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Layla aceptó la copa de champán que educadamente le ofreció el mesero. Bebió un pequeño sorbo, observando a cada personaje reunido esa noche en el salón. Desde políticos, empresarios y artistas. El motivo era ella y la fiesta de compromiso con Parker, hijo del magnate del cine. Nathan Coleman.
Parker, como ella, también era actor y modelo. Uno de los artistas más cotizados después de ella.
Parker era bueno, pero la experiencia de Layla era indiscutible, siendo que su carrera había empezado cuando apenas tenía dos meses de vida y desde entonces hasta ahora no se había detenido.
Todo el trabajo de años se vio recompensado al ganar de manera consecutiva el Globo de Oro a mejor actriz y la guinda al pastel llegó al ser reconocida con la estatuilla más codiciada en el medio. Un Óscar que no solo la catapultó a la cima, sino que también despertó los celos entre sus compañeros.
Layla levantó la mirada; había tanta gente en el lugar; sin embargo, una sola mirada le quemaba la nuca. Se giró con lentitud, esperando encontrarse a Parker vigilándola desde alguna esquina; no fue así.
No había rastro de su prometido y habían pasado quince minutos desde la última vez que se encontró con él.
—¿Qué pasa, Lay? —preguntó Livi, su mejor amiga—. ¿Puedo ayudarte en algo?
Layla negó con la cabeza; fue un movimiento elegante, sutil.
—No he visto a Parker desde hace un rato —respondió, tratando de sonar relajada. Después de todo, era su fiesta de compromiso, ¿dónde iría sin ella?
—¿Parker?
Layla asintió.
—Lo vi hace unos quince minutos entrando al ascensor; dijo que tenía una sorpresa para ti.
Layla frunció el ceño. Parker no le había comentado nada, aunque si era una sorpresa… no se lo diría; sin embargo, consideraba que no era momento para eso. Tenían invitados que atender.
—¿Sabes a qué número de habitación subió?
Livi pareció pensarlo; se demoró unos segundos que parecieron una eternidad.
—No —respondió finalmente—. Pero puedes preguntar en recepción, quizá es lo que espera que hagas —la animó con entusiasmo.
Layla sonrió, asintiendo con moderación.
—Gracias, Livi, iré a buscarlo. Si mamá o Claire preguntan por mí, diles que ahora vuelvo —pidió, saliendo del salón sin esperar una respuesta de su amiga.
Los tacones golpeaban las baldosas con firmeza. Llegó a la recepción y, una vez que tuvo la información, atravesó la estancia, yendo al ascensor. Layla no era una mujer que disfrutara de las sorpresas. Su vida había sido práctica, entregada a la actuación sin más motivación que las presiones de su madre.
Su incentivo era quedarse sin cenar durante una semana si no obedecía. Layla no quiso recordar. Aunque, desde la opinión pública, ella no era más que un cajero automático para sus padres.
La mina de oro de la familia Russell.
Apartó esos pensamientos cuando salió del ascensor, sintiéndose observada. Layla miró hacia todos lados, pero el pasillo estaba desierto, no había ni un alma, excepto una puerta entreabierta. Y, aun así, la sensación se mantenía allí.
Un escalofrío le recorrió la columna; los vellos de la nuca se le erizaron. Layla se dio prisa para encontrar la habitación y pedirle a Parker que bajara y se ocupara de los invitados antes de que los medios se hicieran una idea equivocada. Hasta hoy, su carrera no había tenido una sola noticia de desprestigio, aunque en más de una ocasión intentaron relacionarla con hombres poderosos.
Ninguna de esas falsas noticias consiguió afectar su carrera, más sólida que los cimientos de ese lujoso hotel.
—Sinceramente, no sé cómo has hecho para soportarla todo este tiempo…
Layla se detuvo al reconocer la voz de Hanna Ward, una de las actrices de reparto en la última filmación.
—No ha sido fácil, pero si quiero apagar su estrella, no tengo otra opción. Layla es actualmente la actriz más cotizada de Hollywood, pero apenas me case con ella… todo cambiará.
Layla apretó las manos con fuerza; su columna se tensó al escuchar a Parker hablar de ella como si fuera su enemiga y no su prometida.
—Entonces…, ¿siempre vas a casarte con ella?
—No tengo otra opción; cuando la tenga en mi poder, su suerte va a terminarse, Hanna. Voy a hundir su carrera y en unos años, nadie va a recordarla.
La risa de la mujer heló la sangre de Layla al darse cuenta de que su boda con Parker no tenía nada que ver con el amor; lo tenía todo fríamente calculado. El corazón se le estrujó en el pecho.
