Mag-log inEl registro de introducción estaba bajo la lámpara del escritorio, rodeado de todo lo demás que habíamos conseguido descubrir.Informes antiguos. Registros de seguridad. Registros de pagos. Fotografías.Demasiados trozos de papel para una sola familia, y de algún modo todavía no eran suficientes para explicar lo que había ocurrido quince años atrás.Me incliné más cerca del registro.A primera vista parecía ordinario. Un nombre, un número de identificación de empleado, una fecha de entrada y la autorización que había llevado a la persona al círculo íntimo de la familia Rothwell.Pero cuanto más lo miraba, más incorrecto se veía.—La fecha —dije.Adrian levantó la vista del portátil.—¿Qué pasa con ella?—No pertenece ahí.Robert había estado de pie detrás de nosotros sin decir nada. Cogió el documento y lo sostuvo bajo la lámpara.Durante varios segundos no habló.Luego pasó el pulgar con cuidado por el borde de la página.—La fecha original fue cambiada.Adrian se acercó.Robert seña
Robert por fin dice el nombre.Durante un momento no entiendo por qué la habitación se ha quedado tan en silencio. Luego el nombre se asienta en mi mente y me doy cuenta de que lo he oído antes.No una sola vez.Varias veces.Ha estado en el trasfondo de esta investigación, unido a documentos, conversaciones antiguas y trozos de información que nunca parecieron lo bastante importantes como para conectar.Ahora está unido a la segunda llave.Me giro hacia Robert.—¿Esta persona tenía la autorización?—Sí.—¿Además de ti?—Sí.No intenta suavizarlo.La persona había formado parte del círculo de confianza más íntimo de la familia Rothwell durante años. No era personal ordinario. Estaba involucrada en asuntos que Robert no comentaba con todo el mundo: acuerdos financieros privados, registros de propiedades, horarios, decisiones de seguridad e información relativa a los intereses empresariales de la familia.Tenía acceso porque Robert confiaba en ella.Esa parece ser la parte que más le mo
Vuelvo a mirar la firma.Hay algo familiar en ella, y no solo porque la haya visto en los registros de autorización. He visto ese nombre antes. Más de una vez. Ha aparecido en los márgenes de esta investigación, siempre conectado con algo que Robert se mostraba reacio a explicar.Robert se da cuenta de la forma en que estoy mirando el documento.—Conoces el nombre.—Sé que lo hemos visto antes.Acerca el papel.Durante unos segundos ninguno de los dos habla.El estudio oeste se ha vuelto extrañamente silencioso. Incluso Adrian ha dejado de teclear. Su tableta descansa sobre el escritorio mientras espera a que Robert decida qué está dispuesto a contarnos.Señalo el registro de pago.—¿Por qué esta persona recibía dinero de ti?Robert se recuesta en la silla.—No exactamente de mí.—Eso no es una respuesta.—No —dice—. No lo es.Coge el documento y estudia la fecha.El pago se realizó poco después de la muerte de Nathaniel.Hace quince años.En aquel momento se había registrado como un
Los pasos pasan por la puerta del estudio oeste.Levanto la vista tan deprisa que la silla roza contra el suelo.Adrian ya se está moviendo.Abre la puerta y sale al pasillo. Le oigo comprobar el corredor y luego el pasaje contiguo. Robert se queda donde está, con una mano apoyada en el borde del escritorio de Nathaniel.—¿Algo? —pregunta Robert.—No.Adrian regresa unos segundos después.—No hay nadie.Miro hacia el pasillo.—¿Estás seguro?—He comprobado ambos extremos.Robert no responde. Su atención se ha desplazado hacia el suelo.Hay algo cerca de la pared.Un pequeño trozo de papel.Adrian lo recoge y lo despliega con cuidado. Solo quedan unas pocas letras en el fragmento rasgado.Robert las ve.Su expresión cambia.—¿Qué es? —pregunto.No responde.Me acerco.Las letras forman parte de un apellido. Lo he visto antes, disperso entre los registros y documentos que llevamos días reuniendo.El mismo nombre que Robert se ha negado a decir.Lo miro.—Sabes a quién pertenece esto.Ro
—¿Por qué lo protegiste?La pregunta sale más cortante de lo que pretendo.Robert está de pie junto al escritorio, con una mano apoyada en los registros de autorización. El papel se ha doblado y desdoblado tantas veces que los bordes han empezado a ablandarse. Durante varios segundos no dice nada.Adrian sigue junto a la puerta.Robert por fin lo mira.—Danos un minuto.Adrian lo estudia, luego a mí. Lo que ve en nuestros rostros debe bastar, porque asiente y sale al pasillo. La puerta se cierra tras él.Me vuelvo hacia Robert.—¿Y bien?En lugar de responder de inmediato, se deja caer en la silla junto al escritorio. Por primera vez desde que empezamos a indagar en la muerte de Nathaniel, parece menos el hombre que posee la mansión y más alguien que ha pasado años cargando con algo que nunca debió llevar solo.—Sabía quién tenía la segunda llave —dice.Se me aprieta el estómago.—¿Lo sabías?—Me enteré poco después de que muriera Nathaniel.—¿Y no dijiste nada?Robert frota el pulgar
El sonido proviene de algún lugar más profundo de la mansión.Una puerta que se cierra.No con fuerza. Solo un clic suave seguido del leve roce de la madera contra el suelo.Dejo de respirar un segundo.Robert ya se está moviendo.—Quédate aquí —dice.Lo sigo de todos modos.Adrian va detrás de nosotros, con una mano cerca de la radio sujeta al cinturón. Salimos del estudio oeste y avanzamos por el pasillo. La mansión está inusualmente silenciosa a esta hora. Ni televisión. Ni voces desde abajo. Incluso el habitual zumbido del aire acondicionado parece lejano.Robert llega primero a la esquina.Nada.El pasillo se extiende hacia la escalera, vacío bajo las luces de la pared. Todas las puertas están cerradas.Comprueba la más cercana.Cerrada con llave.Otra.Vacía.Miro hacia el final del pasillo.—¿Podría haber sido el viento?Robert niega con la cabeza.—No hay suficiente viento para mover esa puerta.Adrian revisa la entrada lateral y luego mira hacia el panel de seguridad.—Voy a







