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last update publish date: 2026-09-29 23:23:48

POV de NINA

El brillo de los focos cenitales del plató de televisión no deslumbraba; por el contrario, ejercía una especie de claridad magnética que parecía disipar cualquier rastro de duda o sombra que hubiera intentado aferrarse a mi memoria. Frente a mí, sentado en un cómodo sillón de cuero tostado, el presentador del programa —un periodista de trayectoria intachable y mirada aguda— me dedicó una sonrisa de sincera bienvenida antes de ajustar los papeles sobre sus rodillas y mirar directamen
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  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-35

    -POV de THEOEn la portada de suplemento cultural de uno de ellos, ocupando media página, aparecía una fotografía de Nina tomada la noche anterior durante su intervención en el plató de televisión: elegante, con su vestido azul medianoche, la mirada firme y serena, y un titular que resumía el sentir general de la crítica y los lectores: "Nina Audrey: La voz que convirtió el dolor en una obra maestra de la libertad".Me quedé contemplando la imagen con una sonrisa involuntaria curvando los extremos de mis labios. Había leído ese titular tres veces ya, y cada una de ellas experimentaba la misma descarga de orgullo profundo y visceral. Nadie que viera esa fotografía hoy podría imaginar los años de persecución implacable, las carreras desesperadas por carreteras secundarias oscuras, el sonido de los disparos retumbando en la noche y el peso asfixiante de tener que esconderse tras identidades falsas para salvar la vida. Habíamos quemado los cimientos del imperio de los Vargas hasta reducir

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-34

    POV de NINAEl brillo de los focos cenitales del plató de televisión no deslumbraba; por el contrario, ejercía una especie de claridad magnética que parecía disipar cualquier rastro de duda o sombra que hubiera intentado aferrarse a mi memoria. Frente a mí, sentado en un cómodo sillón de cuero tostado, el presentador del programa —un periodista de trayectoria intachable y mirada aguda— me dedicó una sonrisa de sincera bienvenida antes de ajustar los papeles sobre sus rodillas y mirar directamente a la cámara principal.—Buenas noches a toda la audiencia que nos acompanha en directo en todo el país —comenzó diciendo el presentador con voz pausada y resonante—. Esta noche tenemos el inmenso privilegio de contar en plató con una de las voces literarias más impactantes y comentadas de la temporada. Su novela, un thriller visceral sobre la supervivencia, la corrupción corporativa y la redención, ha sacudido las listas de ventas en tiempo récord. Pero detrás de esas páginas magistrales hay

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-33

    El despertador marcaba las siete y media de la mañana, pero el sonido que inundaba la habitación no era el pitido mecánico y urgente de una alarma rutinaria, sino el eco lejano y cristalino de la risa de Mateo corriendo por el pasillo de la planta baja.Abrí los ojos con una lentitud sosegada, sintiendo en cada músculo de mi cuerpo la extraña y maravillosa sensación de la paz absoluta. Durante años, despertar significaba revisar mentalmente el inventario de amenazas: evaluar el perímetro, comprobar el arma oculta bajo la mesita de noche, calcular los segundos de ventaja ante un posible ataque sorpresa. Hoy, en cambio, lo único que registraba mi mente era el aroma cálido a café recién hecho que se filtraba por debajo de la puerta y el peso reconfortante del brazo de Nina cruzado sobre mi pecho.Me giré con delicadeza para no despertarla. Su rostro descansaba plácidamente contra la almohada, con los labios ligeramente entreabiertos y el cabello castaño desparramado como un abanico de se

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-32

    POV de NINALos aplausos que habían sacudido las bóvedas centenarias del edificio dieron paso a una larga fila de lectores que aguardaban pacientemente con ejemplares de mi novela firmemente apretados entre las manos. Durante las siguientes dos horas, cada firma se transformó en un intercambio de miradas profundas, sonrisas cómplices y susurros de agradecimiento que me llegaron directo al alma.Hubo un momento particular que quedó grabado a fuego en mi memoria. Una mujer joven, de mirada intensa y manos ligeramente temblorosas, se acercó al estrado con el libro abierto por la mitad. Al levantar la vista hacia mí, sus ojos estaban anegados en lágrimas contenidas.—Gracias —me dijo con la voz rota, casi un hilillo de aire—. Cuando leí el capítulo sobre cómo rompiste las cadenas del silencio frente al comité directivo... sentí que por fin alguien ponía palabras a la pesadilla que yo misma viví en silencio durante años. Gracias por no callar.Le devolví la sonrisa con una mezcla de conmoc

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-31

    POV de THEOLos días posteriores a la llegada de los primeros ejemplares impresos a casa transcurrieron en una atmósfera de anticipación vibrante y luminosa. La fecha de la presentación oficial del libro de Nina en una de las librerías históricas más emblemáticas del centro de Madrid se acercaba con rapidez. Por primera vez en años, las agendas que manejábamos no contenían plazos judiciales, comparecencias ante tribunales de instrucción ni avisos de seguridad, sino itinerarios de firmas de libros, entrevistas con medios culturales y reuniones con editores entusiasmados por el fenómeno literario que estaba a punto de estallar en el mercado español e internacional.Eran las seis de la mañana cuando desperté. La luz del alba comenzaba a teñir las cortinas de la habitación con un tono dorado y suave. Me giré despacio sobre el colchón, buscando instintivamente el calor de Nina, pero su lado de la cama estaba vacío. Las sábanas aún conservaban la forma de su cuerpo, pero el suave susurro de

  • Tu arrepentimiento no me importa, José!   3-30

    POV de NINAEl timbre de la puerta principal rompió el silencio de la mañana con un repique seco y nítido que me hizo levantar la vista de la pantalla del ordenador. A través de los ventanales del estudio, el cielo de Madrid se extendía diáfano y azul, bañado por una luz de primavera que prometía un día apacible. Dejé escapar una exhalación suave, aparté los dedos del teclado y me levanté de la silla, sintiendo el crujir leve de las tablas de madera bajo mis zapatillas.Cuando abrí la puerta del recibidor, el repartidor de una conocida empresa de mensajería internacional me saludó con una sonrisa amable, sosteniendo en los brazos una caja de cartón marrón, compacta y sellada con cinta adhesiva de seguridad.—¿Paquete a nombre de Nina Audrey? —preguntó el hombre, extendiendo una pequeña tablet digital para la firma de recepción.—Sí, soy yo —respondí con el corazón latiendo a un ritmo ligeramente acelerado, aunque no de miedo, sino de una expectación inmensa.—Por favor, firme aquí. So

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