MasukOlympia Medical Center.
Larchmont Village- Estados Unidos.
Recibir esa llamada hizo que mi mundo se terminara de derrumbar. Sentí que el viaje de un estado a otro fueron eternas, y dos horas más tarde Nathan, Danielle y yo estábamos llegando a un hospital en Larchmont. Le pude decir lo que estaba ocurriendo antes de empezar a sentirme ansiosa y perder el habla. Él me escucho en mi pequeño ataque de pánico y me sentó en el auto mientras llamaba a Danielle para que viniera con nosotros.
Ninguno dijo nada de camino al hospital y realmente se los agradecí. No tenía ni tengo palabras para describir lo que siento ahora mismo. Durante todo el viaje la mano cálida derecha de Nate, jamás abandonó la mía y la sostuvo con fuerza.
En estos momentos me siento un poco desorientada, pero sé que si estoy con él, de alguna manera presiento que todo estará bien.
En lo que detuvo el auto frente al hospital salí casi corriendo para llegar a la recepción y preguntar por mi tía. Cada minuto que pasaba sin saber de ella me estaba matando. Nate y Danielle venían detrás de mí pidiendo que me tranquilizara, pero mi cerebro no estaba recibiendo ninguna de mis órdenes.
¿Cómo podría calmarme en un momento como este? No sabía el estado en el que se encontraba mi tía.
Tengo una pregunta para quien desee o quiera responderme. ¿Soy tan mala persona y por eso me tienes que hacer esto?
¡Estoy tan jodida hasta mi próxima vida y de verdad lo odio!
Denme un respiro y una estúpida razón para no sentirme como la propia b****a. Mi vida no es más que una vil mentira y un mal chiste.
O yo qué sé.
Mientras discutía con la que decidió hacer mi existencia una desgracia, con la que se empeñó en hacerme sufrir y querer mostrarme una verdad que es ajena a mi realidad, tropiezo con el hombro de una señora que venía hablando con otra persona.
¿Por qué ni siquiera veo por dónde voy?
Detengo el paso y quedo atónita por lo hermosa que era la señora y no es por ser chismosa, pero ella y el señor que la acompañaba, parecían bastante alterados.
—Disculpe, no me fije por donde venía —se excusa, la señora educadamente con un muy marcado acento ruso.
Es rusa.
—Yo soy la que debería disculparse, ya que venía corriendo y sin querer he tropezado con usted —respondo, avergonzada.
Ella asiente y por unos largos segundos me observa con anhelo. Es un poco extraño, pero mi corazón late muy rápido y siento unas ganas horribles de abrazarla.
—Nuestra hija tuviese su edad, Konstantin —me mira con dulzura, mientras le dice al señor—. Creo que se debería ir con su novio —me ve con diversión—, el chico de allá la está esperando —señala al lugar donde se encuentra Nate.
Giro mi cabeza al lugar que señalaba la señora y me encuentro con la mirada seria de Nathan, el ceño fruncido y la mandíbula tensa.
—Nuevamente, disculpe —vuelvo mi vista a la señora, ella me sonríe asintiendo con la cabeza.
Empiezo a alejarme lentamente de ellos, pero siento una necesidad de decirle quien soy. ¿Debería decirle mi nombre? Mi corazón se siente muy pesado, es como si lo estuvieran abandonando al irse separando de estas personas.
Sí, voy a decirle mi nombre por lo menos.
—Disculpen —ambos detienen el paso para verme con confusión—, me llamo Natasha, por si algún día nos volvemos a ver.
—Mi dulce Natasha, prometo que no te olvidaremos —señala al hombre que está a su lado—. Este es mi esposo Konstantin y yo soy Nataliya —me regala una hermosa sonrisa—. Nos veremos muy pronto, tocaya.
¿Tocaya? Confundida asentí y le regalé una sonrisa.
—Nos vemos pronto —respondí.
Por alguna razón me siento feliz y no entiendo como en un momento así podía estarlo, pero hablar esos minutos o no sé cuantos segundos con esa señora me hizo sentir muy bien. Es como si el enorme peso que sentía y las barreras que tenía se hubieran esfumado de mi vida.
—Como si jamás hubiesen existido —termina la frase mi conciencia.
Los dos me transmitieron un bonito sentimiento de confianza y sí, el señor Konstantin no habló, pero su mirada era igual que la de su esposa Nataliya. Había anhelo, alegría… tristeza y por alguna razón, esos mismos sentimientos los he tenido yo durante la mayor parte de mi vida.