Podía esperar envidia de sus colegas, pero jamás de Parker. Creyó que entre ellos realmente había amor. Si no fuera tan práctica, ahora estaría de rodillas, quebrándose delante de esa puerta. Pero ella no había llegado a donde estaba, mostrándose débil. Terminaría su relación con Parker con ese momento.
Su mano se aferró al pomo de la puerta, decidida a enfrentar a aquel traidor.
—Si no te estuviera escuchando, no lo creería. No cabe duda de que eres un gran actor; los has engañado a todos, sobre todo a Layla. Pobre mujer, tan necesitada de amor que no se ha dado cuenta del alacrán que eres.
Parker se rio del comentario y Layla decidió escuchar hasta el final antes de que notaran su presencia.
—No siento pena —respondió Parker, besando a su amante, deslizando su boca por el cuello de la mujer.
—Bueno, tengo algo, una idea mejor —dijo Hanan, emocionada—. ¿Quieres escucharla?
—Soy todo oídos, querida.
—No hay necesidad de que te sacrifiques casándote con ella, Parker.
—¿No?
—Por supuesto que no, convertirla en tu esposa no es la solución. Solo el inicio de problemas.
—Hanna.
—Tendrás a la familia Russell sobre ti todo el tiempo, como los chupasangres que son. Para Colton y Aria, Layla solo representa dinero. Tu padre tiene mucho, ¿qué te asegura que ella realmente no esté contigo por interés?
Un denso silencio llenó el pasillo; Layla podía escuchar los latidos de su corazón latiendo con fuerza, tronando en sus oídos.
—Para arruinar su vida y su carrera, solo tienes que dejarla plantada en el altar y la prensa se la comerá viva.
—¿Plantarla?
—Sí. Hasta ahora, Layla ha tenido una carrera muy limpia, ni una sola mancha, ni un solo escándalo. ¿Te imaginas lo que va a suceder si llega a la iglesia y tú no te presentas?
Layla apretó los labios, sintiendo el óxido metálico de su sangre.
—Será tendencia en todas las plataformas digitales, no tendrá donde meter la cabeza. Ya pudo disfrutarlo —agregó Hanna.
—Eres muy cruel, Hanna —musitó Parker, como si él fuera mejor—. Pero eso significa que mi nombre estará envuelto en el escándalo, mi padre…
—Tu padre es un hombre importante, Parker. Él limpiará tu desastre.
Layla dio otro paso, pero antes de atravesar el umbral, una fuerte mano se cerró sobre su brazo. Levantó la mirada para encontrarse con el rostro serio de su suegro.
—Ven conmigo —ordenó con frialdad y, sin esperar respuesta, se la llevó.
04. ¿Está ciego?Hubo un sentimiento que Claire trató de mantener lejos de su corazón durante todos estos años. Vergüenza.En aquel entonces, desesperada por conseguir dinero, no se detuvo a pensar en nada más que en su madre. Le atormentaba saberla en prisión, sola, siendo golpeada.Se vendió al mejor postor y quiso pensar que el hombre que pagó por ella no era un hombre casado. Sin embargo, frente a la realidad y la posibilidad de que Peter Collins fuera el padre de su hija, la vergüenza la sacudía.Era un hombre casado.Por otro lado, aún quedaba la esperanza de que Patrick no lo fuera.Entre la incertidumbre, la vergüenza y los latidos alocados de su corazón, la reunión terminó. Bryden, quien se dio cuenta de lo mal que la estaba pasando Claire, se levantó de la silla con esa elegancia casi salvaje que lo envolvía. Les tendió la mano a Peter y Michael para despedirse.—Quedamos a la espera de su decisión, señor Collins —expresó con cordialidad.—Voy a revisarlos a conciencia, pero
03. Señor CollinsClaire se tensó como la cuerda de un violín; no fue capaz de dar el siguiente paso. Los latidos de su corazón se aceleraron, golpeando contra sus costillas como si quisiera partirlas.Ella no apartó la mirada; él… no había cambiado en esos tres años.—¿Qué pasa, Claire? —la pregunta de Bryden apenas se abrió paso por la espesa bruma de la sorpresa.Claire tragó saliva; el nudo casi le atascó en la garganta. No podía perder la compostura en ese momento, no iba a desmayarse como hace cinco años que se encontró con un hombre idéntico a este en el lobby de un hotel en Los Ángeles. Sobre todo, no podía olvidar que existían dos hombres con el mismo rostro y cualquiera de ellos podía ser el hombre con quien durmió aquella noche, el padre de Jessi.—Estás tan pálida que parece que has visto un muerto —musitó Bryden a su lado.Ella negó sutilmente con la cabeza, esbozó una sonrisa tensa que no llegó a iluminar su mirada. Sus dedos se aferraron a la carpeta como si fuera un m
