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Capítulo 6 David

Penulis: Ginya Les
last update Tanggal publikasi: 2026-10-18 02:07:24

Hay dos cosas en esta vida que hacen que me parta de risa: la primera, un buen chiste, y la segunda, la gente necia. Como, por ejemplo, este hombre que acabo de conocer y, por un estúpido accidente añadido su ego supermasivo, se ha comportado como el peor patán de los patanes con esta dulce damisela. Bueno, no, no soy una damisela, pero que no exagere: un accidente lo puede tener cualquiera y él exageró mucho. Es una nena.

Así que aquí estoy. Parada frente a mis compañeros de clase, Pablo, el chico nuevo «superguapo», el profesor malaleche y, claro, no podía faltar mi ex en la fila de atrás mirándome con desaprobación. Como si él fuera una santa palomita.

El profesor y, para acabarla de amolar, el hombre con el que he peleado ya dos veces hoy está diciendo una sarta de pelotudeces. Así que ¿qué hago? Lo que mejor sé hacer: reírme. Me río de la ironía de la vida, de poner en el mismo salón al futuro padre de mis hijos (ya sé que exagero, pero en verdad está buenísimo) y al tipo que me saca de mis casillas (y no hablo de mi ex) como profesor, todo en el mismo salón durante todo un año.

Además, claro, tengo que reírme de lo necio que es este hombre. Seguro nunca imaginó que me vería en este lugar.

—¿Nos puede contar el chiste, señorita? —me pregunta el profesor con ese acento de inglés hablando español.

Aclaro que habla muy bien el español; se le nota poco lo extranjero si no fuera por su aspecto, que hasta el momento voy notando; no está feo. Pero es muy, como decirlo… parece abuelo con esa vestimenta y esos lentes.

Tomo un poco de aire mientras que veo cómo todos se me quedan mirando como si yo fuera un bicho raro. Incluso el chico coqueto del Uber. El tal profesor está esperando que yo hable y yo solo trato de calmar un poco mi risa para pedir disculpas; al fin de cuentas es su clase y yo llegué tarde, y no podemos olvidar que me reí de la situación.

—Disculpe, un patán provocó un accidente en mi trabajo y me fue imposible llegar temprano. —Pongo mi mejor cara de inocencia y alzo la ceja al final de la frase. No dije que dejaría de ser sarcástica.

—¿Un patán? ¿Está usted segura de eso, señorita? —Se quita los lentes y se acerca a mí; la mirada asesina color azul celeste que me hace no tiene precio.

—Claro, profesor, esta persona fue irrespetuosa, grosera, altanera y prepotente. Así que sí, es un patán. Y, si me lo permite, iré a cambiar de clase. Permiso.

Doy la vuelta muy dignamente y abro la puerta. Además de necio, es insoportable; mira que retarme frente a mis compañeros es de tercos. Trato de salir lo más rápido de aquella situación tan bochornosa. Salgo al pasillo y me apresuro a bajar las escaleras; tendré que ir a rectoría a buscar otro horario para la clase y con otro profesor, porque no creo poder aguantar un minuto más si le tengo cerca. Siento que la cabeza me late a mil y que la sangre que corre por mis venas arde. Siento ira, impotencia y enojo, porque me hubiera gustado darle una cachetada, pero no pude; es el maldito profesor.

—Espera —dice una voz detrás de mí. Yo conozco esa voz y para nada me apetece conversar con él.

—Tengo prisa, luego hablamos —le corto.

—Nena, espera, por favor. —Me jala del brazo para detenerme. Es el estúpido de mi exnovio.

—Suéltame, David. Tengo prisa.

—Ok, solo quería saber cómo estabas. Eso —señala hacia el salón— fue extraño. ¿Estás bien?

—Lo estaba hasta que apareciste. Adiós. —Trato de seguir bajando las escaleras, pero de nuevo me detiene.

—No lo parece. Me da la impresión de que conoces al nuevo profesor ese. La escenita que se montaron da mucho de qué hablar. —Se acerca a mí y me quita un mechón de cabello de la cara y lo acomoda detrás de mi oreja; por impulso le quito la mano.

—Para. Punto número uno —le señalo con el dedo—: puedes hacer las suposiciones que quieras, pero no tengo por qué darte una explicación. Y punto número dos, deja de molestarme. No tienes nada que hablar conmigo. Y, por último —le empujo con un dedo—, no vuelvas a acercarte a mí. Si lo haces, atente a las consecuencias.

—Vaya, ya veo que lo brava no se te quita. Si dejaras de ser un poco perra, entenderías lo que realmente pasó en aquella fiesta.

David me reta acercándose de nuevo. Mis compañeros de clase comienzan a pasarnos bajando las escaleras. Seguro los dejaron salir antes. Algunos se nos quedan viendo para saber el chisme y avanzan más lento, y otros hacen como que no nos ven y siguen su camino.

—¿Me has dicho perra? ¿Es en serio? ¿Cómo te atreves a decirme eso? Te recuerdo de nuevo que no hay nada que explicar. —Sus palabras en el fondo me han dolido. Trato de bajar las escaleras y salir de ahí cuando de nuevo me jala del brazo.