***
En recepción me informaron que mi tía se encontraba en la sala de emergencias y que no la habían ingresado todavía a cirugía por problemas con el acompañante. La voz de Stefano se escuchaba por todo el pasillo de emergencia. Le gusta hablar en voz alta cuando no se hace su santa voluntad.
—¡Ningún ruso de m****a le pondrá la mano a mi mujer! —con desprecio, grita Stefano a un doctor—. ¡Exijo otro médico y que sea por lo menos americano!
El tercer ruso que conozco en un día.
—Lamento tener que informarle que este ruso de m****a es quien lleva el caso de su mujer —sonríe con satisfacción el doctor—. Así que se aguanta y por favor, bájale a los gritos si no quiere que lo mande a sacar de la sala.
Reí para mis adentros por esa excelente respuesta y bien merecido que se lo tiene. Me terminé de acercar y todos se quedaron en silencio al verme llegar. Todos estaban de fiesta porque Logan y sus padres también estaban aquí.
¿Es que ninguno trabaja? Con razón a Danielle no la vi más cuando me tropecé con los señores en la entrada.
—¡Todo esto es tu culpa! —me señala al verme, Stefano—. Si no hubieras insistido tanto en que hablará lo que pasó hace unos años, Francesca no estaría así —sus ojos estaban llenos de ira—. ¡Hiciste que recordara a nuestra hija! ¡Vete que aquí nadie te quiere, Natasha! —escupe con odio.
Trago grueso.
—Por lo visto al tío dulce se le acabó la miel —respondo—. Me voy a quedar y si te gusta bien y si no, pues ni me importa —lo señalo—. A diferencia de ti, Francesca, si es mi tía —digo entre dientes, tratando de contener mis lágrimas—. Hazle caso al doctor y compórtate que estamos en un hospital y deja el show para más tarde.
Todo vuelve a quedar en un tenso silencio. Stefano me retaba con la mirada y yo le respondía de la misma manera. No me va a venir a intimidar aunque en estos momentos quiera escaparme a llorar de rabia e impotencia.
Definitivamente viví engañada por este hombre y nunca quise verlo.
—Disculpe, señorita —me llama el médico—, soy Aleksandr Kozlov doctor encargado del caso de la señora Rinaldi —oh por Dios, este hombre es mi ídolo—. ¿Puedo hablar con usted por un momento? —parpadeo todavía sin poder creerlo—. Debido a lo alterado del señor me temo que no sabrá manejar la situación y mucho menos me dejara hablar.
Parezco una idiota enamorada y toda la rabia desapareció por arte de magia.
—Claro, hable conmigo —respondo—. Yo me llamo Natasha Záitseva.
¿Acaso eso es una respuesta?
Me doy una cachetada mental por lo tonta que me debo ver en estos momentos.
—Vamos a mi consultorio para poderle explicar mejor las cosas —me informa.
Asiento.
—Espere un momento, por favor —le respondo, y camino a donde está Nathan. Él se encontraba alejado de todo el mundo y yo me acerqué para decirle que iría con el doctor.
Lo veo apoyado en una pared con su semblante serio, de brazos cruzados y mirada perdida en el alboroto de Stefano.
¿Eres siempre así?
—No estoy de acuerdo en que te vayas con ese sujeto —refunfuña, presionando sus labios en una fina línea recta, al verme llegar hacia él.
Ah, entonces si escuchaste lo que estaba sucediendo.
—Está llevando el caso de mi tía, Nate —suspira, mirándome a los ojos y bajando sus brazos—. Prometo volver rápido, tonto.
—No quiero que vayas con él, es en serio —susurra, sonrío de lado al ver que dice la verdad—. Te esperaré cerca y si pasa cualquier cosa me llamas.
—Nate, solo estaré con él unos… —no me deja terminar.
—Natasha, por favor —toma mi dedo índice, bajo la mirada a nuestras manos—. Solo dime que me llamarás si pasa algo —vuelvo a verlo, todo su rostro muestra preocupación—. No te vayas a ir sin decirme… solo… no te pierdas en tu mundo y me dejes por fuera.
Suspiro y le doy una sonrisa.
—Lo prometo —tomo su mano—. Te llamaré si pasa algo y no te dejaré fuera de mi mundo.
—Está bien, bonita —se acerca y besa mi frente—. Ve con él antes de que me arrepienta en dejarte sola.
Nos vimos por unos segundos más y asentí a esa pregunta silenciosa.
Sí, a pesar de todo, no quería seguir preocupándolo más acerca de mí. No quiero que siga viendo la parte lamentable en la que se había convertido mi vida.