02. Una vil prostitutaUn pesado silencio llenó la oficina; Peter miró la foto de su hermana cuando era pequeña y la foto en la pantalla de su sobrino. Ashton lo miraba divertido, como si aquello fuera gracioso. Michael, por el contrario, tenía seriedad en su rostro y sus ojos preguntaban silenciosamente.Peter se recostó por completo en el sillón, jugó con el bolígrafo en su mano sin mostrar ninguna emoción.Desde la muerte de su esposa Anna, no había mostrado interés en compartir su vida con alguien más. Anna había sido su vida, su pasión, su todo. Lamentablemente, como a él, a ella también le gustaba la velocidad y vivir al filo del peligro.Su vida se había apagado frente a un volante, durante una competencia. Desde entonces, él también había dejado de correr. Se consagró a la empresa y a cuidar de su hijo Michael.Justo cuando sus mayores competidores esperaban que se hundiera, él, en memoria de Anna, había conseguido llegar a la cima. Esos mismos competidores le tendieron una tr
SinopsisUn hombre poderoso. Una noche que lo cambió todo. Un secreto que amenaza con destruirlos.Peter Collins, brillante ingeniero mecánico y dueño de Collins Motorsports Group, lo tenía todo: poder, prestigio y un imperio automovilístico que despertaba la envidia de sus rivales. Pero sus enemigos encontraron la forma más despreciable de destruirlo: utilizar a una mujer para arruinar su reputación.Claire Russell, desesperada por salvar a su madre, aceptó un trato que jamás imaginó que cambiaría su vida para siempre. Aquella noche terminó en la cama de un hombre del que apenas sabía nada. Un error que le dejó una hija y un secreto que guardó durante cinco años.Ahora, el destino la ha llevado de regreso a Nueva York, donde su nuevo trabajo la pone cara a cara con su pasado: Peter Collins, el padre de su hija.Él no sabe quién es ella. Mucho menos que aquella noche tuvo consecuencias.Pero ¿qué sucederá cuando la verdad salga a la luz y Peter descubra que la mujer que podría haber d
59. Epílogo Una familia unida.Eso fue exactamente en lo que se convirtieron después de ese momento tan importante para ellos.Hazel aceptó volver con Jeremiah y unas semanas después, también volvieron a Nueva York para manejar sus negocios; sin embargo, venía de visita cada cierto tiempo o la familia Lowell los visitaba.Unos meses más tarde, Livi dio a luz a mellizos; ese día… Justin Jackeson no solo terminó desmayado; para diversión de su esposa, tuvieron que animarlo. Claro que todo era una exageración del exguardaespaldas.Avery y Nolan no tenían nada que ver con la primogénita de la familia Jackson; los niños, junto a Ashley, eran unos angelitos.No podía decir lo mismo de Bessie Coleman que había nacido una semana después de los mellizos y con quien el matrimonio Coleman cerró la fábrica de bebés.Gemma se puso de pie luego de maquillarse; tenía unas pequeñas ojeras marcadas bajo sus ojos. El trabajo había aumentado considerablemente; no había abierto oficialmente su tienda, pe
58. Fuiste túEn los siguientes días, Gemma se concentró por completo en la colección. Afinó cada detalle de las piezas antes de pasar a tallar cada una de ellas. Hazel le ayudaba; pasaban horas en el taller que Kevin había mandado instalar en la mansión.Él era el encargado de vigilar que Gemma no se saltara ninguna comida; personalmente la alimentaba cuando ella no quería interrumpir su trabajo.Hazel observaba todo en silencio mientras se tomaba un descanso; sonreía cada vez que veía a Gemma ceder ante su esposo, no porque le complacía que fuera sumisa. Si no por lo mucho que a Kevin le costaba convencerla de algo.Cada día se daba cuenta de lo que era un verdadero amor y del error que por tantos años Jeremiah y ella estuvieron cometiendo con Gemma. Su hija no solo era talentosa, era amable, dulce cuando quería y muy necia. Pero eso había sido lo que la trajo a los brazos de su verdadero amor.—¿Qué pasa, mamá? —preguntó Gemma, varias semanas después.—Nada.—¿Estás segura?Ella as







