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CAPÍTULO 128: SIN DARNOS CUENTA

last update publish date: 2026-10-13 04:43:15

POV RENATO

Los escalones de madera crujían debajo de mis medias con un sonido que me parecía amplificado por el vacío de la casa. Bajaba despacio, no por indecisión, sino porque sentía las piernas pesadas, como si arrastrara el lodo acumulado de los últimos veinte años. La oscuridad de la sala era total, rota únicamente por los fogonazos intermitentes de los relámpagos que cruzaban el ventanal del comedor. Cada resplandor dibujaba sombras alargadas en las paredes de mármol.

Mireya venía unos p
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  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 128: SIN DARNOS CUENTA

    POV RENATO Los escalones de madera crujían debajo de mis medias con un sonido que me parecía amplificado por el vacío de la casa. Bajaba despacio, no por indecisión, sino porque sentía las piernas pesadas, como si arrastrara el lodo acumulado de los últimos veinte años. La oscuridad de la sala era total, rota únicamente por los fogonazos intermitentes de los relámpagos que cruzaban el ventanal del comedor. Cada resplandor dibujaba sombras alargadas en las paredes de mármol.Mireya venía unos pasos detrás de mí. No necesitaba darme la vuelta para saber que estaba allí, su respiración corta y el roce sutil de su suéter contra la baranda de la escalera eran marcas que mi mente registraba de forma automática.Llegué a la planta baja, los golpes en el vidrio habían cesado, pero el eco del impacto seguía flotando en el ambiente. Me detuve a un metro del ventanal, afuera, la llovizna golpeaba el pavimento del jardín con una insistencia monótona, no había nadie en el porche. La figura encor

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPITULO 127: EL MIEDO DE LEO

    —¿Leo? —llamé en un susurro, con el corazón queriendo salirse por la boca.Mis ojos recorrieron el cuarto a toda velocidad. Los juguetes estaban ordenados en sus estantes, la ventana estaba cerrada con el seguro puesto desde adentro. No había signos de violencia, pero el vacío de la cama me desgarró el pecho, corrí hacia el baño de la habitación, pero estaba a oscuras.Fue entonces cuando escuché un pequeño crujido de madera proveniente del rincón más alejado del cuarto, donde estaba el armario empotrado.Me acerqué despacio, conteniendo la respiración, sintiendo que el suelo se movía debajo de mí. La puerta del armario estaba entreabierta apenas un par de centímetros. Me arrodillé en la alfombra, apoyando las manos en el piso para no perder el equilibrio, y empujé la madera con suavidad.Ahí adentro, metido entre las filas de pantalones colgados y cajas de zapatos, estaba Leo.Tenía las piernas encogidas contra el pecho, la frente apoyada en las rodillas y los brazos envueltos alrede

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 126: EL ECO DE UN PASO MALDITO

    El silencio de la casa no era un silencio de paz, sino esa densidad pegajosa que queda en el aire justo después de que cae un rayo y sabes que el trueno te va a reventar los oídos en cualquier segundo.La hoja de papel temblaba entre mis dedos. No era un temblor exagerado, sino una vibración constante, sutil, que nacía desde los huesos de la muñeca y se me extendía por toda la mano. Volví a leer la línea del informe que el investigador legal le había entregado a Renato en la entrada: “Registro de alta médica y liberación civil: Héctor Varela”.Héctor, el nombre me sabía a tierra seca, a óxido, a la sangre que le limpiaba a Renato de las rodillas cuando éramos unos niños muertos de miedo en el patio de mi casa.—Mireya.La voz de Renato me llegó desde el fondo del pasillo oscuro, arrastrándose por el suelo de madera. No encendió las luces del despacho, estaba sentado detrás del escritorio, inmóvil, con los brazos apoyados sobre los muslos y la cabeza gacha, dejando que las sombras de l

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    POV MIREYA Después de la llamada de Clara, Renato se quedó un rato en la cocina con el teléfono en la mano. No contestó, dejó que sonara hasta que se apagó y luego me miró y me dijo que se iba a dormir, que mañana sería otro día, subió las escaleras sin decir nada más.Yo no podía seguir esperando, callada, aguantando la espera, porque si seguía así, iba a explotar, o peor aún convertirme en una sombra en mi propia casa.Agarré el bolso, me puse el abrigo y salí.No tenía idea a dónde iba, sólo sabía que necesitaba aire, salir de esas paredes y dejar de oír el eco de mis propios pensamientos.Terminé en un bar del centro, uno que no conocía de luz tenue y música baja, con mesas altas y una barra de madera oscura. Pedí un vino que no tomé y me senté junto a la ventana, afuera llovía, yo miraba la lluvia caer sobre el asfalto y pensaba en todo lo que llevaba semanas sin decir.Renato estaba recordando, se le veía muy confundido, librando una batalla interna, yo una vez impotente sin te

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 124: LA MEMORIA COMPLETA

    POV RENATO No le dije a Mireya que me iba.Salí antes de que ella bajara y de que Leo despertara. Le dejé una nota en la mesa de la cocina que decía que tenía cosas que hacer, sin más explicaciones. Conduje hasta la casa de Ernesto con las ventanas abiertas y la radio apagada. No quería música, necesitaba silencio para pensar.Solo quería al aire golpeándome la cara y el sonido del motor para no pensar en nada más.Ernesto vivía en una casa vieja, de dos plantas, en las afueras, donde yo había pasado los años después de que todo pasó, y donde él me crió. Me estacioné frente a la entrada. Toqué el timbre, Ernesto abrió a los pocos segundos. —Renato —dijo—. ¿Qué haces aquí?—Necesito hablar contigo.—¿A las nueve de la mañana?—Sí.Se quedó un momento en silencio, con la mano en el marco de la puerta y luego, muy despacio, dio un paso atrás.—Pasa.Ernesto me hizo un café que no me tomé, y nos sentamos en el salón, frente a frente, en dos sillones que habían estado ahí desde que yo

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 123: LO QUE FALTABA

    POV RENATOPasé la noche en vela.No por insomnio. Por lo contrario. Porque cada vez que cerraba los ojos, el patio volvía. Y esta vez no venía solo. Venía con más. Con cosas que no había visto antes. Con detalles que, hasta ahora, habían estado escondidos en alguna parte de mi cabeza.Me levanté a las cuatro. Bajé a la cocina. Me senté en la misma silla donde me había sentado horas antes, con otro vaso de agua. Y espere sin saber qué o a quién.Mireya dormía arriba. Leo también. La casa entera estaba en silencio. Y yo, en medio de ese silencio, empecé a ordenar las piezas.Otra vez el patio con una grieta en el suelo.Pero esta vez había algo más. En una ventana de la casa de Mireya. Estaba Clara mirándonos, mientras yo me escondía detrás de las macetas y Mireya me tapaba la boca. En otra imagen estaba mi padre, en la puerta de la casa de Mireya, gritando, y Clara detrás de él, con la cara roja y una marca en el brazo como si la habían apretado muy fuerte.Y luego, mi padre y yo en

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