Nate no estuvo muy de acuerdo en que me fuera a hablar sola con el doctor Kozlov. Más bien parecía que quería decirme algo, no, mejor dicho, que sabía algo que yo no y no podía quedarme a averiguar que era.
El doctor Kozlov me estaba esperando para irnos a su consultorio. Era demasiado necesario alejarnos del alboroto que tenía armado Stefano y yo, realmente necesitaba saber qué era lo que me quería decir mi ídolo sobre mi tía Francesca.
***
Llegamos al consultorio y en las paredes había varios reconocimientos y diplomas. Por algo es conocido por ser una eminencia en el mundo de la medicina y si obviamos el hecho de que es multimillonario, muchísimo mejor sería. Su vida la sé de memoria porque en serio lo admiro como ser humano y profesional.
Espero ser así de famosa y exitosa al iniciar mis treinta años.
Después de mirar rápidamente por todo el lugar y divagar en mi mente por un rato, recuerdo con quien estoy y regreso a la realidad.
—Antes de que empiece hablar quiero que sepa que también soy médico y puede hablarme sin rodeos porque entenderé todo lo que tenga que decirme —le digo, sentándome en la silla frente a su escritorio.
Asiente dándome una mirada llena de orgullo, mientras toma asiento en su silla, para después revisar algunas cosas en su escritorio.
—Debido al accidente automovilístico hubo una fractura en las vértebras —trago grueso, al ver la placa de rayos X que me muestra—. Se le hizo una placa antes de realizar cualquier intervención… —lo interrumpo.
—Tiene un traumatismo en la médula espinal —afirmo en un hilo de voz, terminando lo que él quería decirme.
—Exacto, como puede ver —me explica la placa—, las fracturas que comprometen 2 o más columnas requieren la realización de procedimientos quirúrgicos, para la fijación y estabilización adecuada. Esto es debido a que la función principal de la columna vertebral, que es la que permite el movimiento del cuerpo sin lesionar estructuras nerviosas como la médular y nervios emergentes de la misma, está perdida o deteriorada.
—Comprendo —presiono mis labios, él deja la placa en el escritorio—. Se debe realizar una cirugía para restaurar la estabilidad y función espinal —contesto rápidamente.
—Deben realizarle una cirugía de emergencia, pero por lo visto usted también lo sabía porque es neuróloga —sonrío, negando con la cabeza—. Entonces debe gustarle mucho esta especialidad.
—Haré mi especialidad en neurología —sus ojos brillan con orgullo—, por ahora solo soy médico cirujano general y me encuentro trabajando en la sala de pediatría, pero amo todo lo que tenga que ver con el funcionamiento del sistema nervioso —asiente con una sonrisa—. Por favor, dígame Natasha o, Masha —suspiro—. ¿Usted se hará cargo de la cirugía de mi tía?
Me sonríe con sinceridad.
—Debido a las quejas de su tío por mi nacionalidad rusa, no podré hacer la operación, pero otro colega la estará realizando —frunzo el ceño— Yo seré el asistente en el quirófano —sonrió avergonzada por lo idiota que es Stefano—. Por su acento pude notar que es rusa, pero Masha no es el diminutivo para su nombre.
Frunzo el ceño nuevamente.
—Comprendo lo de mi tía y estaré más tranquila si me deja verla antes de que la lleven a su habitación de recuperación —se encoge de hombros restándole importancia—. Me puede explicar mejor lo de mi nombre.
Por extraño que parezca este hombre me hace sentir segura. Es como cuando estoy con Nathan. Esa clase de seguridad.
—Déjeme le explico de manera sencilla. Nuestros nombres tienen diminutivos y lo usamos en conversaciones informales con nuestros amigos —asiento dudosa—. En este caso su diminutivo es Masha —vuelvo a asentir—, entonces su nombre sería María —lo miro confundida—. El diminutivo para usted sería Nata o, Natalia.
Río sin ganas.
O sea, que también fui engañada con mi apodo y me lo viene a decir un doctor. Un desconocido 17 años después.
¡Qué maravillosa noticia! Nótese el sarcasmo.
Es muy probable que yo no me llame Natasha y mi apellido tampoco lo sea. ¿De quién me estaban escondiendo entonces?
—Quien diría que usted me podría servir de ayuda en estos momentos —me apoyo en el espaldar de la silla, cruzando mis brazos bajo mi pecho—. Que lástima que no trabajemos juntos sería genial convivir con alguien que es de mi misma nacionalidad —digo, un poco frustrada.
En este preciso momento no sé si siento rabia, dolor o decepción. Tengo demasiadas emociones encontradas.
