida a casa. El taller estaba bañado por los últimos rayos de sol que atravesaban los cristales, proyectando largas sombras doradas sobre los botes de óleos y los bastidores alineados con pulcritud.Jose se encontraba de pie frente al gran caballete central, sosteniendo una espátula en la mano derecha y contemplando la última marina que había pintado de la cala inferior. Sobre la

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   2-127

    POV de JOSESobre la superficie del lino, la gran marina que había terminado la víspera mostraba la cala en pleamar, con la espuma blanca abriéndose paso entre los peñascos oscuros bajo una luz de plata. Durante demasiado tiempo, creí que la inspiración pictórica era un tributo que debía pagarse con insomnio, tormento y la angustia constante de sentir que el suelo se desmoronaba bajo mis pies. Hoy, mientras sostenía el pincel entre los dedos con total firmeza, comprendía que la verdadera creación artística no es más que el reflejo de la paz interior; es la forma en que el alma plasma su refugio cuando por fin ha aprendido a no temerle al futuro.La puerta del taller se abrió con un crujido suave, casi imperceptible, y la silueta de Nina apareció en el umbral. Llevaba una chaqueta de punto sobre los hombros y el cabello suelto, con esa expresión de serenidad en el rostro que siempre lograba disipar cualquier resto de cansancio en mis propias —¿Aún despierto, artista? —preguntó Nina con

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