—Suéltame, David. —Mis compañeros salen despavoridos y yo solo puedo pensar que son unos miedosos.

—No te dije que te fueras. Y si te digo perra es porque lo eres, o que no recuerdas aquella vez —me amenaza; es todo lo que puedo soportar oír.

Mi puño derecho se estampa en su bonito rostro. Pero es lo menos que se merece por desgraciado. Me suelto de su agarre y salgo corriendo por las escaleras directamente a rectoría; creo que no solo tendré que cambiar horario de una clase, sino de todas.

Atravieso el campus con un nudo en la garganta. Estoy a punto de llegar a rectoría cuando el choque de emociones del día se hace presente. En vez de seguir a la entrada de las oficinas, me voy por un lado a uno de mis rincones favoritos de la universidad. Llego al pequeño jardín que está por detrás de las oficinas y me siento debajo de uno de los árboles. Aquí podré desahogarme a gusto sin que nadie me vea.

Las lágrimas no se hacen esperar y abrazo mis piernas soltando la frustración de todo lo sucedido. Si antes había un patán en mi vida, ahora hay dos. Sé que eso se puede solucionar, pero no quita el hecho de que tendré que estar evadiéndolos.

Aún me duele un poco lo sucedido con David. Desde que entramos a la universidad me pareció un chico apuesto. Nunca he sido una mojigata, pero tampoco una libertina. Que sea de mente abierta no significa que sea puta. David era todo lo contrario; a pesar de su gran historial de conquistas, supo cómo enamorarme y esperar a que yo cediera a tener sexo. Es normal dentro del noviazgo y aún más cuando crees estar enamorada.

El año pasado, en la fiesta del Día del Estudiante, yo había decidido no ir, ya que coincidía con un evento grande que teníamos en el restaurante. Para mí era preferible quedarme a trabajar, puesto que eso me aseguraba un buen sueldo, el cual necesitaba para irme de vacaciones. Al final de cuentas, el evento terminó temprano y decidí darme una vuelta por el salón donde fue el party pool. Pedí un Uber como siempre y este me dejó en el estacionamiento. Yo venía del evento, algo demacrada, así que decidí retocarme el maquillaje antes de entrar. Puse mi bolso en una cajuela y saqué mis pinturas.

Estaba en eso cuando unos ruidos subidos de tono llamaron mi atención. Me imaginé que alguien se había adelantado al after party dentro de algún coche, así que decidí ignorar aquellos ruidos. Fue su voz la que me puso la sangre helada, un ¡oh, nena! que yo conocía de primera mano fue lo que lo delató. Guardé todo y me colgué el bolso, busqué el origen del ruido y, como era de esperarse, unos carros más adelante estaba su camioneta.

Unos meses atrás, David había perdido las llaves de su camioneta, por lo que me dio una copia en dado caso de que llegara a suceder. Quién iba a pensar que me servirían. Al irme acercando, un nudo se instaló en mi estómago, la sangre dejó de correr por mis venas y sentía el corazón hecho uva pasa.

A pesar de ser una camioneta grande, esta se movía; con cada paso que yo daba, el ruido que hacían al tener sexo aumentaba. En la parte delantera no se veía nada, así que saqué las llaves y abrí la puerta trasera donde se encontraban. Mi mejor amiga y mi novio estaban teniendo sexo en la parte trasera de la camioneta. Ella estaba montándoselo mientras él tenía enterrada su cara en los senos.

Hasta ahí llegó su gran amor por mí. Metido en la vagina de Cristina, mi dizque mejor amiga. No me quedé para pedir explicaciones; no era necesario. Todo fue muy explícitamente visual. Lo evadí por días hasta que no tuve opción y le planté cara para pedirle que me dejara de buscar. Afortunadamente, salimos de vacaciones y él se fue de la ciudad, por lo que no tuve que verlo durante los siguientes meses hasta hoy.

Las vacaciones me sirvieron para reflexionar sobre lo sucedido; si bien es cierto, mi autoestima quedó en el suelo, pisoteada. Una vez que te engañan no puedes dejar de preguntarte: ¿qué tiene ella que no tengo yo? O ¿en qué fallé? Me costó entender que no tengo que compararme con ella y que no fui yo quien falló, sino él.

Sin duda, la tía Rita, hermana de mi madre, me ayudó en eso. Ella es una mujer que vivió el adulterio e infidelidad en carne propia. Su esposo la engañó nada más y nada menos que con la vecina. Habían tenido un romance por años; aprovechaban cuando venía a visitarnos y hasta un hijo tuvieron juntos. El vivir eso no es fácil; algo se rompe por dentro. Todo aquello que creíste que era tu vida de pareja no lo es; te levantas un día y te das cuenta de que esa persona con la que solías hablar de hasta la cosa más boba ya no está, y no porque tú lo quisieras, sino porque esa persona decidió estar en compañía de otra. Es muy triste, sí. Más aún cuando la amas.

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