—Me encantaría poder ayudarla y más cuando usted me lo pide —la manera en que habla me resulta familiar—. Si es una lástima que no trabajemos juntos porque de verdad deseo poder prestarle mi ayuda, pero debido a la xenofobia que he vivido en esta ciudad he decidido cambiar de residencia y trabajo.
¿Por qué me cuenta todo esto? Nos acabamos de conocer ¿Será por qué soy rusa y confía en mí? O ¿Será que me conoce? Demasiadas preguntas y ni una sola respuesta. Definitivamente mi vida parece una estación de metro. En cada parada hay una verdad dicha a medias y al ir avanzando todo va empeorando.
—Doctor Kozlov, si no es mucha molestia me podría decir para que ciudad o trabajo se cambió —duda por unos segundos, para después asentir—. No quiero perder al único conocido ruso que acabo de encontrar.
—No se preocupe, señorita Záitseva. Le responderé todas sus preguntas, siempre. Así que no se cohíba conmigo —suspira—. ¿Usted vive aquí en Larchmont? —niego con la cabeza—. Por su bien no es sano que esté en estos lugares —frunzo el ceño—. Al terminar el caso de la señora Rinaldi me mudaré a Westwood y empezaré a trabajar en el Ronald Reagan UCLA Medical Center.
Abro los ojos con sorpresa llevando la mano a mi pecho.
—No puede ser —susurro por lo bajo—. ¡Yo vivo en esa ciudad y trabajo en ese hospital! —exclamo asombrada.
Una sonrisa con malicia se le escapa.
—Que pequeño es el mundo, dorogaya natasha —me mira con frialdad—. Por favor, dígame Aleksandr o Alek.
»Querida Natasha«
Terminamos de hablar con respecto a la cirugía de mi tía. Me comentó que se mudara cerca del hospital donde trabaja. Le recomendé la zona en la que Danielle y yo estamos porque es segura, pero él ya tenía otro lugar en mente. El doctor que realizará la operación de mi tía es su mejor amigo, Ryan Stevenson. El segundo mejor médico de toda Europa.
El primero es Aleksandr.
Me despido del doctor y antes de ir con Nate, pasa un niño y sin mediar palabra me entrega una nota. La tomo y lo veo desaparecer corriendo por uno de los pasillos del hospital. Desdoblo el papel que me entregó y creo que puedo decir que en serio estoy muerta en vida.
Nota:
¿Querida, me recuerdas?
Perdóname por elegir este momento para poder hablarte, pero órdenes son órdenes y nadie le lleva la contraria a nuestro líder. Todo hubiese sido más fácil si esto lo escribía tu hermano y yo solo te la hacía llegar, pero me ha tocado esta parte. De nuevo disculpa mi falta de tacto y poco sentido común. Soy la mano derecha de Sasha, me llaman sombra. Él y yo tenemos doble vida, y créeme, nadie quiere conocernos. Seré corto y preciso. Fuiste secuestrada por culpa de una pelea de territorios entre mafiosos. Fuiste robada por el líder de la mafia italiana, Stefano Rinaldi. Como venganza le robó la hija de nuestro jefe por el asesinato de la suya.
Ah, tu padre fue jefe y tu abuelo fue líder de la mafia rusa. Tu hermano es quien lleva la organización ahora. Sasha es el nuevo líder de la mafia rusa y tú, por ser su hermana, debes ser la jefa.
Bienvenida a tu verdad, jefa de la mafia, Natasha Bogdánov.
Mis ojos arden y mi respiración se acelera. A mi alrededor todo desaparece y leo mil veces la estúpida parte de la nota. El mundo tiene que odiarme yo no merezco esto que me está pasando. En menos de una semana mi vida se hizo pedazos y me destrozó.
Soy nieta del hombre más cruel y conocido del mundo, Dmitry Bogdánov. Mi familia es de la mafia rusa y estoy viviendo con el líder de la mafia italiana.
Que cruel eres conmigo, vida.
Yo no hice nada para merecer esto.
Año Nuevo...Países Bajos...Nathan.Habíamos venido desde España a pasar un bonito fin de año con la familia de Natasha. Ethan era todo un niño bastante educado y tranquilo. Mientras le tuvieras sus juguetes cerca y la comida lista, no había berrinche. De hecho, tengo una anécdota muy bonita de hace unos días con él.Él lloraba porque yo le había dado jugo en vez de agua, pero no tenía idea en qué momento había cambiado de parecer.Tener un hijo no es fácil, ser padre soltero tampoco lo es. Vivo para él y trato de educarlo lo más que puedo. Quisiera poder bajarle la luna con todo y estrellas, pero lamentablemente no puedo traerle a su madre de regreso y eso, eso me parte el alma diariamente. He aprendido muchísimas cosas, Ethan me ha enseñado mucho.Dejar el pañal resulta horrible cuando él no está de
Cuatro años y medio después...Madrid- España...Nathan.Era el día de navidad, había demasiado frío afuera, pero el espíritu navideño en los madrileños estaba a flor de piel. Eran mis primeras navidades en este país desde que nos mudamos, era un lugar seguro para todos. Más que todo porque me retiré casi un año después de las fuerzas especiales. Antes que ocurriera lo de Natasha, había decidido irme de baja, ya que mi última misión fue con ella. Lo más doloroso que me tocó vivir fue recoger el cuerpo casi sin vida de mi querida niña bonita.Aleksandr y yo habíamos entrado después de escuchar los disparos. Sinceramente no sé como no explotamos ese día los tres. Natasha tenía heridas muy graves que le causaron un estado de coma por más de un año. Me dediqué a ella durante todo ese tiempo. Hacía mi papeleo en la oficina y me iba al hos
En algún lugar fantasma de Oklahoma.Horas para el final...Natasha.Todos preguntan que puede suceder en los finales de cada historia y honestamente nadie lo sabe. En mi caso, debido a muchas cosas que he vivido durante toda mi vida y el temor profundo que siento por Stefano Rinaldi, prefiero ponerle fin a todo desde la raíz.No quiero más niños con finales tristes o venganzas inconclusas.Empezó conmigo y termina conmigo.Nadie más va a sufrir por una venganza absurda.Quisiera no hacer sufrir a nadie con mis decisiones, pero no puedo hacer más nada, ya que mi temor a que salga otra vez lastimado uno de mis seres queridos, me partiría el alma en mil pedazos. Me tomó 20 años darle un final a mi historia. Muchas veces mi mente lo intentó, pero sin recordar mi pasado, a mi hermano, a mi
La mañana siguiente...Día del incidente.Nathan.Había pasado la mejor noche de mi vida junto a Natasha. Después de tanto tiempo sin sentir el calor y amor de alguien, pude sentirla a ella. Natasha me enseñó nuevamente lo que era amar. Desde que ingresé a esta misión sabía que estaría perdido por ella. Ya no es tanto por su belleza que resulta bastante obvia, estoy hablando de su personalidad, de lo mucho que ha sufrido y la necesidad que siento para hacerla feliz.Quería hacerla muy feliz.Quería que ella viera el mundo desde otra perspectiva.Después de estar con ella caímos en un profundo sueño. Claro, hablamos un poco antes de dormirnos, pero realmente fue una noche increíble.—Eres increíble, ¿lo sabías? — digo, al besar su frente, ella me mira somnolienta, su respiración esta
El inicio del final.Natasha.Una última noche en lo que conocería el amor y sería mi despedida de todo. No podía sufrir más. No quería seguir sufriendo porque no corazón no lo podrá aguantar. Dejarlo todo y cumplir con lo que más anhelaba en este momento... desaparecer.Sabía que mi tío me haría daño aun estando muerto. Siempre hay alguien más dispuesto a realizar su trabajo sucio. He convivido con mi familia y me han dado tanto amor que me siento realizada, pero el temor de que Rinaldi me los quite aún después de muerto, no lo puedo permitir.Esto empezó por mí y terminará por mí.Sería perfecta he inolvidable para los dos. Nunca imagine tener una vida junto a alguien y sinceramente no la deseo mientras mi mundo sea un completo caos. Me entregué a un hombre una vez, pero no tenía idea de que tipo de sentimiento podía tener por él.
Un día antes del incidente.Casa de verano Ryan y Lauren.Houston-Texas.Nathan.Hemos viajado desde Washington hasta la casa del amigo de Aleksandr. Que viene siendo su mano derecha tanto en la mafia como en la vida de médico. Nuestro viaje hasta aquí es para cubrir un asesinato y limpiar su desastre. Tenemos órdenes claras de dispararle a quien se interponga en la misión. No comprendo como Natasha pudo aceptar esto. Además, mi cabeza no para de dar vueltas a todo lo que me dijo hace unos días. No comprendo cómo pudo aguantar tantos años de silencio. Mi cabeza simplemente no puede procesar todo lo que está ocurriendo. Me duele saber que mi pequeña, pero gran guerrera, fue herida de esa manera. Me duele ver qué no me dejó explicarle y hablar con ella. Natasha no debería sentirse menos que nadie, ella es simp







